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  Cultura  Gianandrea Noseda: «Tras la pandemia dudé si sería capaz de mover una batuta»
Cultura

Gianandrea Noseda: «Tras la pandemia dudé si sería capaz de mover una batuta»

febrero 13, 2026
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Londres amanece con el cielo despejado, para sorpresa de muchos, y la London Symphony Orchestra se adentra a su particular ensayo en el Barbican Center, convocado a las 10.00. Sin embargo, Gianandrea Noseda lo comienza a las 9.58. Dos minutos antes. Toda una declaración de intenciones. El maestro milanés es uno de los directores de orquesta más destacados y especialmente querido por los músicos. Bajo su batuta se produce un sonido diferente, particular, en ocasiones adictivo, que provoca un efecto propio. El efecto Noseda . ABC se ha colado en los ensayos a puerta cerrada en el histórico auditorio londinense antes de que empiece la gira donde se dejará caer el 19 en el Auditorio Nacional con Ibermúsica, y también en Barcelona, Zaragoza, Sevilla y Valencia. Esta intromisión en la vida oculta de una orquesta tiene una única finalidad: descifrar el método Noseda, el modo de trabajo que provoca entusiasmo entre los músicos y aplausos entre el público. En este anticipo de los ensayos reside ya uno de sus secretos: venir preparado de casa. « Para ser director tienes que ser primero un buen músico. Tienes que conocer la música bien. Esto es lo que la orquesta respeta. Cuando tú vas a dirigir, ellos se dan cuenta de que tú estás preparado, que conoces. Esto ya te pone en una situación de colaboración y se puede ofrecer algo que ellos no se esperan. La gente con quien trabajo son músicos de altísimo nivel. Tienes que pensar recordarlo y ponerte con tu calidad, con tu pensamiento. Pero primero tienes que conocer la música en una manera tan profunda y tan detallada que ellos lo perciban», confiesa el maestro a ABC.El ensayo empieza con algún abrazo. Para Noseda, volver a este conjunto es como reencontrarse con un viejo amigo. Es el director principal invitado desde 2016. Aunque su casa está ahora en Washington, donde es director titular de la National Symphony Orchestra, su vida ha estado muy arraigada a su tierra, Italia, y desde 2007 hasta 2018 fue el director del Teatro Regio Torino. Se formó también en Rusia, de la mano de Valery Gergiev, en el Mariinsky como director principal invitado. Su vida ha sido trazada por una línea que ha avanzado despacio, sin prisa, pero progresivamente y sin un solo salto hacia atrás. «En la vida todo tiene su tiempo y tú tienes que llegar en ese preciso momento. Creo que con algunas orquestas yo he llegado demasiado pronto, no estaba preparado. Luego, funcionó», explica entre risas.Noticia Relacionada MÚSICA reportaje Si Klaus Mäkelä, el genio capaz de reinventar la gran orquesta de la Royal Concertgebouw Clara Mollá PagánEl ensayo arranca con la Sinfonía No. 2 de Borodin y sobre el podio sucede algo casi místico. El maestro abre y cierra los brazos con fuertes aspavientos. Sus dedos diseccionan la pieza, cada uno de ellos se mueve a una velocidad distinta. Puede que ayude su formación de pianista. El maestro despedaza la obra e invita a que los músicos la toquen a medio tiempo para matizar un par de compases. Muestra la seguridad necesaria para contar con la aprobación de los músicos y al mismo tiempo sencillez . «Tú tienes una propuesta y tienes que escuchar la orquesta, cómo reacciona. Y si la orquesta reacciona mejor con el sonido de lo que yo imaginé antes, tienes que cambiar todo. Es siempre un dar y recibir. Nunca es un dar solo o un recibir solo», confiesa. Su forma de dirigirse a los músicos es solvente, eficaz. Es un hombre de no muchas palabras, indica los compases que quiere repasar y los músicos pasan las hojas rápidamente. Es directo con ellos, se anticipa en ocasiones de nuevo. «Está bien saber qué quieres sacar de la orquesta, pero es más importante la manera de preguntarlo. Puedes tener una idea magnífica, pero tienes que pedirla sin arrogancia. Así, poco a poco se establece una rutina de trabajo con la orquesta. La orquesta sube de nivel. Nunca he ganado con la orquesta gritando y diciendo que las cosas se hacen así, sin más. Es importante escuchar y responsabilizar a los músicos. Así, inmediatamente se transforma el ensayo en una música de cámara expandida. Todos reaccionan», confiesa. Los músicos piensan igual. «Tiene una energía que nunca acaba. Con él no hay segundos perdidos. No es que otra gente pierda tiempo, pero es todo muy directo. Tiene una gran capacidad de escuchar y es inteligente», confiesa Rodrigo Moro, contrabajo principal del conjunto.Gianadrea Noseda junto a la London Symphony Orchestra LSOEn las directrices que lanza a los músicos hay más sonidos que palabras. Muchos sonidos. «¡El Señor de los Anillos! ¡Tolkien! ¡El Señor de los Anillos!», grita a los músicos. Noseda salta, baila, mueve los brazos, las piernas. Mientras que algunos directores podrían mostrar pudor al trasladar la música con movimientos extraños, Noseda no tiene ningún miedo al ridículo. Canta sobre Borodin, arquea las cejas, abre y cierra la boca, se mueve de una lado a otro consiguiendo el efecto buscado. Ahí reside parte de su secreto. El sentido del ridículo no existe . Noseda está convencido de que si uno