Tres pequeñas biografías de seres extraordinarios, cada uno de ellos por una razón, son las que ha recogido el escritor Claudio Magris para su magnífico volumen ‘Cruz del sur’ , subtitulado ‘tres vidas verdaderas e improbables’. Uno de los libros probablemente más bellos y poéticos , más emocionantes y sorprendentes de su extensa, y siempre espléndida, bibliografía, repartida entre libros de narrativa tan inolvidables como ‘El Danubio’, ‘Microcosmos’, ‘A ciegas’ o ‘Tiempo curvo en Krens’ –por citar solo algunos–; piezas teatrales como ‘La exposición’, o ensayos imprescindibles, de los más brillantes de nuestra época, como ‘Utopía y desencanto’, ‘La historia no ha terminado’ (todos ellos en Anagrama) o ‘El anillo de Clarisse’ (Península)’Cruz del sur’ Autor Claudio Magris Traducción Pilar González Rodríguez Editorial Anagrama Año 2026 Páginas 159 Precio 19,90 euros E-book 9,90 4En ‘Cruz del sur’, los lectores de Claudio Magris encontrarán huellas de personajes tan fascinantes y anómalos , entre la aventura espiritual y espacial por las tierras de Patagonia , como aquel filósofo austrohúngaro, Enrico Mreule, que un día abandonaría la patria de los Habsburgo, fugándose al hemisferio sur, en su obra ‘Otro mar’. O bien, ecos de aquel caudillo cosaco, Piotr Krasnov, aliado de los nazis para sus rocambolescas fabulaciones de patrias imaginarias, de ‘Conjeturas sobre un sable’. Pero también huellas dantescas de aquella impresionante y aterradora enciclopedia de la infamia que Magris reuniría en su novela ‘No ha lugar para proceder’.Recopila tres personajes reales que se embarcaron en aventuras en la PatagoniaUnidas por una cierta «búsqueda de lo absoluto», como diría Todorov, y por un destino común y visionario que les hizo embarcarse desde la «civilizada» y familiar Europa a las tierras ignotas de Patagonia y la Araucanía, esas tres vidas, tan verdaderas como inimaginables por muchos pegados a la burocrática e intrascendente realidad de cada día, serán el antropólogo y estudioso políglota esloveno-croata Janez Benigar (Zagreb 1883 –Aluminé, Argentina 1950); el procurador francés Orélie-Antoine de Tourens (Chourgnac, 1825-Tourtoirac, Dordoña, 1878), y la monja piamontesa Angela Vallese (Monferrato 1854-1914).El esloveno Janez Benigar, tras estudiar en Praga, agotado de imperios y civilizaciones refinadas, hallaría el sentido de su vida soñando comunidades utópicas y uniendo todo su empeño en la defensa de los indígenas en épocas de matanzas y persecuciones feroces, en una Pampa de los ‘Cantos órficos’ del poeta y vagabundo Dino Campana, que encarnaba entonces «una historia salvaje de turbas sofocadas por dictaduras militares o deslumbradas por tiranos como Perón». Benigar se casaría con la araucana Sheypukiñ, que él llamaría Eufemia, y su amor por ella le llevaría a definir la Araucanía como «uno de los territorios más felices del mundo». Un territorio de mestizajes y migraciones infinitas , de aventureros eslovenos, italianos o polacos, de «hordas anarquistas bolcheviques», de capitalismo asalvajado que aplastaría a los anteriores, de despiadados exterminadores de indios como el general Rosa o de filósofos decepcionados con la culta y gélida Viena, que se pasearían a caballo vestidos de gaucho, con sus volúmenes de clásicos griegos en el bolsillo.Primera Guerra MundialAnteriormente, un personaje pintoresco francés, Orélie-Antoine de Tourens, procurador en el Périgueux, el 17 de noviembre de 1860, anunció al mundo el nacimiento, o renacimiento bajo su batuta, de un pomposo Reino de Araucanía . Un territorio de 800.000 kilómetros cuadrados, compartido entre Chile y Argentina. Más tarde él lo bautizaría como Reino de Araucanía y Patagonia, declarándose rey. «Héroe de melodrama y opereta », como dirá Magris, Orélie, a fin