Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  Juan Bas: «En 2002 daba miedo burlarse de ETA y escribir columnas contra ese submundo»
Cultura

Juan Bas: «En 2002 daba miedo burlarse de ETA y escribir columnas contra ese submundo»

mayo 10, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Juan Bas (Bilbao, 1959) sabe que lo contrario del humor no es la seriedad, y que en el esperpento a veces aflora la verdad, aunque sea salvaje. Hace más de veinte años inventó a Pacho Murga, un buscavidas bilabíno de alta cuna al que le dedicó tres novelas: ‘Alacranes en su tinta’ (2002), ‘Voracidad’ (2008) y ‘Ostras para Dimitri’ (2012). Ahora reúne las desventuras de este pícaro en ‘Trilogía del Exceso’ (Reino de Cordelia), un libro de guardar. Se arrepiente de algunas cosas, pero las ha dejado todas ahí.—¿Cómo ha sido volver a estas novelas? ¿Le ha entrado la nostalgia?—No suelo practicar la nostalgia. La decisión de publicar esta edición integral de mi trilogía del Exceso, revisada solo sintácticamente, se ha debido a que he considerado que por las tres novelas ha pasado bien el tiempo y gustarán al lector actual. Y estoy encantado con el precioso libro que ha hecho Reino de Cordelia.—¿Tiene nostalgia del vicio? ¿Y de todo lo demás?—Solo considero vicio mío el tabaco y no lo echo de menos.—Dicen que los libros son mejor que los autores. En este caso, ¿son peores, más salvajes?—Salvajes como adjetivo de estas novelas no lo considero peyorativo. Se corresponde a que son en buena parte sátiras esperpénticas políticamente incorrectas y sin concesiones. Y con un humor muy ácido y con frecuencia negro. —¿Quién es Pacho Murga?—Pacho Murga es el protagonista de las tres novelas y les da el tono, al estar contadas en primera persona. Es un personaje a semejanza de los pícaros del Siglo de Oro, con la diferencia de que aquellos venían de baja cuna y Pacho Murga es un pijo bilbaíno, un niño bien que cae en desgracia, se va desclasando y tiene que buscarse la vida ante la proximidad de la indigencia. Creo que es un personaje al que se debe lo genuino, si es que lo tiene, de estas novelas. —’Alacranes en su tinta’, la primera novela de la trilogía, es de 2002. Ahí se ríe del nacionalismo en general y de ETA muy en particular. ¿Tuvo problemas?—Recuerdo que a lectores próximos al PNV les ofendió, pero les podía el que les hacía gracia. Respecto a lo burlesco referido a ETA, me dio miedo, claro, era 2002 y los terroristas seguían matando a cualquiera que se les enfrentara, también con las palabras. Pero ese miedo ya lo tenía por mis beligerantes columnas de opinión en ‘El Correo’ contra ese submundo.—Ha sido la más exitosa de sus novelas. ¿Qué nos dice eso?—Tuvo éxito, sí. Muchas ediciones durante años desde que la publicó Destino y bastantes países. Creo que además del atractivo de la sátira hacia el sacrosanto nacionalismo vasco funcionó la historia, que tiene tramas sólidas y es atractiva. Y el éxito no se limitó al interés local. Me sorprendió que en Alemania tuvo muy buena acogida.—En ‘Voracidad’, cuenta en el prólogo, ensayó una mezcla de humor y horror, siguiendo aquel hallazgo de Saccomanno: «El espanto y la risa son hermanos incestuosos». ¿Es de los que se ríen en los cementerios y los hospitales?—’Voracidad’ es la más excesiva de las tres, no creo que la mejor, aunque cuenta con buenos recursos radicales. Me dieron por ella el premio Euskadi de Literatura. En cuanto a mí, el sentido del humor es mi punto de vista para ver el mundo en toda circunstancia y lugar. Llegar a la risa es diferente, algo más involuntario.—El humor, ¿cuanto más negro mejor?—El mejor humor es todo aquel que funciona. Pero reconozco mi debilidad por el humor negro, por la risa enlutada. Estoy de acuerdo con Roberto Bolaño cuando decía que era el humor que prefería. —’Alacranes en su tinta’, ‘Voracidad’ y ‘Ostras para Dimitri’: los títulos dan hambre. ¿La gastronomía es el último exceso al que se renuncia?—En ‘Los alacranes’, la pormenorizada gastronomía de creación es un elemento que atrajo a los lectores y creo que lo seguirá haciendo. En ‘Voracidad’ es la antigastronomía: comedores compulsivos, tragaldabas e incluso canibalismo al servicio de lo voraz en un sentido casi metafísico.—La primera parte de ‘Voracidad’ se titula ‘Mi patria es mi estómago’: ¿se conoce a la gente por lo que come?—En el País Vasco hay cierta obsesión por la comida, se habla mucho del tema. Pero esa sentencia la suelta un buscavidas madrileño, puro nihilismo de supervivencia. El hambre no distingue de patriotismos. —’Ostras para Dimitri’, por cierto, nace de su primer viaje a Moscú. ¿Qué pasó allí?