El Gobierno quiere que cada vez más los españoles se conviertan en inversores; movilizar los 1,1 billones de euros que hay en depósitos y dinero en efectivo hacia los mercados de capitales. Un planteamiento impulsado desde Europa, en el que se involucró personalmente el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, pero que tiene su principal escollo en la fiscalidad. A grandes rasgos, se trata de crear el marco jurídico para que el sector financiero ponga en marcha una llamada cuenta de ahorro e inversión , con la meta de financiar a las empresas europeas y, al mismo tiempo, que los ciudadanos se puedan beneficiar de invertir en el mercado. La Comisión Europea emitió hace escasos meses una serie de recomendaciones sobre cómo deben ser estos productos a través de los cuales los españoles podrán invertir a largo plazo en activos financieros de manera sencilla y simplificada, y previsiblemente con incentivos fiscales. Bruselas tiene clara la necesidad de fijar beneficios en la tributación de estas cuentas para hacerlas atractivas. Sin embargo, queda a discreción de los Estados miembros.Noticia Relacionada estandar Si País Vasco acaba con el maltrato fiscal al rescate de los planes de pensiones Susana Alcelay Los rendimientos de las aportaciones de los contribuyentes vascos tributarán como rentas del ahorro y no del trabajo, lo que abre una brecha con el resto de regiones españolasEl Ministerio de Economía , de momento, ha sacado la creación de esta cuenta de ahorro e inversión a consulta pública (que terminó este 30 de enero) para recabar las aportaciones del sector financiero sobre cómo debería regularse. El problema es que evita preguntar específicamente sobre la fiscalidad, el punto más espinoso, ya que dar incentivos ahora al ahorro y la inversión cuando años atrás se han castigado los planes de pensiones, es algo difícil de cuadrar en el esquema ideológico de este Gobierno. Fuentes cercanas al Ejecutivo señalan que Carlos Cuerpo ha recogido la sensibilidad del sector financiero por el tema fiscal y entiende la necesidad de fijar incentivos relevantes si se quieren hacer populares este tipo de cuentas de ahorro e inversión. Sin embargo, este planteamiento se topa de lleno con el Ministerio de Hacienda de María Jesús Montero , que presenta dudas sobre cómo articular la medida. Hacienda es reticente a establecer grandes incentivos fiscales al ahorro y la inversión . Es algo de lo que ya son conscientes en Economía y será el principal problema a salvar para intentar aprobar este tipo de cuentas. Este problema lo tienen también presente en el sector financiero, que aunque apoya una medida como esta, no tiene claro que vaya a salir adelante por la fragmentación parlamentaria.Este 30 de enero terminó el plazo de la consulta pública que abrió Economía para recabar aportaciones del sector financieroEl sector financiero ya está ejerciendo presiones públicas y privadas sobre el Gobierno para que la regulación de estas cuentas de inversión se haga en las mejores condiciones posibles, y, por supuesto, incluyendo incentivos fiscales mayores de los que hay actualmente en planes de pensiones o fondos de inversión, aunque hay diferentes visiones. «Es importante que se garantice el máximo nivel de protección al inversor. Por otra parte, el incentivo fiscal debe ser atractivo, sencillo de aplicar por el cliente, y de controlar por la Agencia Tributaria, sin exigir que las entidades recopilen datos de sus clientes o de otros intermediarios financieros que estos últimos no estén obligados a suministrar conforme a las normas que les resulten actualmente aplicables», señalan fuentes bancarias. El planteamiento de que estas cuentas deben tener beneficios fiscales choca con las actuaciones de Hacienda en productos como los planes de pensiones . El Gobierno ha hundido estos años el ahorro individual para la jubilación en estos productos al dejar el límite de aportación y de deducción en apenas 1.500 euros anuales , desde los 8.000 euros que había antes de este Ejecutivo. El objetivo era fomentar al mismo tiempo los planes de empresa, pero el resultado ha