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Jónico

febrero 12, 2026
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Un día estaba yo preparándome la comida y, cuando vi los champiñones y el hatajo de tallarines de arroz dispuestos de una manera particular sobre la encimera, me asaltó una fuerte intuición. El champiñón lo tenía ya cortado en sección longitudinal, de modo que se veían las volutas en las que se recoge el capuchón. Al arrastrar los tallarines, aún sin hervir, debajo del hongo demediado, lo que apareció allí en mi cocina fue ni más ni menos que una columna jónica , con sus espirales en el capitel y su fuste estriado. Tuve entonces la sospecha de que el orden jónico tiene inspiración fúngica (algo muy natural teniendo en cuenta que el corintio se pasa ya al reino vegetal). Pensé en el libro de Gordon Wasson, Hofmann y Ruck, ‘El camino a Eleusis ‘, y me dije que en el remate jónico se ocultaba un homenaje o quizá una pista sobre los misterios eleusinos. «Cuánta razón tenían los griegos al rodear de sigilo y custodia este misterio, este beber la poción. Lo que hoy en día ha desembocado en una simple droga, una triptamina, un derivado del ácido lisérgico , era para ellos un milagro prodigioso, inspirador de poesía, filosofía y religión».Encontré que no era la primera en olerme un vínculo entre ese reputado estilo arquitectónico y las setas visionarias: «La inspiración para la columna jónica puede haber sido la amanita , una de las pocas especies de hongos que nace de una volva ovoide, pero cuyo píleo, sin abrir, ha sido recortado por delante y por detrás casi hasta el límite del estípite», leí en una página web llamada Fungitecture.Noticia Relacionada Demócrito vs Aristóteles estandar Si Una vieja batalla griega: el diminuto átomo contra la materia continua Pedro Gargantilla El carismático Demócrito, un filósofo defendía que todo en el universo estaba hecho de pequeñas partículas indivisibles; su rival, Aristóteles, pensaba que la materia era una sustancia homogénea y continua, como un trozo de arcilla giganteEsa web ya no funciona, pero encuentro otras que hablan de una tendencia reciente llamada ‘fungitectura’ o ‘micotectura’. Se trata de fabricar derivados de los hongos como material para construir las casas, aunque otras veces puede referirse a los edificios que se proyectan con las formas de las setas en mente. Son dos acercamientos que no tienen nada que ver entre sí, y quizá falte un tercero que tenga en cuenta que el individuo es el micelio y no cada ejemplar de seta, una manera de proyectar que no se base en los materiales ni en la forma, sino en la estructura. ¿Pero acaso funcionan por separado?Dice Jünger en ‘Acercamientos’, su libro subtitulado ‘Drogas y ebriedad’: «El primer contacto con la ebriedad nos familiariza con su mundo de luces y sombras. Semeja a la llama que calienta e ilumina, pero que también deslumbra y abrasa. Pasa los fuertes y fronteras y los asalta por sorpresa; el ebrio recuerda a los labriegos de Brueghel , que se maravillan boquiabiertos del mundo» (la cita de san Juan de la Cruz se debe a la traducción de Enrique Ocaña).Las volutas de los capiteles jónicos parecen también un inmejorable escondrijo. ¿Qué no habrá ahí envuelto, esperando desde hace dos milenios y medio entre las espirales de piedra? Notas, dibujos, flores, recetas, poemas, suelas de sandalias. También las drogas se esconden en los sitios más peregrinos. Casi todas las ruinas de Delos son de templos dóricos, aunque quedan restos de columnas jónicas aquí y alláEn un breve estudio para estudiantes de arquitectura de la Universidad de Navarra sobre las distintas modalidades de capitel jónico, me entero de algunos de los problemas que plantea este orden, con los que se enfrenta cualquiera que haga su primer capitel: por ejemplo cómo resolver los de esquina, que necesitan volutas a 90º. Pasando por el templo de Saturno en el Foro Romano , al que, en el curso de la reconstrucción tras un incendio en el siglo IV, se le añadieron «feos capiteles», llegamos a la aseveración apasionante de que Miguel Ángel «aprendió algo de ellos, como de casi todo lo estrafalario que encontró». Me gusta tanto eso que aquí ya es cuando me