—Fue en 2008 y me impresionaron los fuertes contrastes y la profusión de detalles excesivos de la ingente ciudad. Me pareció un buen marco para meter allí a Pacho en problemas. Y me dio pie para forjar un personaje poliédrico que quizá, aparte de Pacho, es el más conseguido de las novelas: Dimitri Urroz, un mafioso ruso navarro. —Confiesa al final del libro que se debe al esperpento. ¿Hay verdades que solo se pueden ver a través del culo de un vaso vacío?—La realidad se ha convertido en un esperpento que ha superado los aumentativos de cualquier ficción. La verdad a través del culo de un vaso o de los trozos de uno roto, pero la verdad siempre es única y hay que saber distinguirla. En estas novelas, el esperpento era un buen prisma para montar una sátira y esgrimir el tipo de humor que empleé. —Por cierto: el consumo de vino está cayendo y la juventud está más sobria que nunca. ¿Qué le parece?—Estarán sobrios en cuanto al vino, pero no creo que respecto a otras cosas. En todo caso, el alcoholismo, tema que me atrae en cine y literatura, es una grave enfermedad del alma.—Sé que no ha cambiado nada de los textos, pero… ¿se arrepiente de algún chiste?—Claro, y de algunas consideraciones maximalistas que hace mi personaje. Pero suprimirlas o suavizarlas habría sido hacer juego sucio, desvirtuar las novelas tal y como fueron. Sería exceder los límites de la edición revisada y entrar en la reescritura, que no era mi objetivo. —Otro por cierto: ¿a usted le hace más gracia Torrente o Ábalos?—El humor de la trilogía en nada se parece al de Torrente. Mis referentes humorísticos en este libro son más bien Quevedo, Valle-Inclán, Martin Amis e incluso Borges. Ábalos me resulta antipático, malcarado, un tipo lamentable y no me hace ni puñetera gracia. —¿Cree, como James Elrroy, que la ofensa es un deber del escritor?—La ofensa, no. Sí creo en una dimensión provocadora de la literatura según lo que te propongas contar y cuáles sean los temas. Por ello, estas novelas pretenden ser provocadoras y por lo que me dicen, lo consiguen.—A estas alturas, ¿qué le sigue haciendo gracia?—El humor conseguido en cualquiera de las artes narrativas. Y la observación: de las gentes, de la sociedad, de todo en general sin que se caiga en lo miserable, abyecto ni desde luego trágico. Juan Bas (Bilbao, 1959) sabe que lo contrario del humor no es la seriedad, y que en el esperpento a veces aflora la verdad, aunque sea salvaje. Hace más de veinte años inventó a Pacho Murga, un buscavidas bilabíno de alta cuna al que le dedicó tres novelas: ‘Alacranes en su tinta’ (2002), ‘Voracidad’ (2008) y ‘Ostras para Dimitri’ (2012). Ahora reúne las desventuras de este pícaro en ‘Trilogía del Exceso’ (Reino de Cordelia), un libro de guardar. Se arrepiente de algunas cosas, pero las ha dejado todas ahí.—¿Cómo ha sido volver a estas novelas? ¿Le ha entrado la nostalgia?—No suelo practicar la nostalgia. La decisión de publicar esta edición integral de mi trilogía del Exceso, revisada solo sintácticamente, se ha debido a que he considerado que por las tres novelas ha pasado bien el tiempo y gustarán al lector actual. Y estoy encantado con el precioso libro que ha hecho Reino de Cordelia.—¿Tiene nostalgia del vicio? ¿Y de todo lo demás?—Solo considero vicio mío el tabaco y no lo echo de menos.—Dicen que los libros son mejor que los autores. En este caso, ¿son peores, más salvajes?—Salvajes como adjetivo de estas novelas no lo considero peyorativo. Se corresponde a que son en buena parte sátiras esperpénticas políticamente incorrectas y sin concesiones. Y con un humor muy ácido y con frecuencia negro. —¿Quién es Pacho Murga?—Pacho Murga es el protagonista de las tres novelas y les da el tono, al estar contadas en primera persona. Es un personaje a semejanza de los pícaros del Siglo de Oro, con la diferencia de que aquellos venían de baja cuna y Pacho Murga es un pijo bilbaíno, un niño bien que cae en desgracia, se va desclasando y tiene que buscarse la vida ante la proximidad de la indigencia. Creo que es un personaje al que se debe lo genuino, si es que lo tiene, de estas novelas. —’Alacranes en su tinta’, la primera novela de la trilogía, es de 2002. Ahí se ríe del nacionalismo en general y de ETA muy en particular. ¿Tuvo problemas?