La Unión de Abonados entregó este sábado sus premios a los triunfadores de San Isidro 2025. Antes de comenzar el acto, se recordó a Miguel Ángel Moncholi, fallecido este viernes, homenajeado hace apenas veinte días en esta misma sala Bienvenida de Las Ventas. El acto estuvo moderado por Íñigo Crespo.A menos de dos semanas de que se conozcan oficialmente los carteles de la próxima Feria de San Isidro, ya hay un nombre que tiene hueco asegurado: Víctor Hernández. El torero madrileño, una de las grandes revelaciones de la pasada campaña, toreará la Corrida de la Beneficencia, recompensa a una temporada en la que se ganó a la afición tanto en mayo como en la Feria de Otoño. Su premio como mejor torero del ciclo isidril reconocía aquella tarde del 10 de mayo en la que se la jugó con un toro de El Pilar al que arrancó una oreja decisiva. «Todo empezó mucho antes: en los entrenamientos, en los pensamientos, en cada tentadero y viaje en los que analizaba cómo quería ir por la vida y en el toreo. Hace ya un tiempo que me propuse ese camino, y salió el 10 de mayo», explicó.«Tenemos que mirarnos en los toreros antiguos, y desde ahí construir la personalidad propia»Ese toreo que busca, y que tanto recuerda a José Tomás, comparación que asume con naturalidad: «Mejor que te comparen con un torero importante que con uno malo. Tenemos que mirarnos en los toreros antiguos, sacar esa esencia que llevaban dentro, y desde ahí construir la personalidad propia».Noticia Relacionada director del Centro de Asuntos Taurinos estandar Si Miguel Martín: «Las obras en Las Ventas son necesarias, pero no vamos a perder la temporada» Alicia P. VelardeHernández quiso subrayar su vínculo con la plaza: «He venido muchas tardes como aficionado. Mi afición y mi forma de ver e interpretar el toreo nace de lo que he aprendido aquí. Conozco Madrid y sé que todo el esfuerzo que uno sea capaz de dar va a tener una trascendencia tremenda». Recordó, además, que cuando un torero joven recibe una oportunidad así, no debe dejarla escapar: «Yo iba muy ilusionado, con mucha fe en la corrida, y no quería pasar por ahí sin dejar mi impronta».Aquella tarde abrió muchas puertas, pero también, dijo, le confirmó hacia dónde quería caminar: «Te das cuenta de que esa forma de entender el toreo, cuando una afición como la de esta plaza te la canta, es algo muy importante». En Otoño, volvió a mostrar esa personalidad, pero con un toro distinto, «que me permitió hacer más lo que siento: torear despacio y pasarme el toro cerca, para que tenga trascendencia en el tendido».Borja Domecq fue premiado por la excelente corrida que lidió el pasado 5 de junio, de puerta grandeEl premio a la mejor ganadería recayó en Jandilla por la extraordinaria corrida lidiada el 5 de junio, que lidiaron Sebastián Castella, que dio una vuelta al ruedo, Manzanares y Borja Jiménez, que cortó una oreja a un grandioso tercero que «nos pone de acuerdo a todos», en palabras de su ganadero, Borja Domecq.Domecq reconoció que aquella tarde fue «muy importante»: «Madrid es la plaza más difícil para todos, de máxima exigencia. Se pasa mal. Pero cuando ves que las cosas empiezan a salir no te lo crees: la gente metida, faenas importantes… Para mí fue fundamental el tercer toro. Marcó el camino del toro que estoy buscando. Era muy bravo y lo cuajó Jiménez; la pena fue la espada». «No quiero volver al toro que recibió mi abuelo: hay que caminar hacia adelante»No faltaron puntualizaciones sobre términos tan importantes como la bravura, la fiereza o lo que él busca en un toro: «A veces confundimos agresividad con querer coger. Yo quiero un toro que embista a la muleta y permita al torero crear arte». Eso no quiere decir que no coja, «y cuando coge, hace mucho daño». La tauromaquia ha evolucionado una barbaridad en quince años, y Borja afirmaba que «no quiero volver al