Tras sus aventuras con bandas como Surfin Bichos, Mercromina, Travolta o Tórtel, el músico valenciano Joaquín Pascual arrancó en 2010 una carrera en solitario que le otorgó un lugar con nombre propio en el club de los grandes cantautores de la escena independiente española. Tras ocho discos de enorme hondura lírica ahora presenta ‘No hay nada que hacer por el romanticismo’ , una cápsula de emociones concentradas cual reducción culinaria que hay que degustar sólo y exclusivamente cuando no se tenga otra cosa que hacer.El disco envuelve en una burbuja donde uno se olvida del mundo… ¿Cómo ha sido la experiencia de crearlo?Lo he disfrutado mucho. Desde el momento en que empecé a escribir las canciones y a maquetarlas con acústica y voz, hasta las mezclas finales. Creo que ha habido más espacio, más tiempo entre la composición y la grabación que en otros discos. Esa primera maqueta la escuché muchísimas veces y fui poco a poco corrigiendo las letras, ajustando las estructuras, decidiendo qué canciones me gustaban de verdad y cuáles no llegaban a encajar del todo en el disco que quería hacer. En este proceso también iban apareciendo canciones nuevas y por alguna razón que todavía no tengo muy clara, pasó de ser un disco en principio algo pesimista con la existencia, a otro mucho más optimista y valiente.Noticia Relacionada estandar Si Talleres Molina: «Las letras del ‘indie’ son como los libros de autoayuda» Nacho Serrano El misterioso trío mallorquín presenta su nuevo disco ‘Allegro Ma Non Troppo’ este viernes en la sala SirocoHacer un DIY (‘hazlo tú mismo’) en toda regla, componiendo, grabando y produciendo por tu cuenta, ¿ha tenido algo de «romántico»?La grabación ha sido en gran parte un aprendizaje, ensayo-error. Nunca me había grabado y mezclado un disco a mí mismo. Quería un sonido crudo y sincero para el disco, sin artificios. Conseguí comprar una antigua mesa de mezclas analógica y una grabadora de carrete de 16 pistas y con ambas empecé a grabar baterías y guitarras. Estaba tan emocionado con la grabación y con el sonido que íbamos consiguiendo, que puede que sí, que me volviese un poco romántico con todo esto. Hubo momentos complicados también, porque al ser una grabación analógica no hay mucha posibilidad de retoques como en la grabación digital. Había que tocar bien, interpretar lo mejor posible en cada toma sin pensar en que después se arreglarían lo errores. La verdad es que es mucho más intenso, más excitante y exigente este tipo de grabación en formato analógico.Me parece un disco para escuchar en teatros, más que en salas (por el silencio, entre otras cosas), ¿cómo van a ser las presentaciones y qué expectativas tienes?Creo que estas canciones se pueden disfrutar mucho en salas de conciertos. De hecho, el directo que estamos preparando, en formación de trío, batería, bajo y guitarra, es potente, muy rock. Me ha costado un poco elegir canciones de mi repertorio que acoplaran con esta idea de directo. No es que hayamos dado un giro radical ni nada parecido, pero sí que de alguna forma he intentado escapar por esta vez de demasiado recogimiento en los directos. Vamos a presentarlo en Madrid el día 20 de marzo, en la sala Café La Palma, y en Barcelona el 27 de marzo en la sala Heliogàbal. Antes haré un concierto en Murcia, el 14 de marzo, en la sala Ítaca, dentro del ciclo Microsonidos, pero este será en formato acústico. A partir de ahí, espero poder presentarlo pronto en Albacete y que cerremos alguna fecha más.