tiene vergüenza, mejor que se dedique a otra cosa. « Lo más importante es no dar una imagen diferente de lo que tú eres . Si tú eres así, muéstrate así. No pongas la máscara del director de orquesta. No, no. Preséntate de la manera en que eres tú mismo, sin querer ganar, sin querer impresionar. Simplemente hacer tu trabajo», dice de un modo sincero.Sus palabras son sinceras porque antes de hablar sus movimientos lo delatan. Es una marioneta de la música y al mismo tiempo su amante. Se mueve con ella pero al mismo tiempo dialoga. La música habla a través de la orquesta y él responde. Hablaba Noseda de que el miedo nunca le ha paralizado, solo en una ocasión. No fue ni en su debut con La Scala o en el Met Opera, fue tras la pandemia. «Todos paramos por un año y medio. Yo sabía que hasta el momento hacía un movimiento con la batuta y obtenía un resultado. ¿Sería capaz todavía de hacerlo o ya no? Era un pensamiento que tenía y no sabía. Poco a poco, se solventó en cinco o seis meses, pero fue duro. Y las orquestas que he dirigido eran todas orquestas amigas. Estaba más en la cabeza que en la realidad», confiesa. La London Symphony Orchestra durante un ensayo LSOHay nobleza y sinceridad, la misma para moverse de un modo particular con tal de obtener un buen resultado y para reconocer que a pesar de haber dirigido los mejores conjuntos y obras, el respeto hacia algunas sigue. «Hay obras que tengo miedo de hacer. No creo estar todavía preparado. Una es la Pasión según San Mateo, de Bach. Creo que es demasiado grande para mí. Pero un día la haré para demostrar que soy pequeño enfrente. Hay piezas de música que admiro todavía con un respeto casi religioso. No puedo tocarlas todavía, pero son siempre menos». En sus palabras hay una honestidad que apabulla. Para algunos, un maestro debería ser tan seguro que no debería titubear ante un compositor. Sin embargo, para Noseda, la verdadera seguridad reside en ser honesto, conocerse bien, no ir con una fachada mostrarse tal y como es uno y entregar la vida a la música. Es lo que revelan sus ensayos. No hay reserva alguna. Es el mismo en la sala de ensayo y en el auditorio. «Siento que es un colega. Lo que más me sorprendió fue la capacidad que tenía de encontrar la sinergia del grupo, no necesariamente su eficacia como director, en la orquesta, sino más profundo. Era muy capaz de encontrar lo mejor del grupo. Lo da todo siempre », asegura David Ballesteros, violinista del conjunto. La honestidad va con uno siempre, asegura Noseda. «Tú llevas todo lo que tú eres. Si eres una persona con profundidad, lo vas a mostrar en el podio. Si eres extrovertido, lo vas a mostrar. Si eres ligero, igual. Cuando sales al escenario estás desnudo. Si tienes vergüenza no es tu trabajo. ¿Sabes qué? Yo soy así. Te gusto, no te gusto, yo soy así. Lo que te puedo ofrecer es lo que te ofrezco. Nada más y nada menos».La orquesta más famosa La London Symphony Orchestra no solo es conocida por su gran sonido sinfónico, sino porque también ha sido el conjunto que ha grabado las bandas sonoras de películas como ‘Star Wars’ o ‘Harry Potter’. Pero no solo eso. El proyecto reciente más mediático ha sido el disco ‘Lux’ de Rosalía, irigida por Daniel Bjarnason, donde han participado en gran parte del álbum. «Fue muy estimulante, nos encantó trabajar con ella. Pudimos dialogar y fue verdaderamente enriquecedor», confiesa David Ballesteros, violinista del conjunto.La música y la política en ocasiones tienen que lidiar. Noseda lo sabe bien. Tuvo que lidiar con ella en el Teatro Regio Torino, que abandonó por cuestiones políticas. El maestro no se refiere a ese asunto en ningún momento, podría hacerlo, pero prefiere ser discreto. Solo le importa la música. «Hay un aspecto de la profesión de director de orquesta que no es solamente hacer música. Cuando eres un director titular tienes que aguantar muchas cosas. A veces con sponsors, a veces con políticos, gerentes…. Pero, ¿sabes? Hacemos política en cada momento de nuestra vida. Cuando vas al supermercado y escoges entre una pasta y otra haces un acto político porque tomas una decisión, no de izquierda o derecha, política de la polis, como los griegos. Haces un acto político porque eres libre de decidir. Ojalá seamos libres de decidir siempre», explica.Son tiempos inciertos en EE.UU, donde dirige la NSO, pero también lo son en el mundo. ¿Puede la música salvarlo? «Todas las revoluciones se han hecho con los jóvenes. Ya cuando tienes 35 eres joven pero ya tienes el partner, la mujer, el hijo, el trabajo. Ya tienes demasiadas cosas que puedes perder. Cuando era jovencito pensaba que la música cambiaría el mundo, pero al final te das cuenta que puede ser que no lo consigas. La música habla a la cabeza y al corazón de la gente. Y si tú hablas al corazón y a la cabeza de la gente, puede ser que la gente cambie un poco. Yo pensaba que la música era revolucionaria y puede causar una revolución, pero más suave, más profunda, sin gritar ». La vida de una orquesta es extraña. Es un conjunto que trabaja para lograr un mismo sonido aunque son distintos. Hay quien pasa el ensayo enfundado en una chaqueta acolchada y otros, como Steve Doman, que va en pantalón corto y una camiseta de tirantes. Hay emoción por ver a Maxine Kwok, violinista, que trae un nuevo color de pelo. Sus cambios se han convertido