toro que recibió mi abuelo: hay que caminar hacia adelante. El toro de hoy es más bravo que nunca, también mejorado genéticamente y muy preparado».También afirmaba que nos encontramos ante el mejor toro de la historia Hernández. El madrileño lo veía desde el toro medio, «donde se marca la diferencia», tanto las ganaderías como los toreros. Cuando uno está en buen momento, parece que embisten todos los toros, «como les pasa a las figuras», puntualizaba Domecq.El toro medio, «el que marca la diferencia» «Los toros salen sin haber embestido nunca y hay que ayudarles a que aquello vaya hacia adelante. A veces los toreros nos ponemos a la contra y no somos capaces de sacarles las virtudes. Cuando uno da un buen trato al toro, que parece fácil dicho así, pero no lo es, el toro te da todo lo que tiene», decía Víctor. Buen trato, y entender al animal que se tiene delante. «A veces uno se obsesiona con torear despacio, pero también hay que cuajar al toro de la forma que te pida», puntualizaba el de Los Santos de Humosa.Ambos premiados coincidieron en algo esencial: que lo que sucede en Madrid marca el año. «Lo que pasa aquí es lo más importante», dijo el ganadero. Víctor Hernández, por su parte, cerró con una idea sencilla pero profunda: que el camino se hace día a día, y que Madrid, «la afición más grandiosa», es el lugar donde ese esfuerzo se convierte en verdad. La Unión de Abonados entregó este sábado sus premios a los triunfadores de San Isidro 2025. Antes de comenzar el acto, se recordó a Miguel Ángel Moncholi, fallecido este viernes, homenajeado hace apenas veinte días en esta misma sala Bienvenida de Las Ventas. El acto estuvo moderado por Íñigo Crespo.A menos de dos semanas de que se conozcan oficialmente los carteles de la próxima Feria de San Isidro, ya hay un nombre que tiene hueco asegurado: Víctor Hernández. El torero madrileño, una de las grandes revelaciones de la pasada campaña, toreará la Corrida de la Beneficencia, recompensa a una temporada en la que se ganó a la afición tanto en mayo como en la Feria de Otoño. Su premio como mejor torero del ciclo isidril reconocía aquella tarde del 10 de mayo en la que se la jugó con un toro de El Pilar al que arrancó una oreja decisiva. «Todo empezó mucho antes: en los entrenamientos, en los pensamientos, en cada tentadero y viaje en los que analizaba cómo quería ir por la vida y en el toreo. Hace ya un tiempo que me propuse ese camino, y salió el 10 de mayo», explicó.«Tenemos que mirarnos en los toreros antiguos, y desde ahí construir la personalidad propia»Ese toreo que busca, y que tanto recuerda a José Tomás, comparación que asume con naturalidad: «Mejor que te comparen con un torero importante que con uno malo. Tenemos que mirarnos en los toreros antiguos, sacar esa esencia que llevaban dentro, y desde ahí construir la personalidad propia».Noticia Relacionada director del Centro de Asuntos Taurinos estandar Si Miguel Martín: «Las obras en Las Ventas son necesarias, pero no vamos a perder la temporada» Alicia P. VelardeHernández quiso subrayar su vínculo con la plaza: «He venido muchas tardes como aficionado. Mi afición y mi forma de ver e interpretar el toreo nace de lo que he aprendido aquí. Conozco Madrid y sé que todo el esfuerzo que uno sea capaz de dar va a tener una trascendencia tremenda». Recordó, además, que cuando un torero joven recibe una oportunidad así, no debe dejarla escapar: «Yo iba muy ilusionado, con mucha fe en la corrida, y no quería pasar por ahí sin dejar mi impronta».Aquella tarde abrió muchas puertas, pero también, dijo, le confirmó hacia dónde quería caminar: «Te das cuenta de que esa forma de entender el toreo, cuando una afición como la de esta plaza te la canta, es algo muy importante». En Otoño, volvió a mostrar esa personalidad, pero con un toro distinto, «que me permitió hacer más lo que