«No pienso en la comercialidad de mis canciones, solo intento que lleguen a mi público»¿Cómo y cuándo se gestó la alianza con el sello Sonic Dad y qué te parece el proyecto?A Mikel Sagües, director de Sonic Dad, lo conozco desde hace muchos años. El tenía un grupo en Donostia, Purr, con el que Mercromina coincidimos muchas veces. Después estuvo trabajando en Subterfuge mucho tiempo. Cuando grabé «Baladas para un atraco», me llamó y me propuso sacar el disco en Sonic Dad. Su proyecto se centra más en la distribución digital, pero en mi caso, sumamos a eso la edición física del disco en vinilo y la promoción. Es una grandísima ayuda para tratar de dar visibilidad a mis discos. ¿Te genera algún tipo de disyuntiva el equilibrio entre la ambición creativa y la comercial?No, la verdad. No pienso en la comercialidad de mis canciones. Intento que lleguen a mi público, que les hagan sentir algo y evidentemente no hago las canciones para dejarlas en una carpeta del ordenador, pero tampoco me crea ningún tipo de conflicto a la hora de hacerlas. Según va el devenir de la sociedad global, la palabra «romanticismo» cada vez parece una cosa de otro mundo, de otra dimensión… ¿qué está pasando? El romanticismo como visión emocionada del mundo, de la naturaleza, de las relaciones o de la creación creo que está en un mal momento. Vemos lo que sucede y a veces parece que ni siquiera sintamos algo, lo que sea. Nos quedamos fríos, inmóviles. Eso sí que me crea malestar y angustia en muchas ocasiones. Estoy convencido de que debe de haber otra forma de vivir más respetuosa con las personas y con la naturaleza, más emocionante, más libre y a la vez más solidaria.Cuando escribes letras, ¿te guardas cosas por pudor? ¿O todo para fuera?No soy muy pudoroso en ese sentido. Tampoco intento ser autobiográfico al cien por cien. Hay mucho de mí en mis letras, pero también impresiones, imágenes o emociones que veo como espectador y transcribo directamente. Desde que escribí las canciones de ‘La Frontera’, he sentido la necesidad de incluir en mis textos frases o palabras que conectasen directamente con el oyente, que de alguna forma les dieran la certeza, la verdad de lo que estaban escuchando. Después, el resto de la canción podría divagar más o menos, pero esa certeza tenía que estar ahí.Versionando a los referentesIncluyes versiones de T Rex, The Velvet Underground & Nico, Simon & Garfunkel y Roy Orbison. ¿Qué sentiste cuando los descubriste, y cómo ha evolucionado tu relación con ellos a lo largo de tu vida.y cómo ha evolucionado tu relación con ellos a lo largo de tu vida.Estos que nombras y algunos más han estado siempre presentes en mi vida como oyente. Han sido referentes imprescindibles en cualquier momento y en cualquier disco, pero de alguna forma especialmente en este. Cuando empecé a grabar quería que el disco sonase directo, sincero, sin demasiada edición ni retoques, con sus imperfecciones como valor añadido, como los discos de la Velvet o de Simon & Garfunkel. Por eso se me ocurrió la idea de acompañar los adelantos del disco con las versiones, para mostrar sin pudor algunas de las canciones en las que me había inspirado en el proceso sobre todo de mezcla. Recuerdo cuando escuché por primera vez a The Velvet Underground & Nico en casa de José Mari Ponce, el primer bajista de Surfin Bichos. Me quedé de piedra. Yo escuchaba entonces discos más pop o sixties, The Beatles, The Jam, y algo de punk como The Clash, pero todo era «tonal», «armónico». Aquel sonido me abrió la puerta a la inestabilidad, a la improvisación, al ruido y a la transmisión por encima de la corrección. A T Rex la verdad es que no recuerdo con certeza cuando lo escuché por primera vez. Sí que recuerdo que Rafa Estrela, el batería con el que grabé y giré en la época de La Frontera y Una Nueva Psicodelia es un fan total de Marc Bolan y escuchábamos muchísimo a T Rex. Me pone de muy buen humor. A Simon & Garfunkel los descubrí en una colección de vinilos que tenía mi padre de grandes éxitos de la música pop orquestados por James Last. Uno de esos discos incluía «The Sound of Silence». Después compré algunos de sus discos y descubrí una de mis canciones favoritas de siempre, la canción que me hubiera gustado escribir «The Only Living Boy in New York».A Roy Orbison tampoco recuerdo el momento de escucharlo por primera vez. Debió de ser a principios de los 80, cuando escuchábamos mucho rock and roll, blues y rockabilly. Me alucina su voz, esa tristeza tan elegante.