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Cultura

La guerra que cambió España

marzo 20, 2026
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En España las guerras nunca terminan del todo. A veces basta un libro, una frase o una metáfora -pongamos, por ejemplo, una península imaginaria poblada de casas vacías – para que el pasado vuelva a agitarse como un avispero. Entonces regresan los viejos fantasmas : las banderas, las trincheras morales, las interpretaciones irreconciliables. Porque la Guerra Civil no es ya un hecho histórico, sino un territorio emocional donde todavía se discute quién tiene derecho a contar lo que ocurrió.Quizá por eso resultan útiles libros como ‘La guerra que cambió España’ , del periodista Miguel Ángel Santamarina . El subtítulo ya marca el terreno con precisión quirúrgica: ‘Efemérides de la Guerra Civil española’. No se trata de un ensayo para explicar la guerra (empresa imposible y, a menudo, inútil) sino un trayecto por los episodios más significativos de la memoria colectiva española: el fusilamiento de Primo de Rivera, el bombardeo de Guernica, las batallas de Teruel y del Ebro. Noticia relacionada opinion No No Lo moderno Un muerto muy vivo María José SolanoTambién desfilan los nombres inevitables -Franco, Durruti, Companys-, figuras que todavía hoy provocan discusiones en parlamentos y redes sociales. Pero, creo, el interés del libro está en su estructura. En el modo de contar. Santamarina utiliza un método que ya había aplicado en ‘La guerra que cambió el mundo’, dedicado a la II Guerra Mundial : narrar la historia como una sucesión de pequeñas historias . Un calendario de episodios. Un almanaque de acontecimientos donde conviven los grandes nombres y los protagonistas anónimos. Ese sistema tiene algo profundamente periodístico con una clara voluntad de capturar lo que el autor llama el pulso de la historia . Y éste no siempre late en los grandes discursos. A veces se encuentra en la memoria arrinconada: un fusilamiento al amanecer, un avión que aparece en el cielo de Guernica, un soldado que escribe una carta desde el frente del Ebro, una ciudad que despierta con las campanas tocando a rebato. El libro aparece, además, en una fecha cargada de simbolismo: el noventa aniversario del inicio de la Guerra Civil. Noventa años después , España sigue debatiendo aquel conflicto como si todavía estuviera tratando de entender qué ocurrió exactamente y, sobre todo, qué significa hoy. En España las guerras nunca terminan del todo. A veces basta un libro, una frase o una metáfora -pongamos, por ejemplo, una península imaginaria poblada de casas vacías – para que el pasado vuelva a agitarse como un avispero. Entonces regresan los viejos fantasmas : las banderas, las trincheras morales, las interpretaciones irreconciliables. Porque la Guerra Civil no es ya un hecho histórico, sino un territorio emocional donde todavía se discute quién tiene derecho a contar lo que ocurrió.Quizá por eso resultan útiles libros como ‘La guerra que cambió España’ , del periodista Miguel Ángel Santamarina . El subtítulo ya marca el terreno con precisión quirúrgica: ‘Efemérides de la Guerra Civil española’. No se trata de un ensayo para explicar la guerra (empresa imposible y, a menudo, inútil) sino un trayecto por los episodios más significativos de la memoria colectiva española: el fusilamiento de Primo de Rivera, el bombardeo de Guernica, las batallas de Teruel y del Ebro. Noticia relacionada opinion No No Lo moderno Un muerto muy vivo María José SolanoTambién desfilan los nombres inevitables -Franco, Durruti, Companys-, figuras que todavía hoy provocan discusiones en parlamentos y redes sociales. Pero, creo, el interés del libro está en su estructura. En el modo de contar. Santamarina utiliza un método que ya había aplicado en ‘La guerra que cambió el mundo’, dedicado a la II Guerra Mundial : narrar la historia como una sucesión de pequeñas historias . Un calendario de episodios. Un almanaque de acontecimientos donde conviven los grandes nombres y los protagonistas anónimos. Ese sistema tiene algo profundamente periodístico con una clara voluntad de capturar lo que el autor llama el pulso de la historia . Y éste no siempre late en los grandes discursos. A veces se encuentra en la memoria arrinconada: un fusilamiento al amanecer, un avión que aparece en el cielo de Guernica, un soldado que escribe una carta desde el frente del Ebro, una ciudad que despierta con las campanas tocando a rebato. El libro aparece, además, en una fecha cargada de simbolismo: el noventa aniversario del inicio de la Guerra Civil. Noventa años después , España sigue debatiendo aquel conflicto como si todavía estuviera tratando de entender qué ocurrió exactamente y, sobre todo, qué significa hoy.  

En España las guerras nunca terminan del todo. A veces basta un libro, una frase o una metáfora -pongamos, por ejemplo, una península imaginaria poblada de casas vacías– para que el pasado vuelva a agitarse como un avispero. Entonces regresan los viejos fantasmas … : las banderas, las trincheras morales, las interpretaciones irreconciliables. Porque la Guerra Civil no es ya un hecho histórico, sino un territorio emocional donde todavía se discute quién tiene derecho a contar lo que ocurrió.

Quizá por eso resultan útiles libros como ‘La guerra que cambió España’, del periodista Miguel Ángel Santamarina. El subtítulo ya marca el terreno con precisión quirúrgica: ‘Efemérides de la Guerra Civil española’. No se trata de un ensayo para explicar la guerra (empresa imposible y, a menudo, inútil) sino un trayecto por los episodios más significativos de la memoria colectiva española: el fusilamiento de Primo de Rivera, el bombardeo de Guernica, las batallas de Teruel y del Ebro.

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También desfilan los nombres inevitables -Franco, Durruti, Companys-, figuras que todavía hoy provocan discusiones en parlamentos y redes sociales. Pero, creo, el interés del libro está en su estructura. En el modo de contar. Santamarina utiliza un método que ya había aplicado en ‘La guerra que cambió el mundo’, dedicado a la II Guerra Mundial: narrar la historia como una sucesión de pequeñas historias. Un calendario de episodios. Un almanaque de acontecimientos donde conviven los grandes nombres y los protagonistas anónimos.

Ese sistema tiene algo profundamente periodístico con una clara voluntad de capturar lo que el autor llama el pulso de la historia. Y éste no siempre late en los grandes discursos. A veces se encuentra en la memoria arrinconada: un fusilamiento al amanecer, un avión que aparece en el cielo de Guernica, un soldado que escribe una carta desde el frente del Ebro, una ciudad que despierta con las campanas tocando a rebato.

El libro aparece, además, en una fecha cargada de simbolismo: el noventa aniversario del inicio de la Guerra Civil. Noventa años después, España sigue debatiendo aquel conflicto como si todavía estuviera tratando de entender qué ocurrió exactamente y, sobre todo, qué significa hoy.

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