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Economía

El punto final de la UE al ‘todo vale’ en la gestión de los productos sin vender

marzo 9, 2026
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La UE sigue dando pasos para resolver el gran problema que suponen los aproximadamente 2.200 millones de toneladas de residuos que generan las empresas y hogares cada año. La gran novedad del Reglamento (UE) 2024/1781(ESPR) es la reciente incorporación de un marco específico para prevenir la destrucción de productos de consumo no vendidos y «exige a las empresas la divulgación pública anual de información detallada sobre esos descartes (número, peso, motivos y tratamiento final), integrándolo en una agenda más amplia de ecodiseño que incluye el pasaporte digital del producto y otros requisitos para hacer «los productos sostenibles la norma» en la UE», indica Alicia Fernández, socia y directora ESG en Valora. Además, la Comisión ha adoptado un Reglamento de Ejecución (UE) 2026/2 que concreta el formato común de reporte y cómo verificar la información, «de modo que la obligación no solo exista, sino que sea comparable y auditable entre empresas y sectores», añade.El marco ESPR se aplica, con carácter general, a todo bien físico introducido en el mercado de la UE (incluidos componentes y productos intermedios), con excepciones concretas como alimentos o medicamentos. Dentro de ese marco, esta normativa «alcanza a múltiples categorías de consumo como textil y hogar, muebles, cosmética, electrodomésticos y electrónica, entre otros, de forma que que abarca un abanico amplio de bienes de consumo», matiza Fernández. Tendrá una aplicación escalonada donde las grandes empresas son las primeras obligadas a divulgar anualmente la información sobre los productos no vendidos desechados ya este año «y a partir de 19 de julio de 2030 la obligación se extiende a medianas empresas». Y el ESPR prohíbe estrictamente la destrucción de productos textiles no vendidos a partir del 19 de julio de 2026.Incentivar el cambioJuan Valero de Palma, Sustainability & Impact Senior Manager en Transcendent, destaca que este reglamento «pone nombre y número a algo que llevaba tiempo ocurriendo de manera poco visible». Tal y como recuerda, este reglamento desarrolla el marco de Ecodiseño para Productos Sostenibles aprobado en 2024. «No prohíbe nada todavía, pero la transparencia invita al cambio en la operativa de gestión de productos no vendidos», puntualiza. Y cree que a medición fomentará cambios en la gestión. «La publicación incentivará la reflexión sobre el impacto y abre también una conversación más amplia sobre cómo se diseñan y gestionan los ciclos de producto», matiza. Cree además que ayuda a la economía circular «de forma indirecta pero relevante. Hasta ahora, eliminar el stock excedente era en muchos casos la solución más frecuente». Este reglamento afecta a esa dinámica y «a la búsqueda de alternativas reales: canales de segunda vida, donación, reparación, venta de excedentes o rediseño de la cadena de aprovisionamiento», explica. Y advierte que queda del lado de las empresas el reto de cuadrar esto «con las demandas no siempre coincidentes de consumidores e inversores».Noticia relacionada No No ABC EMPRESA/ NÚMERO 800 La revolución transversal de la descarbonización se lanza al interruptor de la consolidación Belén RodrigoLas empresas con las que trabaja Transcendent quieren cumplir con la normativa pero desde esta consultora son conscientes del gran volumen regulatorio en materia de sostenibilidad. «El riesgo real no es la falta de voluntad, sino de recursos y sistemas internos para medir y documentar lo que este reglamento exige, datos que hoy no existen en muchas organizaciones», reconoce. Desde Valora, señalan como grandes dificultades de su implementación las operativas y de datos ya que las firmas «deben capturar con precisión unidades, peso, motivos y destino final por categoría de producto, coordinándose con gestores externos de residuos para obtener y verificar el tratamiento (reutilización, reciclaje, recuperación, eliminación)», lo que exige reforzar sistemas de gestión de información y trazabilidad. OportunidadEl sector biotecnológico ve en este reglamento un reto y una ocasión. «Las empresas deberán reforzar sus sistemas de trazabilidad y gestión de datos, integrar procesos de control más estrictos y garantizar la transparencia en toda la cadena de valor», indica Ion Arocena, director general de la Asociación Española de Bioempresas (AseBio). «Esto exige una adaptación organizativa y tecnológica que requiere inversión, coordinación interna y un enfoque estratégico sobre la sostenibilidad de los productos», añade. Pero también entienden que representa una oportunidad única ya que impulsa la transición hacia modelos más circulares, «donde la biotecnología puede aportar soluciones innovadoras: desde el rediseño de productos para reducir desperdicios hasta la valorización de materiales que antes se consideraban residuo». Un informe interno sobre la biotecnología en la transición verde muestra cómo empresas y entidades de biotecnológicas en España desarrollan ya cerca de 600 soluciones concretas para reducir desperdicios, revalorizar materiales y avanzar hacia un modelo productivo más sostenible y responsable. «La biotecnología industrial permite revalorizar subproductos y residuos, transformándolos en materias primas útiles para otros procesos: biofertilizantes, bionutrientes, bioplásticos, biocombustibles o compuestos de alto valor añadido que de otro modo serían eliminados», recuerdan desde AseBio. Y ofrece alternativas más limpias a procesos químicos tradicionales, «mediante biocatálisis o fermentación, lo que permite producir ingredientes, aditivos o materiales con menor consumo de energía, menos emisiones y menos generación de desechos», añade su director general. El sector textil es uno de los más afectados por la normativa europea aunque cabe recordar que «muchas empresas del sector en España y Europa ya habían adoptado voluntariamente medidas para minimizar el desecho de productos, impulsadas por su compromiso con la sostenibilidad», resalta Ana López-Casero, presidenta de la Asociación Retail Textil España (ARTE). Pero la nueva normativa supone «una homogeneización y refuerzo de estas prácticas, estableciendo además requisitos de documentación, trazabilidad y divulgación mucho más estrictos que los actuales», matiza. El sector textil afronta esta norma «con responsabilidad y compromiso», resalta López-Casero quien reconoce que la entrada en vigor de estas nuevas medidas «supone para el sector un reto operativo y logístico, pero también una oportunidad para seguir avanzando en la economía circular y en la transparencia». Algo que está en línea con el compromiso del sector «con la sostenibilidad y la responsabilidad, y creemos que refuerza la confianza de los consumidores en un sector que está liderando el cambio hacia modelos más sostenibles». López-Casero habla de oportunidades y retos con un reglamento que abre «la posibilidad de reforzar el liderazgo del sector textil español en materia de sostenibilidad, impulsando la economía circular y fomentando la reutilización, el reciclaje y la donación de productos no vendidos». Y también la homogeneización normativa a nivel europeo «crea un marco común que favorece una competencia más justa y transparente entre países y empresas». La UE sigue dando pasos para resolver el gran problema que suponen los aproximadamente 2.200 millones de toneladas de residuos que generan las empresas y hogares cada año. La gran novedad del Reglamento (UE) 2024/1781(ESPR) es la reciente incorporación de un marco específico para prevenir la destrucción de productos de consumo no vendidos y «exige a las empresas la divulgación pública anual de información detallada sobre esos descartes (número, peso, motivos y tratamiento final), integrándolo en una agenda más amplia de ecodiseño que incluye el pasaporte digital del producto y otros requisitos para hacer «los productos sostenibles la norma» en la UE», indica Alicia Fernández, socia y directora ESG en Valora. Además, la Comisión ha adoptado un Reglamento de Ejecución (UE) 2026/2 que concreta el formato común de reporte y cómo verificar la información, «de modo que la obligación no solo exista, sino que sea comparable y auditable entre empresas y sectores», añade.El marco ESPR se aplica, con carácter general, a todo bien físico introducido en el mercado de la UE (incluidos componentes y productos intermedios), con excepciones concretas como alimentos o medicamentos. Dentro de ese marco, esta normativa «alcanza a múltiples categorías de consumo como textil y hogar, muebles, cosmética, electrodomésticos y electrónica, entre otros, de forma que que abarca un abanico amplio de bienes de consumo», matiza Fernández. Tendrá una aplicación escalonada donde las grandes empresas son las primeras obligadas a divulgar anualmente la información sobre los productos no vendidos desechados ya este año «y a partir de 19 de julio de 2030 la obligación se extiende a medianas empresas». Y el ESPR prohíbe estrictamente la destrucción de productos textiles no vendidos a partir del 19 de julio de 2026.Incentivar el cambioJuan Valero de Palma, Sustainability & Impact Senior Manager en Transcendent, destaca que este reglamento «pone nombre y número a algo que llevaba tiempo ocurriendo de manera poco visible». Tal y como recuerda, este reglamento desarrolla el marco de Ecodiseño para Productos Sostenibles aprobado en 2024. «No prohíbe nada todavía, pero la transparencia invita al cambio en la operativa de gestión de productos no vendidos», puntualiza. Y cree que a medición fomentará cambios en la gestión. «La publicación