en un emblema y un signo distintivo de la misma orquesta. Son diferentes y, sin embargo, van en una única dirección guiada por la batuta de Noseda. Londres amanece con el cielo despejado, para sorpresa de muchos, y la London Symphony Orchestra se adentra a su particular ensayo en el Barbican Center, convocado a las 10.00. Sin embargo, Gianandrea Noseda lo comienza a las 9.58. Dos minutos antes. Toda una declaración de intenciones. El maestro milanés es uno de los directores de orquesta más destacados y especialmente querido por los músicos. Bajo su batuta se produce un sonido diferente, particular, en ocasiones adictivo, que provoca un efecto propio. El efecto Noseda . ABC se ha colado en los ensayos a puerta cerrada en el histórico auditorio londinense antes de que empiece la gira donde se dejará caer el 19 en el Auditorio Nacional con Ibermúsica, y también en Barcelona, Zaragoza, Sevilla y Valencia. Esta intromisión en la vida oculta de una orquesta tiene una única finalidad: descifrar el método Noseda, el modo de trabajo que provoca entusiasmo entre los músicos y aplausos entre el público. En este anticipo de los ensayos reside ya uno de sus secretos: venir preparado de casa. « Para ser director tienes que ser primero un buen músico. Tienes que conocer la música bien. Esto es lo que la orquesta respeta. Cuando tú vas a dirigir, ellos se dan cuenta de que tú estás preparado, que conoces. Esto ya te pone en una situación de colaboración y se puede ofrecer algo que ellos no se esperan. La gente con quien trabajo son músicos de altísimo nivel. Tienes que pensar recordarlo y ponerte con tu calidad, con tu pensamiento. Pero primero tienes que conocer la música en una manera tan profunda y tan detallada que ellos lo perciban», confiesa el maestro a ABC.El ensayo empieza con algún abrazo. Para Noseda, volver a este conjunto es como reencontrarse con un viejo amigo. Es el director principal invitado desde 2016. Aunque su casa está ahora en Washington, donde es director titular de la National Symphony Orchestra, su vida ha estado muy arraigada a su tierra, Italia, y desde 2007 hasta 2018 fue el director del Teatro Regio Torino. Se formó también en Rusia, de la mano de Valery Gergiev, en el Mariinsky como director principal invitado. Su vida ha sido trazada por una línea que ha avanzado despacio, sin prisa, pero progresivamente y sin un solo salto hacia atrás. «En la vida todo tiene su tiempo y tú tienes que llegar en ese preciso momento. Creo que con algunas orquestas yo he llegado demasiado pronto, no estaba preparado. Luego, funcionó», explica entre risas.Noticia Relacionada MÚSICA reportaje Si Klaus Mäkelä, el genio capaz de reinventar la gran orquesta de la Royal Concertgebouw Clara Mollá PagánEl ensayo arranca con la Sinfonía No. 2 de Borodin y sobre el podio sucede algo casi místico. El maestro abre y cierra los brazos con fuertes aspavientos. Sus dedos diseccionan la pieza, cada uno de ellos se mueve a una velocidad distinta. Puede que ayude su formación de pianista. El maestro despedaza la obra e invita a que los músicos la toquen a medio tiempo para matizar un par de compases. Muestra la seguridad necesaria para contar con la aprobación de los músicos y al mismo tiempo sencillez . «Tú tienes una propuesta y tienes que escuchar la orquesta, cómo reacciona. Y si la orquesta reacciona mejor con el sonido de lo que yo imaginé antes, tienes que cambiar todo. Es siempre un dar y recibir. Nunca es un dar solo o un recibir solo», confiesa. Su forma de dirigirse a los músicos es solvente, eficaz. Es un hombre de no muchas palabras, indica los compases que quiere repasar y los músicos pasan las hojas rápidamente. Es directo con ellos, se anticipa en ocasiones de nuevo. «Está bien saber qué quieres sacar de la orquesta, pero es más importante la manera de preguntarlo. Puedes tener una idea magnífica, pero tienes que pedirla sin arrogancia. Así, poco a poco se establece una rutina de trabajo con la orquesta. La orquesta sube de nivel. Nunca he ganado con la orquesta gritando y diciendo que las cosas se hacen así, sin más. Es importante escuchar y responsabilizar a los músicos. Así, inmediatamente se transforma el ensayo en una música de cámara expandida. Todos reaccionan», confiesa. Los músicos piensan igual. «Tiene una energía que nunca acaba. Con él no hay segundos perdidos. No es que otra gente pierda tiempo, pero es todo muy directo. Tiene una gran capacidad de escuchar y es inteligente», confiesa Rodrigo Moro, contrabajo principal del conjunto.Gianadrea Noseda junto a la London Symphony Orchestra LSOEn las directrices que lanza a los músicos hay más sonidos que palabras. Muchos sonidos. «¡El Señor de los Anillos! ¡Tolkien! ¡El Señor de los Anillos!», grita a los músicos. Noseda salta, baila, mueve los brazos, las piernas. Mientras que algunos directores podrían mostrar pudor al trasladar la música con movimientos extraños, Noseda no tiene ningún miedo al ridículo. Canta sobre Borodin, arquea las cejas, abre y cierra la boca, se mueve de una lado a otro consiguiendo el efecto buscado. Ahí reside parte de su secreto. El sentido del ridículo no existe . Noseda está convencido de que si uno tiene vergüenza, mejor que se dedique a otra cosa. « Lo más importante es no dar una imagen diferente de lo que tú eres . Si tú eres así, muéstrate así. No