Nunca mostró síntomas, pero la cuarentena de Mary Mallon duró mucho más que los 42 días que deben permanecer los pasajeros españoles del crucero MV Hondius por el brote de hantavirus. Desde 1907 y hasta su fallecimiento a los 68 años, esta cocinera irlandesa vivió confinada en un hospital de Nueva York por una enfermedad que, sin embargo, no le causó la muerte. Abandonó su reclusión en 1910, pero de nuevo en 1915 las autoridades sanitarias ordenaron su aislamiento por ser un peligro para la salud de cuantos la rodeaban. ‘Typhoid Mary’ (‘María Tifoidea’), como la bautizó la prensa estadounidense de principios de siglo, era portadora asintomática de la Salmonella Typhi y se cree que infectó hasta a 57 personas , tres de las cuales murieron. Su caso se descubrió a principios de siglo, cuando algunas familias adineradas del área de Nueva York enfermaron de fiebre tifoidea sin explicación alguna. La bacteria causante había sido descrita apenas unas décadas antes por el patólogo alemán Karl Joseph Eberth y se sabía que se propagaba por vía digestiva, a través de alimentos, agua o bebidas contaminadas. Se vinculaba a los barrios más humildes, donde la falta de salubridad y de servicios higiénicos causaba graves problemas sanitarios. De ahí la extrañeza que causaron los contagios en casas pudientes. El ingeniero sanitario George Soper investigó las causas y comprobó que Mallon había trabajado como cocinera para siete de las ocho familias afectadas por la mortífera enfermedad. Cuando saltaban las alarmas, desaparecía para volver a colocarse en otro domicilio. Página del New York America de 1909. WIKIPEDIAAlertados por Soper, funcionarios del Departamento de Salud la arrestaron en 1907 y analizaron sus heces. Los exámenes microbiológicos revelaron que era portadora de fiebre tifoidea y ese mismo año fue recluida en el Hospital Riverside para enfermedades infecciosas situado en North Brother Island, una isla del East River frente al Bronx. Mary apeló a los tribunales por menoscabar su libertad individual y su historia logró llamar la atención del periódico ‘New York American’, de William Randolph Hearst. Según recordó Sergi Doria , a raíz de la publicación del libro de Jürg Federspiel ‘La balada de María Tifoidea’, su caso se hizo mediático y, «cual fuego amigo», la prensa «la convirtió en una siniestra caricatura». La ilustración que publicaron, que la mostraba cascando unos huevos en la sartén que adquirían la forma de calaveras bajo el titular de ‘Typhoid Mary’, la acompañaría desde entonces. Noticia relacionada general No No Decíamos ayer El billete español que no llegó a ver la luz Mónica ArrizabalagaTras prometer que no aceptaría ningún empleo en el que manipulara alimentos, quedó en libertad en 1910. Cinco años después, se declararon 25 casos de tifus en la Maternidad Sloane de Manhattan. Al investigar el origen del brote, se descubrió que Mary Mallon trabajaba en sus fogones bajo identidad falsa. «Fue el detonante de su definitivo encierro», señaló el periodista Alberto Aguirre de Cárcer en 2003 . Falleció 23 años después en el Hospital Riverside de una neumonía, tras un infarto cerebral. El chef y escritor estadounidense Anthony Bourdain recordó en ‘El curioso caso de Mary Mallon ‘ esta famosa historia que, según Marina Sanmartín, «confirma hasta qué punto la realidad supera siempre la ficción».’María Tifoidea’ fue la primera portadora asintomática de la fiebre tifoidea identificada en Estados Unidos, pero no la más letal en la historia de Nueva York. La profesora Marta Macho-Stadler recordaba en un artículo publicado en el blog ‘Mujeres con ciencia ‘ de la Universidad del País Vasco que un transportista llamado Tony Labella causó dos brotes en 1922 que afectaron a más de un centenar de personas y dejaron cinco fallecidos. «Aunque cientos de portadores sanos habían sido identificados y vivían en libertad, Mary tuvo en contra a una opinión pública que no le perdonó el no haberse mantenido lejos de la cocina», subrayó Macho-Stadler. Quizá, como sugería la divulgadora científica, esta emigrante irlandesa de mediana edad, soltera y sin formación, nunca llegara a entender cómo podía transmitir una enfermedad que no padecía. Nunca mostró síntomas, pero la cuarentena de Mary Mallon duró mucho más que los 42 días que deben permanecer los pasajeros españoles del crucero MV Hondius por el brote de hantavirus. Desde 1907 y hasta su fallecimiento a los 68 años, esta cocinera irlandesa vivió confinada en un hospital de Nueva York por una enfermedad que, sin embargo, no le causó la muerte. Abandonó su reclusión en 1910, pero de nuevo en 1915 las autoridades sanitarias ordenaron su aislamiento por ser un peligro para la salud de cuantos la rodeaban. ‘Typhoid Mary’ (‘María Tifoidea’), como la bautizó la prensa estadounidense de principios de siglo, era portadora asintomática de la Salmonella Typhi y se cree que infectó hasta a 57 personas , tres de las cuales murieron. Su caso se descubrió a principios de siglo, cuando algunas familias adineradas del área de Nueva York enfermaron de fiebre tifoidea sin explicación alguna. La bacteria causante había sido descrita apenas unas décadas antes por el patólogo alemán Karl Joseph Eberth y se sabía que se propagaba por vía digestiva, a través de alimentos, agua o bebidas contaminadas. Se vinculaba a los barrios más humildes, donde la falta de salubridad y de servicios higiénicos causaba graves problemas sanitarios. De ahí la extrañeza que causaron los contagios en casas pudientes. El ingeniero sanitario George Soper investigó las causas y comprobó que Mallon había trabajado como cocinera para siete de las ocho familias afectadas por la mortífera enfermedad. Cuando saltaban las alarmas, desaparecía para volver a colocarse en otro domicilio. Página del New York America de 1909. WIKIPEDIAAlertados por Soper, funcionarios del Departamento de Salud la arrestaron en 1907 y analizaron sus heces. Los exámenes microbiológicos revelaron que era portadora de fiebre tifoidea y ese mismo año fue recluida en el Hospital Riverside para enfermedades infecciosas situado en North Brother Island, una isla del East River frente al Bronx. Mary apeló a los tribunales por menoscabar su libertad individual y su historia logró llamar la atención del periódico ‘New York American’, de William Randolph Hearst. Según recordó Sergi Doria , a raíz de la publicación del libro de Jürg Federspiel ‘La balada de María Tifoidea’, su caso se hizo mediático y, «cual fuego amigo», la prensa «la convirtió en una siniestra caricatura». La ilustración que publicaron, que la mostraba cascando unos huevos en la sartén que adquirían la forma de calaveras bajo el titular de ‘Typhoid Mary’, la acompañaría desde entonces. Noticia relacionada general No No Decíamos ayer El billete español que no llegó a ver la luz Mónica ArrizabalagaTras prometer que no aceptaría ningún empleo en el que manipulara alimentos, quedó en libertad en 1910. Cinco años después, se declararon 25 casos de tifus en la Maternidad Sloane de Manhattan. Al investigar el origen del brote, se descubrió que Mary Mallon trabajaba en sus fogones bajo identidad falsa. «Fue el detonante de su definitivo encierro», señaló el periodista Alberto Aguirre de Cárcer en 2003 . Falleció 23 años después en el Hospital Riverside de una neumonía, tras un infarto cerebral. El chef y escritor estadounidense Anthony Bourdain recordó en ‘El curioso caso de Mary Mallon ‘ esta famosa historia que, según Marina Sanmartín, «confirma hasta qué punto la realidad supera siempre la ficción».’María Tifoidea’ fue la primera portadora asintomática de la fiebre tifoidea identificada en Estados Unidos, pero no la más letal en la historia de Nueva York. La profesora Marta Macho-Stadler recordaba en un artículo publicado en el blog ‘Mujeres con ciencia ‘ de la Universidad del País Vasco que un transportista llamado Tony Labella causó dos brotes en 1922 que afectaron a más de un centenar de personas y dejaron cinco fallecidos. «Aunque cientos de portadores sanos habían sido identificados y vivían en libertad, Mary tuvo en contra a una opinión pública que no le perdonó el no haberse mantenido lejos de la cocina», subrayó Macho-Stadler. Quizá, como sugería la divulgadora científica, esta emigrante irlandesa de mediana edad, soltera y sin formación, nunca llegara a entender cómo podía transmitir una enfermedad que no padecía.
Nunca mostró síntomas, pero la cuarentena de Mary Mallon duró mucho más que los 42 días que deben permanecer los pasajeros españoles del crucero MV Hondius por el brote de hantavirus. Desde 1907 y hasta su fallecimiento a los 68 años, esta cocinera irlandesa … vivió confinada en un hospital de Nueva York por una enfermedad que, sin embargo, no le causó la muerte. Abandonó su reclusión en 1910, pero de nuevo en 1915 las autoridades sanitarias ordenaron su aislamiento por ser un peligro para la salud de cuantos la rodeaban. ‘Typhoid Mary’ (‘María Tifoidea’), como la bautizó la prensa estadounidense de principios de siglo, era portadora asintomática de la Salmonella Typhi y se cree que infectó hasta a 57 personas, tres de las cuales murieron.
Su caso se descubrió a principios de siglo, cuando algunas familias adineradas del área de Nueva York enfermaron de fiebre tifoidea sin explicación alguna. La bacteria causante había sido descrita apenas unas décadas antes por el patólogo alemán Karl Joseph Eberth y se sabía que se propagaba por vía digestiva, a través de alimentos, agua o bebidas contaminadas. Se vinculaba a los barrios más humildes, donde la falta de salubridad y de servicios higiénicos causaba graves problemas sanitarios. De ahí la extrañeza que causaron los contagios en casas pudientes. El ingeniero sanitario George Soper investigó las causas y comprobó que Mallon había trabajado como cocinera para siete de las ocho familias afectadas por la mortífera enfermedad. Cuando saltaban las alarmas, desaparecía para volver a colocarse en otro domicilio.

(WIKIPEDIA)
Alertados por Soper, funcionarios del Departamento de Salud la arrestaron en 1907 y analizaron sus heces. Los exámenes microbiológicos revelaron que era portadora de fiebre tifoidea y ese mismo año fue recluida en el Hospital Riverside para enfermedades infecciosas situado en North Brother Island, una isla del East River frente al Bronx. Mary apeló a los tribunales por menoscabar su libertad individual y su historia logró llamar la atención del periódico ‘New York American’, de William Randolph Hearst. Según recordó Sergi Doria, a raíz de la publicación del libro de Jürg Federspiel ‘La balada de María Tifoidea’, su caso se hizo mediático y, «cual fuego amigo», la prensa «la convirtió en una siniestra caricatura». La ilustración que publicaron, que la mostraba cascando unos huevos en la sartén que adquirían la forma de calaveras bajo el titular de ‘Typhoid Mary’, la acompañaría desde entonces.
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Tras prometer que no aceptaría ningún empleo en el que manipulara alimentos, quedó en libertad en 1910. Cinco años después, se declararon 25 casos de tifus en la Maternidad Sloane de Manhattan. Al investigar el origen del brote, se descubrió que Mary Mallon trabajaba en sus fogones bajo identidad falsa. «Fue el detonante de su definitivo encierro», señaló el periodista Alberto Aguirre de Cárcer en 2003. Falleció 23 años después en el Hospital Riverside de una neumonía, tras un infarto cerebral. El chef y escritor estadounidense Anthony Bourdain recordó en ‘El curioso caso de Mary Mallon‘ esta famosa historia que, según Marina Sanmartín, «confirma hasta qué punto la realidad supera siempre la ficción».
‘María Tifoidea’ fue la primera portadora asintomática de la fiebre tifoidea identificada en Estados Unidos, pero no la más letal en la historia de Nueva York. La profesora Marta Macho-Stadler recordaba en un artículo publicado en el blog ‘Mujeres con ciencia‘ de la Universidad del País Vasco que un transportista llamado Tony Labella causó dos brotes en 1922 que afectaron a más de un centenar de personas y dejaron cinco fallecidos. «Aunque cientos de portadores sanos habían sido identificados y vivían en libertad, Mary tuvo en contra a una opinión pública que no le perdonó el no haberse mantenido lejos de la cocina», subrayó Macho-Stadler. Quizá, como sugería la divulgadora científica, esta emigrante irlandesa de mediana edad, soltera y sin formación, nunca llegara a entender cómo podía transmitir una enfermedad que no padecía.
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