¿Cómo describirías en sendas frases tus experiencias con Surfin’ Bichos, Mercromina y Travolta?Con Surfin Bichos entendí por fin que hacer una canción es más importante de lo que pueda parecer a priori. Con Mercromina intenté dar forma a mi propia visión de la canción, buscar un equilibrio entre mi formación como músico clásico y mi necesidad de hacer canciones. Con Travolta empecé a bucear en mí mismo de forma ya un poco obsesiva y eso me llevó a empezar con mis discos en solitario.Volver a tocar con tus viejos grupos, ¿supone algún tipo de alteración anímica en la soledad del solista que uno asume cuando va por su cuenta?Tocar ahora con Surfin o Mercromina es para mí una válvula de escape. Ya no es una necesidad sino más bien un lujo.Últimamente se comenta que hay más política en el atril de los Grammy que en la escena independiente española. ¿Qué opinas?Creo que los artistas y las artistas que adquieren mucha visibilidad, quieran o no, tarde o temprano se han de posicionar. Es una exigencia del éxito. Hacer canciones y contar lo que sientes ya es un compromiso político y social tengas la repercusión que tengas. Aunque tus letras no tengan un contenido político explícito, de alguna forma, si eres sincero al hablar de tus emociones, de tus miedos o de tus interrogantes, te estás comprometiendo.MÁS INFORMACIÓN Mercromina: «Nuestras canciones están en una especie de limbo del que siempre las puedes rescatar»He leído que has sido abuelo, ¿qué diferencia hay con ser padre?La más evidente es que eres mayor, más viejo. Haber tenido a mis nietos me ha enganchado con fuerza a la vida. No sé exactamente cómo ha sucedido y desconozco si le sucede a los demás abuelos y abuelas. Tras sus aventuras con bandas como Surfin Bichos, Mercromina, Travolta o Tórtel, el músico valenciano Joaquín Pascual arrancó en 2010 una carrera en solitario que le otorgó un lugar con nombre propio en el club de los grandes cantautores de la escena independiente española. Tras ocho discos de enorme hondura lírica ahora presenta ‘No hay nada que hacer por el romanticismo’ , una cápsula de emociones concentradas cual reducción culinaria que hay que degustar sólo y exclusivamente cuando no se tenga otra cosa que hacer.El disco envuelve en una burbuja donde uno se olvida del mundo… ¿Cómo ha sido la experiencia de crearlo?Lo he disfrutado mucho. Desde el momento en que empecé a escribir las canciones y a maquetarlas con acústica y voz, hasta las mezclas finales. Creo que ha habido más espacio, más tiempo entre la composición y la grabación que en otros discos. Esa primera maqueta la escuché muchísimas veces y fui poco a poco corrigiendo las letras, ajustando las estructuras, decidiendo qué canciones me gustaban de verdad y cuáles no llegaban a encajar del todo en el disco que quería hacer. En este proceso también iban apareciendo canciones nuevas y por alguna razón que todavía no tengo muy clara, pasó de ser un disco en principio algo pesimista con la existencia, a otro mucho más optimista y valiente.Noticia Relacionada estandar Si Talleres Molina: «Las letras del ‘indie’ son como los libros de autoayuda» Nacho Serrano El misterioso trío mallorquín presenta su nuevo disco ‘Allegro Ma Non Troppo’ este viernes en la sala SirocoHacer un DIY (‘hazlo tú mismo’) en toda regla, componiendo, grabando y produciendo por tu cuenta, ¿ha tenido algo de «romántico»?La grabación ha sido en gran parte un aprendizaje, ensayo-error. Nunca me había grabado y mezclado un disco a mí mismo. Quería un sonido crudo y sincero para el disco, sin artificios. Conseguí comprar una antigua mesa de mezclas analógica y una grabadora de carrete de 16 pistas y con ambas empecé a grabar baterías y guitarras. Estaba tan emocionado con la grabación y con el sonido que íbamos consiguiendo, que puede que sí, que me volviese un poco romántico con todo esto. Hubo momentos complicados también, porque al ser una grabación analógica no hay mucha posibilidad de retoques como en la grabación digital. Había que tocar