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  Internacional  Al Shabab atrapa a Somalia en una crisis perpetua
Internacional

Al Shabab atrapa a Somalia en una crisis perpetua

octubre 1, 2026
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Hombres armados el 15 de septiembre en un campamento de desplazados internos en Baidoa, ciudad que estos días es escenario de combates.

Por momentos, se masca la tensión. En tono inquieto, el encargado de seguridad de un convoy de Naciones Unidas que circula por las calles de Mogadiscio, un veterano militar extranjero bregado en varias guerras, trata de averiguar a través del walkie talkie por qué la caravana de siete coches, de la que él mismo forma parte, no avanza. “Charli 1, ¿qué ocurre? ¡No se detenga!”, reclama. Desde el primero de los todoterrenos del convoy blindado, el número dos de la seguridad, otro exmilitar, en este caso local, trata de analizar la situación sobre la marcha.

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Escolta armada que precede a un convoy de la ONU por las calles de Mogadiscio.Hombres armados en una calle de Baidoa, donde una treintena de personas han muerto durante un ataque el 28 de septiembre.Jóvenes armados en Burhakaba, unos 200 kilómetros al oeste de Mogadiscio.Un avión de la ONU en la pista del aeropuerto de Burhakaba, uno de los epicentros del hambre en Somalia. Los terroristas afiliados a Al Qaeda llevan dos décadas poniendo en jaque al gobierno local, que ve cómo la falta de fondos internacionales amenaza la misión antiterrorista de la Unión Africana en medio de una gran crisis humanitaria  

Por momentos, se masca la tensión. En tono inquieto, el encargado de seguridad de un convoy de Naciones Unidas que circula por las calles de Mogadiscio, un veterano militar extranjero bregado en varias guerras, trata de averiguar a través del walkie talkie por qué la caravana de siete coches, de la que él mismo forma parte, no avanza. “Charli 1, ¿qué ocurre? ¡No se detenga!”, reclama. Desde el primero de los todoterrenos del convoy blindado, el número dos de la seguridad, otro exmilitar, en este caso local, trata de analizar la situación sobre la marcha.

La principal amenaza para la hilera de vehículos la representan los yihadistas de Al Shabab, activos desde hace dos décadas en Somalia. En los últimos meses se suceden contra las posiciones de los terroristas en distintas regiones del país los bombardeos de tropas estadounidense o turcas.

Mapas de ubicación

Mientras, los combates se repiten en ciudades como Baidoa, capital administrativa del estado Suroeste, que este diario ha podido visitar recientemente al igual que Mogadiscio. Fuentes locales informan de varios muertos, entre ellos niños, y del empleo de drones el 28 de septiembre durante enfrentamientos entre fuerzas oficialistas y opositoras.

El clima de inseguridad complica la necesaria asistencia humanitaria que reclaman millones de habitantes en un país con un gobierno débil en el que, además, la piratería vuelve a ganar protagonismo en la costa.

Además, la Misión de Apoyo y Estabilización de la Unión Africana (AUSSOM), integrada por más de 11.000 militares y con mandato hasta el 31 de diciembre, puede verse afectada por los recortes en la ayuda internacional, especialmente, por parte de Estados Unidos. Su principal objetivo desde 2007 es hacer frente a Al Shabab. De forma paralela, las guerras vecinas en Etiopía y Yemen suponen otra dificultad.

Un artefacto estalló en Mogadiscio el 14 de septiembre matando, al menos, a tres civiles junto a un check point no lejos de donde EL PAÍS acompañaba a un equipo de Unicef. Se trata solo de una pequeña muestra del poder de Al Shabab, perteneciente al entramado terrorista de Al Qaeda, que controla importantes zonas de este país del Cuerno de África. Al día siguiente de esa explosión, los servicios secretos somalíes anuncian el desmantelamiento en la ciudad de varias redes de Al Shabab y la detención de 11 personas, entre ellas dos mujeres.

Escolta armada que precede a un convoy de la ONU por las calles de Mogadiscio.Luis de Vega

En tres de los coches del convoy, de tipo pick up, dos en cabeza y otro cerrando el grupo, viajan hasta una veintena de escoltas armados. Saltan a la calle con frecuencia para tratar de que el tráfico local les abra paso. No siempre es posible. En medio del atasco, mientras los ciudadanos deambulan con aparente normalidad alrededor y entre los tenderetes de un mercado, el jefe de seguridad pide seguir y, si no es posible, dar media vuelta. No quiere que la caravana siga detenida. Trata de evitar ser víctima de un ataque en forma de tiroteo o por medio de una bomba. El itinerario de paso se decide casi sobre la marcha, a menudo por calles más alejadas de la ruta principal y tras llevar por delante vehículos que han analizado la situación en el área por el que transcurre el convoy.

