Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  Manuel Vilas escribe la novela de su divorcio: «Yo sigo enamorado de mi exmujer, pero ella no me quiere»
Cultura

Manuel Vilas escribe la novela de su divorcio: «Yo sigo enamorado de mi exmujer, pero ella no me quiere»

febrero 15, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

¿Por dónde empezar? Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es el hombre que mira al cielo y dice: «Ya no recuerdo cuándo empezó a llover, esto es una plaga bíblica». Y es el mismo que luego se arrebuja en su abrigo y recuerda: «Lo compré en Palermo, de segunda mano. Fueron cincuenta euros. Da el pego, ¿verdad? Me iba a costar setenta y cinco, pero le dije al hombre que era Black Friday y…». Podría ser el hombre más triste del mundo, Vilas, y lo parece cuando por un momento se apaga y suelta: «A mí me han roto el corazón, y sigo vivo». Pero después se ríe con sus ocurrencias («del trauma huyen hasta los traumatólogos») y acaba siendo ese niño de sesenta y tres años que ha decidido anunciar su divorcio con una novela, ‘Islandia’ (Destino), tal vez porque ya no distingue del todo la vida de los libros. —Hay muchos escritores divorciados, pero ninguno lo ha anunciado con una novela.—Los dos somos escritores, y me apetecía eso: me parecía bonito. Lo hablé con Ana [Merino, su exmujer] y le pareció muy bien. —La ruptura fue el 22 de mayo de 2025. Es una novela escrita en caliente, ¿no? —Ese mismo día empecé a escribirla. La ruptura fue de madrugada, por teléfono. Ella me dijo: ya no estoy enamorada de ti. Y por la mañana yo volvía de Sevilla a Madrid, en el AVE, y la empecé a escribir ahí. Estaba destrozado, con una angustia interior insoportable, no me sostenía en pie por los nervios. Y a mi alrededor había amantes, gente que se iba de vacaciones… Ese contraste es muy siniestro, aunque solo existe en tu cabeza. Todo aquello fue cuando el AVE aún era AVE [y ríe]. Ahora no podría escribir esta novela. —¿Por qué?—Porque ya tengo necesidad de escribirla, y si la decidiera escribir saldría otro narrador, otro tono (…) Es un misterio por qué escribes las novelas. Cambia el tiempo, pasa, y la necesidad desaparece. —¿Cómo afrontó la escritura? —Fue una terapia, porque yo no me esperaba la separación. Escribir me ayudó muchísimo. Yo no me he suicidado gracias a esta novela [y ríe, y la mueca que se le queda se parece a la amargura]. Sí, las novelas sirven para no suicidarte. Fue un ejercicio terapéutico, no me importa decirlo: parece que el ejercicio terapéutico le resta valor artístico a la novela, pero eso es mentira. Proust se hizo una terapia en la ‘Recherche’. Y el origen de la escritura es la catarsis griega: se nombraba aquello que dolía. —’Islandia’ parece un libro de desamor, pero es una carta de amor. —Es un libro sobre la desgracia de un hombre que se ha dado cuenta de lo enamorado que estaba de su mujer. Y cuando se da cuenta ya es tarde, se han divorciado. Yo escribo mucho sobre estos problemas de no darte cuenta de lo que estaba pasando. No me había dado cuenta de lo que quería a mis padres hasta que se murieron [eso lo contó en ‘Ordesa’], y ahora no me he dado cuenta de lo que quería a mi mujer hasta que se divorció de mí. Escribo sobre esa ceguera. —A su mujer la rebautiza como Ada. ¿Por qué juega con la ficción?—Porque como digo en el libro, las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables, por eso ‘Islandia’ es una novela. Este es mi divorcio y no lo es. Me gusta ese terreno maravilloso y confuso. Aunque con el tiempo… Por culpa del tipo de escritura que yo practico, la autoficcional, he acrecentado una confusión entre mi vida y lo que ocurre en mis novelas, entre lo real y lo literario. Pessoa dio la clave con lo que le pasa a muchos escritores, que es que se bifurcan en varias personalidades. A mí esto me pasa. «No me importa decirlo: la escritura fue terapéutica. Yo no me he suicidado gracias a esta novela»—Habla mucho de su terapeuta en el libro. ¿Ha leído la novela?