sido que ahora ya no se puede casi ahorrar en planes individuales y tampoco han despegado los de empresa. Por lo pronto, el Ministerio de Economía ya ha recibido múltiples aportaciones desde el sector financiero sobre cómo podría articularse el marco jurídico de estas nuevas cuentas de inversión, y aunque Cuerpo no pregunta por la fiscalidad, las empresas también han abordado esa materia. Desde Hacienda indican que el asunto está en una fase muy inicial y que aún no hay nada concretado ni decidido.Modelo suecoEntre las aportaciones a la consulta está la respuesta del gestor de la Bolsa, BME , que ha hecho pública su posición. Esta empresa plantea que estas cuentas permitan invertir en acciones y bonos corporativos del Espacio Económico Europeo (EEE); ETF de índices de renta variable europea; productos derivados simples; y otros productos que inviertan en financiación de empresas como ciertos fondos europeos. No menciona, así, la deuda pública de los países miembros, ya que el objetivo es financiar a empresas del Viejo Continente. Esa es la parte sencilla del planteamiento, los productos, aunque los bancos sí que apuestan por ejemplo por ser más laxos con los fondos elegibles y la renta fija. Más allá de ello, BME plantea que no haya límite de aportaciones mínimas ni máximas, que se pueda traspasar dinero de un activo a otro y entre cuentas sin tener que tributar (al estilo de los fondos de inversión actuales), que no haya períodos mínimos de permanencia, que no haya garantía del Estado… y una «fiscalidad simplificada y basada en el modelo sueco» .Las claves de la cuenta Proyecto europeo La cuenta de ahorro e inversión es una iniciativa europea, en la que se involucró el ministro Carlos Cuerpo, para que los ciudadanos inviertan más en el mercado y así financiar a las empresas comunitarias. En España hay más de 1,1 billones de euros parados en depósitos y dinero en efectivo. Características El Gobierno pregunta al sector financiero en su consulta pública si es necesario establecer un importe mínimo para abrirse la cuenta, si habría que fijar un límite máximo de inversión, si debería limitarse a una cuenta por persona; también pregunta sobre los costes y comisiones que habrían de tener estas cuentas, qué activos financieros deberían ser elegibles, si se debe fijar un mínimo de inversión en sectores estratégicos, el mínimo de inversión en empresas europeas o si debe exigirse un periodo mínimo de mantenimiento de la cuenta. La fiscalidad El tema fiscal es el más espinoso. El sector financiero no duda de que debe haber más incentivos que en planes de pensiones o fondos de inversión si se quiere hacer de esto un producto atractivo. BME ha planteado un modelo por el que se tributa por el dinero que hay en la cuenta y no por la rentabilidad obtenida. La fiscalidad que plantea el gestor de la Bolsa pasa por «un único pago anual calculado como una parte del valor medio del capital mantenido y aportado a lo largo del ejercicio fiscal», es decir, que se tribute por el patrimonio que hay en las cuentas cada año y no por la rentabilidad obtenida. Este modelo de BME es rechazado por los bancos y gestoras ya que este tipo de tributación podría generar problemas de tener que pagar aunque haya pérdidas. En términos generales, el cliente sí que se podría ver beneficiado cuando el año sea rentable, pero si un año los mercados van a la baja, el usuario tendría que abonar impuestos por el capital que mantiene en su cuenta. Las entidades financieras, según las fuentes consultadas, se inclinan más por un modelo de tributación por las plusvalías pero incentivado, y con deducciones anuales. Asimismo, en una parte de la banca existen ciertas dudas sobre lo que les puede suponer este tipo de cuentas en función de cómo se diseñen. Principalmente, desde el lado de las comisiones , que es una pata de su negocio que cada vez va a más. Sin embargo, las fuentes señalan que el sector financiero podría verse muy beneficiado de esta medida ya que empezarían a recibir ingresos por inversiones cuando antes no recibían, e incluso tenían que pagar, por los depósitos de sus clientes. El