bien, interpretar lo mejor posible en cada toma sin pensar en que después se arreglarían lo errores. La verdad es que es mucho más intenso, más excitante y exigente este tipo de grabación en formato analógico.Me parece un disco para escuchar en teatros, más que en salas (por el silencio, entre otras cosas), ¿cómo van a ser las presentaciones y qué expectativas tienes?Creo que estas canciones se pueden disfrutar mucho en salas de conciertos. De hecho, el directo que estamos preparando, en formación de trío, batería, bajo y guitarra, es potente, muy rock. Me ha costado un poco elegir canciones de mi repertorio que acoplaran con esta idea de directo. No es que hayamos dado un giro radical ni nada parecido, pero sí que de alguna forma he intentado escapar por esta vez de demasiado recogimiento en los directos. Vamos a presentarlo en Madrid el día 20 de marzo, en la sala Café La Palma, y en Barcelona el 27 de marzo en la sala Heliogàbal. Antes haré un concierto en Murcia, el 14 de marzo, en la sala Ítaca, dentro del ciclo Microsonidos, pero este será en formato acústico. A partir de ahí, espero poder presentarlo pronto en Albacete y que cerremos alguna fecha más.«No pienso en la comercialidad de mis canciones, solo intento que lleguen a mi público»¿Cómo y cuándo se gestó la alianza con el sello Sonic Dad y qué te parece el proyecto?A Mikel Sagües, director de Sonic Dad, lo conozco desde hace muchos años. El tenía un grupo en Donostia, Purr, con el que Mercromina coincidimos muchas veces. Después estuvo trabajando en Subterfuge mucho tiempo. Cuando grabé «Baladas para un atraco», me llamó y me propuso sacar el disco en Sonic Dad. Su proyecto se centra más en la distribución digital, pero en mi caso, sumamos a eso la edición física del disco en vinilo y la promoción. Es una grandísima ayuda para tratar de dar visibilidad a mis discos. ¿Te genera algún tipo de disyuntiva el equilibrio entre la ambición creativa y la comercial?No, la verdad. No pienso en la comercialidad de mis canciones. Intento que lleguen a mi público, que les hagan sentir algo y evidentemente no hago las canciones para dejarlas en una carpeta del ordenador, pero tampoco me crea ningún tipo de conflicto a la hora de hacerlas. Según va el devenir de la sociedad global, la palabra «romanticismo» cada vez parece una cosa de otro mundo, de otra dimensión… ¿qué está pasando? El romanticismo como visión emocionada del mundo, de la naturaleza, de las relaciones o de la creación creo que está en un mal momento. Vemos lo que sucede y a veces parece que ni siquiera sintamos algo, lo que sea. Nos quedamos fríos, inmóviles. Eso sí que me crea malestar y angustia en muchas ocasiones. Estoy convencido de que debe de haber otra forma de vivir más respetuosa con las personas y con la naturaleza, más emocionante, más libre y a la vez más solidaria.Cuando escribes letras, ¿te guardas cosas por pudor? ¿O todo para fuera?No soy muy pudoroso en ese sentido. Tampoco intento ser autobiográfico al cien por cien. Hay mucho de mí en mis letras, pero también impresiones, imágenes o emociones que veo como espectador y transcribo directamente. Desde que escribí las canciones de ‘La Frontera’, he sentido la necesidad de incluir en mis textos frases o palabras que conectasen directamente con el oyente, que de alguna forma les dieran la certeza, la verdad de lo que estaban escuchando. Después, el resto de la canción podría divagar más o menos, pero esa certeza tenía que estar ahí.Versionando a los referentesIncluyes versiones de T Rex, The Velvet Underground & Nico, Simon & Garfunkel y Roy Orbison. ¿Qué sentiste cuando los descubriste, y cómo ha evolucionado tu relación con ellos a lo largo de tu vida.y cómo ha evolucionado tu relación con ellos a lo largo de tu vida.Estos que nombras y algunos más han estado siempre presentes en mi vida como oyente. Han sido referentes imprescindibles en cualquier momento y en cualquier disco, pero de alguna forma especialmente en este. Cuando empecé a grabar