siento: torear despacio y pasarme el toro cerca, para que tenga trascendencia en el tendido».Borja Domecq fue premiado por la excelente corrida que lidió el pasado 5 de junio, de puerta grandeEl premio a la mejor ganadería recayó en Jandilla por la extraordinaria corrida lidiada el 5 de junio, que lidiaron Sebastián Castella, que dio una vuelta al ruedo, Manzanares y Borja Jiménez, que cortó una oreja a un grandioso tercero que «nos pone de acuerdo a todos», en palabras de su ganadero, Borja Domecq.Domecq reconoció que aquella tarde fue «muy importante»: «Madrid es la plaza más difícil para todos, de máxima exigencia. Se pasa mal. Pero cuando ves que las cosas empiezan a salir no te lo crees: la gente metida, faenas importantes… Para mí fue fundamental el tercer toro. Marcó el camino del toro que estoy buscando. Era muy bravo y lo cuajó Jiménez; la pena fue la espada». «No quiero volver al toro que recibió mi abuelo: hay que caminar hacia adelante»No faltaron puntualizaciones sobre términos tan importantes como la bravura, la fiereza o lo que él busca en un toro: «A veces confundimos agresividad con querer coger. Yo quiero un toro que embista a la muleta y permita al torero crear arte». Eso no quiere decir que no coja, «y cuando coge, hace mucho daño». La tauromaquia ha evolucionado una barbaridad en quince años, y Borja afirmaba que «no quiero volver al toro que recibió mi abuelo: hay que caminar hacia adelante. El toro de hoy es más bravo que nunca, también mejorado genéticamente y muy preparado».También afirmaba que nos encontramos ante el mejor toro de la historia Hernández. El madrileño lo veía desde el toro medio, «donde se marca la diferencia», tanto las ganaderías como los toreros. Cuando uno está en buen momento, parece que embisten todos los toros, «como les pasa a las figuras», puntualizaba Domecq.El toro medio, «el que marca la diferencia» «Los toros salen sin haber embestido nunca y hay que ayudarles a que aquello vaya hacia adelante. A veces los toreros nos ponemos a la contra y no somos capaces de sacarles las virtudes. Cuando uno da un buen trato al toro, que parece fácil dicho así, pero no lo es, el toro te da todo lo que tiene», decía Víctor. Buen trato, y entender al animal que se tiene delante. «A veces uno se obsesiona con torear despacio, pero también hay que cuajar al toro de la forma que te pida», puntualizaba el de Los Santos de Humosa.Ambos premiados coincidieron en algo esencial: que lo que sucede en Madrid marca el año. «Lo que pasa aquí es lo más importante», dijo el ganadero. Víctor Hernández, por su parte, cerró con una idea sencilla pero profunda: que el camino se hace día a día, y que Madrid, «la afición más grandiosa», es el lugar donde ese esfuerzo se convierte en verdad.
La Unión de Abonados entregó este sábado sus premios a los triunfadores de San Isidro 2025. Antes de comenzar el acto, se recordó a Miguel Ángel Moncholi, fallecido este viernes, homenajeado hace apenas veinte días en esta misma sala Bienvenida de Las Ventas. … El acto estuvo moderado por Íñigo Crespo.
A menos de dos semanas de que se conozcan oficialmente los carteles de la próxima Feria de San Isidro, ya hay un nombre que tiene hueco asegurado: Víctor Hernández. El torero madrileño, una de las grandes revelaciones de la pasada campaña, toreará la Corrida de la Beneficencia, recompensa a una temporada en la que se ganó a la afición tanto en mayo como en la Feria de Otoño. Su premio como mejor torero del ciclo isidril reconocía aquella tarde del 10 de mayo en la que se la jugó con un toro de El Pilar al que arrancó una oreja decisiva. «Todo empezó mucho antes: en los entrenamientos, en los pensamientos, en cada tentadero y viaje en los que analizaba cómo quería ir por la vida y en el toreo. Hace ya un tiempo que me propuse ese camino, y salió el 10 de mayo», explicó.