incentivará la reflexión sobre el impacto y abre también una conversación más amplia sobre cómo se diseñan y gestionan los ciclos de producto», matiza. Cree además que ayuda a la economía circular «de forma indirecta pero relevante. Hasta ahora, eliminar el stock excedente era en muchos casos la solución más frecuente». Este reglamento afecta a esa dinámica y «a la búsqueda de alternativas reales: canales de segunda vida, donación, reparación, venta de excedentes o rediseño de la cadena de aprovisionamiento», explica. Y advierte que queda del lado de las empresas el reto de cuadrar esto «con las demandas no siempre coincidentes de consumidores e inversores».Noticia relacionada No No ABC EMPRESA/ NÚMERO 800 La revolución transversal de la descarbonización se lanza al interruptor de la consolidación Belén RodrigoLas empresas con las que trabaja Transcendent quieren cumplir con la normativa pero desde esta consultora son conscientes del gran volumen regulatorio en materia de sostenibilidad. «El riesgo real no es la falta de voluntad, sino de recursos y sistemas internos para medir y documentar lo que este reglamento exige, datos que hoy no existen en muchas organizaciones», reconoce. Desde Valora, señalan como grandes dificultades de su implementación las operativas y de datos ya que las firmas «deben capturar con precisión unidades, peso, motivos y destino final por categoría de producto, coordinándose con gestores externos de residuos para obtener y verificar el tratamiento (reutilización, reciclaje, recuperación, eliminación)», lo que exige reforzar sistemas de gestión de información y trazabilidad. OportunidadEl sector biotecnológico ve en este reglamento un reto y una ocasión. «Las empresas deberán reforzar sus sistemas de trazabilidad y gestión de datos, integrar procesos de control más estrictos y garantizar la transparencia en toda la cadena de valor», indica Ion Arocena, director general de la Asociación Española de Bioempresas (AseBio). «Esto exige una adaptación organizativa y tecnológica que requiere inversión, coordinación interna y un enfoque estratégico sobre la sostenibilidad de los productos», añade. Pero también entienden que representa una oportunidad única ya que impulsa la transición hacia modelos más circulares, «donde la biotecnología puede aportar soluciones innovadoras: desde el rediseño de productos para reducir desperdicios hasta la valorización de materiales que antes se consideraban residuo». Un informe interno sobre la biotecnología en la transición verde muestra cómo empresas y entidades de biotecnológicas en España desarrollan ya cerca de 600 soluciones concretas para reducir desperdicios, revalorizar materiales y avanzar hacia un modelo productivo más sostenible y responsable. «La biotecnología industrial permite revalorizar subproductos y residuos, transformándolos en materias primas útiles para otros procesos: biofertilizantes, bionutrientes, bioplásticos, biocombustibles o compuestos de alto valor añadido que de otro modo serían eliminados», recuerdan desde AseBio. Y ofrece alternativas más limpias a procesos químicos tradicionales, «mediante biocatálisis o fermentación, lo que permite producir ingredientes, aditivos o materiales con menor consumo de energía, menos emisiones y menos generación de desechos», añade su director general. El sector textil es uno de los más afectados por la normativa europea aunque cabe recordar que «muchas empresas del sector en España y Europa ya habían adoptado voluntariamente medidas para minimizar el desecho de productos, impulsadas por su compromiso con la sostenibilidad», resalta Ana López-Casero, presidenta de la Asociación Retail Textil España (ARTE). Pero la nueva normativa supone «una homogeneización y refuerzo de estas prácticas, estableciendo además requisitos de documentación, trazabilidad y divulgación mucho más estrictos que los actuales», matiza. El sector textil afronta esta norma «con responsabilidad y compromiso», resalta López-Casero quien reconoce que la entrada en vigor de estas nuevas medidas «supone para el sector un reto operativo y logístico, pero también una oportunidad para seguir avanzando en la economía circular y en la transparencia». Algo que está en línea con el compromiso del sector «con la sostenibilidad y la responsabilidad, y creemos que refuerza la confianza de los consumidores en un sector que está liderando el cambio hacia modelos más sostenibles». López-Casero habla de oportunidades y retos con un reglamento que abre «la posibilidad de reforzar el liderazgo del sector textil español en materia de sostenibilidad, impulsando la economía circular y fomentando la reutilización, el reciclaje y la donación de productos no vendidos». Y también la homogeneización normativa a nivel europeo «crea un marco común que favorece una competencia más justa y transparente entre países y empresas».  

