En el año 2011, cuando se cumplieron treinta años de la llegada del ‘Guernica’ a España, Juan Pablo Fusi y Santos Juliá dejaron claras unas cuantas ideas sobre la naturaleza política e histórica de la obra. «El ‘Guernica’ es un cuadro sin una significación explícita vasca». Ya en aquel momento la polémica estaba tan encendida como hoy. La reciente petición del Gobierno vasco de trasladar temporalmente el ‘Guernica’ a Bilbao para conmemorar el nonagésimo aniversario del bombardeo de la ciudad en 1937 no es una novedad. Ocurrió en 1997 y 2006, y desde entonces se ha vuelto a plantear periódicamente como un reclamo del nacionalismo vasco. ¿Tiene sentido insistir sobre una pieza de la que se ha atestiguado el delicado estado de conservación? Un nuevo informe del ‘Guernica’ elaborado este 2026 por el Reina Sofía «desaconseja rotundamente su traslado». En 1998, un equipo de 33 profesionales internacionales había llegado a la misma conclusión. Durante mucho tiempo considerado el último exilado español, el lienzo atestigua un siglo entero de historia política de España. En 1939, Picasso cedió la pintura al MoMA de Nueva York en calidad de préstamo. Tras la solicitud en 1969 del gobierno de Franco para que ‘Guernica’ fuese devuelto a España, tanto el MoMA como Picasso se negaron rotundamente, al punto de que el propio artista dijo que el cuadro no viniera hasta el completo restablecimiento de las libertades individuales en el país. Muerto Franco, España reinició gestiones. A pesar de las negativas de Richard Oldeburd , director del MoMA, y William Rubin, director de pintura y escultura, el 25 de octubre de 1981, luego de 44 años y protegido por un vidrio antibalas, ‘Guernica’ fue expuesto en el Casón del Buen Retiro junto a 62 bocetos y los dos grabados ‘Sueño y Mentira de Franco’. En 1992 volvió a encenderse la polémica con el traslado del lienzo de 7,77 por 3,49 metros al Museo Reina Sofía, institución que sería la encargada de custodiar, mostrar e interpretar esta obra. El mismísimo Rubin, a la sazón exdirector del MoMA, objetó y criticó la medida por considerar al Reina Sofía un museo menor. Sin embargo, ahí continúa. En el año 2011, cuando se cumplieron treinta años de la llegada del ‘Guernica’ a España, Juan Pablo Fusi y Santos Juliá dejaron claras unas cuantas ideas sobre la naturaleza política e histórica de la obra. «El ‘Guernica’ es un cuadro sin una significación explícita vasca». Ya en aquel momento la polémica estaba tan encendida como hoy. La reciente petición del Gobierno vasco de trasladar temporalmente el ‘Guernica’ a Bilbao para conmemorar el nonagésimo aniversario del bombardeo de la ciudad en 1937 no es una novedad. Ocurrió en 1997 y 2006, y desde entonces se ha vuelto a plantear periódicamente como un reclamo del nacionalismo vasco. ¿Tiene sentido insistir sobre una pieza de la que se ha atestiguado el delicado estado de conservación? Un nuevo informe del ‘Guernica’ elaborado este 2026 por el Reina Sofía «desaconseja rotundamente su traslado». En 1998, un equipo de 33 profesionales internacionales había llegado a la misma conclusión. Durante mucho tiempo considerado el último exilado español, el lienzo atestigua un siglo entero de historia política de España. En 1939, Picasso cedió la pintura al MoMA de Nueva York en calidad de préstamo. Tras la solicitud en 1969 del gobierno de Franco para que ‘Guernica’ fuese devuelto a España, tanto el MoMA como Picasso se negaron rotundamente, al punto de que el propio artista dijo que el cuadro no viniera hasta el completo restablecimiento de las libertades individuales en el país. Muerto Franco, España reinició gestiones. A pesar de las negativas de Richard Oldeburd , director del MoMA, y William Rubin, director de pintura y escultura, el 25 de octubre de 1981, luego de 44 años y protegido por un vidrio antibalas, ‘Guernica’ fue expuesto en el Casón del Buen Retiro junto a 62 bocetos y los dos grabados ‘Sueño y Mentira de Franco’. En 1992 volvió a encenderse la polémica con el traslado del lienzo de 7,77 por 3,49 metros al Museo Reina Sofía, institución que sería la encargada de custodiar, mostrar e interpretar esta obra. El mismísimo Rubin, a la sazón exdirector del MoMA, objetó y criticó la medida por considerar al Reina Sofía un museo menor. Sin embargo, ahí continúa.
En el año 2011, cuando se cumplieron treinta años de la llegada del ‘Guernica’ a España, Juan Pablo Fusi y Santos Juliá dejaron claras unas cuantas ideas sobre la naturaleza política e histórica de la obra. «El ‘Guernica’ es un cuadro … sin una significación explícita vasca». Ya en aquel momento la polémica estaba tan encendida como hoy. La reciente petición del Gobierno vasco de trasladar temporalmente el ‘Guernica’ a Bilbao para conmemorar el nonagésimo aniversario del bombardeo de la ciudad en 1937 no es una novedad. Ocurrió en 1997 y 2006, y desde entonces se ha vuelto a plantear periódicamente como un reclamo del nacionalismo vasco. ¿Tiene sentido insistir sobre una pieza de la que se ha atestiguado el delicado estado de conservación?
Un nuevo informe del ‘Guernica’ elaborado este 2026 por el Reina Sofía «desaconseja rotundamente su traslado». En 1998, un equipo de 33 profesionales internacionales había llegado a la misma conclusión. Durante mucho tiempo considerado el último exilado español, el lienzo atestigua un siglo entero de historia política de España. En 1939, Picasso cedió la pintura al MoMA de Nueva York en calidad de préstamo. Tras la solicitud en 1969 del gobierno de Franco para que ‘Guernica’ fuese devuelto a España, tanto el MoMA como Picasso se negaron rotundamente, al punto de que el propio artista dijo que el cuadro no viniera hasta el completo restablecimiento de las libertades individuales en el país. Muerto Franco, España reinició gestiones.
A pesar de las negativas de Richard Oldeburd, director del MoMA, y William Rubin, director de pintura y escultura, el 25 de octubre de 1981, luego de 44 años y protegido por un vidrio antibalas, ‘Guernica’ fue expuesto en el Casón del Buen Retiro junto a 62 bocetos y los dos grabados ‘Sueño y Mentira de Franco’. En 1992 volvió a encenderse la polémica con el traslado del lienzo de 7,77 por 3,49 metros al Museo Reina Sofía, institución que sería la encargada de custodiar, mostrar e interpretar esta obra. El mismísimo Rubin, a la sazón exdirector del MoMA, objetó y criticó la medida por considerar al Reina Sofía un museo menor. Sin embargo, ahí continúa.
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