—Recuerdo que a lectores próximos al PNV les ofendió, pero les podía el que les hacía gracia. Respecto a lo burlesco referido a ETA, me dio miedo, claro, era 2002 y los terroristas seguían matando a cualquiera que se les enfrentara, también con las palabras. Pero ese miedo ya lo tenía por mis beligerantes columnas de opinión en ‘El Correo’ contra ese submundo.—Ha sido la más exitosa de sus novelas. ¿Qué nos dice eso?—Tuvo éxito, sí. Muchas ediciones durante años desde que la publicó Destino y bastantes países. Creo que además del atractivo de la sátira hacia el sacrosanto nacionalismo vasco funcionó la historia, que tiene tramas sólidas y es atractiva. Y el éxito no se limitó al interés local. Me sorprendió que en Alemania tuvo muy buena acogida.—En ‘Voracidad’, cuenta en el prólogo, ensayó una mezcla de humor y horror, siguiendo aquel hallazgo de Saccomanno: «El espanto y la risa son hermanos incestuosos». ¿Es de los que se ríen en los cementerios y los hospitales?—’Voracidad’ es la más excesiva de las tres, no creo que la mejor, aunque cuenta con buenos recursos radicales. Me dieron por ella el premio Euskadi de Literatura. En cuanto a mí, el sentido del humor es mi punto de vista para ver el mundo en toda circunstancia y lugar. Llegar a la risa es diferente, algo más involuntario.—El humor, ¿cuanto más negro mejor?—El mejor humor es todo aquel que funciona. Pero reconozco mi debilidad por el humor negro, por la risa enlutada. Estoy de acuerdo con Roberto Bolaño cuando decía que era el humor que prefería. —’Alacranes en su tinta’, ‘Voracidad’ y ‘Ostras para Dimitri’: los títulos dan hambre. ¿La gastronomía es el último exceso al que se renuncia?—En ‘Los alacranes’, la pormenorizada gastronomía de creación es un elemento que atrajo a los lectores y creo que lo seguirá haciendo. En ‘Voracidad’ es la antigastronomía: comedores compulsivos, tragaldabas e incluso canibalismo al servicio de lo voraz en un sentido casi metafísico.—La primera parte de ‘Voracidad’ se titula ‘Mi patria es mi estómago’: ¿se conoce a la gente por lo que come?—En el País Vasco hay cierta obsesión por la comida, se habla mucho del tema. Pero esa sentencia la suelta un buscavidas madrileño, puro nihilismo de supervivencia. El hambre no distingue de patriotismos. —’Ostras para Dimitri’, por cierto, nace de su primer viaje a Moscú. ¿Qué pasó allí?—Fue en 2008 y me impresionaron los fuertes contrastes y la profusión de detalles excesivos de la ingente ciudad. Me pareció un buen marco para meter allí a Pacho en problemas. Y me dio pie para forjar un personaje poliédrico que quizá, aparte de Pacho, es el más conseguido de las novelas: Dimitri Urroz, un mafioso ruso navarro. —Confiesa al final del libro que se debe al esperpento. ¿Hay verdades que solo se pueden ver a través del culo de un vaso vacío?—La realidad se ha convertido en un esperpento que ha superado los aumentativos de cualquier ficción. La verdad a través del culo de un vaso o de los trozos de uno roto, pero la verdad siempre es única y hay que saber distinguirla. En estas novelas, el esperpento era un buen prisma para montar una sátira y esgrimir el tipo de humor que empleé. —Por cierto: el consumo de vino está cayendo y la juventud está más sobria que nunca. ¿Qué le parece?—Estarán sobrios en cuanto al vino, pero no creo que respecto a otras cosas. En todo caso, el alcoholismo, tema que me atrae en cine y literatura, es una grave enfermedad del alma.—Sé que no ha cambiado nada de los textos, pero… ¿se arrepiente de algún chiste?—Claro, y de algunas consideraciones maximalistas que hace mi personaje. Pero suprimirlas o suavizarlas habría sido hacer juego sucio, desvirtuar las novelas tal y como fueron. Sería exceder los límites de la edición revisada y entrar en la reescritura, que no era mi objetivo. —Otro por cierto: ¿a usted le hace más gracia Torrente o Ábalos?—El humor de la trilogía en nada se parece al de Torrente. Mis referentes humorísticos en este libro son más bien Quevedo, Valle-Inclán, Martin Amis e incluso Borges. Ábalos me resulta antipático, malcarado, un tipo lamentable y no me hace ni puñetera gracia. —¿Cree, como James Elrroy, que la ofensa es un deber del escritor?—La ofensa, no. Sí creo en una dimensión provocadora de la literatura según lo que te propongas contar y cuáles sean los temas. Por ello, estas novelas pretenden ser provocadoras y por lo que me dicen, lo consiguen.—A estas alturas, ¿qué le sigue haciendo gracia?—El humor conseguido en cualquiera de las artes narrativas. Y la observación: de las gentes, de la sociedad, de todo en general sin que se caiga en lo miserable, abyecto ni desde luego trágico.  