La UE sigue dando pasos para resolver el gran problema que suponen los aproximadamente 2.200 millones de toneladas de residuos que generan las empresas y hogares cada año. La gran novedad del Reglamento (UE) 2024/1781(ESPR) es la reciente incorporación de un marco … específico para prevenir la destrucción de productos de consumo no vendidos y «exige a las empresas la divulgación pública anual de información detallada sobre esos descartes (número, peso, motivos y tratamiento final), integrándolo en una agenda más amplia de ecodiseño que incluye el pasaporte digital del producto y otros requisitos para hacer «los productos sostenibles la norma» en la UE», indica Alicia Fernández, socia y directora ESG en Valora. Además, la Comisión ha adoptado un Reglamento de Ejecución (UE) 2026/2 que concreta el formato común de reporte y cómo verificar la información, «de modo que la obligación no solo exista, sino que sea comparable y auditable entre empresas y sectores», añade.

El marco ESPR se aplica, con carácter general, a todo bien físico introducido en el mercado de la UE (incluidos componentes y productos intermedios), con excepciones concretas como alimentos o medicamentos. Dentro de ese marco, esta normativa «alcanza a múltiples categorías de consumo como textil y hogar, muebles, cosmética, electrodomésticos y electrónica, entre otros, de forma que que abarca un abanico amplio de bienes de consumo», matiza Fernández. Tendrá una aplicación escalonada donde las grandes empresas son las primeras obligadas a divulgar anualmente la información sobre los productos no vendidos desechados ya este año «y a partir de 19 de julio de 2030 la obligación se extiende a medianas empresas». Y el ESPR prohíbe estrictamente la destrucción de productos textiles no vendidos a partir del 19 de julio de 2026.

Incentivar el cambio

Juan Valero de Palma, Sustainability & Impact Senior Manager en Transcendent, destaca que este reglamento «pone nombre y número a algo que llevaba tiempo ocurriendo de manera poco visible». Tal y como recuerda, este reglamento desarrolla el marco de Ecodiseño para Productos Sostenibles aprobado en 2024. «No prohíbe nada todavía, pero la transparencia invita al cambio en la operativa de gestión de productos no vendidos», puntualiza. Y cree que a medición fomentará cambios en la gestión. «La publicación incentivará la reflexión sobre el impacto y abre también una conversación más amplia sobre cómo se diseñan y gestionan los ciclos de producto», matiza. Cree además que ayuda a la economía circular «de forma indirecta pero relevante. Hasta ahora, eliminar el stock excedente era en muchos casos la solución más frecuente». Este reglamento afecta a esa dinámica y «a la búsqueda de alternativas reales: canales de segunda vida, donación, reparación, venta de excedentes o rediseño de la cadena de aprovisionamiento», explica. Y advierte que queda del lado de las empresas el reto de cuadrar esto «con las demandas no siempre coincidentes de consumidores e inversores».