quería que el disco sonase directo, sincero, sin demasiada edición ni retoques, con sus imperfecciones como valor añadido, como los discos de la Velvet o de Simon & Garfunkel. Por eso se me ocurrió la idea de acompañar los adelantos del disco con las versiones, para mostrar sin pudor algunas de las canciones en las que me había inspirado en el proceso sobre todo de mezcla. Recuerdo cuando escuché por primera vez a The Velvet Underground & Nico en casa de José Mari Ponce, el primer bajista de Surfin Bichos. Me quedé de piedra. Yo escuchaba entonces discos más pop o sixties, The Beatles, The Jam, y algo de punk como The Clash, pero todo era «tonal», «armónico». Aquel sonido me abrió la puerta a la inestabilidad, a la improvisación, al ruido y a la transmisión por encima de la corrección. A T Rex la verdad es que no recuerdo con certeza cuando lo escuché por primera vez. Sí que recuerdo que Rafa Estrela, el batería con el que grabé y giré en la época de La Frontera y Una Nueva Psicodelia es un fan total de Marc Bolan y escuchábamos muchísimo a T Rex. Me pone de muy buen humor. A Simon & Garfunkel los descubrí en una colección de vinilos que tenía mi padre de grandes éxitos de la música pop orquestados por James Last. Uno de esos discos incluía «The Sound of Silence». Después compré algunos de sus discos y descubrí una de mis canciones favoritas de siempre, la canción que me hubiera gustado escribir «The Only Living Boy in New York».A Roy Orbison tampoco recuerdo el momento de escucharlo por primera vez. Debió de ser a principios de los 80, cuando escuchábamos mucho rock and roll, blues y rockabilly. Me alucina su voz, esa tristeza tan elegante.¿Cómo describirías en sendas frases tus experiencias con Surfin’ Bichos, Mercromina y Travolta?Con Surfin Bichos entendí por fin que hacer una canción es más importante de lo que pueda parecer a priori. Con Mercromina intenté dar forma a mi propia visión de la canción, buscar un equilibrio entre mi formación como músico clásico y mi necesidad de hacer canciones. Con Travolta empecé a bucear en mí mismo de forma ya un poco obsesiva y eso me llevó a empezar con mis discos en solitario.Volver a tocar con tus viejos grupos, ¿supone algún tipo de alteración anímica en la soledad del solista que uno asume cuando va por su cuenta?Tocar ahora con Surfin o Mercromina es para mí una válvula de escape. Ya no es una necesidad sino más bien un lujo.Últimamente se comenta que hay más política en el atril de los Grammy que en la escena independiente española. ¿Qué opinas?Creo que los artistas y las artistas que adquieren mucha visibilidad, quieran o no, tarde o temprano se han de posicionar. Es una exigencia del éxito. Hacer canciones y contar lo que sientes ya es un compromiso político y social tengas la repercusión que tengas. Aunque tus letras no tengan un contenido político explícito, de alguna forma, si eres sincero al hablar de tus emociones, de tus miedos o de tus interrogantes, te estás comprometiendo.MÁS INFORMACIÓN Mercromina: «Nuestras canciones están en una especie de limbo del que siempre las puedes rescatar»He leído que has sido abuelo, ¿qué diferencia hay con ser padre?La más evidente es que eres mayor, más viejo. Haber tenido a mis nietos me ha enganchado con fuerza a la vida. No sé exactamente cómo ha sucedido y desconozco si le sucede a los demás abuelos y abuelas.

Tras sus aventuras con bandas como Surfin Bichos, Mercromina, Travolta o Tórtel, el músico valenciano Joaquín Pascual arrancó en 2010 una carrera en solitario que le otorgó un lugar con nombre propio en el club de los grandes cantautores de la escena independiente española. Tras ocho discos de enorme hondura lírica ahora presenta ‘No hay nada que hacer por el romanticismo’, una cápsula de emociones concentradas cual reducción culinaria que hay que degustar sólo y exclusivamente cuando no se tenga otra cosa que hacer.
El disco envuelve en una burbuja donde uno se olvida del mundo… ¿Cómo ha sido la experiencia de crearlo?