pongas la máscara del director de orquesta. No, no. Preséntate de la manera en que eres tú mismo, sin querer ganar, sin querer impresionar. Simplemente hacer tu trabajo», dice de un modo sincero.Sus palabras son sinceras porque antes de hablar sus movimientos lo delatan. Es una marioneta de la música y al mismo tiempo su amante. Se mueve con ella pero al mismo tiempo dialoga. La música habla a través de la orquesta y él responde. Hablaba Noseda de que el miedo nunca le ha paralizado, solo en una ocasión. No fue ni en su debut con La Scala o en el Met Opera, fue tras la pandemia. «Todos paramos por un año y medio. Yo sabía que hasta el momento hacía un movimiento con la batuta y obtenía un resultado. ¿Sería capaz todavía de hacerlo o ya no? Era un pensamiento que tenía y no sabía. Poco a poco, se solventó en cinco o seis meses, pero fue duro. Y las orquestas que he dirigido eran todas orquestas amigas. Estaba más en la cabeza que en la realidad», confiesa. La London Symphony Orchestra durante un ensayo LSOHay nobleza y sinceridad, la misma para moverse de un modo particular con tal de obtener un buen resultado y para reconocer que a pesar de haber dirigido los mejores conjuntos y obras, el respeto hacia algunas sigue. «Hay obras que tengo miedo de hacer. No creo estar todavía preparado. Una es la Pasión según San Mateo, de Bach. Creo que es demasiado grande para mí. Pero un día la haré para demostrar que soy pequeño enfrente. Hay piezas de música que admiro todavía con un respeto casi religioso. No puedo tocarlas todavía, pero son siempre menos». En sus palabras hay una honestidad que apabulla. Para algunos, un maestro debería ser tan seguro que no debería titubear ante un compositor. Sin embargo, para Noseda, la verdadera seguridad reside en ser honesto, conocerse bien, no ir con una fachada mostrarse tal y como es uno y entregar la vida a la música. Es lo que revelan sus ensayos. No hay reserva alguna. Es el mismo en la sala de ensayo y en el auditorio. «Siento que es un colega. Lo que más me sorprendió fue la capacidad que tenía de encontrar la sinergia del grupo, no necesariamente su eficacia como director, en la orquesta, sino más profundo. Era muy capaz de encontrar lo mejor del grupo. Lo da todo siempre », asegura David Ballesteros, violinista del conjunto. La honestidad va con uno siempre, asegura Noseda. «Tú llevas todo lo que tú eres. Si eres una persona con profundidad, lo vas a mostrar en el podio. Si eres extrovertido, lo vas a mostrar. Si eres ligero, igual. Cuando sales al escenario estás desnudo. Si tienes vergüenza no es tu trabajo. ¿Sabes qué? Yo soy así. Te gusto, no te gusto, yo soy así. Lo que te puedo ofrecer es lo que te ofrezco. Nada más y nada menos».La orquesta más famosa La London Symphony Orchestra no solo es conocida por su gran sonido sinfónico, sino porque también ha sido el conjunto que ha grabado las bandas sonoras de películas como ‘Star Wars’ o ‘Harry Potter’. Pero no solo eso. El proyecto reciente más mediático ha sido el disco ‘Lux’ de Rosalía, irigida por Daniel Bjarnason, donde han participado en gran parte del álbum. «Fue muy estimulante, nos encantó trabajar con ella. Pudimos dialogar y fue verdaderamente enriquecedor», confiesa David Ballesteros, violinista del conjunto.La música y la política en ocasiones tienen que lidiar. Noseda lo sabe bien. Tuvo que lidiar con ella en el Teatro Regio Torino, que abandonó por cuestiones políticas. El maestro no se refiere a ese asunto en ningún momento, podría hacerlo, pero prefiere ser discreto. Solo le importa la música. «Hay un aspecto de la profesión de director de orquesta que no es solamente hacer música. Cuando eres un director titular tienes que aguantar muchas cosas. A veces con sponsors, a veces con políticos, gerentes…. Pero, ¿sabes? Hacemos política en cada momento de nuestra vida. Cuando vas al supermercado y escoges entre una pasta y otra haces un acto político porque tomas una decisión, no de izquierda o derecha, política de la polis, como los griegos. Haces un acto político porque eres libre de decidir. Ojalá seamos libres de decidir siempre», explica.Son tiempos inciertos en EE.UU, donde dirige la NSO, pero también lo son en el mundo. ¿Puede la música salvarlo? «Todas las revoluciones se han hecho con los jóvenes. Ya cuando tienes 35 eres joven pero ya tienes el partner, la mujer, el hijo, el trabajo. Ya tienes demasiadas cosas que puedes perder. Cuando era jovencito pensaba que la música cambiaría el mundo, pero al final te das cuenta que puede ser que no lo consigas. La música habla a la cabeza y al corazón de la gente. Y si tú hablas al corazón y a la cabeza de la gente, puede ser que la gente cambie un poco. Yo pensaba que la música era revolucionaria y puede causar una revolución, pero más suave, más profunda, sin gritar ». La vida de una orquesta es extraña. Es un conjunto que trabaja para lograr un mismo sonido aunque son distintos. Hay quien pasa el ensayo enfundado en una chaqueta acolchada y otros, como Steve Doman, que va en pantalón corto y una camiseta de tirantes. Hay emoción por ver a Maxine Kwok, violinista, que trae un nuevo color de pelo. Sus cambios se han convertido en un emblema y un signo distintivo de la misma orquesta. Son diferentes y, sin embargo, van en una única dirección guiada por la batuta de Noseda.  