Más allá de esas escaramuzas en forma de ataques, Al Shabab controla algunas zonas fuera de Mogadiscio. Eso supone un desafío para el normal desarrollo de la misión humanitaria y de estabilización internacional, integrada tanto por militares como por civiles, que supone un pilar necesario para mantener el país en funcionamiento. En todo caso, los principales enemigos de los terroristas son, esencialmente, las autoridades y las Fuerzas de Seguridad locales más que la misión extranjera.

Tras conseguir importantes avances frente a las tropas locales en 2025, la situación en cuanto a posiciones sobre el terreno se encuentra estancada en 2026, según un informe de International Crisis Group. “Grandes extensiones del centro de Somalia siguen bajo el control de los militantes, dejando un estancamiento en el que ninguna de las partes puede mantener la ventaja”, señala el texto del mes de junio.

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Mientras, la inestabilidad sigue a la orden del día en otras regiones. La ciudad de Baidoa, ubicada unos 250 kilómetros al oeste de Mogadiscio, sigue siendo escenario de enfrentamientos como los de este 28 de septiembre. Algunos medios han mostrado vídeos de los choques en las calles y fotos de cadáveres de combatientes.

Hombres armados en una calle de Baidoa, donde una treintena de personas han muerto durante un ataque el 28 de septiembre.Luis de Vega

Baidoa había sufrido ya otros dos ataques en las últimas semanas. En concreto, el 17 de agosto y el 3 de septiembre, pocos días antes de que este diario visitara esa localidad el día 15. La tensión ha ido en aumento en los últimos meses, reconoce una fuente local. Por las calles es constante la presencia de vehículos todoterreno repletos de jóvenes armados. Malaka Ibrahim Edin, una mujer de 40 años, explica que su hermano Abshir, de 19, murió por un disparo el 17 de agosto en el campamento de desplazados donde habita la familia.

“No hay ninguna tensión política que afecte a nuestra labor diaria”, defiende Abdikadir Sharif Shekuna, máximo representante de la Sanidad en el estado Suroeste, donde se ubica Baidoa, al ser preguntado por el conflicto, que preocupa de manera importante a la misión de la ONU.

“Las escuelas funcionan, el gobierno trabaja y todo va bien. No existe miedo alguno en Baidoa. Todo está bajo control gubernamental, aunque, como sabe, pueden producirse ataques. Esto no sucede solo en Baidoa o en Mogadiscio, sino que ocurre incluso en los mejores lugares de Europa”, añade el político tratando de restar importancia a los enfrentamientos durante su visita a las instalaciones de un hospital en el que son tratados menores desnutridos.

El presidente del país, Hassan Sheikh Mohamud, ha instado a las Naciones Unidas y a sus aliados a que apoyen la celebración de elecciones en un proceso de transición en el que Somalia mantenga el control. Pero la oposición no acaba de dar por buenas las condiciones, aunque sí considera que se deben celebrar comicios. A su vez, la unidad nacional está comprometida por las aspiraciones y diferencias con Mogadiscio que se viven en los estados de Puntlandia, Jubalandia y Somalilandia. Este último funciona casi como independiente de facto desde 1991, aunque solo ha recibido el reconocimiento de Israel.

Escasez de fondos

Pese a que el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 trajo como consecuencia un serio recorte de fondos para ayuda humanitaria a Somalia ―Washington pasó del primer al décimo puesto ―, su actividad antiterrorista sigue siendo intensa en este país. Solo en lo que va de 2026 han llevado a cabo decenas de bombardeos contra posiciones de Al Shabab y Estado Islámico, las dos últimas a mediados de septiembre, según ha informado el mando militar de EE UU para África (Africom). También fuerzas turcas cooperan con el ejército local en tareas similares.

Jóvenes armados en Burhakaba, unos 200 kilómetros al oeste de Mogadiscio.Luis de Vega

En los últimos meses, Al Shabab ha llevado a cabo “esfuerzos para mejorar las relaciones con la población en las zonas que controla”, lo que “ha contribuido a afianzar su poder” mientras el gobierno se ve acosado por crecientes luchas políticas internas a medida que la ayuda exterior disminuye”, según International Crisis Group. De hecho, apenas un 30% del dinero que se necesita para el plan de atención humanitaria en el presente año, que asciende a 852 millones de dólares (unos 747 millones de euros), está financiado. Los recortes han obligado a cerrar 205 centros de salud.