—No, aún no. Pero la semana que viene tengo cita con ella y se la voy a llevar [y deja una pausa]. España se ha argentinizado: todo el mundo tiene su psicólogo, su terapeuta. Y eso está muy bien, sobre todo para los terapeutas.—¿Y su exmujer ha leído la novela?—Tampoco: fue un acto de generosidad infinita. Porque ella es escritora y podría tener la tentación de censurar algo. Hicimos un trato: yo puedo hablar de ella pero tengo que decir que a finales de febrero estrena su obra de teatro en Torrejón [y ríe, y la obra se llama ‘La redención’]. —Lo preguntaba porque ha habido casos de escritores escribiendo sobre sus ex que han terminado fatal, como el de Carrère. —Pero es que Carrère tiende al ajuste de cuentas, y yo no. Carrère se embarra, yo estoy en las antípodas, en el agradecimiento. O sea: a mí no me van a enviar una demanda, a mí lo que me van a enviar es un jamón [y suelta una carcajada]. De hecho, toda la novela es la construcción del personaje femenino.—«Me gustaría seguir siendo parte de tu mundo y demostrar que el amor no termina y somos inteligentes y nos queremos», le dice ella. ¿Existe la amistad después del amor? —Totalmente. De hecho, ese es un centro temático de la novela: la metamorfosis del amor de pareja en amor de amistad. Eso es absolutamente viable. El ser humano no lo ha hecho durante mucho tiempo porque estábamos en un subdesarrollo emocional.—¿Y esa amistad convive con el dolor de la ruptura?—Yo sigo enamorado de mi exmujer, pero ella no me quiere. Yo le digo: ¿volvemos? Y ella repite: ya no estoy enamorada de ti. Voy a cargar con esta frase hasta el final. No se puede revertir esta frase. Es irreversible. No la puedo volver a enamorar.—A lo mejor si lee la novela…—No la leerá. Pero bueno, la novela también nace de otro instinto muy fuerte que hay en mí, y es el miedo al olvido. Cuando una pareja se rompe, todo lo que han vivido corre el riesgo de desaparecer. Toda esa memoria del pasado está en peligro. Yo tuve esa urgencia de contar nuestra historia de amor antes de que se olvidara, quería rescatarla. De hecho, esta noche no podía dormir y estuve releyendo la novela. Pues hay cosas ahí que ya había olvidado… Toda mi literatura es una lucha contra el olvido. «El pudor es enemigo de la literatura. El pudor es enemigo de la vida»—¿No ha tenido pudor escribiendo?—El pudor es enemigo de la literatura. El pudor es enemigo de la vida. Un poco de pudor está bien, porque es educación, pero durante siglos hemos tenido un pudor absoluto. Quizá otro escritor no contaría todo esto, a lo mejor yo soy un inconsciente. Puede ser. Pero ahora estamos en un momento en el que los lectores también aprecian lo autobiográfico como algo genuino, como una marca de autenticidad. —Quizás porque vivimos en un mundo muy ‘fake’. —Eso es. Y a mí me interesa esto porque yo creo que en la literatura cabe todo. —Lleva mucho tiempo escribiendo novelas de amor. No es el género que goza de mejor prestigio en España. ¿Nota eso?—Sí, pero creo que eso está más en la crítica que en los lectores. Quiero decir que es un prejuicio más de los inquisidores de la alta cultura. Al lector el mundo del amor le interesa porque está en su vida. Pero insisto: en realidad yo, como escritor, no elijo ningún tema. Los temas se me imponen porque están en la vida, y yo me obsesiono. A veces me pregunto si debería dejar de escribir sobre el amor, ¿pero con qué otra cosa te vas a obsesionar en esta vida? Mejor obsesionarse con el amor que con el odio, ¿no? El odio nos sobra. Hay linchamientos, enfados brutales, las redes son una cloaca, y en estas el ser humano está empeorando moralmente. A lo mejor hablar de amor es necesario.—Cuenta que la ruptura se produjo a los pocos días de comprar unos billetes para un crucero a Islandia. Y dice el precio: diez mil euros. Y confiesa que le gustan los cruceros.