Se ha marchado Pedro Rivero dejando tras de sí una trayectoria personal y profesional al alcance de muy pocos. Solo de aquellos que iluminan y hacen mejores a los que tienen la suerte, como fue mi caso, de cruzarse en su camino. Una senda que merece líneas y líneas de un agradecimiento que tristemente toca condensar en este breve instante. Fue mi mentor, mi consejero y una persona de la que aprendí gran parte de lo que sé sobre el mundo de la energía, pero también sobre el trato con los demás, desde la amabilidad y el respeto. El fundamento de lo que unos llaman mano izquierda; otros, diplomacia, pero que en su caso no era otra cosa que una mezcla de privilegiada inteligencia y de buen carácter.Le conocí cuando, hace más de 25 años, fui nombrado consejero independiente en Red Eléctrica de España. Él ya lo era, porque siempre estuvo al pie del sector eléctrico antes que todos nosotros. Y es que no podemos olvidar que Pedro, primero como vicepresidente ejecutivo y posteriormente como presidente, dirigió con firmeza y gran capacidad de conciliación el sector eléctrico al timón de la Asociación Española de la Industria Eléctrica (UNESA), además de estar presente en el Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).También que desde esa atalaya desde la que vivió en primera línea la transformación tecnológica del sector energético a lo largo de décadas hasta nuestros días y transitó en primera persona hacia la nueva de forma de gestión de la energía en representación de las empresas españolas.Si bien, fue cuando comencé a presidir la Comisión de Energía de CEOE cuando realmente pude conocer más de cerca a Pedro. En la Confederación, en la que llegó a ser uno de nuestros vicepresidentes y cuya presencia hoy en Bruselas le debe tanto, mi trato y trabajo conjunto con él fue aún más estrecho, además de intenso e inagotable. Porque Pedro era un hombre brillante, pero, sobre todo, tuvo una capacidad de trabajo difícil de emular.Siempre he sido consciente de que esos fueron años impagables de aprendizaje constante a su lado y, por fortuna, nuestras conversaciones también tuvieron continuidad ya en su retiro. Porque Pedro siempre fue de los que, en el fondo, nunca se retiran del todo.Estoy seguro de que esa huella que dejó en mi también está presente en tantos otros, porque entre tanta intensidad profesional, siempre tuvo la generosidad de dedicar gran parte de su vida a la docencia para transmitir todo ese conocimiento atesorado.De nuevo, destacó en este ámbito como Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid o Doctor «Honoris Causa» por la Universidad de Castilla-La Mancha, entre otras muchas referencias que aquí podríamos desplegar, entre las que también se encontraría haber sido miembro de la Real Academia de Doctores de España y miembro de la Real Sociedad Geográfica de España.En mi recuerdo de Pedro Rivero también quedará para siempre que, quien también fuera presidente de Liberbank, fue un apasionado del campo, de la naturaleza y de su tierra, algo con lo que siempre me identifiqué. Orgulloso de su Cantabria natal, siempre ejerció como santanderino y siempre que pudo fue allí a disfrutar de su paisaje, de su gente y de su familia.A ellos quiero dedicarles estas últimas palabras. Especialmente a su hija Cristina, que también formó parte de esta casa que es CEOE como directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima y que hoy es la directora general del Club de la Energía.Gracias Pedro por tu generosidad, por compartir tu experiencia y conocimiento y mostrarnos el camino del encuentro en cualquier situación, por difícil que parezca. Ahora toca tratar de sobreponer el dolor de la pérdida con la admiración y el recuerdo de lo que nos enseñaste. Guardaremos ese legado. Descansa en Paz. Se ha marchado Pedro Rivero dejando tras de sí una trayectoria personal y profesional al alcance de muy pocos. Solo de aquellos que iluminan y hacen mejores a los que tienen la suerte, como fue mi caso, de cruzarse en su camino. Una senda que merece líneas y líneas de un agradecimiento que tristemente toca condensar en este breve instante. Fue mi mentor, mi consejero y una persona de la que aprendí gran parte de lo que sé sobre el mundo de la energía, pero también sobre el trato con los demás, desde la amabilidad y el respeto. El fundamento de lo que unos llaman mano izquierda; otros, diplomacia, pero que en su caso no era otra cosa que una mezcla de privilegiada inteligencia y de buen carácter.Le conocí cuando, hace más de 25 años, fui nombrado consejero independiente en Red Eléctrica de España. Él ya lo era, porque siempre estuvo al pie del sector eléctrico antes que todos nosotros. Y es que no podemos olvidar que Pedro, primero como vicepresidente ejecutivo y posteriormente como presidente, dirigió con firmeza y gran capacidad de conciliación el sector eléctrico al timón de la Asociación Española de la Industria Eléctrica (UNESA), además de estar presente en el Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).También que desde esa atalaya desde la que vivió en primera línea la transformación tecnológica del sector energético a lo largo de décadas hasta nuestros días y transitó en primera persona hacia la nueva de forma de gestión de la energía en representación de las empresas españolas.Si bien, fue cuando comencé a presidir la Comisión de Energía de CEOE cuando realmente pude conocer más de cerca a Pedro. En la Confederación, en la que llegó a ser uno de nuestros vicepresidentes y cuya presencia hoy en Bruselas le debe tanto, mi trato y trabajo conjunto con él fue aún más estrecho, además de intenso e inagotable. Porque Pedro era un hombre brillante, pero, sobre todo, tuvo una