Durante un encuentro con las autoridades de Burhakaba, cerca de Baidoa, al que también asiste EL PAÍS, integrantes de Unicef solicitan su colaboración para que la ayuda humanitaria pueda ser distribuida en zonas a las que ahora no llega. La presencia de Al Shabab es notoria cerca de Burhakaba, donde pocos días antes cuatro empleados de una ONG fueron retenidos durante unas horas, algo que los responsables locales dicen que se debió a bandidos en busca de dinero. Los vehículos de la ONU han de moverse de forma permanente bajo escolta armada por la zona, adonde el equipo llega obligatoriamente por avión, nunca por carretera y se ha de realizar un seguimiento permanente de la seguridad en el entorno.

El Gobierno de Somalia, ante esta coyuntura, debe “fomentar que las organizaciones humanitarias entreguen más ayuda en territorio controlado por Al Shabab” para aliviar la crisis que golpea a la población, recomienda International Crisis Group, que aboga por una negociación entre ambas partes antes que por mantener el choque armado. “Nuestro objetivo es convertirnos en una democracia eficaz donde las diferencias se resuelvan mediante el diálogo, la ley y las elecciones, no la violencia”, señaló el presidente somalí ante la reciente Asamblea General de la ONU.

El armazón económico basado en fondos internacionales que ha sostenido a este país durante décadas podría estar llegando a su fin cuando, según los especialistas, el Estado no está preparado ni cuenta con las herramientas necesarias para ser del todo autónomo. Pese a todo, el sector privado es “conocido por su resiliencia y capacidad de adaptación” y “ha liderado los avances en telecomunicaciones, servicios financieros, transporte, procesamiento agroindustrial y soluciones de energía renovable”, según una convocatoria de la Unión Europea para un foro que tendrá lugar a primeros de octubre. Pero, añade, “persisten desafíos como el acceso limitado a la financiación, la fragmentación de los mercados y las limitaciones de seguridad”.

En Mogadiscio retumba todavía el impacto del que está considerado uno de los mayores atentados terroristas de la historia tras el del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. La explosión de un camión bomba dejó 588 muertos el 14 de octubre de 2017, según el Global Terrorism Index.

Una enorme fortaleza acoge en Mogadiscio al grueso de la misión de Naciones Unidas y a la de militares internacionales, entre ellos una veintena de españoles. Se encuentra delante de la pista del aeropuerto, asomado al océano Índico, convertido en la zona más segura de la capital. En ese entramado de muros de hormigón, controles policiales, vehículos acorazados y búnkeres habitan varios miles de extranjeros. Su objetivo es mantener a flote un país cuyas instituciones siguen renqueando después de más de tres décadas de conflicto. El trabajo de algunos de ellos transcurre durante meses sin apenas salir de esa burbuja blindada y con un limitado contacto con la población local.

El integrante de una de las agencias de la ONU ―en este caso sí es de los que pisa terreno― se dedica desde hace más de dos años a observar y fotografiar la actividad de todo tipo de aviones, helicópteros y hasta drones con los que se vigila y combate a Al Shabab. Su colección de imágenes es nutrida. Habla de los F16, los A400 y los drones tipo Bayraktar, incluida su variedad Akinci, de Turquía. Este país, además de colaborar con el ejército local, trata de ganar influencia en Somalia. El empleado de la ONU detalla otros aparatos: estadounidenses, rusos, de países del Golfo, británicos…

El trasiego en la pista es constante, relata, con cargamentos de armas, personal, dinero en efectivo, ayuda humanitaria y hasta khat. Los vuelos con las hoja del arbusto, que lleva el miso nombre y popular droga de uso cotidiano en Somalia y otros países de la región, aterrizan de madrugada procedentes de la vecina Kenia. A primera hora, los vendedores la tienen disponible a pie de calle. Un tumulto matinal agolpa junto al aeropuerto cada mañana a los distribuidores. Al Sabab quiere acabar con su consumo.

Un avión de la ONU en la pista del aeropuerto de Burhakaba, uno de los epicentros del hambre en Somalia.Luis de Vega

Pero si hay un hecho que permite recordar la historia reciente de la capital somalí es la sombra todavía perenne de una de las grandes batallas urbanas del siglo pasado. Ocurrió el 3 de octubre de 1993, en las calles de Mogadiscio, que hoy cuenta con unos 4,5 millones de habitantes.

Una veintena de uniformados de las fuerzas especiales estadounidenses y en torno a un millar de milicianos y vecinos somalíes murieron durante la operación para capturar a dos mandos del clan liderado por un señor de la guerra, Mohamed Farrah Aidid, que ocupó brevemente la presidencia del país. La obra de Mark Bowden que narra esa batalla, Black Hawk Derribado, fue llevada a la gran pantalla por Ridley Scott en 2001 y está considerada una joya del cine bélico. Pero tuvo que rodarse en Marruecos, entre otros motivos, por los problemas de seguridad de Somalia.

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