—Es que claro, a mí me encantan los cruceros, pero no lo puedo decir [suelta una carcajada]. Un escritor tiene que vivir el crucero porque allí ocurre la vida. A mí me gustan no por el ambiente ni por las fiestas, sino por la presencia del mar. Si eres un apasionado del mar y quieres conocerlo desde dentro y no tienes un barco, solo te queda el crucero. Si quieres estar en mitad del Atlántico Norte, tienes que ir al crucero. Quizás los cruceros están demonizados porque son hiperdemocráticos. —Por cierto: ¿le sienta bien el dolor a la literatura?—No es que le siente bien, es que el dolor está en la vida, y lo que hace la literatura es copiar la vida. La literatura es un servicio a la vida. Y el oficio de un escritor no es más que eso: trasladar la vida a los libros. Es un trabajo en realidad muy humilde. Y si lo hacemos bien emocionamos a los lectores. «Las novelas están para decir lo que callamos. O al menos para eso las escribo yo»—El libro plantea un problema: cómo encajar en una familia cuando te casas por segunda vez. —Es que cuando te casas en segundas nupcias y ya en una edad madura las familias tienen un problema contigo. Piensan: qué ha hecho este señor o esta señora de los veinticinco a los cincuenta. Yo lo viví así. Pero creo que eso le pasa a todos los que están en esa misma situación. Siempre hay un pasado desconocido, sospechoso. Lo que ocurre con esto es que la gente no lo dice. Y para esto están las novelas. Para decir lo que callamos. O al menos para eso las escribo yo. Y para eso las leo. —¿Aún cree en el amor, entonces?—¿Cómo no voy a creer si he escrito esta novela? Si nos cargamos el amor, adiós, ya no sé qué nos va a quedar. ¿El golf? Si no tienes un impulso amoroso la vida no se cumple. No se cumple.—¿Y cuántas veces se puede reconstruir un hombre? ¿Cuántas veces se puede volver a levantar?—Tantas cuantas su salud le permita. —…—A mí me han roto el corazón, pero sigo vivo. Yo creo que un hombre o una mujer se pueden reconstruir muchísimas veces. Nuestro instinto de supervivencia es tremendo. ¿Por dónde empezar? Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es el hombre que mira al cielo y dice: «Ya no recuerdo cuándo empezó a llover, esto es una plaga bíblica». Y es el mismo que luego se arrebuja en su abrigo y recuerda: «Lo compré en Palermo, de segunda mano. Fueron cincuenta euros. Da el pego, ¿verdad? Me iba a costar setenta y cinco, pero le dije al hombre que era Black Friday y…». Podría ser el hombre más triste del mundo, Vilas, y lo parece cuando por un momento se apaga y suelta: «A mí me han roto el corazón, y sigo vivo». Pero después se ríe con sus ocurrencias («del trauma huyen hasta los traumatólogos») y acaba siendo ese niño de sesenta y tres años que ha decidido anunciar su divorcio con una novela, ‘Islandia’ (Destino), tal vez porque ya no distingue del todo la vida de los libros. —Hay muchos escritores divorciados, pero ninguno lo ha anunciado con una novela.—Los dos somos escritores, y me apetecía eso: me parecía bonito. Lo hablé con Ana [Merino, su exmujer] y le pareció muy bien. —La ruptura fue el 22 de mayo de 2025. Es una novela escrita en caliente, ¿no? —Ese mismo día empecé a escribirla. La ruptura fue de madrugada, por teléfono. Ella me dijo: ya no estoy enamorada de ti. Y por la mañana yo volvía de Sevilla a Madrid, en el AVE, y la empecé a escribir ahí. Estaba destrozado, con una angustia interior insoportable, no me sostenía en pie por los nervios. Y a mi alrededor había amantes, gente que se iba de vacaciones… Ese contraste es muy siniestro, aunque solo existe en tu cabeza. Todo aquello fue cuando el AVE aún era AVE [y ríe]. Ahora no podría escribir esta novela. —¿Por qué?