Gobierno quiere que cada vez más los españoles se conviertan en inversores; movilizar los 1,1 billones de euros que hay en depósitos y dinero en efectivo hacia los mercados de capitales. Un planteamiento impulsado desde Europa, en el que se involucró personalmente el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, pero que tiene su principal escollo en la fiscalidad. A grandes rasgos, se trata de crear el marco jurídico para que el sector financiero ponga en marcha una llamada cuenta de ahorro e inversión , con la meta de financiar a las empresas europeas y, al mismo tiempo, que los ciudadanos se puedan beneficiar de invertir en el mercado. La Comisión Europea emitió hace escasos meses una serie de recomendaciones sobre cómo deben ser estos productos a través de los cuales los españoles podrán invertir a largo plazo en activos financieros de manera sencilla y simplificada, y previsiblemente con incentivos fiscales. Bruselas tiene clara la necesidad de fijar beneficios en la tributación de estas cuentas para hacerlas atractivas. Sin embargo, queda a discreción de los Estados miembros.Noticia Relacionada estandar Si País Vasco acaba con el maltrato fiscal al rescate de los planes de pensiones Susana Alcelay Los rendimientos de las aportaciones de los contribuyentes vascos tributarán como rentas del ahorro y no del trabajo, lo que abre una brecha con el resto de regiones españolasEl Ministerio de Economía , de momento, ha sacado la creación de esta cuenta de ahorro e inversión a consulta pública (que terminó este 30 de enero) para recabar las aportaciones del sector financiero sobre cómo debería regularse. El problema es que evita preguntar específicamente sobre la fiscalidad, el punto más espinoso, ya que dar incentivos ahora al ahorro y la inversión cuando años atrás se han castigado los planes de pensiones, es algo difícil de cuadrar en el esquema ideológico de este Gobierno. Fuentes cercanas al Ejecutivo señalan que Carlos Cuerpo ha recogido la sensibilidad del sector financiero por el tema fiscal y entiende la necesidad de fijar incentivos relevantes si se quieren hacer populares este tipo de cuentas de ahorro e inversión. Sin embargo, este planteamiento se topa de lleno con el Ministerio de Hacienda de María Jesús Montero , que presenta dudas sobre cómo articular la medida. Hacienda es reticente a establecer grandes incentivos fiscales al ahorro y la inversión . Es algo de lo que ya son conscientes en Economía y será el principal problema a salvar para intentar aprobar este tipo de cuentas. Este problema lo tienen también presente en el sector financiero, que aunque apoya una medida como esta, no tiene claro que vaya a salir adelante por la fragmentación parlamentaria.Este 30 de enero terminó el plazo de la consulta pública que abrió Economía para recabar aportaciones del sector financieroEl sector financiero ya está ejerciendo presiones públicas y privadas sobre el Gobierno para que la regulación de estas cuentas de inversión se haga en las mejores condiciones posibles, y, por supuesto, incluyendo incentivos fiscales mayores de los que hay actualmente en planes de pensiones o fondos de inversión, aunque hay diferentes visiones. «Es importante que se garantice el máximo nivel de protección al inversor. Por otra parte, el incentivo fiscal debe ser atractivo, sencillo de aplicar por el cliente, y de controlar por la Agencia Tributaria, sin exigir que las entidades recopilen datos de sus clientes o de otros intermediarios financieros que estos últimos no estén obligados a suministrar conforme a las normas que les resulten actualmente aplicables», señalan fuentes bancarias. El planteamiento de que estas cuentas deben tener beneficios fiscales choca con las actuaciones de Hacienda en productos como los planes de pensiones . El Gobierno ha hundido estos años el ahorro individual para la jubilación en estos productos al dejar el límite de aportación y de deducción en apenas 1.500 euros anuales , desde los 8.000 euros que había antes de este Ejecutivo. El objetivo era fomentar al mismo tiempo los planes de empresa, pero el resultado ha