Lo he disfrutado mucho. Desde el momento en que empecé a escribir las canciones y a maquetarlas con acústica y voz, hasta las mezclas finales. Creo que ha habido más espacio, más tiempo entre la composición y la grabación que en otros discos. Esa primera maqueta la escuché muchísimas veces y fui poco a poco corrigiendo las letras, ajustando las estructuras, decidiendo qué canciones me gustaban de verdad y cuáles no llegaban a encajar del todo en el disco que quería hacer. En este proceso también iban apareciendo canciones nuevas y por alguna razón que todavía no tengo muy clara, pasó de ser un disco en principio algo pesimista con la existencia, a otro mucho más optimista y valiente.
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Hacer un DIY (‘hazlo tú mismo’) en toda regla, componiendo, grabando y produciendo por tu cuenta, ¿ha tenido algo de «romántico»?
La grabación ha sido en gran parte un aprendizaje, ensayo-error. Nunca me había grabado y mezclado un disco a mí mismo. Quería un sonido crudo y sincero para el disco, sin artificios. Conseguí comprar una antigua mesa de mezclas analógica y una grabadora de carrete de 16 pistas y con ambas empecé a grabar baterías y guitarras. Estaba tan emocionado con la grabación y con el sonido que íbamos consiguiendo, que puede que sí, que me volviese un poco romántico con todo esto. Hubo momentos complicados también, porque al ser una grabación analógica no hay mucha posibilidad de retoques como en la grabación digital. Había que tocar bien, interpretar lo mejor posible en cada toma sin pensar en que después se arreglarían lo errores. La verdad es que es mucho más intenso, más excitante y exigente este tipo de grabación en formato analógico.
Me parece un disco para escuchar en teatros, más que en salas (por el silencio, entre otras cosas), ¿cómo van a ser las presentaciones y qué expectativas tienes?
Creo que estas canciones se pueden disfrutar mucho en salas de conciertos. De hecho, el directo que estamos preparando, en formación de trío, batería, bajo y guitarra, es potente, muy rock. Me ha costado un poco elegir canciones de mi repertorio que acoplaran con esta idea de directo. No es que hayamos dado un giro radical ni nada parecido, pero sí que de alguna forma he intentado escapar por esta vez de demasiado recogimiento en los directos. Vamos a presentarlo en Madrid el día 20 de marzo, en la sala Café La Palma, y en Barcelona el 27 de marzo en la sala Heliogàbal. Antes haré un concierto en Murcia, el 14 de marzo, en la sala Ítaca, dentro del ciclo Microsonidos, pero este será en formato acústico. A partir de ahí, espero poder presentarlo pronto en Albacete y que cerremos alguna fecha más.
«No pienso en la comercialidad de mis canciones, solo intento que lleguen a mi público»
¿Cómo y cuándo se gestó la alianza con el sello Sonic Dad y qué te parece el proyecto?
A Mikel Sagües, director de Sonic Dad, lo conozco desde hace muchos años. El tenía un grupo en Donostia, Purr, con el que Mercromina coincidimos muchas veces. Después estuvo trabajando en Subterfuge mucho tiempo. Cuando grabé «Baladas para un atraco», me llamó y me propuso sacar el disco en Sonic Dad. Su proyecto se centra más en la distribución digital, pero en mi caso, sumamos a eso la edición física del disco en vinilo y la promoción. Es una grandísima ayuda para tratar de dar visibilidad a mis discos.
¿Te genera algún tipo de disyuntiva el equilibrio entre la ambición creativa y la comercial?
No, la verdad. No pienso en la comercialidad de mis canciones. Intento que lleguen a mi público, que les hagan sentir algo y evidentemente no hago las canciones para dejarlas en una carpeta del ordenador, pero tampoco me crea ningún tipo de conflicto a la hora de hacerlas.
Según va el devenir de la sociedad global, la palabra «romanticismo» cada vez parece una cosa de otro mundo, de otra dimensión… ¿qué está pasando?
El romanticismo como visión emocionada del mundo, de la naturaleza, de las relaciones o de la creación creo que está en un mal momento. Vemos lo que sucede y a veces parece que ni siquiera sintamos algo, lo que sea. Nos quedamos fríos, inmóviles. Eso sí que me crea malestar y angustia en muchas ocasiones. Estoy convencido de que debe de haber otra forma de vivir más respetuosa con las personas y con la naturaleza, más emocionante, más libre y a la vez más solidaria.
Cuando escribes letras, ¿te guardas cosas por pudor? ¿O todo para fuera?