—Porque ya tengo necesidad de escribirla, y si la decidiera escribir saldría otro narrador, otro tono (…) Es un misterio por qué escribes las novelas. Cambia el tiempo, pasa, y la necesidad desaparece. —¿Cómo afrontó la escritura? —Fue una terapia, porque yo no me esperaba la separación. Escribir me ayudó muchísimo. Yo no me he suicidado gracias a esta novela [y ríe, y la mueca que se le queda se parece a la amargura]. Sí, las novelas sirven para no suicidarte. Fue un ejercicio terapéutico, no me importa decirlo: parece que el ejercicio terapéutico le resta valor artístico a la novela, pero eso es mentira. Proust se hizo una terapia en la ‘Recherche’. Y el origen de la escritura es la catarsis griega: se nombraba aquello que dolía. —’Islandia’ parece un libro de desamor, pero es una carta de amor. —Es un libro sobre la desgracia de un hombre que se ha dado cuenta de lo enamorado que estaba de su mujer. Y cuando se da cuenta ya es tarde, se han divorciado. Yo escribo mucho sobre estos problemas de no darte cuenta de lo que estaba pasando. No me había dado cuenta de lo que quería a mis padres hasta que se murieron [eso lo contó en ‘Ordesa’], y ahora no me he dado cuenta de lo que quería a mi mujer hasta que se divorció de mí. Escribo sobre esa ceguera. —A su mujer la rebautiza como Ada. ¿Por qué juega con la ficción?—Porque como digo en el libro, las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables, por eso ‘Islandia’ es una novela. Este es mi divorcio y no lo es. Me gusta ese terreno maravilloso y confuso. Aunque con el tiempo… Por culpa del tipo de escritura que yo practico, la autoficcional, he acrecentado una confusión entre mi vida y lo que ocurre en mis novelas, entre lo real y lo literario. Pessoa dio la clave con lo que le pasa a muchos escritores, que es que se bifurcan en varias personalidades. A mí esto me pasa. «No me importa decirlo: la escritura fue terapéutica. Yo no me he suicidado gracias a esta novela»—Habla mucho de su terapeuta en el libro. ¿Ha leído la novela?—No, aún no. Pero la semana que viene tengo cita con ella y se la voy a llevar [y deja una pausa]. España se ha argentinizado: todo el mundo tiene su psicólogo, su terapeuta. Y eso está muy bien, sobre todo para los terapeutas.—¿Y su exmujer ha leído la novela?—Tampoco: fue un acto de generosidad infinita. Porque ella es escritora y podría tener la tentación de censurar algo. Hicimos un trato: yo puedo hablar de ella pero tengo que decir que a finales de febrero estrena su obra de teatro en Torrejón [y ríe, y la obra se llama ‘La redención’]. —Lo preguntaba porque ha habido casos de escritores escribiendo sobre sus ex que han terminado fatal, como el de Carrère. —Pero es que Carrère tiende al ajuste de cuentas, y yo no. Carrère se embarra, yo estoy en las antípodas, en el agradecimiento. O sea: a mí no me van a enviar una demanda, a mí lo que me van a enviar es un jamón [y suelta una carcajada]. De hecho, toda la novela es la construcción del personaje femenino.—«Me gustaría seguir siendo parte de tu mundo y demostrar que el amor no termina y somos inteligentes y nos queremos», le dice ella. ¿Existe la amistad después del amor? —Totalmente. De hecho, ese es un centro temático de la novela: la metamorfosis del amor de pareja en amor de amistad. Eso es absolutamente viable. El ser humano no lo ha hecho durante mucho tiempo porque estábamos en un subdesarrollo emocional.—¿Y esa amistad convive con el dolor de la ruptura?—Yo sigo enamorado de mi exmujer, pero ella no me quiere. Yo le digo: ¿volvemos? Y ella repite: ya no estoy enamorada de ti. Voy a cargar con esta frase hasta el final. No se puede revertir esta frase. Es irreversible. No la puedo volver a enamorar.