sido que ahora ya no se puede casi ahorrar en planes individuales y tampoco han despegado los de empresa. Por lo pronto, el Ministerio de Economía ya ha recibido múltiples aportaciones desde el sector financiero sobre cómo podría articularse el marco jurídico de estas nuevas cuentas de inversión, y aunque Cuerpo no pregunta por la fiscalidad, las empresas también han abordado esa materia. Desde Hacienda indican que el asunto está en una fase muy inicial y que aún no hay nada concretado ni decidido.Modelo suecoEntre las aportaciones a la consulta está la respuesta del gestor de la Bolsa, BME , que ha hecho pública su posición. Esta empresa plantea que estas cuentas permitan invertir en acciones y bonos corporativos del Espacio Económico Europeo (EEE); ETF de índices de renta variable europea; productos derivados simples; y otros productos que inviertan en financiación de empresas como ciertos fondos europeos. No menciona, así, la deuda pública de los países miembros, ya que el objetivo es financiar a empresas del Viejo Continente. Esa es la parte sencilla del planteamiento, los productos, aunque los bancos sí que apuestan por ejemplo por ser más laxos con los fondos elegibles y la renta fija. Más allá de ello, BME plantea que no haya límite de aportaciones mínimas ni máximas, que se pueda traspasar dinero de un activo a otro y entre cuentas sin tener que tributar (al estilo de los fondos de inversión actuales), que no haya períodos mínimos de permanencia, que no haya garantía del Estado… y una «fiscalidad simplificada y basada en el modelo sueco» .Las claves de la cuenta Proyecto europeo La cuenta de ahorro e inversión es una iniciativa europea, en la que se involucró el ministro Carlos Cuerpo, para que los ciudadanos inviertan más en el mercado y así financiar a las empresas comunitarias. En España hay más de 1,1 billones de euros parados en depósitos y dinero en efectivo. Características El Gobierno pregunta al sector financiero en su consulta pública si es necesario establecer un importe mínimo para abrirse la cuenta, si habría que fijar un límite máximo de inversión, si debería limitarse a una cuenta por persona; también pregunta sobre los costes y comisiones que habrían de tener estas cuentas, qué activos financieros deberían ser elegibles, si se debe fijar un mínimo de inversión en sectores estratégicos, el mínimo de inversión en empresas europeas o si debe exigirse un periodo mínimo de mantenimiento de la cuenta. La fiscalidad El tema fiscal es el más espinoso. El sector financiero no duda de que debe haber más incentivos que en planes de pensiones o fondos de inversión si se quiere hacer de esto un producto atractivo. BME ha planteado un modelo por el que se tributa por el dinero que hay en la cuenta y no por la rentabilidad obtenida. La fiscalidad que plantea el gestor de la Bolsa pasa por «un único pago anual calculado como una parte del valor medio del capital mantenido y aportado a lo largo del ejercicio fiscal», es decir, que se tribute por el patrimonio que hay en las cuentas cada año y no por la rentabilidad obtenida. Este modelo de BME es rechazado por los bancos y gestoras ya que este tipo de tributación podría generar problemas de tener que pagar aunque haya pérdidas. En términos generales, el cliente sí que se podría ver beneficiado cuando el año sea rentable, pero si un año los mercados van a la baja, el usuario tendría que abonar impuestos por el capital que mantiene en su cuenta. Las entidades financieras, según las fuentes consultadas, se inclinan más por un modelo de tributación por las plusvalías pero incentivado, y con deducciones anuales. Asimismo, en una parte de la banca existen ciertas dudas sobre lo que les puede suponer este tipo de cuentas en función de cómo se diseñen. Principalmente, desde el lado de las comisiones , que es una pata de su negocio que cada vez va a más. Sin embargo, las fuentes señalan que el sector financiero podría verse muy beneficiado de esta medida ya que empezarían a recibir ingresos por inversiones cuando antes no recibían, e incluso tenían que pagar, por los depósitos de sus clientes.