No soy muy pudoroso en ese sentido. Tampoco intento ser autobiográfico al cien por cien. Hay mucho de mí en mis letras, pero también impresiones, imágenes o emociones que veo como espectador y transcribo directamente. Desde que escribí las canciones de ‘La Frontera’, he sentido la necesidad de incluir en mis textos frases o palabras que conectasen directamente con el oyente, que de alguna forma les dieran la certeza, la verdad de lo que estaban escuchando. Después, el resto de la canción podría divagar más o menos, pero esa certeza tenía que estar ahí.
Versionado a los referentes
a
Estos que nombras y algunos más han estado siempre presentes en mi vida como oyente. Han sido referentes imprescindibles en cualquier momento y en cualquier disco, pero de alguna forma especialmente en este. Cuando empecé a grabar quería que el disco sonase directo, sincero, sin demasiada edición ni retoques, con sus imperfecciones como valor añadido, como los discos de la Velvet o de Simon & Garfunkel. Por eso se me ocurrió la idea de acompañar los adelantos del disco con las versiones, para mostrar sin pudor algunas de las canciones en las que me había inspirado en el proceso sobre todo de mezcla.
Recuerdo cuando escuché por primera vez a The Velvet Underground & Nico en casa de José Mari Ponce, el primer bajista de Surfin Bichos. Me quedé de piedra. Yo escuchaba entonces discos más pop o sixties, The Beatles, The Jam, y algo de punk como The Clash, pero todo era «tonal», «armónico». Aquel sonido me abrió la puerta a la inestabilidad, a la improvisación, al ruido y a la transmisión por encima de la corrección.
A T Rex la verdad es que no recuerdo con certeza cuando lo escuché por primera vez. Sí que recuerdo que Rafa Estrela, el batería con el que grabé y giré en la época de La Frontera y Una Nueva Psicodelia es un fan total de Marc Bolan y escuchábamos muchísimo a T Rex. Me pone de muy buen humor.
A Simon & Garfunkel los descubrí en una colección de vinilos que tenía mi padre de grandes éxitos de la música pop orquestados por James Last. Uno de esos discos incluía «The Sound of Silence». Después compré algunos de sus discos y descubrí una de mis canciones favoritas de siempre, la canción que me hubiera gustado escribir «The Only Living Boy in New York».
A Roy Orbison tampoco recuerdo el momento de escucharlo por primera vez. Debió de ser a principios de los 80, cuando escuchábamos mucho rock and roll, blues y rockabilly. Me alucina su voz, esa tristeza tan elegante.
¿Cómo describirías en sendas frases tus experiencias con Surfin’ Bichos, Mercromina y Travolta?
Con Surfin Bichos entendí por fin que hacer una canción es más importante de lo que pueda parecer a priori. Con Mercromina intenté dar forma a mi propia visión de la canción, buscar un equilibrio entre mi formación como músico clásico y mi necesidad de hacer canciones. Con Travolta empecé a bucear en mí mismo de forma ya un poco obsesiva y eso me llevó a empezar con mis discos en solitario.
Volver a tocar con tus viejos grupos, ¿supone algún tipo de alteración anímica en la soledad del solista que uno asume cuando va por su cuenta?
Tocar ahora con Surfin o Mercromina es para mí una válvula de escape. Ya no es una necesidad sino más bien un lujo.
Últimamente se comenta que hay más política en el atril de los Grammy que en la escena independiente española. ¿Qué opinas?
Creo que los artistas y las artistas que adquieren mucha visibilidad, quieran o no, tarde o temprano se han de posicionar. Es una exigencia del éxito. Hacer canciones y contar lo que sientes ya es un compromiso político y social tengas la repercusión que tengas. Aunque tus letras no tengan un contenido político explícito, de alguna forma, si eres sincero al hablar de tus emociones, de tus miedos o de tus interrogantes, te estás comprometiendo.
He leído que has sido abuelo, ¿qué diferencia hay con ser padre?
La más evidente es que eres mayor, más viejo. Haber tenido a mis nietos me ha enganchado con fuerza a la vida. No sé exactamente cómo ha sucedido y desconozco si le sucede a los demás abuelos y abuelas.
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