—A lo mejor si lee la novela…—No la leerá. Pero bueno, la novela también nace de otro instinto muy fuerte que hay en mí, y es el miedo al olvido. Cuando una pareja se rompe, todo lo que han vivido corre el riesgo de desaparecer. Toda esa memoria del pasado está en peligro. Yo tuve esa urgencia de contar nuestra historia de amor antes de que se olvidara, quería rescatarla. De hecho, esta noche no podía dormir y estuve releyendo la novela. Pues hay cosas ahí que ya había olvidado… Toda mi literatura es una lucha contra el olvido. «El pudor es enemigo de la literatura. El pudor es enemigo de la vida»—¿No ha tenido pudor escribiendo?—El pudor es enemigo de la literatura. El pudor es enemigo de la vida. Un poco de pudor está bien, porque es educación, pero durante siglos hemos tenido un pudor absoluto. Quizá otro escritor no contaría todo esto, a lo mejor yo soy un inconsciente. Puede ser. Pero ahora estamos en un momento en el que los lectores también aprecian lo autobiográfico como algo genuino, como una marca de autenticidad. —Quizás porque vivimos en un mundo muy ‘fake’. —Eso es. Y a mí me interesa esto porque yo creo que en la literatura cabe todo. —Lleva mucho tiempo escribiendo novelas de amor. No es el género que goza de mejor prestigio en España. ¿Nota eso?—Sí, pero creo que eso está más en la crítica que en los lectores. Quiero decir que es un prejuicio más de los inquisidores de la alta cultura. Al lector el mundo del amor le interesa porque está en su vida. Pero insisto: en realidad yo, como escritor, no elijo ningún tema. Los temas se me imponen porque están en la vida, y yo me obsesiono. A veces me pregunto si debería dejar de escribir sobre el amor, ¿pero con qué otra cosa te vas a obsesionar en esta vida? Mejor obsesionarse con el amor que con el odio, ¿no? El odio nos sobra. Hay linchamientos, enfados brutales, las redes son una cloaca, y en estas el ser humano está empeorando moralmente. A lo mejor hablar de amor es necesario.—Cuenta que la ruptura se produjo a los pocos días de comprar unos billetes para un crucero a Islandia. Y dice el precio: diez mil euros. Y confiesa que le gustan los cruceros.—Es que claro, a mí me encantan los cruceros, pero no lo puedo decir [suelta una carcajada]. Un escritor tiene que vivir el crucero porque allí ocurre la vida. A mí me gustan no por el ambiente ni por las fiestas, sino por la presencia del mar. Si eres un apasionado del mar y quieres conocerlo desde dentro y no tienes un barco, solo te queda el crucero. Si quieres estar en mitad del Atlántico Norte, tienes que ir al crucero. Quizás los cruceros están demonizados porque son hiperdemocráticos. —Por cierto: ¿le sienta bien el dolor a la literatura?—No es que le siente bien, es que el dolor está en la vida, y lo que hace la literatura es copiar la vida. La literatura es un servicio a la vida. Y el oficio de un escritor no es más que eso: trasladar la vida a los libros. Es un trabajo en realidad muy humilde. Y si lo hacemos bien emocionamos a los lectores. «Las novelas están para decir lo que callamos. O al menos para eso las escribo yo»—El libro plantea un problema: cómo encajar en una familia cuando te casas por segunda vez. —Es que cuando te casas en segundas nupcias y ya en una edad madura las familias tienen un problema contigo. Piensan: qué ha hecho este señor o esta señora de los veinticinco a los cincuenta. Yo lo viví así. Pero creo que eso le pasa a todos los que están en esa misma situación. Siempre hay un pasado desconocido, sospechoso. Lo que ocurre con esto es que la gente no lo dice. Y para esto están las novelas. Para decir lo que callamos. O al menos para eso las escribo yo. Y para eso las leo. —¿Aún cree en el amor, entonces?—¿Cómo no voy a creer si he escrito esta novela? Si nos cargamos el amor, adiós, ya no sé qué nos va a quedar. ¿El golf? Si no tienes un impulso amoroso la vida no se cumple. No se cumple.—¿Y cuántas veces se puede reconstruir un hombre? ¿Cuántas veces se puede volver a levantar?—Tantas cuantas su salud le permita. —…—A mí me han roto el corazón, pero sigo vivo. Yo creo que un hombre o una mujer se pueden reconstruir muchísimas veces. Nuestro instinto de supervivencia es tremendo.  