de cuentas, a su manera grandilocuente, napoleónica e insensata que le hace acabar en un manicomio, «forma parte –sigue diciendo Magris– de esa Europa del XIX que crea imperios y se extiende por el mundo, encaminándose inconsciente hacia su propio declive hasta el suicidio colectivo de la Primera Guerra Mundial ».Onas y yámanasPor último, en el capítulo de este fantástico libro quizá más conmovedor y sobrecogedor , quizá por la sencillez e inteligencia perseverante, impasible y generosa de su protagonista, estaría la valerosa y entusiasta monja Sor Angela Vallese. Llegaría a ese gran sur, cercano a lo «improbable», de la Tierra del Fuego, «a lo más profundo y terrible de lo que dicen el atlas y el mapamundi» para salvar, con un amor decidido e imperturbable por su parte, a pueblos indígenas como los onas y los yámanas, a punto de desaparecer. Los grandes propietarios pagaban una libra por cada par de orejas de indios cortadas. Alguien, sor Angela, antaño modistilla de una pequeña población piamontesa, que, como añade melancólicamente Magris, no estaba llamada a ser ni Santa Teresa de Ávila ni Simone Weil, pero que no por eso «sería su hermana menor». Tres pequeñas biografías de seres extraordinarios, cada uno de ellos por una razón, son las que ha recogido el escritor Claudio Magris para su magnífico volumen ‘Cruz del sur’ , subtitulado ‘tres vidas verdaderas e improbables’. Uno de los libros probablemente más bellos y poéticos , más emocionantes y sorprendentes de su extensa, y siempre espléndida, bibliografía, repartida entre libros de narrativa tan inolvidables como ‘El Danubio’, ‘Microcosmos’, ‘A ciegas’ o ‘Tiempo curvo en Krens’ –por citar solo algunos–; piezas teatrales como ‘La exposición’, o ensayos imprescindibles, de los más brillantes de nuestra época, como ‘Utopía y desencanto’, ‘La historia no ha terminado’ (todos ellos en Anagrama) o ‘El anillo de Clarisse’ (Península)’Cruz del sur’ Autor Claudio Magris Traducción Pilar González Rodríguez Editorial Anagrama Año 2026 Páginas 159 Precio 19,90 euros E-book 9,90 4En ‘Cruz del sur’, los lectores de Claudio Magris encontrarán huellas de personajes tan fascinantes y anómalos , entre la aventura espiritual y espacial por las tierras de Patagonia , como aquel filósofo austrohúngaro, Enrico Mreule, que un día abandonaría la patria de los Habsburgo, fugándose al hemisferio sur, en su obra ‘Otro mar’. O bien, ecos de aquel caudillo cosaco, Piotr Krasnov, aliado de los nazis para sus rocambolescas fabulaciones de patrias imaginarias, de ‘Conjeturas sobre un sable’. Pero también huellas dantescas de aquella impresionante y aterradora enciclopedia de la infamia que Magris reuniría en su novela ‘No ha lugar para proceder’.Recopila tres personajes reales que se embarcaron en aventuras en la PatagoniaUnidas por una cierta «búsqueda de lo absoluto», como diría Todorov, y por un destino común y visionario que les hizo embarcarse desde la «civilizada» y familiar Europa a las tierras ignotas de Patagonia y la Araucanía, esas tres vidas, tan verdaderas como inimaginables por muchos pegados a la burocrática e intrascendente realidad de cada día, serán el antropólogo y estudioso políglota esloveno-croata Janez Benigar (Zagreb 1883 –Aluminé, Argentina 1950); el procurador francés Orélie-Antoine de Tourens (Chourgnac, 1825-Tourtoirac, Dordoña, 1878), y la monja piamontesa Angela Vallese (Monferrato 1854-1914).El esloveno Janez Benigar, tras estudiar en Praga, agotado de imperios y civilizaciones refinadas, hallaría el sentido de su vida soñando comunidades utópicas y uniendo todo su empeño en la defensa de los indígenas en épocas de matanzas y persecuciones feroces, en una Pampa de los ‘Cantos órficos’ del poeta y vagabundo Dino Campana, que encarnaba entonces «una historia