Londres amanece con el cielo despejado, para sorpresa de muchos, y la London Symphony Orchestra se adentra a su particular ensayo en el Barbican Center, convocado a las 10.00. Sin embargo, Gianandrea Noseda lo comienza a las 9.58. Dos minutos antes. Toda una … declaración de intenciones. El maestro milanés es uno de los directores de orquesta más destacados y especialmente querido por los músicos. Bajo su batuta se produce un sonido diferente, particular, en ocasiones adictivo, que provoca un efecto propio. El efecto Noseda. ABC se ha colado en los ensayos a puerta cerrada en el histórico auditorio londinense antes de que empiece la gira donde se dejará caer el 19 en el Auditorio Nacional con Ibermúsica, y también en Barcelona, Zaragoza, Sevilla y Valencia. Esta intromisión en la vida oculta de una orquesta tiene una única finalidad: descifrar el método Noseda, el modo de trabajo que provoca entusiasmo entre los músicos y aplausos entre el público. En este anticipo de los ensayos reside ya uno de sus secretos: venir preparado de casa. «Para ser director tienes que ser primero un buen músico. Tienes que conocer la música bien. Esto es lo que la orquesta respeta. Cuando tú vas a dirigir, ellos se dan cuenta de que tú estás preparado, que conoces. Esto ya te pone en una situación de colaboración y se puede ofrecer algo que ellos no se esperan. La gente con quien trabajo son músicos de altísimo nivel. Tienes que pensar recordarlo y ponerte con tu calidad, con tu pensamiento. Pero primero tienes que conocer la música en una manera tan profunda y tan detallada que ellos lo perciban», confiesa el maestro a ABC.

El ensayo empieza con algún abrazo. Para Noseda, volver a este conjunto es como reencontrarse con un viejo amigo. Es el director principal invitado desde 2016. Aunque su casa está ahora en Washington, donde es director titular de la National Symphony Orchestra, su vida ha estado muy arraigada a su tierra, Italia, y desde 2007 hasta 2018 fue el director del Teatro Regio Torino. Se formó también en Rusia, de la mano de Valery Gergiev, en el Mariinsky como director principal invitado. Su vida ha sido trazada por una línea que ha avanzado despacio, sin prisa, pero progresivamente y sin un solo salto hacia atrás. «En la vida todo tiene su tiempo y tú tienes que llegar en ese preciso momento. Creo que con algunas orquestas yo he llegado demasiado pronto, no estaba preparado. Luego, funcionó», explica entre risas.

El ensayo arranca con la Sinfonía No. 2 de Borodin y sobre el podio sucede algo casi místico. El maestro abre y cierra los brazos con fuertes aspavientos. Sus dedos diseccionan la pieza, cada uno de ellos se mueve a una velocidad distinta. Puede que ayude su formación de pianista. El maestro despedaza la obra e invita a que los músicos la toquen a medio tiempo para matizar un par de compases. Muestra la seguridad necesaria para contar con la aprobación de los músicos y al mismo tiempo sencillez. «Tú tienes una propuesta y tienes que escuchar la orquesta, cómo reacciona. Y si la orquesta reacciona mejor con el sonido de lo que yo imaginé antes, tienes que cambiar todo. Es siempre un dar y recibir. Nunca es un dar solo o un recibir solo», confiesa.

