Hasta hace nada Bruno Córdoba solo se había dedicado a estudiar. Dejó el instituto y cursó en la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona el doble grado de Administración y Dirección de Empresas (ADE) y Derecho. Al poco tiempo ya sabía que tomaría el desvío de las leyes en busca de un sillón de juez. Dice que le gusta esa función de “escuchar a las partes y resolver conflictos”. Hoy, a sus 29 años, ahí está sentado, en la sala de lo penal del Tribunal de Instancia de Tarragona. Y reconoce que la severidad de todo lo que estudió antes de opositar no tiene nada que ver con lo que hizo en ese camino final, porque en esos tres años que tardó en sacarse los exámenes para acceder a la Escuela Judicial su vida se puso en pausa. El precio de la toga que ahora viste fueron entre ocho y diez horas de estudio durante seis días de la semana para empollar e interiorizar los 325 temas que entraban en las pruebas. “El proceso es muy duro —dice tras la mesa del despacho del juzgado que ocupa en Tarragona—: solo te preocupa tu familia, el temario y la cuestión económica”.
Bruno Córdoba ha estrenado a sus 29 años su plaza de togado en Tarragona tras un largo periodo de hincar codos
Hasta hace nada Bruno Córdoba solo se había dedicado a estudiar. Dejó el instituto y cursó en la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona el doble grado de Administración y Dirección de Empresas (ADE) y Derecho. Al poco tiempo ya sabía que tomaría el desvío de las leyes en busca de un sillón de juez. Dice que le gusta esa función de “escuchar a las partes y resolver conflictos”. Hoy, a sus 29 años, ahí está sentado, en la sala de lo penal del Tribunal de Instancia de Tarragona. Y reconoce que la severidad de todo lo que estudió antes de opositar no tiene nada que ver con lo que hizo en ese camino final, porque en esos tres años que tardó en sacarse los exámenes para acceder a la Escuela Judicial su vida se puso en pausa. El precio de la toga que ahora viste fueron entre ocho y diez horas de estudio durante seis días de la semana para empollar e interiorizar los 325 temas que entraban en las pruebas. “El proceso es muy duro —dice tras la mesa del despacho del juzgado que ocupa en Tarragona—: solo te preocupa tu familia, el temario y la cuestión económica”.
