Javier Aguirre tomó una decisión que hirió el orgullo de Guillermo Ochoa una tarde de junio de 2010. Prefirió a un portero suplente y veterano por encima de él en lo que era su momento para eclosionar en el fútbol global. El Vasco dejó en el banquillo a Ochoa, que se quedó con las ganas de jugar su primera Copa del Mundo. Dieciséis años más tarde, el entrenador se redimió con su portero. El destino futbolero, ese lleno de azar y coincidencias, les hizo juntar sus caminos de nuevo en la selección en este Mundial de 2026. Aguirre le concedió poco más de 13 minutos para que jugara su cuarta Copa del Mundo frente a un Estadio Azteca que se rindió ante él al son de El Rey de Vicente Fernández, el tema de victoria de los mexicanos.
El portero mexicano, convocado a seis Copas del Mundo y con participación en cuatro de ellas, se da un baño de masas ante un pletórico Estadio Azteca
Javier Aguirre tomó una decisión que hirió el orgullo de Guillermo Ochoa una tarde de junio de 2010. Prefirió a un portero suplente y veterano por encima de él en lo que era su momento para eclosionar en el fútbol global. El Vasco dejó en el banquillo a Ochoa, que se quedó con las ganas de jugar su primera Copa del Mundo. Dieciséis años más tarde, el entrenador se redimió con su portero. El destino futbolero, ese lleno de azar y coincidencias, les hizo juntar sus caminos de nuevo en la selección en este Mundial de 2026. Aguirre le concedió poco más de 13 minutos para que jugara su cuarta Copa del Mundo frente a un Estadio Azteca que se rindió ante él al son de El Rey de Vicente Fernández, el tema de victoria de los mexicanos.
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