fijo en el nombre del autor: Joaquín Lorda Iñarra, y al seguir tirando de su hilo encuentro algunas fotos asombrosas en las que aparece rematando un extenso y detallado dibujo a tiza sobre una pizarra negra desplegable; por lo visto así enseñaba a sus alumnos, y entre clase y clase borraba toda la obra para volver a empezar. En su honor se fundó un club de dibujo.En el libro de Juan Antonio Ramírez ‘Edificios-cuerpo’, un gracioso volumen publicado por Siruela, también aparece la visión antropomorfa de las columnas clásicas. Según Vitruvio , ahí citado, «colocaron debajo de una columna una basa, como si fuera su calzado, y colocaron en el capitel unas volutas colgantes a derecha y a izquierda, como los rizos ensortijados de su propia cabellera […] así lograron una doble estructura en la columna, mediante dos claras diferencias: una, de aspecto viril y sin ninguna clase de adorno (dórica) y la otra imitando los adornos femeninos (jónica)», descripción que puede resultarnos también útil para la arqueología peluquerística y cosmética.En un descanso de la escritura de este artículo, voy a ver la última película de la cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes. Se llama ‘Fuck the Polis’ y resulta que se desarrolla en Grecia, entre las islas de Mikonos y Delos , donde nacieron Artemisa y Apolo. Salen las islas vistas desde los barcos, y un bar donde se juega al ajedrez. Salen los campos de cereal que se mueven al viento como un mar amarillo. Y a partir de cierto momento de la película, aparecen multitud de amapolas. Su presencia y su color nada narcótico convocan un nuevo punto de vista, como si a la película se incorporase un nuevo espectador interno. Las amapolas son preciosas y fundamentales en la película. Aparece una visita a Delos, y ahí deambulamos entre las ruinas. Casi todas las ruinas de Delos son de templos dóricos, aunque quedan restos de columnas jónicas aquí y allá. A veces he imaginado que me siento en las escaleras de un templo abandonado, con los yerbajos saliendo entre las juntas. Ya tengo pensado lo que me diré: ¡Atenta! Lo fundamental es que no te expliques tu vida en los términos que te ha impuesto tu época. Un día estaba yo preparándome la comida y, cuando vi los champiñones y el hatajo de tallarines de arroz dispuestos de una manera particular sobre la encimera, me asaltó una fuerte intuición. El champiñón lo tenía ya cortado en sección longitudinal, de modo que se veían las volutas en las que se recoge el capuchón. Al arrastrar los tallarines, aún sin hervir, debajo del hongo demediado, lo que apareció allí en mi cocina fue ni más ni menos que una columna jónica , con sus espirales en el capitel y su fuste estriado. Tuve entonces la sospecha de que el orden jónico tiene inspiración fúngica (algo muy natural teniendo en cuenta que el corintio se pasa ya al reino vegetal). Pensé en el libro de Gordon Wasson, Hofmann y Ruck, ‘El camino a Eleusis ‘, y me dije que en el remate jónico se ocultaba un homenaje o quizá una pista sobre los misterios eleusinos. «Cuánta razón tenían los griegos al rodear de sigilo y custodia este misterio, este beber la poción. Lo que hoy en día ha desembocado en una simple droga, una triptamina, un derivado del ácido lisérgico , era para ellos un milagro prodigioso, inspirador de poesía, filosofía y religión».Encontré que no era la primera en olerme un vínculo entre ese reputado estilo arquitectónico y las setas visionarias: «La inspiración para la columna jónica puede haber sido la amanita , una de las pocas especies de hongos que nace de una volva ovoide, pero cuyo píleo, sin abrir, ha sido recortado por delante y por detrás casi hasta el límite del estípite», leí en una página web llamada Fungitecture.Noticia Relacionada Demócrito vs Aristóteles estandar Si Una vieja batalla griega: el diminuto átomo contra la materia continua Pedro Gargantilla El carismático Demócrito, un filósofo defendía que todo en el universo estaba hecho de pequeñas partículas indivisibles; su rival, Aristóteles, pensaba que la materia era una sustancia homogénea y continua, como un trozo de arcilla giganteEsa web ya no funciona, pero encuentro otras que hablan de una tendencia reciente llamada ‘fungitectura’ o ‘micotectura’. Se trata de fabricar derivados de los hongos como material para construir las casas, aunque otras veces puede referirse a los edificios que se proyectan con las formas de las setas en mente. Son dos acercamientos que no tienen nada que ver entre sí, y quizá falte un tercero que tenga en cuenta que el individuo es el micelio y no cada ejemplar de seta, una manera de proyectar que no se base en los materiales ni en la forma, sino en la estructura. ¿Pero acaso funcionan por separado?Dice Jünger en ‘Acercamientos’, su libro subtitulado ‘Drogas y ebriedad’: «El primer contacto con la ebriedad nos familiariza con su mundo de luces y sombras. Semeja a la llama que calienta e ilumina, pero que también deslumbra y abrasa. Pasa los fuertes y fronteras y los asalta por sorpresa; el ebrio recuerda a los labriegos de Brueghel , que se maravillan boquiabiertos del mundo» (la cita de san Juan de la Cruz se debe a la traducción de Enrique Ocaña).Las volutas de los capiteles jónicos parecen también un inmejorable escondrijo. ¿Qué no habrá ahí envuelto, esperando desde hace dos milenios y medio entre las espirales de piedra? Notas, dibujos, flores, recetas, poemas, suelas de sandalias. También las drogas se esconden en los sitios más peregrinos. Casi todas las ruinas de Delos son de templos dóricos, aunque quedan restos de columnas jónicas aquí y alláEn un breve estudio para estudiantes de arquitectura de la Universidad de Navarra sobre las distintas modalidades de capitel jónico, me entero de algunos de los problemas que plantea este orden, con los que se enfrenta cualquiera que haga su primer capitel: por ejemplo cómo resolver los de esquina, que necesitan volutas a 90º. Pasando por el templo de Saturno en el Foro Romano , al que, en el curso de la reconstrucción tras un incendio en el siglo IV, se le añadieron «feos capiteles», llegamos a la aseveración apasionante de que Miguel Ángel «aprendió algo de ellos, como de casi todo lo estrafalario que encontró». Me gusta tanto eso que aquí ya es cuando me fijo en el nombre del autor: Joaquín Lorda Iñarra, y al seguir tirando de su hilo encuentro algunas fotos asombrosas en las que aparece rematando un extenso y detallado dibujo a tiza sobre una pizarra negra desplegable; por lo visto así enseñaba a sus alumnos, y entre clase y clase borraba toda la obra para volver a empezar. En su honor se fundó un club de dibujo.En el libro de Juan Antonio Ramírez ‘Edificios-cuerpo’, un gracioso volumen publicado por Siruela, también aparece la visión antropomorfa de las columnas clásicas. Según Vitruvio , ahí citado, «colocaron debajo de una columna una basa, como si fuera su calzado, y colocaron en el capitel unas volutas colgantes a derecha y a izquierda, como los rizos ensortijados de su propia cabellera así lograron una doble estructura en la columna, mediante dos claras diferencias: una, de aspecto viril y sin ninguna clase de adorno (dórica) y la otra imitando los adornos femeninos (jónica)», descripción que puede resultarnos también útil para la arqueología peluquerística y cosmética.En un descanso de la escritura de este artículo, voy a ver la última película de la cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes. Se llama ‘Fuck the Polis’ y resulta que se desarrolla en Grecia, entre las islas de Mikonos y Delos , donde nacieron Artemisa y Apolo. Salen las islas vistas desde los barcos, y un bar donde se juega al ajedrez. Salen los campos de cereal que se mueven al viento como un mar amarillo. Y a partir de cierto momento de la película, aparecen multitud de amapolas. Su presencia y su color nada narcótico convocan un nuevo punto de vista, como si a la película se incorporase un nuevo espectador interno. Las amapolas son preciosas y fundamentales en la película. Aparece una visita a Delos, y ahí deambulamos entre las ruinas. Casi todas las ruinas de Delos son de templos dóricos, aunque quedan restos de columnas jónicas aquí y allá. A veces he imaginado que me siento en las escaleras de un templo abandonado, con los yerbajos saliendo entre las juntas. Ya tengo pensado lo que me diré: ¡Atenta! Lo fundamental es que no te expliques tu vida en los términos que te ha impuesto tu época.  