salvaje de turbas sofocadas por dictaduras militares o deslumbradas por tiranos como Perón». Benigar se casaría con la araucana Sheypukiñ, que él llamaría Eufemia, y su amor por ella le llevaría a definir la Araucanía como «uno de los territorios más felices del mundo». Un territorio de mestizajes y migraciones infinitas , de aventureros eslovenos, italianos o polacos, de «hordas anarquistas bolcheviques», de capitalismo asalvajado que aplastaría a los anteriores, de despiadados exterminadores de indios como el general Rosa o de filósofos decepcionados con la culta y gélida Viena, que se pasearían a caballo vestidos de gaucho, con sus volúmenes de clásicos griegos en el bolsillo.Primera Guerra MundialAnteriormente, un personaje pintoresco francés, Orélie-Antoine de Tourens, procurador en el Périgueux, el 17 de noviembre de 1860, anunció al mundo el nacimiento, o renacimiento bajo su batuta, de un pomposo Reino de Araucanía . Un territorio de 800.000 kilómetros cuadrados, compartido entre Chile y Argentina. Más tarde él lo bautizaría como Reino de Araucanía y Patagonia, declarándose rey. «Héroe de melodrama y opereta », como dirá Magris, Orélie, a fin de cuentas, a su manera grandilocuente, napoleónica e insensata que le hace acabar en un manicomio, «forma parte –sigue diciendo Magris– de esa Europa del XIX que crea imperios y se extiende por el mundo, encaminándose inconsciente hacia su propio declive hasta el suicidio colectivo de la Primera Guerra Mundial ».Onas y yámanasPor último, en el capítulo de este fantástico libro quizá más conmovedor y sobrecogedor , quizá por la sencillez e inteligencia perseverante, impasible y generosa de su protagonista, estaría la valerosa y entusiasta monja Sor Angela Vallese. Llegaría a ese gran sur, cercano a lo «improbable», de la Tierra del Fuego, «a lo más profundo y terrible de lo que dicen el atlas y el mapamundi» para salvar, con un amor decidido e imperturbable por su parte, a pueblos indígenas como los onas y los yámanas, a punto de desaparecer. Los grandes propietarios pagaban una libra por cada par de orejas de indios cortadas. Alguien, sor Angela, antaño modistilla de una pequeña población piamontesa, que, como añade melancólicamente Magris, no estaba llamada a ser ni Santa Teresa de Ávila ni Simone Weil, pero que no por eso «sería su hermana menor».
Tres pequeñas biografías de seres extraordinarios, cada uno de ellos por una razón, son las que ha recogido el escritor Claudio Magris para su magnífico volumen ‘Cruz del sur’, subtitulado ‘tres vidas verdaderas e improbables’.
Uno de los libros probablemente más bellos … y poéticos, más emocionantes y sorprendentes de su extensa, y siempre espléndida, bibliografía, repartida entre libros de narrativa tan inolvidables como ‘El Danubio’, ‘Microcosmos’, ‘A ciegas’ o ‘Tiempo curvo en Krens’ –por citar solo algunos–; piezas teatrales como ‘La exposición’, o ensayos imprescindibles, de los más brillantes de nuestra época, como ‘Utopía y desencanto’, ‘La historia no ha terminado’ (todos ellos en Anagrama) o ‘El anillo de Clarisse’ (Península)
‘Cruz del sur’

-
Autor
Claudio Magris
En ‘Cruz del sur’, los lectores de Claudio Magris encontrarán huellas de personajes tan fascinantes y anómalos, entre la aventura espiritual y espacial por las tierras de Patagonia, como aquel filósofo austrohúngaro, Enrico Mreule, que un día abandonaría la patria de los Habsburgo, fugándose al hemisferio sur, en su obra ‘Otro mar’. O bien, ecos de aquel caudillo cosaco, Piotr Krasnov, aliado de los nazis para sus rocambolescas fabulaciones de patrias imaginarias, de ‘Conjeturas sobre un sable’. Pero también huellas dantescas de aquella impresionante y aterradora enciclopedia de la infamia que Magris reuniría en su novela ‘No ha lugar para proceder’.