¿Por dónde empezar? Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es el hombre que mira al cielo y dice: «Ya no recuerdo cuándo empezó a llover, esto es una plaga bíblica». Y es el mismo que luego se arrebuja en su abrigo y recuerda: «Lo compré en … Palermo, de segunda mano. Fueron cincuenta euros. Da el pego, ¿verdad? Me iba a costar setenta y cinco, pero le dije al hombre que era Black Friday y…». Podría ser el hombre más triste del mundo, Vilas, y lo parece cuando por un momento se apaga y suelta: «A mí me han roto el corazón, y sigo vivo». Pero después se ríe con sus ocurrencias («del trauma huyen hasta los traumatólogos») y acaba siendo ese niño de sesenta y tres años que ha decidido anunciar su divorcio con una novela, ‘Islandia’ (Destino), tal vez porque ya no distingue del todo la vida de los libros.

—Hay muchos escritores divorciados, pero ninguno lo ha anunciado con una novela.

—Los dos somos escritores, y me apetecía eso: me parecía bonito. Lo hablé con Ana [Merino, su exmujer] y le pareció muy bien.

—La ruptura fue el 22 de mayo de 2025. Es una novela escrita en caliente, ¿no?

—Ese mismo día empecé a escribirla. La ruptura fue de madrugada, por teléfono. Ella me dijo: ya no estoy enamorada de ti. Y por la mañana yo volvía de Sevilla a Madrid, en el AVE, y la empecé a escribir ahí. Estaba destrozado, con una angustia interior insoportable, no me sostenía en pie por los nervios. Y a mi alrededor había amantes, gente que se iba de vacaciones… Ese contraste es muy siniestro, aunque solo existe en tu cabeza. Todo aquello fue cuando el AVE aún era AVE [y ríe]. Ahora no podría escribir esta novela.

—¿Por qué?

—Porque ya tengo necesidad de escribirla, y si la decidiera escribir saldría otro narrador, otro tono (…) Es un misterio por qué escribes las novelas. Cambia el tiempo, pasa, y la necesidad desaparece.

—¿Cómo afrontó la escritura?

—Fue una terapia, porque yo no me esperaba la separación. Escribir me ayudó muchísimo. Yo no me he suicidado gracias a esta novela [y ríe, y la mueca que se le queda se parece a la amargura]. Sí, las novelas sirven para no suicidarte. Fue un ejercicio terapéutico, no me importa decirlo: parece que el ejercicio terapéutico le resta valor artístico a la novela, pero eso es mentira. Proust se hizo una terapia en la ‘Recherche’. Y el origen de la escritura es la catarsis griega: se nombraba aquello que dolía.

—’Islandia’ parece un libro de desamor, pero es una carta de amor.

—Es un libro sobre la desgracia de un hombre que se ha dado cuenta de lo enamorado que estaba de su mujer. Y cuando se da cuenta ya es tarde, se han divorciado. Yo escribo mucho sobre estos problemas de no darte cuenta de lo que estaba pasando. No me había dado cuenta de lo que quería a mis padres hasta que se murieron [eso lo contó en ‘Ordesa’], y ahora no me he dado cuenta de lo que quería a mi mujer hasta que se divorció de mí. Escribo sobre esa ceguera.

—A su mujer la rebautiza como Ada. ¿Por qué juega con la ficción?

—Porque como digo en el libro, las cosas verdaderamente importantes que ocurren en nuestras vidas suelen ser inenarrables, por eso ‘Islandia’ es una novela. Este es mi divorcio y no lo es. Me gusta ese terreno maravilloso y confuso. Aunque con el tiempo… Por culpa del tipo de escritura que yo practico, la autoficcional, he acrecentado una confusión entre mi vida y lo que ocurre en mis novelas, entre lo real y lo literario. Pessoa dio la clave con lo que le pasa a muchos escritores, que es que se bifurcan en varias personalidades. A mí esto me pasa.

«No me importa decirlo: la escritura fue terapéutica. Yo no me he suicidado gracias a esta novela»

—Habla mucho de su terapeuta en el libro. ¿Ha leído la novela?

—No, aún no. Pero la semana que viene tengo cita con ella y se la voy a llevar [y deja una pausa]. España se ha argentinizado: todo el mundo tiene su psicólogo, su terapeuta. Y eso está muy bien, sobre todo para los terapeutas.

—¿Y su exmujer ha leído la novela?

—Tampoco: fue un acto de generosidad infinita. Porque ella es escritora y podría tener la tentación de censurar algo. Hicimos un trato: yo puedo hablar de ella pero tengo que decir que a finales de febrero estrena su obra de teatro en Torrejón [y ríe, y la obra se llama ‘La redención’].