Su forma de dirigirse a los músicos es solvente, eficaz. Es un hombre de no muchas palabras, indica los compases que quiere repasar y los músicos pasan las hojas rápidamente. Es directo con ellos, se anticipa en ocasiones de nuevo. «Está bien saber qué quieres sacar de la orquesta, pero es más importante la manera de preguntarlo. Puedes tener una idea magnífica, pero tienes que pedirla sin arrogancia. Así, poco a poco se establece una rutina de trabajo con la orquesta. La orquesta sube de nivel. Nunca he ganado con la orquesta gritando y diciendo que las cosas se hacen así, sin más. Es importante escuchar y responsabilizar a los músicos. Así, inmediatamente se transforma el ensayo en una música de cámara expandida. Todos reaccionan», confiesa. Los músicos piensan igual. «Tiene una energía que nunca acaba. Con él no hay segundos perdidos. No es que otra gente pierda tiempo, pero es todo muy directo. Tiene una gran capacidad de escuchar y es inteligente», confiesa Rodrigo Moro, contrabajo principal del conjunto.

Gianadrea Noseda junto a la London Symphony Orchestra
LSO

En las directrices que lanza a los músicos hay más sonidos que palabras. Muchos sonidos. «¡El Señor de los Anillos! ¡Tolkien! ¡El Señor de los Anillos!», grita a los músicos. Noseda salta, baila, mueve los brazos, las piernas. Mientras que algunos directores podrían mostrar pudor al trasladar la música con movimientos extraños, Noseda no tiene ningún miedo al ridículo. Canta sobre Borodin, arquea las cejas, abre y cierra la boca, se mueve de una lado a otro consiguiendo el efecto buscado. Ahí reside parte de su secreto. El sentido del ridículo no existe. Noseda está convencido de que si uno tiene vergüenza, mejor que se dedique a otra cosa. «Lo más importante es no dar una imagen diferente de lo que tú eres. Si tú eres así, muéstrate así. No pongas la máscara del director de orquesta. No, no. Preséntate de la manera en que eres tú mismo, sin querer ganar, sin querer impresionar. Simplemente hacer tu trabajo», dice de un modo sincero.

Sus palabras son sinceras porque antes de hablar sus movimientos lo delatan. Es una marioneta de la música y al mismo tiempo su amante. Se mueve con ella pero al mismo tiempo dialoga. La música habla a través de la orquesta y él responde. Hablaba Noseda de que el miedo nunca le ha paralizado, solo en una ocasión. No fue ni en su debut con La Scala o en el Met Opera, fue tras la pandemia. «Todos paramos por un año y medio. Yo sabía que hasta el momento hacía un movimiento con la batuta y obtenía un resultado. ¿Sería capaz todavía de hacerlo o ya no? Era un pensamiento que tenía y no sabía. Poco a poco, se solventó en cinco o seis meses, pero fue duro. Y las orquestas que he dirigido eran todas orquestas amigas. Estaba más en la cabeza que en la realidad», confiesa.

La London Symphony Orchestra durante un ensayo
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Hay nobleza y sinceridad, la misma para moverse de un modo particular con tal de obtener un buen resultado y para reconocer que a pesar de haber dirigido los mejores conjuntos y obras, el respeto hacia algunas sigue. «Hay obras que tengo miedo de hacer. No creo estar todavía preparado. Una es la Pasión según San Mateo, de Bach. Creo que es demasiado grande para mí. Pero un día la haré para demostrar que soy pequeño enfrente. Hay piezas de música que admiro todavía con un respeto casi religioso. No puedo tocarlas todavía, pero son siempre menos».