Recopila tres personajes reales
Unidas por una cierta «búsqueda de lo absoluto», como diría Todorov, y por un destino común y visionario que les hizo embarcarse desde la «civilizada» y familiar Europa a las tierras ignotas de Patagonia y la Araucanía, esas tres vidas, tan verdaderas como inimaginables por muchos pegados a la burocrática e intrascendente realidad de cada día, serán el antropólogo y estudioso políglota esloveno-croata Janez Benigar (Zagreb 1883 –Aluminé, Argentina 1950); el procurador francés Orélie-Antoine de Tourens (Chourgnac, 1825-Tourtoirac, Dordoña, 1878), y la monja piamontesa Angela Vallese (Monferrato 1854-1914).
El esloveno Janez Benigar, tras estudiar en Praga, agotado de imperios y civilizaciones refinadas, hallaría el sentido de su vida soñando comunidades utópicas y uniendo todo su empeño en la defensa de los indígenas en épocas de matanzas y persecuciones feroces, en una Pampa de los ‘Cantos órficos’ del poeta y vagabundo Dino Campana, que encarnaba entonces «una historia salvaje de turbas sofocadas por dictaduras militares o deslumbradas por tiranos como Perón». Benigar se casaría con la araucana Sheypukiñ, que él llamaría Eufemia, y su amor por ella le llevaría a definir la Araucanía como «uno de los territorios más felices del mundo».
Un territorio de mestizajes y migraciones infinitas, de aventureros eslovenos, italianos o polacos, de «hordas anarquistas bolcheviques», de capitalismo asalvajado que aplastaría a los anteriores, de despiadados exterminadores de indios como el general Rosa o de filósofos decepcionados con la culta y gélida Viena, que se pasearían a caballo vestidos de gaucho, con sus volúmenes de clásicos griegos en el bolsillo.
Primera Guerra Mundial
Anteriormente, un personaje pintoresco francés, Orélie-Antoine de Tourens, procurador en el Périgueux, el 17 de noviembre de 1860, anunció al mundo el nacimiento, o renacimiento bajo su batuta, de un pomposo Reino de Araucanía. Un territorio de 800.000 kilómetros cuadrados, compartido entre Chile y Argentina. Más tarde él lo bautizaría como Reino de Araucanía y Patagonia, declarándose rey. «Héroe de melodrama y opereta», como dirá Magris, Orélie, a fin de cuentas, a su manera grandilocuente, napoleónica e insensata que le hace acabar en un manicomio, «forma parte –sigue diciendo Magris– de esa Europa del XIX que crea imperios y se extiende por el mundo, encaminándose inconsciente hacia su propio declive hasta el suicidio colectivo de la Primera Guerra Mundial».
Onas y yámanas
Por último, en el capítulo de este fantástico libro quizá más conmovedor y sobrecogedor, quizá por la sencillez e inteligencia perseverante, impasible y generosa de su protagonista, estaría la valerosa y entusiasta monja Sor Angela Vallese. Llegaría a ese gran sur, cercano a lo «improbable», de la Tierra del Fuego, «a lo más profundo y terrible de lo que dicen el atlas y el mapamundi» para salvar, con un amor decidido e imperturbable por su parte, a pueblos indígenas como los onas y los yámanas, a punto de desaparecer. Los grandes propietarios pagaban una libra por cada par de orejas de indios cortadas. Alguien, sor Angela, antaño modistilla de una pequeña población piamontesa, que, como añade melancólicamente Magris, no estaba llamada a ser ni Santa Teresa de Ávila ni Simone Weil, pero que no por eso «sería su hermana menor».
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