El Gobierno quiere que cada vez más los españoles se conviertan en inversores; movilizar los 1,1 billones de euros que hay en depósitos y dinero en efectivo hacia los mercados de capitales. Un planteamiento impulsado desde Europa, en el que se involucró … personalmente el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, pero que tiene su principal escollo en la fiscalidad.
A grandes rasgos, se trata de crear el marco jurídico para que el sector financiero ponga en marcha una llamada cuenta de ahorro e inversión, con la meta de financiar a las empresas europeas y, al mismo tiempo, que los ciudadanos se puedan beneficiar de invertir en el mercado.
La Comisión Europea emitió hace escasos meses una serie de recomendaciones sobre cómo deben ser estos productos a través de los cuales los españoles podrán invertir a largo plazo en activos financieros de manera sencilla y simplificada, y previsiblemente con incentivos fiscales. Bruselas tiene clara la necesidad de fijar beneficios en la tributación de estas cuentas para hacerlas atractivas. Sin embargo, queda a discreción de los Estados miembros.
El Ministerio de Economía, de momento, ha sacado la creación de esta cuenta de ahorro e inversión a consulta pública (que terminó este 30 de enero) para recabar las aportaciones del sector financiero sobre cómo debería regularse. El problema es que evita preguntar específicamente sobre la fiscalidad, el punto más espinoso, ya que dar incentivos ahora al ahorro y la inversión cuando años atrás se han castigado los planes de pensiones, es algo difícil de cuadrar en el esquema ideológico de este Gobierno.
Fuentes cercanas al Ejecutivo señalan que Carlos Cuerpo ha recogido la sensibilidad del sector financiero por el tema fiscal y entiende la necesidad de fijar incentivos relevantes si se quieren hacer populares este tipo de cuentas de ahorro e inversión. Sin embargo, este planteamiento se topa de lleno con el Ministerio de Hacienda de María Jesús Montero, que presenta dudas sobre cómo articular la medida.
Hacienda es reticente a establecer grandes incentivos fiscales al ahorro y la inversión. Es algo de lo que ya son conscientes en Economía y será el principal problema a salvar para intentar aprobar este tipo de cuentas. Este problema lo tienen también presente en el sector financiero, que aunque apoya una medida como esta, no tiene claro que vaya a salir adelante por la fragmentación parlamentaria.
Este 30 de enero terminó el plazo de la consulta pública que abrió Economía para recabar aportaciones del sector financiero
El sector financiero ya está ejerciendo presiones públicas y privadas sobre el Gobierno para que la regulación de estas cuentas de inversión se haga en las mejores condiciones posibles, y, por supuesto, incluyendo incentivos fiscales mayores de los que hay actualmente en planes de pensiones o fondos de inversión, aunque hay diferentes visiones. «Es importante que se garantice el máximo nivel de protección al inversor. Por otra parte, el incentivo fiscal debe ser atractivo, sencillo de aplicar por el cliente, y de controlar por la Agencia Tributaria, sin exigir que las entidades recopilen datos de sus clientes o de otros intermediarios financieros que estos últimos no estén obligados a suministrar conforme a las normas que les resulten actualmente aplicables», señalan fuentes bancarias.
El planteamiento de que estas cuentas deben tener beneficios fiscales choca con las actuaciones de Hacienda en productos como los planes de pensiones. El Gobierno ha hundido estos años el ahorro individual para la jubilación en estos productos al dejar el límite de aportación y de deducción en apenas 1.500 euros anuales, desde los 8.000 euros que había antes de este Ejecutivo. El objetivo era fomentar al mismo tiempo los planes de empresa, pero el resultado ha sido que ahora ya no se puede casi ahorrar en planes individuales y tampoco han despegado los de empresa.