En sus palabras hay una honestidad que apabulla. Para algunos, un maestro debería ser tan seguro que no debería titubear ante un compositor. Sin embargo, para Noseda, la verdadera seguridad reside en ser honesto, conocerse bien, no ir con una fachada mostrarse tal y como es uno y entregar la vida a la música. Es lo que revelan sus ensayos. No hay reserva alguna. Es el mismo en la sala de ensayo y en el auditorio. «Siento que es un colega. Lo que más me sorprendió fue la capacidad que tenía de encontrar la sinergia del grupo, no necesariamente su eficacia como director, en la orquesta, sino más profundo. Era muy capaz de encontrar lo mejor del grupo. Lo da todo siempre», asegura David Ballesteros, violinista del conjunto. La honestidad va con uno siempre, asegura Noseda. «Tú llevas todo lo que tú eres. Si eres una persona con profundidad, lo vas a mostrar en el podio. Si eres extrovertido, lo vas a mostrar. Si eres ligero, igual. Cuando sales al escenario estás desnudo. Si tienes vergüenza no es tu trabajo. ¿Sabes qué? Yo soy así. Te gusto, no te gusto, yo soy así. Lo que te puedo ofrecer es lo que te ofrezco. Nada más y nada menos».

La orquesta más famosa

La London Symphony Orchestra no solo es conocida por su gran sonido sinfónico, sino porque también ha sido el conjunto que ha grabado las bandas sonoras de películas como ‘Star Wars’ o ‘Harry Potter’. Pero no solo eso. El proyecto reciente más mediático ha sido el disco ‘Lux’ de Rosalía, irigida por Daniel Bjarnason, donde han participado en gran parte del álbum. «Fue muy estimulante, nos encantó trabajar con ella. Pudimos dialogar y fue verdaderamente enriquecedor», confiesa David Ballesteros, violinista del conjunto.

La música y la política en ocasiones tienen que lidiar. Noseda lo sabe bien. Tuvo que lidiar con ella en el Teatro Regio Torino, que abandonó por cuestiones políticas. El maestro no se refiere a ese asunto en ningún momento, podría hacerlo, pero prefiere ser discreto. Solo le importa la música. «Hay un aspecto de la profesión de director de orquesta que no es solamente hacer música. Cuando eres un director titular tienes que aguantar muchas cosas. A veces con sponsors, a veces con políticos, gerentes…. Pero, ¿sabes? Hacemos política en cada momento de nuestra vida. Cuando vas al supermercado y escoges entre una pasta y otra haces un acto político porque tomas una decisión, no de izquierda o derecha, política de la polis, como los griegos. Haces un acto político porque eres libre de decidir. Ojalá seamos libres de decidir siempre», explica.

Son tiempos inciertos en EE.UU, donde dirige la NSO, pero también lo son en el mundo. ¿Puede la música salvarlo? «Todas las revoluciones se han hecho con los jóvenes. Ya cuando tienes 35 eres joven pero ya tienes el partner, la mujer, el hijo, el trabajo. Ya tienes demasiadas cosas que puedes perder. Cuando era jovencito pensaba que la música cambiaría el mundo, pero al final te das cuenta que puede ser que no lo consigas. La música habla a la cabeza y al corazón de la gente. Y si tú hablas al corazón y a la cabeza de la gente, puede ser que la gente cambie un poco. Yo pensaba que la música era revolucionaria y puede causar una revolución, pero más suave, más profunda, sin gritar».

La vida de una orquesta es extraña. Es un conjunto que trabaja para lograr un mismo sonido aunque son distintos. Hay quien pasa el ensayo enfundado en una chaqueta acolchada y otros, como Steve Doman, que va en pantalón corto y una camiseta de tirantes. Hay emoción por ver a Maxine Kwok, violinista, que trae un nuevo color de pelo. Sus cambios se han convertido en un emblema y un signo distintivo de la misma orquesta. Son diferentes y, sin embargo, van en una única dirección guiada por la batuta de Noseda.

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