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    Belén Rodrigo

Las empresas con las que trabaja Transcendent quieren cumplir con la normativa pero desde esta consultora son conscientes del gran volumen regulatorio en materia de sostenibilidad. «El riesgo real no es la falta de voluntad, sino de recursos y sistemas internos para medir y documentar lo que este reglamento exige, datos que hoy no existen en muchas organizaciones», reconoce. Desde Valora, señalan como grandes dificultades de su implementación las operativas y de datos ya que las firmas «deben capturar con precisión unidades, peso, motivos y destino final por categoría de producto, coordinándose con gestores externos de residuos para obtener y verificar el tratamiento (reutilización, reciclaje, recuperación, eliminación)», lo que exige reforzar sistemas de gestión de información y trazabilidad.

Oportunidad

El sector biotecnológico ve en este reglamento un reto y una ocasión. «Las empresas deberán reforzar sus sistemas de trazabilidad y gestión de datos, integrar procesos de control más estrictos y garantizar la transparencia en toda la cadena de valor», indica Ion Arocena, director general de la Asociación Española de Bioempresas (AseBio). «Esto exige una adaptación organizativa y tecnológica que requiere inversión, coordinación interna y un enfoque estratégico sobre la sostenibilidad de los productos», añade. Pero también entienden que representa una oportunidad única ya que impulsa la transición hacia modelos más circulares, «donde la biotecnología puede aportar soluciones innovadoras: desde el rediseño de productos para reducir desperdicios hasta la valorización de materiales que antes se consideraban residuo».

Un informe interno sobre la biotecnología en la transición verde muestra cómo empresas y entidades de biotecnológicas en España desarrollan ya cerca de 600 soluciones concretas para reducir desperdicios, revalorizar materiales y avanzar hacia un modelo productivo más sostenible y responsable. «La biotecnología industrial permite revalorizar subproductos y residuos, transformándolos en materias primas útiles para otros procesos: biofertilizantes, bionutrientes, bioplásticos, biocombustibles o compuestos de alto valor añadido que de otro modo serían eliminados», recuerdan desde AseBio. Y ofrece alternativas más limpias a procesos químicos tradicionales, «mediante biocatálisis o fermentación, lo que permite producir ingredientes, aditivos o materiales con menor consumo de energía, menos emisiones y menos generación de desechos», añade su director general.

El sector textil es uno de los más afectados por la normativa europea aunque cabe recordar que «muchas empresas del sector en España y Europa ya habían adoptado voluntariamente medidas para minimizar el desecho de productos, impulsadas por su compromiso con la sostenibilidad», resalta Ana López-Casero, presidenta de la Asociación Retail Textil España (ARTE). Pero la nueva normativa supone «una homogeneización y refuerzo de estas prácticas, estableciendo además requisitos de documentación, trazabilidad y divulgación mucho más estrictos que los actuales», matiza. El sector textil afronta esta norma «con responsabilidad y compromiso», resalta López-Casero quien reconoce que la entrada en vigor de estas nuevas medidas «supone para el sector un reto operativo y logístico, pero también una oportunidad para seguir avanzando en la economía circular y en la transparencia». Algo que está en línea con el compromiso del sector «con la sostenibilidad y la responsabilidad, y creemos que refuerza la confianza de los consumidores en un sector que está liderando el cambio hacia modelos más sostenibles».

López-Casero habla de oportunidades y retos con un reglamento que abre «la posibilidad de reforzar el liderazgo del sector textil español en materia de sostenibilidad, impulsando la economía circular y fomentando la reutilización, el reciclaje y la donación de productos no vendidos». Y también la homogeneización normativa a nivel europeo «crea un marco común que favorece una competencia más justa y transparente entre países y empresas».

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