Juan Bas (Bilbao, 1959) sabe que lo contrario del humor no es la seriedad, y que en el esperpento a veces aflora la verdad, aunque sea salvaje. Hace más de veinte años inventó a Pacho Murga, un buscavidas bilabíno de alta cuna al que le … dedicó tres novelas: ‘Alacranes en su tinta’ (2002), ‘Voracidad’ (2008) y ‘Ostras para Dimitri’ (2012). Ahora reúne las desventuras de este pícaro en ‘Trilogía del Exceso’ (Reino de Cordelia), un libro de guardar. Se arrepiente de algunas cosas, pero las ha dejado todas ahí.

—¿Cómo ha sido volver a estas novelas? ¿Le ha entrado la nostalgia?

—No suelo practicar la nostalgia. La decisión de publicar esta edición integral de mi trilogía del Exceso, revisada solo sintácticamente, se ha debido a que he considerado que por las tres novelas ha pasado bien el tiempo y gustarán al lector actual. Y estoy encantado con el precioso libro que ha hecho Reino de Cordelia.

—¿Tiene nostalgia del vicio? ¿Y de todo lo demás?

—Solo considero vicio mío el tabaco y no lo echo de menos.

—Dicen que los libros son mejor que los autores. En este caso, ¿son peores, más salvajes?

—Salvajes como adjetivo de estas novelas no lo considero peyorativo. Se corresponde a que son en buena parte sátiras esperpénticas políticamente incorrectas y sin concesiones. Y con un humor muy ácido y con frecuencia negro.