capacidad de trabajo difícil de emular.Siempre he sido consciente de que esos fueron años impagables de aprendizaje constante a su lado y, por fortuna, nuestras conversaciones también tuvieron continuidad ya en su retiro. Porque Pedro siempre fue de los que, en el fondo, nunca se retiran del todo.Estoy seguro de que esa huella que dejó en mi también está presente en tantos otros, porque entre tanta intensidad profesional, siempre tuvo la generosidad de dedicar gran parte de su vida a la docencia para transmitir todo ese conocimiento atesorado.De nuevo, destacó en este ámbito como Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid o Doctor «Honoris Causa» por la Universidad de Castilla-La Mancha, entre otras muchas referencias que aquí podríamos desplegar, entre las que también se encontraría haber sido miembro de la Real Academia de Doctores de España y miembro de la Real Sociedad Geográfica de España.En mi recuerdo de Pedro Rivero también quedará para siempre que, quien también fuera presidente de Liberbank, fue un apasionado del campo, de la naturaleza y de su tierra, algo con lo que siempre me identifiqué. Orgulloso de su Cantabria natal, siempre ejerció como santanderino y siempre que pudo fue allí a disfrutar de su paisaje, de su gente y de su familia.A ellos quiero dedicarles estas últimas palabras. Especialmente a su hija Cristina, que también formó parte de esta casa que es CEOE como directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima y que hoy es la directora general del Club de la Energía.Gracias Pedro por tu generosidad, por compartir tu experiencia y conocimiento y mostrarnos el camino del encuentro en cualquier situación, por difícil que parezca. Ahora toca tratar de sobreponer el dolor de la pérdida con la admiración y el recuerdo de lo que nos enseñaste. Guardaremos ese legado. Descansa en Paz.
Se ha marchado Pedro Rivero dejando tras de sí una trayectoria personal y profesional al alcance de muy pocos. Solo de aquellos que iluminan y hacen mejores a los que tienen la suerte, como fue mi caso, de cruzarse en su camino. Una senda que … merece líneas y líneas de un agradecimiento que tristemente toca condensar en este breve instante.
Fue mi mentor, mi consejero y una persona de la que aprendí gran parte de lo que sé sobre el mundo de la energía, pero también sobre el trato con los demás, desde la amabilidad y el respeto. El fundamento de lo que unos llaman mano izquierda; otros, diplomacia, pero que en su caso no era otra cosa que una mezcla de privilegiada inteligencia y de buen carácter.
Le conocí cuando, hace más de 25 años, fui nombrado consejero independiente en Red Eléctrica de España. Él ya lo era, porque siempre estuvo al pie del sector eléctrico antes que todos nosotros.
Y es que no podemos olvidar que Pedro, primero como vicepresidente ejecutivo y posteriormente como presidente, dirigió con firmeza y gran capacidad de conciliación el sector eléctrico al timón de la Asociación Española de la Industria Eléctrica (UNESA), además de estar presente en el Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).
También que desde esa atalaya desde la que vivió en primera línea la transformación tecnológica del sector energético a lo largo de décadas hasta nuestros días y transitó en primera persona hacia la nueva de forma de gestión de la energía en representación de las empresas españolas.
Si bien, fue cuando comencé a presidir la Comisión de Energía de CEOE cuando realmente pude conocer más de cerca a Pedro.
En la Confederación, en la que llegó a ser uno de nuestros vicepresidentes y cuya presencia hoy en Bruselas le debe tanto, mi trato y trabajo conjunto con él fue aún más estrecho, además de intenso e inagotable. Porque Pedro era un hombre brillante, pero, sobre todo, tuvo una capacidad de trabajo difícil de emular.
Siempre he sido consciente de que esos fueron años impagables de aprendizaje constante a su lado y, por fortuna, nuestras conversaciones también tuvieron continuidad ya en su retiro. Porque Pedro siempre fue de los que, en el fondo, nunca se retiran del todo.
Estoy seguro de que esa huella que dejó en mi también está presente en tantos otros, porque entre tanta intensidad profesional, siempre tuvo la generosidad de dedicar gran parte de su vida a la docencia para transmitir todo ese conocimiento atesorado.
De nuevo, destacó en este ámbito como Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid o Doctor «Honoris Causa» por la Universidad de Castilla-La Mancha, entre otras muchas referencias que aquí podríamos desplegar, entre las que también se encontraría haber sido miembro de la Real Academia de Doctores de España y miembro de la Real Sociedad Geográfica de España.
En mi recuerdo de Pedro Rivero también quedará para siempre que, quien también fuera presidente de Liberbank, fue un apasionado del campo, de la naturaleza y de su tierra, algo con lo que siempre me identifiqué. Orgulloso de su Cantabria natal, siempre ejerció como santanderino y siempre que pudo fue allí a disfrutar de su paisaje, de su gente y de su familia.
A ellos quiero dedicarles estas últimas palabras. Especialmente a su hija Cristina, que también formó parte de esta casa que es CEOE como directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima y que hoy es la directora general del Club de la Energía.
Gracias Pedro por tu generosidad, por compartir tu experiencia y conocimiento y mostrarnos el camino del encuentro en cualquier situación, por difícil que parezca. Ahora toca tratar de sobreponer el dolor de la pérdida con la admiración y el recuerdo de lo que nos enseñaste. Guardaremos ese legado. Descansa en Paz.
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