«Tenemos que mirarnos en los toreros antiguos, y desde ahí construir la personalidad propia»
Ese toreo que busca, y que tanto recuerda a José Tomás, comparación que asume con naturalidad: «Mejor que te comparen con un torero importante que con uno malo. Tenemos que mirarnos en los toreros antiguos, sacar esa esencia que llevaban dentro, y desde ahí construir la personalidad propia».
Hernández quiso subrayar su vínculo con la plaza: «He venido muchas tardes como aficionado. Mi afición y mi forma de ver e interpretar el toreo nace de lo que he aprendido aquí. Conozco Madrid y sé que todo el esfuerzo que uno sea capaz de dar va a tener una trascendencia tremenda». Recordó, además, que cuando un torero joven recibe una oportunidad así, no debe dejarla escapar: «Yo iba muy ilusionado, con mucha fe en la corrida, y no quería pasar por ahí sin dejar mi impronta».
Aquella tarde abrió muchas puertas, pero también, dijo, le confirmó hacia dónde quería caminar: «Te das cuenta de que esa forma de entender el toreo, cuando una afición como la de esta plaza te la canta, es algo muy importante». En Otoño, volvió a mostrar esa personalidad, pero con un toro distinto, «que me permitió hacer más lo que siento: torear despacio y pasarme el toro cerca, para que tenga trascendencia en el tendido».
Borja Domecq fue premiado por la excelente corrida que lidió el pasado 5 de junio, de puerta grande
El premio a la mejor ganadería recayó en Jandilla por la extraordinaria corrida lidiada el 5 de junio, que lidiaron Sebastián Castella, que dio una vuelta al ruedo, Manzanares y Borja Jiménez, que cortó una oreja a un grandioso tercero que «nos pone de acuerdo a todos», en palabras de su ganadero, Borja Domecq.
Domecq reconoció que aquella tarde fue «muy importante»: «Madrid es la plaza más difícil para todos, de máxima exigencia. Se pasa mal. Pero cuando ves que las cosas empiezan a salir no te lo crees: la gente metida, faenas importantes… Para mí fue fundamental el tercer toro. Marcó el camino del toro que estoy buscando. Era muy bravo y lo cuajó Jiménez; la pena fue la espada».
«No quiero volver al toro que recibió mi abuelo: hay que caminar hacia adelante»
No faltaron puntualizaciones sobre términos tan importantes como la bravura, la fiereza o lo que él busca en un toro: «A veces confundimos agresividad con querer coger. Yo quiero un toro que embista a la muleta y permita al torero crear arte». Eso no quiere decir que no coja, «y cuando coge, hace mucho daño». La tauromaquia ha evolucionado una barbaridad en quince años, y Borja afirmaba que «no quiero volver al toro que recibió mi abuelo: hay que caminar hacia adelante. El toro de hoy es más bravo que nunca, también mejorado genéticamente y muy preparado».
También afirmaba que nos encontramos ante el mejor toro de la historia Hernández. El madrileño lo veía desde el toro medio, «donde se marca la diferencia», tanto las ganaderías como los toreros. Cuando uno está en buen momento, parece que embisten todos los toros, «como les pasa a las figuras», puntualizaba Domecq.
El toro medio, «el que marca la diferencia»
«Los toros salen sin haber embestido nunca y hay que ayudarles a que aquello vaya hacia adelante. A veces los toreros nos ponemos a la contra y no somos capaces de sacarles las virtudes. Cuando uno da un buen trato al toro, que parece fácil dicho así, pero no lo es, el toro te da todo lo que tiene», decía Víctor. Buen trato, y entender al animal que se tiene delante. «A veces uno se obsesiona con torear despacio, pero también hay que cuajar al toro de la forma que te pida», puntualizaba el de Los Santos de Humosa.
Ambos premiados coincidieron en algo esencial: que lo que sucede en Madrid marca el año. «Lo que pasa aquí es lo más importante», dijo el ganadero. Víctor Hernández, por su parte, cerró con una idea sencilla pero profunda: que el camino se hace día a día, y que Madrid, «la afición más grandiosa», es el lugar donde ese esfuerzo se convierte en verdad.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de cultura