—¿Quién es Pacho Murga?

—Pacho Murga es el protagonista de las tres novelas y les da el tono, al estar contadas en primera persona. Es un personaje a semejanza de los pícaros del Siglo de Oro, con la diferencia de que aquellos venían de baja cuna y Pacho Murga es un pijo bilbaíno, un niño bien que cae en desgracia, se va desclasando y tiene que buscarse la vida ante la proximidad de la indigencia. Creo que es un personaje al que se debe lo genuino, si es que lo tiene, de estas novelas.

—’Alacranes en su tinta’, la primera novela de la trilogía, es de 2002. Ahí se ríe del nacionalismo en general y de ETA muy en particular. ¿Tuvo problemas?

—Recuerdo que a lectores próximos al PNV les ofendió, pero les podía el que les hacía gracia. Respecto a lo burlesco referido a ETA, me dio miedo, claro, era 2002 y los terroristas seguían matando a cualquiera que se les enfrentara, también con las palabras. Pero ese miedo ya lo tenía por mis beligerantes columnas de opinión en ‘El Correo’ contra ese submundo.

—Ha sido la más exitosa de sus novelas. ¿Qué nos dice eso?

—Tuvo éxito, sí. Muchas ediciones durante años desde que la publicó Destino y bastantes países. Creo que además del atractivo de la sátira hacia el sacrosanto nacionalismo vasco funcionó la historia, que tiene tramas sólidas y es atractiva. Y el éxito no se limitó al interés local. Me sorprendió que en Alemania tuvo muy buena acogida.

—En ‘Voracidad’, cuenta en el prólogo, ensayó una mezcla de humor y horror, siguiendo aquel hallazgo de Saccomanno: «El espanto y la risa son hermanos incestuosos». ¿Es de los que se ríen en los cementerios y los hospitales?

—’Voracidad’ es la más excesiva de las tres, no creo que la mejor, aunque cuenta con buenos recursos radicales. Me dieron por ella el premio Euskadi de Literatura. En cuanto a mí, el sentido del humor es mi punto de vista para ver el mundo en toda circunstancia y lugar. Llegar a la risa es diferente, algo más involuntario.

Más noticias

El diario prohibido de Concha Espina

mayo 4, 2026

El ‘Guernica’ regresa a París

mayo 3, 2026

Culpa tuya

mayo 7, 2026

Victoria Civera: habitar íntimamente el deseo

mayo 7, 2026

—El humor, ¿cuanto más negro mejor?

—El mejor humor es todo aquel que funciona. Pero reconozco mi debilidad por el humor negro, por la risa enlutada. Estoy de acuerdo con Roberto Bolaño cuando decía que era el humor que prefería.

—’Alacranes en su tinta’, ‘Voracidad’ y ‘Ostras para Dimitri’: los títulos dan hambre. ¿La gastronomía es el último exceso al que se renuncia?

—En ‘Los alacranes’, la pormenorizada gastronomía de creación es un elemento que atrajo a los lectores y creo que lo seguirá haciendo. En ‘Voracidad’ es la antigastronomía: comedores compulsivos, tragaldabas e incluso canibalismo al servicio de lo voraz en un sentido casi metafísico.

—La primera parte de ‘Voracidad’ se titula ‘Mi patria es mi estómago’: ¿se conoce a la gente por lo que come?

—En el País Vasco hay cierta obsesión por la comida, se habla mucho del tema. Pero esa sentencia la suelta un buscavidas madrileño, puro nihilismo de supervivencia. El hambre no distingue de patriotismos.

—’Ostras para Dimitri’, por cierto, nace de su primer viaje a Moscú. ¿Qué pasó allí?

—Fue en 2008 y me impresionaron los fuertes contrastes y la profusión de detalles excesivos de la ingente ciudad. Me pareció un buen marco para meter allí a Pacho en problemas. Y me dio pie para forjar un personaje poliédrico que quizá, aparte de Pacho, es el más conseguido de las novelas: Dimitri Urroz, un mafioso ruso navarro.

—Confiesa al final del libro que se debe al esperpento. ¿Hay verdades que solo se pueden ver a través del culo de un vaso vacío?

