El cónsul de España en Trípoli (capital de Libia), Manuel Baena, se ha desplazado este lunes a Bengasi, en el este del país, para negociar con las autoridades locales la liberación de la periodista española Alicia Armesto, detenida el 24 de mayo junto a otras nueve personas. Todos ellos participaban en el convoy de la Maghreb Sumud Organization, una misión para llevar ayuda humanitaria a la franja de Gaza por vía terrestre a través del norte de África.
Exteriores negocia la liberación de la española Alicia Armesto, que fue arrestada junto a otros nueve integrantes cuando intentaba obtener permiso de las autoridades locales para atravesar el este del país
El cónsul de España en Trípoli, capital de Libia, se ha desplazado este lunes a Bengasi, en el este del país, para negociar con las autoridades locales la liberación de la periodista española Alicia Armesto, detenida el 24 de mayo junto a otras nueve personas. Todos ellos participaban en el convoy de la Maghreb Sumud Organization, una misión para llevar ayuda humanitaria a la franja de Gaza por vía terrestre a través del norte de África.
Según la organización, los 10 arrestados se habían ofrecido como voluntarios para negociar el paso del total de la caravana ―formadas por 230 personas― por Sirte, la ciudad costera entre Trípoli y Bengasi en la que nació el exlíder libio Muamar el Gadafi y que hoy está en manos de grupos rebeldes.
Ahmed, un miembro del comité directivo del grupo que está en Libia, ha explicado a este periódico que no tienen contacto con los 10 detenidos y que carecen de información sobre su estado y paradero, pero que una delegación del consulado italiano pudo visitarles e informó de que están bien de salud. “La mayor parte de la información procede del consulado italiano. Dicen que deberían comparecer ante el tribunal muy pronto, pero todavía no hay información y no sabemos cuál es la situación real”, ha indicado por WhatsApp.
Fuentes de Exteriores han explicado que el viaje del cónsul a la zona tiene como objetivo negociar con las autoridades locales la pronta liberación de la española y ofrecerle protección consular. Tras la detención de los activistas, los organizadores de la misión hicieron un llamamiento público para que los gobiernos de los integrantes en la caravana intercediesen ante las autoridades del este de Libia, una región que está bajo el control del mariscal Jalifa Hafter desde los años posteriores a la caída de Gadafi en 2011.
Durante su estancia en Bengasi, el cónsul se ha reunido con el fiscal general y ha mantenido encuentros con diversas autoridades civiles y militares, según la información proporcionada por Exteriores. La Embajada de España en Trípoli asegura que ha estado movilizada desde el primer momento, aunque reconoce que la compleja situación política y territorial de Libia dificulta las negociaciones, informa Miguel González.
Mientras el Gobierno de Unidad Nacional, con sede en Trípoli, cuenta con reconocimiento internacional, Hafter domina amplias zonas del este del país con el apoyo de aliados regionales como Egipto y Emiratos Árabes Unidos. El Departamento de Estado de Estados Unidos considera esta región una zona de riesgo extremo debido a la presencia de grupos armados, la inestabilidad política, la amenaza terrorista y el elevado riesgo de secuestros.
La última comunicación de la caravana con el grupo ahora retenido se produjo el 24 de mayo a las 15.22 horas, cuando uno de los participantes de esta delegación negociadora informó de que estaban siendo trasladados en tres furgonetas blancas sin identificación. Desde entonces no se ha establecido contacto con ellos, según la organización.
“Comunicaciones extraoficiales indican que las autoridades del este de Libia han alegado que los participantes entraron en la zona sin autorización y están siendo procesados para su deportación”, declaró en un comunicado el equipo de la Global Sumud Flotilla y Maghreb Sumud Organization. Ambas organizaciones rechazan esta versión y aseguran que el convoy actuaba dentro de un proceso de negociación previamente acordado con las autoridades locales.
La caravana terrestre inició su recorrido en Mauritania el pasado 15 de mayo, coincidiendo con la conmemoración de la Nakba palestina. Tenía previsto atravesar varios países del norte de África hasta llegar al paso fronterizo de Rafah, entre Egipto y Gaza.
Los 230 participantes de la caravana son ciudadanos de más de 20 países, y entre ellos hay médicos, ingenieros, abogados, educadores y trabajadores humanitarios. El convoy también transporta siete ambulancias, 20 casas móviles y 10 camiones cargados con ayuda destinada a la población gazatí.
La iniciativa coordinaba su recorrido terrestre con la denominada Global Sumud Flotilla, la misión marítima paralela que fue interceptada por Israel el 18 de mayo y cuyos miembros fueron deportados a sus respectivos países tras sufrir agresiones y torturas por parte de las fuerzas israelíes.
Los organizadores declaran que, antes de iniciar el viaje, solicitaron autorizaciones y garantías de paso seguro a más de 20 gobiernos, incluidos Libia y Egipto. Según explican, las autoridades egipcias respondieron favorablemente y recomendaron coordinar las gestiones con la Media Luna Roja.
Las dificultades comenzaron al llegar a la zona de Sirte, territorio controlado por las fuerzas leales al mariscal Jalifa Hafter. Aunque el convoy atravesó sin incidentes el oeste del país, las autoridades del este bloquearon su avance y exigieron que toda la ayuda humanitaria fuera transferida a la Media Luna Roja Libia. “Se les informó de que solo los ciudadanos libios podrían escoltar la ayuda hasta el paso fronterizo de Sallum, atribuyendo estas órdenes a las autoridades egipcias”, sostienen los organizadores.
“Antes de la entrada de la delegación, el convoy había intentado entablar negociaciones formales en dos ocasiones: el primer intento fue recibido con calidez y promesas de una reunión posterior que nunca se concretó”, sostiene la Global Sumud.
La organización subraya que los integrantes de la expedición enviaron propuestas de negociación, pero que no recibieron respuesta. La caravana decidió enviar una delegación reducida de 10 personas para alcanzar un acuerdo sobre las condiciones del paso. Fue entonces cuando se produjeron las detenciones.
Junto a Armesto permanecen retenidos la polaca Laura Kwoczala, la estadounidense Jenelle Jones, los argentinos María Paula Giménez y Lucas Ezequiel Aguilera, el uruguayo Matías Álvarez Rodríguez, la portuguesa Ana Margarida França Santana Baptista, el tunecino Ashraf Joya y los italianos Domenico Centrone y Leonarda Alberizia.
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