Un día estaba yo preparándome la comida y, cuando vi los champiñones y el hatajo de tallarines de arroz dispuestos de una manera particular sobre la encimera, me asaltó una fuerte intuición. El champiñón lo tenía ya cortado en sección longitudinal, de modo que … se veían las volutas en las que se recoge el capuchón. Al arrastrar los tallarines, aún sin hervir, debajo del hongo demediado, lo que apareció allí en mi cocina fue ni más ni menos que una columna jónica, con sus espirales en el capitel y su fuste estriado. Tuve entonces la sospecha de que el orden jónico tiene inspiración fúngica (algo muy natural teniendo en cuenta que el corintio se pasa ya al reino vegetal).

Pensé en el libro de Gordon Wasson, Hofmann y Ruck, ‘El camino a Eleusis‘, y me dije que en el remate jónico se ocultaba un homenaje o quizá una pista sobre los misterios eleusinos. «Cuánta razón tenían los griegos al rodear de sigilo y custodia este misterio, este beber la poción. Lo que hoy en día ha desembocado en una simple droga, una triptamina, un derivado del ácido lisérgico, era para ellos un milagro prodigioso, inspirador de poesía, filosofía y religión».

Encontré que no era la primera en olerme un vínculo entre ese reputado estilo arquitectónico y las setas visionarias: «La inspiración para la columna jónica puede haber sido la amanita, una de las pocas especies de hongos que nace de una volva ovoide, pero cuyo píleo, sin abrir, ha sido recortado por delante y por detrás casi hasta el límite del estípite», leí en una página web llamada Fungitecture.

Esa web ya no funciona, pero encuentro otras que hablan de una tendencia reciente llamada ‘fungitectura’ o ‘micotectura’. Se trata de fabricar derivados de los hongos como material para construir las casas, aunque otras veces puede referirse a los edificios que se proyectan con las formas de las setas en mente. Son dos acercamientos que no tienen nada que ver entre sí, y quizá falte un tercero que tenga en cuenta que el individuo es el micelio y no cada ejemplar de seta, una manera de proyectar que no se base en los materiales ni en la forma, sino en la estructura. ¿Pero acaso funcionan por separado?

Dice Jünger en ‘Acercamientos’, su libro subtitulado ‘Drogas y ebriedad’: «El primer contacto con la ebriedad nos familiariza con su mundo de luces y sombras. Semeja a la llama que calienta e ilumina, pero que también deslumbra y abrasa. Pasa los fuertes y fronteras y los asalta por sorpresa; el ebrio recuerda a los labriegos de Brueghel, que se maravillan boquiabiertos del mundo» (la cita de san Juan de la Cruz se debe a la traducción de Enrique Ocaña).

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Casi todas las ruinas de Delos son de templos dóricos, aunque quedan restos de columnas jónicas aquí y allá

En un breve estudio para estudiantes de arquitectura de la Universidad de Navarra sobre las distintas modalidades de capitel jónico, me entero de algunos de los problemas que plantea este orden, con los que se enfrenta cualquiera que haga su primer capitel: por ejemplo cómo resolver los de esquina, que necesitan volutas a 90º. Pasando por el templo de Saturno en el Foro Romano, al que, en el curso de la reconstrucción tras un incendio en el siglo IV, se le añadieron «feos capiteles», llegamos a la aseveración apasionante de que Miguel Ángel «aprendió algo de ellos, como de casi todo lo estrafalario que encontró». Me gusta tanto eso que aquí ya es cuando me fijo en el nombre del autor: Joaquín Lorda Iñarra, y al seguir tirando de su hilo encuentro algunas fotos asombrosas en las que aparece rematando un extenso y detallado dibujo a tiza sobre una pizarra negra desplegable; por lo visto así enseñaba a sus alumnos, y entre clase y clase borraba toda la obra para volver a empezar. En su honor se fundó un club de dibujo.

En el libro de Juan Antonio Ramírez ‘Edificios-cuerpo’, un gracioso volumen publicado por Siruela, también aparece la visión antropomorfa de las columnas clásicas. Según Vitruvio, ahí citado, «colocaron debajo de una columna una basa, como si fuera su calzado, y colocaron en el capitel unas volutas colgantes a derecha y a izquierda, como los rizos ensortijados de su propia cabellera […] así lograron una doble estructura en la columna, mediante dos claras diferencias: una, de aspecto viril y sin ninguna clase de adorno (dórica) y la otra imitando los adornos femeninos (jónica)», descripción que puede resultarnos también útil para la arqueología peluquerística y cosmética.

En un descanso de la escritura de este artículo, voy a ver la última película de la cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes. Se llama ‘Fuck the Polis’ y resulta que se desarrolla en Grecia, entre las islas de Mikonos y Delos, donde nacieron Artemisa y Apolo. Salen las islas vistas desde los barcos, y un bar donde se juega al ajedrez. Salen los campos de cereal que se mueven al viento como un mar amarillo. Y a partir de cierto momento de la película, aparecen multitud de amapolas. Su presencia y su color nada narcótico convocan un nuevo punto de vista, como si a la película se incorporase un nuevo espectador interno. Las amapolas son preciosas y fundamentales en la película. Aparece una visita a Delos, y ahí deambulamos entre las ruinas. Casi todas las ruinas de Delos son de templos dóricos, aunque quedan restos de columnas jónicas aquí y allá. A veces he imaginado que me siento en las escaleras de un templo abandonado, con los yerbajos saliendo entre las juntas. Ya tengo pensado lo que me diré: ¡Atenta! Lo fundamental es que no te expliques tu vida en los términos que te ha impuesto tu época.

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