—La realidad se ha convertido en un esperpento que ha superado los aumentativos de cualquier ficción. La verdad a través del culo de un vaso o de los trozos de uno roto, pero la verdad siempre es única y hay que saber distinguirla. En estas novelas, el esperpento era un buen prisma para montar una sátira y esgrimir el tipo de humor que empleé.

—Por cierto: el consumo de vino está cayendo y la juventud está más sobria que nunca. ¿Qué le parece?

—Estarán sobrios en cuanto al vino, pero no creo que respecto a otras cosas. En todo caso, el alcoholismo, tema que me atrae en cine y literatura, es una grave enfermedad del alma.

—Sé que no ha cambiado nada de los textos, pero… ¿se arrepiente de algún chiste?

—Claro, y de algunas consideraciones maximalistas que hace mi personaje. Pero suprimirlas o suavizarlas habría sido hacer juego sucio, desvirtuar las novelas tal y como fueron. Sería exceder los límites de la edición revisada y entrar en la reescritura, que no era mi objetivo.

—Otro por cierto: ¿a usted le hace más gracia Torrente o Ábalos?

—El humor de la trilogía en nada se parece al de Torrente. Mis referentes humorísticos en este libro son más bien Quevedo, Valle-Inclán, Martin Amis e incluso Borges. Ábalos me resulta antipático, malcarado, un tipo lamentable y no me hace ni puñetera gracia.

—¿Cree, como James Elrroy, que la ofensa es un deber del escritor?

—La ofensa, no. Sí creo en una dimensión provocadora de la literatura según lo que te propongas contar y cuáles sean los temas. Por ello, estas novelas pretenden ser provocadoras y por lo que me dicen, lo consiguen.

—A estas alturas, ¿qué le sigue haciendo gracia?

—El humor conseguido en cualquiera de las artes narrativas. Y la observación: de las gentes, de la sociedad, de todo en general sin que se caiga en lo miserable, abyecto ni desde luego trágico.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Sole Giménez: «Me paso el día rodeada de artistas, pero nunca he tenido un romance con ninguno»
La IA ya capta el 60% de las inversiones de capital riesgo a nivel mundial
Leer también
Internacional

Venezuela: el riesgo de cambiar para que nada cambie

mayo 11, 2026
Nacional

La singularidad catalana es tener dos ultraderechas

mayo 11, 2026
Nacional

El turismo masivo colma la paciencia del Albaicín granadino: “No puedes llegar a tu casa”

mayo 11, 2026
Nacional

La Crónica | El PP sortea el riesgo de meter el hantavirus en la campaña andaluza

mayo 11, 2026
Nacional

El PP acaricia la mayoría absoluta en Andalucía con el doble de escaños que el PSOE

mayo 11, 2026
Nacional

“Quien mata a una persona al volante debe saber que puede acabar en la cárcel”

mayo 11, 2026
Cargar más
Novedades

Venezuela: el riesgo de cambiar para que nada cambie

mayo 11, 2026

La singularidad catalana es tener dos ultraderechas

mayo 11, 2026

El turismo masivo colma la paciencia del Albaicín granadino: “No puedes llegar a tu casa”

mayo 11, 2026

La Crónica | El PP sortea el riesgo de meter el hantavirus en la campaña andaluza

mayo 11, 2026

El PP acaricia la mayoría absoluta en Andalucía con el doble de escaños que el PSOE

mayo 11, 2026

“Quien mata a una persona al volante debe saber que puede acabar en la cárcel”

mayo 11, 2026

Clanes armados, redes criminales y comunidades desposeídas: el regreso de los piratas de Somalia

mayo 11, 2026

El flanco este de la OTAN teme quedar más expuesto ante Rusia por el distanciamiento de EE UU

mayo 11, 2026

Orden 1564: el putinismo emprende el gran borrado de los crímenes soviéticos y la veneración a Stalin y la Cheka

mayo 11, 2026

Los chinos hablan sobre la visita de Trump: “No le doy la bienvenida porque ha iniciado guerras”

mayo 11, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto