Una a una, las cuidadoras de Isabel Suárez Arias, fallecida el 28 de junio de 2021 a los 85 años en Madrid, fueron describiendo las anormales circunstancias y situaciones que soportaron en la casa del actor Luis Lorenzo y de su pareja, Arantxa Palomino, durante el tiempo que cuidaron a la anciana, tía de esta última. “No había comida en la casa”, han coincidido varias de ellas. “La nevera estaba vacía”, “solo había leche y galletas y cosas de ese estilo para los dos niños pequeños, hijos de la pareja”, “un día le di yo de mi comida, un sandwich que me había llevado”, “resolvía la cosa como podía”… “La pobre mujer dormía muy estrecha, en la cama del hijo pequeño, casi a ras del suelo”, ha descrito otra. “Apenas tenía ropa, una muda de quita y pon, yo le lavaba una y se la ponía al día siguiente”, contaban. “Arantxa no le dejaba usar el baño para hacer sus necesidades porque decía que causaba muy mal olor y yo la acompañaba a un baño comunitario del edificio, en el garaje”, han repetido varias de las cuidadoras. Ninguna de ellas era responsable de los medicamentos de “la tía Isabel”, ya que —según han contado— se los suministraba su propia sobrina, que era quien establecía las reglas de funcionamiento en la casa, han coincidido todas. “El niño pequeño le daba patadas en las piernas a la pobre señora, provocado por el mayor”, ha relatado una de ellas, que recordaba que se la tuvo que llevar hasta en dos ocasiones a la habitación para que no la agredieran los menores y que la anciana pasaba la mayor parte del tiempo dormida en su cama.
Cuidadoras de la mujer de 85 años y camareras describen situaciones de negligencia y maltrato: “No tenían comida”, “No la dejaban usar su baño”
Una a una, las cuidadoras de Isabel Suárez Arias, fallecida el 28 de junio de 2021 a los 85 años en Madrid, fueron describiendo las anormales circunstancias y situaciones que soportaron en la casa del actor Luis Lorenzo y de su pareja, Arantxa Palomino, durante el tiempo que cuidaron a la anciana, tía de esta última. “No había comida en la casa”, han coincidido varias de ellas. “La nevera estaba vacía”, “solo había leche y galletas y cosas de ese estilo para los dos niños pequeños, hijos de la pareja”, “un día le di yo de mi comida, un sandwich que me había llevado”, “resolvía la cosa como podía”… “La pobre mujer dormía muy estrecha, en la cama del hijo pequeño, casi a ras del suelo”, ha descrito otra. “Apenas tenía ropa, una muda de quita y pon, yo le lavaba una y se la ponía al día siguiente”, contaban. “Arantxa no le dejaba usar el baño para hacer sus necesidades porque decía que causaba muy mal olor y yo la acompañaba a un baño comunitario del edificio, en el garaje”, han repetido varias de las cuidadoras. Ninguna de ellas era responsable de los medicamentos de “la tía Isabel”, ya que —según han contado— se los suministraba su propia sobrina, que era quien establecía las reglas de funcionamiento en la casa, han coincidido todas. “El niño pequeño le daba patadas en las piernas a la pobre señora, provocado por el mayor”, ha relatado una de ellas, que recordaba que se la tuvo que llevar hasta en dos ocasiones a la habitación para que no la agredieran los menores y que la anciana pasaba la mayor parte del tiempo dormida en su cama.
Los últimos meses de vida de la asturiana Isabel Suárez Arias fueron un auténtico calvario, a la luz de los testimonios que se han escuchado en la primera jornada del juicio que se sigue contra el actor Luis Lorenzo y su pareja, Arantxa Palomino, en la Audiencia Provincial de Madrid. La Fiscalía les acusa de maltrato y administración desleal y pide seis años de cárcel. Mientras que la acusación particular, representada por el abogado Jaime Sanz de Bremond, les acusa de estafa, detención ilegal (o en su defecto, coacciones), falsedad en documento público y maltrato. La acusación solicita más de diez años de prisión. Según los familiares de la fallecida, su sobrina solo quería quedarse con la herencia de su tía.
La primera acusación contra la pareja, por un presunto delito de homicidio, fue desestimada después de que se constataran importantes errores en la autopsia inicial, que hablaba de un posible “envenenamiento” de la anciana. En el juicio también está acusada la última cuidadora de la octogenaria, que estaba con ella cuando falleció, y para quien el ministerio público pide dos años y medio de prisión.
Tras el perturbador relato de las cuidadoras, ha llegado el turno de las camareras del VIPS de un centro comercial próximo a la casa de los acusados. Allí llegaron a dejarla hasta ocho horas seguidas un día, hasta que los dependientes de la cafetería, alarmados, llamaron a la policía. Fue el 17 de abril de 2021: “Cuando llegué a mi turno, entre las 12.00 y las 13.00 de la mañana” —ha contado una de las empleadas—, “vi que había una mujer mayor dormida sobre una de las mesas de la terraza”. La voz se corrió entre los trabajadores del local y decidieron despertarla. Le ofrecieron algo de comer, le preguntaron que dónde estaba su familia: “Han ido a hacer unas cosas y ahora después me vienen a recoger”, explicó la mujer. Sin embargo, pasaban las horas y nadie llegaba. “La acompañamos al baño”, “le sacamos unas patatas para que comiera algo”, “le pedimos el teléfono para llamar a sus familiares”… Finalmente, cuando dieron con ellos, les dijeron que habían tenido un pinchazo con el coche y que estaban esperando a la grúa. Después se supo que estaban en la celebración de un cumpleaños en el parque de atracciones de la Warner, relataron otros.
Regresaron a buscarla “cerca de las 21.00 horas”, han coincidido tanto los empleados como el policía local que acudió a su llamada. “¡Tú estás aquí porque quieres! ¡Nadie te ha abandonado!“, han contado los trabajadores del local que le gritó su sobrina Arantxa a la anciana a su llegada, ”zarandeándola del brazo».
Todos han coincidido en que la mujer no podía volver a su casa por su propio pie, que ”se habría desorientado”, y que se lo preguntaron, incluso, pero ella dijo que no sabía regresar. Algunos, incluso, han recordado que la anciana les dijo que ella quería volver a Asturias porque se la habían traído a Madrid engañada. Los empleados y el policía han coincidido en que le afearon a Arantxa la situación de “abandono” en la que había dejado allí un día entero a la pobre mujer, en un estado de debilidad evidente.
La versión de los empleados y de los cuidadores, contrasta enormemente con la de los familiares asturianos de Isabel, de quienes parte la denuncia por “detención ilegal” que llevó a la Guardia Civil hasta la vivienda de la pareja y a su posterior detención tras la muerte de la anciana, que apenas sobrevivió tres meses en casa de su sobrina en Madrid. Los familiares aseguran que Isabel estaba “muy bien de salud”, que hacía su vida completamente hasta días antes de que Arantxa se la llevará sin avisar a Madrid. La propia anciana les dijo a sus cuidadoras que “su sobrina se la había traído a Madrid desde Asturias engañada” el 10 de marzo de 2021. “Vivía sola en su casa de Grado, a 24 kilómetros de Oviedo. Cocinaba para ella y para los demás, cuando íbamos a comer, iba a la huerta, recogía sus frutos y al día siguiente iba al Mercado de la ciudad a vender”, han relatado sus hermanos y otra de sus sobrinas. “Lo único que tenía era sordera y algunas heridillas en las piernas, pero de cabeza andaba perfectamente”, han señalado, a la vez que recordaban las muchas veces que trataron de contactar con ella sin éxito porque nadie contestaba al teléfono.
Los cuidadores, en cambio, ya la recuerdan con una independencia muy limitada, sin posibilidad de salir a la calle por sí misma, con la autonomía mínima, no demasiado habladora, sin teléfono móvil… Una de ellas ha recordado que un día le pidió que le prestara el suyo para llamar a un familiar de Asturias, pero que no recordaba bien el teléfono. “Aquello me costó un tremendo pollo de Arantxa, porque su hijo le dijo que yo le había prestado mi teléfono”, ha recordado.
Todas las cuidadoras han puesto de relieve el complicado carácter de Arantxa, que aunque les decía que la prioridad era su tía, les ponía inabarcables tareas de limpieza de la casa, “muy sucia”. Curiosamente, y según han descrito empleadas y responsables de distintas empresas, todas las trabajadores llegaban a prestar sus servicios en la casa con un extraordinario carácter de “urgencia” que impedía firmar los contratos en condiciones al inicio, y Arantxa postergaba su formalización porque no atendía el teléfono o impedía una correcta comunicación con la empresa intermediaria. “Ni firmó, ni pagó”, ha resuelto la responsable de una de las empresa. “Se les advertían de qué aspectos podían ser negligentes y no los subsanaban”, ha explicado un coordinador de cuidadores. “No compraban los medicamentos necesarios, a veces teníamos que llevarlos nosotros, hasta leche creo que tuvimos que comprar”, ha apuntado.
Por esos motivos, las cuidadoras duraban entre una y dos semanas en la casa de la pareja. Muchas de ellas se despidieron por voluntad propia o fueron despedidas bajo la amenaza de ser denunciadas por Arantxa, por estar sin contrato, han recordado.
La primera sesión del juicio contra el actor Luis Lorenzo y su pareja, Arantxa Palomino, visiblemente deteriorados, ha dejado al aire el abandono, los deficitarios cuidados y el maltrato que sufrió “la tía Isabel” viviendo con ellos y con sus hijos.