Por lo pronto, el Ministerio de Economía ya ha recibido múltiples aportaciones desde el sector financiero sobre cómo podría articularse el marco jurídico de estas nuevas cuentas de inversión, y aunque Cuerpo no pregunta por la fiscalidad, las empresas también han abordado esa materia. Desde Hacienda indican que el asunto está en una fase muy inicial y que aún no hay nada concretado ni decidido.
Modelo sueco
Entre las aportaciones a la consulta está la respuesta del gestor de la Bolsa, BME, que ha hecho pública su posición. Esta empresa plantea que estas cuentas permitan invertir en acciones y bonos corporativos del Espacio Económico Europeo (EEE); ETF de índices de renta variable europea; productos derivados simples; y otros productos que inviertan en financiación de empresas como ciertos fondos europeos. No menciona, así, la deuda pública de los países miembros, ya que el objetivo es financiar a empresas del Viejo Continente. Esa es la parte sencilla del planteamiento, los productos, aunque los bancos sí que apuestan por ejemplo por ser más laxos con los fondos elegibles y la renta fija.
Más allá de ello, BME plantea que no haya límite de aportaciones mínimas ni máximas, que se pueda traspasar dinero de un activo a otro y entre cuentas sin tener que tributar (al estilo de los fondos de inversión actuales), que no haya períodos mínimos de permanencia, que no haya garantía del Estado… y una «fiscalidad simplificada y basada en el modelo sueco».
Proyecto europeo
La cuenta de ahorro e inversión es una iniciativa europea, en la que se involucró el ministro Carlos Cuerpo, para que los ciudadanos inviertan más en el mercado y así financiar a las empresas comunitarias. En España hay más de 1,1 billones de euros parados en depósitos y dinero en efectivo.
Características
El Gobierno pregunta al sector financiero en su consulta pública si es necesario establecer un importe mínimo para abrirse la cuenta, si habría que fijar un límite máximo de inversión, si debería limitarse a una cuenta por persona; también pregunta sobre los costes y comisiones que habrían de tener estas cuentas, qué activos financieros deberían ser elegibles, si se debe fijar un mínimo de inversión en sectores estratégicos, el mínimo de inversión en empresas europeas o si debe exigirse un periodo mínimo de mantenimiento de la cuenta.
La fiscalidad
El tema fiscal es el más espinoso. El sector financiero no duda de que debe haber más incentivos que en planes de pensiones o fondos de inversión si se quiere hacer de esto un producto atractivo. BME ha planteado un modelo por el que se tributa por el dinero que hay en la cuenta y no por la rentabilidad obtenida.
La fiscalidad que plantea el gestor de la Bolsa pasa por «un único pago anual calculado como una parte del valor medio del capital mantenido y aportado a lo largo del ejercicio fiscal», es decir, que se tribute por el patrimonio que hay en las cuentas cada año y no por la rentabilidad obtenida.
Este modelo de BME es rechazado por los bancos y gestoras ya que este tipo de tributación podría generar problemas de tener que pagar aunque haya pérdidas. En términos generales, el cliente sí que se podría ver beneficiado cuando el año sea rentable, pero si un año los mercados van a la baja, el usuario tendría que abonar impuestos por el capital que mantiene en su cuenta. Las entidades financieras, según las fuentes consultadas, se inclinan más por un modelo de tributación por las plusvalías pero incentivado, y con deducciones anuales.
Asimismo, en una parte de la banca existen ciertas dudas sobre lo que les puede suponer este tipo de cuentas en función de cómo se diseñen. Principalmente, desde el lado de las comisiones, que es una pata de su negocio que cada vez va a más. Sin embargo, las fuentes señalan que el sector financiero podría verse muy beneficiado de esta medida ya que empezarían a recibir ingresos por inversiones cuando antes no recibían, e incluso tenían que pagar, por los depósitos de sus clientes.
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