—Lo preguntaba porque ha habido casos de escritores escribiendo sobre sus ex que han terminado fatal, como el de Carrère.

—Pero es que Carrère tiende al ajuste de cuentas, y yo no. Carrère se embarra, yo estoy en las antípodas, en el agradecimiento. O sea: a mí no me van a enviar una demanda, a mí lo que me van a enviar es un jamón [y suelta una carcajada]. De hecho, toda la novela es la construcción del personaje femenino.

—«Me gustaría seguir siendo parte de tu mundo y demostrar que el amor no termina y somos inteligentes y nos queremos», le dice ella. ¿Existe la amistad después del amor?

—Totalmente. De hecho, ese es un centro temático de la novela: la metamorfosis del amor de pareja en amor de amistad. Eso es absolutamente viable. El ser humano no lo ha hecho durante mucho tiempo porque estábamos en un subdesarrollo emocional.

—¿Y esa amistad convive con el dolor de la ruptura?

Más noticias

Bad Bunny, de campeón del perreo a líder de la revolución latina

febrero 15, 2026

Jónico

febrero 12, 2026

El Museo del Prado comienza la restauración del «trozo de pintura más asombroso que se haya hecho jamás»

febrero 4, 2026

‘Las horas secretas’, de Mick Herron, un festín de espías

febrero 12, 2026

—Yo sigo enamorado de mi exmujer, pero ella no me quiere. Yo le digo: ¿volvemos? Y ella repite: ya no estoy enamorada de ti. Voy a cargar con esta frase hasta el final. No se puede revertir esta frase. Es irreversible. No la puedo volver a enamorar.

—A lo mejor si lee la novela…

—No la leerá. Pero bueno, la novela también nace de otro instinto muy fuerte que hay en mí, y es el miedo al olvido. Cuando una pareja se rompe, todo lo que han vivido corre el riesgo de desaparecer. Toda esa memoria del pasado está en peligro. Yo tuve esa urgencia de contar nuestra historia de amor antes de que se olvidara, quería rescatarla. De hecho, esta noche no podía dormir y estuve releyendo la novela. Pues hay cosas ahí que ya había olvidado… Toda mi literatura es una lucha contra el olvido.

«El pudor es enemigo de la literatura. El pudor es enemigo de la vida»

—¿No ha tenido pudor escribiendo?

—El pudor es enemigo de la literatura. El pudor es enemigo de la vida. Un poco de pudor está bien, porque es educación, pero durante siglos hemos tenido un pudor absoluto. Quizá otro escritor no contaría todo esto, a lo mejor yo soy un inconsciente. Puede ser. Pero ahora estamos en un momento en el que los lectores también aprecian lo autobiográfico como algo genuino, como una marca de autenticidad.

—Quizás porque vivimos en un mundo muy ‘fake’.

—Eso es. Y a mí me interesa esto porque yo creo que en la literatura cabe todo.

—Lleva mucho tiempo escribiendo novelas de amor. No es el género que goza de mejor prestigio en España. ¿Nota eso?

—Sí, pero creo que eso está más en la crítica que en los lectores. Quiero decir que es un prejuicio más de los inquisidores de la alta cultura. Al lector el mundo del amor le interesa porque está en su vida. Pero insisto: en realidad yo, como escritor, no elijo ningún tema. Los temas se me imponen porque están en la vida, y yo me obsesiono. A veces me pregunto si debería dejar de escribir sobre el amor, ¿pero con qué otra cosa te vas a obsesionar en esta vida? Mejor obsesionarse con el amor que con el odio, ¿no? El odio nos sobra. Hay linchamientos, enfados brutales, las redes son una cloaca, y en estas el ser humano está empeorando moralmente. A lo mejor hablar de amor es necesario.

—Cuenta que la ruptura se produjo a los pocos días de comprar unos billetes para un crucero a Islandia. Y dice el precio: diez mil euros. Y confiesa que le gustan los cruceros.

—Es que claro, a mí me encantan los cruceros, pero no lo puedo decir [suelta una carcajada]. Un escritor tiene que vivir el crucero porque allí ocurre la vida. A mí me gustan no por el ambiente ni por las fiestas, sino por la presencia del mar. Si eres un apasionado del mar y quieres conocerlo desde dentro y no tienes un barco, solo te queda el crucero. Si quieres estar en mitad del Atlántico Norte, tienes que ir al crucero. Quizás los cruceros están demonizados porque son hiperdemocráticos.

—Por cierto: ¿le sienta bien el dolor a la literatura?

—No es que le siente bien, es que el dolor está en la vida, y lo que hace la literatura es copiar la vida. La literatura es un servicio a la vida. Y el oficio de un escritor no es más que eso: trasladar la vida a los libros. Es un trabajo en realidad muy humilde. Y si lo hacemos bien emocionamos a los lectores.

«Las novelas están para decir lo que callamos. O al menos para eso las escribo yo»

—El libro plantea un problema: cómo encajar en una familia cuando te casas por segunda vez.

—Es que cuando te casas en segundas nupcias y ya en una edad madura las familias tienen un problema contigo. Piensan: qué ha hecho este señor o esta señora de los veinticinco a los cincuenta. Yo lo viví así. Pero creo que eso le pasa a todos los que están en esa misma situación. Siempre hay un pasado desconocido, sospechoso. Lo que ocurre con esto es que la gente no lo dice. Y para esto están las novelas. Para decir lo que callamos. O al menos para eso las escribo yo. Y para eso las leo.

—¿Aún cree en el amor, entonces?

—¿Cómo no voy a creer si he escrito esta novela? Si nos cargamos el amor, adiós, ya no sé qué nos va a quedar. ¿El golf? Si no tienes un impulso amoroso la vida no se cumple. No se cumple.

—¿Y cuántas veces se puede reconstruir un hombre? ¿Cuántas veces se puede volver a levantar?

—Tantas cuantas su salud le permita.

—…

—A mí me han roto el corazón, pero sigo vivo. Yo creo que un hombre o una mujer se pueden reconstruir muchísimas veces. Nuestro instinto de supervivencia es tremendo.

ABC Premium

Límite de sesiones alcanzadas

  • El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Volver a intentarABC Premium

Has superado el límite de sesiones

  • Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.

Sigue navegando

Artículo solo para suscriptores

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Los herederos okupa se disparan por los altos precios de la vivienda y frenan la salida de más pisos al mercado
Gregorio Marañón: «Si el Teatro Real no existiera, habría que inventarlo»
Leer también
Economía

Cuál es la cantidad máxima de dinero que se puede heredar sin pagar impuestos: diferencias por comunidades autónomas

febrero 15, 2026
Deportes

Superliga: crónica de una muerte anunciada

febrero 15, 2026
Deportes

Antony, de pasar 40 días viviendo en un hotel a soñar con jugar su segundo Mundial con Brasil

febrero 15, 2026
Internacional

“Tenía un jardín precioso en Mariupol. La gente me decía que vivía en el cielo”: la vida en Ucrania antes y después del estallido de la guerra

febrero 15, 2026
Internacional

Cuba: el revés de la trama

febrero 15, 2026
Internacional

Cartas tristes de la familia y los amigos en Cuba

febrero 15, 2026
Cargar más
Novedades

Cuál es la cantidad máxima de dinero que se puede heredar sin pagar impuestos: diferencias por comunidades autónomas

febrero 15, 2026

Superliga: crónica de una muerte anunciada

febrero 15, 2026

Antony, de pasar 40 días viviendo en un hotel a soñar con jugar su segundo Mundial con Brasil

febrero 15, 2026

“Tenía un jardín precioso en Mariupol. La gente me decía que vivía en el cielo”: la vida en Ucrania antes y después del estallido de la guerra

febrero 15, 2026

Cuba: el revés de la trama

febrero 15, 2026

Cartas tristes de la familia y los amigos en Cuba

febrero 15, 2026

Chesi, el escritor de culto que murió con más de cuatro novelas sin publicar

febrero 15, 2026

Europa avanza en el diseño de una nueva arquitectura de seguridad propia

febrero 15, 2026

Las alianzas de Cuba se resquebrajan en el mundo de Trump

febrero 15, 2026

El historiador Andrew Lownie: “El escándalo del expríncipe Andrés es la crisis más grave de la monarquía. Deberían rodar cabezas”

febrero 15, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto