Dos secuencias vitales explican a Álvaro Morte , artesano y estrella global de la interpretación. En la primera lo encontramos el 30 de enero de 2005, rodeado de compañeros de la Escuela de Cine de Madrid (ECAM) detrás de una tapia del Campo de las Naciones. Ha llegado a la capital hace apenas unos meses después de formarse en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba y de una beca en Finlandia. Está abriéndose camino en una industria ingrata para los que llegan sin padrino: un papel secundario por aquí, un episódico por allá… Nada estable. Pero Morte, que no era ningún crío, sabe que para que a uno lo vean hay que estar en los sitios y allí, tras ese muro en la zona más fría de Madrid, tiene un objetivo: colarse en la fiesta de los Goya . Lo hará, claro, aunque por entonces nadie podría imaginar que dos décadas después él sería uno de los grandes embajadores del audiovisual español en el mundo. En la segunda escena lo encontramos más atrás aún, siendo niño: es su cumpleaños y sopla las velas en su casa de un pueblo de Córdoba. Es el sexto 23 de febrero que el joven Álvaro, nacido en 1975, celebra. Él es feliz como solo un niño puede serlo frente a una tarta hasta que la alegría compartida con sus padres se giró en una preocupación colectiva: es 23 de febrero de 1981, el Golpe de Estado . Y todos esos momentos de su vida confluyen aquí y ahora en Álvaro Morte, sentado en el cine del Espacio Fundación Telefónica repasando su vida y hablando de su último personaje, un Adolfo Suárez que aquel 23 de febrero de 1981 no estaba para tartas. Morte protagoniza ‘ Anatomía de un instante ‘, la serie que en cuatro episodios adapta la obra de Javier Cercas y que se estrena mañana en Movistar Plus+, un retrato de la Transición a través de tres ‘traidores’ que, pese a fallar a los suyos, ganaron la democracia para todos. Noticia Relacionada estandar No Alberto Rodríguez: «En la política actual se echa en falta las ganas de dialogar que había en la Transición» Fernando Muñoz El cineasta está en la Sección oficial del Festival de San Sebastián por partida doble: la película ‘Los Tigres’, con la que compite por la Concha de oro, y la serie ‘Anatomía de un instante’, que se proyecta fuera de competición-Un actor que se considera ‘artesano’, que estudia hasta la extenuación a los personajes… ¿cómo hizo para atrapar a Adolfo Suárez, un hombre que tenía una faceta muy pública y dimensionada y otra muy íntima y desconocida?-Era la no pública la que me interesaba. Acercarme al tipo que había detrás de aquella máscara de político. Más allá de la información que da Cercas en su libro, he visto todos los vídeos que he podido y luego llega un momento en que te pones en sintonía con lo que necesita el director, Alberto Rodríguez, para que entre todos conformemos lo que vamos a hacer. He descubierto un tipo del que todos tenemos esa imagen de carismático, arrollador, embaucador, seductor, el político perfecto… y del que luego descubres que hizo unas cosas muy bien y otras mal, pero eso también le da profundidad y humanidad.-¿Sintió el peso del traje la primera vez que se lo puso? -Fue impresionante. El primer día de grabación fue muy raro porque yo llegué un lunes a España después de hacer teatro en Londres y el viernes nos metimos a grabar en el Congreso, porque eran los únicos días que nos dejaban, y después hicimos los ensayos. Habíamos hecho pruebas de maquillaje, peluquería, etcétera, pero todas por separado. Y aquel día me puse el traje definitivo que había confeccionado Fernando, el estilista, la nariz definitiva que había generado Nacho de Efectos, el maquillaje final de Yolanda… Y era la primera vez que yo, Álvaro Morte, entraba en el Congreso. Y claro, entrar caracterizado como Adolfo Suárez en el hemiciclo y ver los tiros que siguen ahí… Fue muy emocionante sentir esa responsabilidad en el escaño del que no se bajó cuando entraron los golpistas. Anatomía de una caracterización Álvaro Morte, como Adolfo Suárez, durante el rodaje de la serie de Movistar Plus+ ‘Anatomía de un instante’ Julio Vergne-Cada uno tiene un Suárez en su cabeza…-Creo que la memoria es caprichosa y es selectiva y se va deformando con el tiempo. Todos podemos recordar a Suárez, pero cada uno recordará a un Suárez distinto. Lo he encarnado desde el mayor respeto y prudencia e intentando no hacer una imitación, sino buscar algo más esencial de lo que fue.- Alberto Rodríguez contó en ABC que Carrillo no se tiró al suelo porque, muy resumido, creía que lo iban a matar; Gutiérrez Mellado tampoco porque se vio como el viejo golpista frenando a los nuevos… Pero Suárez, ¿por qué no se tiró al suelo?-Es una pregunta que nos hemos hecho muchas veces. Todos hemos visto las imágenes del Congreso en planos generales, pero nosotros en la serie hemos tenido la oportunidad de acercarnos con un primer plano, y cuando ves la mirada hay muchas posibilidades para un actor porque ese primer plano no existe en los archivos. No sabemos exactamente por qué se quedó de pie. Yo le dije a Alberto que si íbamos a hacer cinco tomas, le iba a hacer una cosa distinta en cada una y que luego él decidiera, que le dejaba la responsabilidad (risas). Suárez era un tipo que tenía un altísimo sentido de la responsabilidad, también era un tipo con un ego importante al que le podía interesar figurar para la posteridad; era alguien que tenía su vanidad pero también su honestidad… y también era un tipo muy valiente. No creo en las emociones puras. Hay siempre una mezcla de cosas que generan un cóctel a veces indescifrable. Seguramente ni él mismo tenía la respuesta. -¿Se ha preguntado qué hubiera hecho usted?-Afortunadamente no tengo el peso del país sobre mis hombros, ni lo tendré nunca. Las tres cabezas de las que hablamos – Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado – tenía cada uno sus razones para mantenerse de pie porque ya no tenían mucho más que perder. -La serie y la novela habla de esos tres ‘traidores’. ¿Entiende su traición? ¿Hay mucha traición también en la industria audiovisual?-En el libro, como lo expone Cercas, sí que es verdad que, gracias a estos ‘tres grandes traidores’, nosotros disfrutamos de la democracia. Hay que ser muy valiente y tener mucho coraje para atreverte a traicionar a los tuyos para conseguir un bien común mucho más allá de tu beneficio propio. Yo en la industria, si es por lo que me estás preguntando, no te voy a engañar, hay veces que se ven cosas que quizá sí sean sibilinas, pero bueno, a mí me gusta llevar al menos mi vida de la forma más honesta posible; me niego en rotundo a mentir en mi día a día. Quizá una mentira piadosa te la digo para hacer una broma, pero la mentira es algo que tengo muy apartada, la uso única y exclusivamente para interpretar. Y creo que la traición va directamente relacionada con la mentira. -¿Cree que la sociedad española ha sido justa con la Transición? -La Transición que se hizo no era la Transición perfecta, pero entre otras cosas porque nadie es perfecto ni se pueden hacer las cosas perfectas. Se hizo lo que se pudo y afortunadamente llegamos a poder consolidar una democracia. Hay muchísima gente mayor, y me incluyo yo, que tengo 50 años, que no acaba de tener realmente claro lo que sucedió en aquellos años. Hablas con gente de mi edad, incluso de generaciones posteriores, que no son conscientes de la proeza. Me resulta sorprendente que no hayamos aprendido más de eso, y más todavía que no hayamos valorado más a Suárez, al que se le denostó y al que no se le empezó a reconocer hasta que ya había perdido la cabeza. El hecho de que hoy por hoy haya generaciones jóvenes que consideren que es peor la democracia que tenemos que una dictadura es muy preocupante. Esa desinformación es muy peligrosa, debiéramos saber lo que supuso, lo que ganamos en su momento y que no nos haga volver hacia atrás.Noticia Relacionada opinion Si La libertad quedó impresa Ángel Antonio Herrera «Adolfo, que es y no es Álvaro, remira ese día un ejemplar atrasado pero vigentísimo de ABC, en concreto la edición del día 19 de noviembre de 1976»-¿Y la industria audiovisual ha tenido responsabilidad en no contarla?-Son temas que siguen escociendo a alguna parte de la sociedad y que a lo mejor por eso se ha tratado con más prudencia. Poner esta producción sobre la mesa sirve también para que reflexionemos. No damos opiniones personales, solo los datos que Cercas tiene muy investigados en su ensayo. Somos un país que tenemos una relación un poco extraña con nuestros héroes. Por ejemplo, hace unos años hice ‘Sin límites’, que hablaba sobre la gesta de que, hace 500 años, un español de Guetaria fuera el primero en dar la vuelta al mundo. Si ese tipo hubiera sido británico, lo conocería todo el planeta y estaríamos haciendo celebraciones de todo tipo, y yo no vi una celebración exagerada ni que nos sintiéramos especialmente orgullosos de que hubiera sido uno de los nuestros quien dio la vuelta al mundo. Hay veces que nos cuesta sentirnos orgullosos de nosotros mismos y me parece que es una pena.-Que alguien nacido el 23F de 1975 haga una serie sobre Suárez y el 23F… -Es una casualidad magnífica. -¿Tiene algún recuerdo? -Muy vagos… Mis abuelos lucharon en la guerra en el bando de Franco porque hicieron la mili en la Guardia Civil y les estalló el conflicto justo en la cara… Mis padres votaron a Felipe y sí que recuerdo las discusiones en casa cada vez que aparecía según qué personaje en la tele. Si aparecía Carrillo o Felipe González mi abuelo hacía comentarios. Sí recuerdo cómo bullía el momento político en aquel entonces, pero no recuerdo mucho más porque era muy pequeño. Miradas Arriba, Manolo Solo como Gutérrez Mellado y Álvaro Morte como Suárez en el Congreso; abajo, Alberto Rodríguez da instrucciones a Morte durante una secuencia. En último lugar, Morte en el Congreso de los Diputados-¿Cómo ha manejado el ego del político con el ego del actor?-El ego es una cosa que un actor tiene que aprender a gestionar, y al menos yo lo que intento hacer a la hora de interpretar un personaje es dejar que me invada su ego. Tienes que asumir que tú eres un tornillo más de la máquina, una pieza de todo el engranaje y que la construcción que yo hago, en este caso de Suárez, en absoluto depende solo de mí. -La serie es un ejercicio de memoria, le propongo un ejercicio de memoria a su carrera. ¿Cuál es el primer flash que le viene si le digo que viaje a principios de los 2000?-Recuerdo aquella sensación de vértigo y vertiginosa de la llegada a Madrid con toda la ilusión y con todo el miedo, todo junto en una coctelera. Recuerdo presentarme a castings y mirar a mi alrededor y decir, «madre mía, no sé nada de la vida, ¿qué hago aquí?». También poquito a poco repetir con directores de casting hasta que ya empezaba a sonarles mi cara, sembrar para que te conozcan… Y sobre todo, recuerdo todo aquello con muchas inseguridades y muchísimos miedos, sí.-¿Hacemos un salto al primer papel recurrente ya en una serie diaria? -Empezaba a hacer cosas muy pequeñitas: episodio en ‘Hospital Central’ o ‘Policías’… en Canal Sur, en ‘Arrayán’, que la veía toda Andalucía, llegué a hacer tres personajes diferentes. Rascaba lo que podía, me iba a todos los festivales de cine, de cortometrajes… Me he colado en todas las fiestas del mundo: en los Goya de ‘Mar Adentro’ lo hice saltando una tapia con unos amigos de la ECAM. Estaba entusiasmado en aquel entonces, con todas las ganas del mundo y quería entrar en el mundo del cine aunque fuera saltando tapias. -Luego llega ‘El secreto de Puente Viejo’, con un papel recurrente que le da estabilidad, y de pronto el ‘boom’ de El profesor. ¿Estos años han pasado como un suspiro o como una vida?-Uf… sí que es verdad que echas la mirada y parece que fue ayer… Pero hablabas de ‘estabilidad’, y creo que en este medio no hay estabilidad ninguna; la estabilidad es muy efímera. Yo he tenido la enorme, enorme suerte de prácticamente no dejar de trabajar desde antes de ‘La Casa de Papel’. Tuve una racha de la que me siento increíblemente agradecido. Y luego pues sí, pasaron muchísimas cosas y la vida da muchas vueltas, hay torbellinos a tu alrededor y creo que hay que intentar mantenerse en un estado que es el sentido común para no dejarte arrastrar por esos huracanes que pasan al lado.-¿Es más difícil manejarse en ese huracán de fama o en la angustia de que no suene el teléfono?-Cada una tiene su dificultad. Por supuesto es mucho más cómodo -sería un imbécil si dijera lo contrario- gestionar la popularidad que no el no saber cómo vas a llegar a fin de mes, pero esto es parte del oficio también. Yo me he visto muchísimas veces así. Empiezo con 20, 22 años, y cuando a mí me llega esta parte en la que he podido ir trabajando me pilla ya con 40, es decir, he pasado por muchas etapas. Pero incluso cuando no sabía cómo llegar a fin de mes he dicho que no a cosas que no me convencían, y de eso estoy muy orgulloso. Sobre la popularidad… tienes que intentar gestionarla, porque es una cosa muy rara y que tienes que intentar encajar para poder manejarla porque es una sensación muy extraña perder el anonimato absolutamente y que allá donde vayas la gente te reconozca. Noticia Relacionada patrocinada No En Movistar Plus+: una serie española que ha logrado lo que muy pocas en la historia Antonio Bret Alberto Rodríguez se ha marcado con Anatomía de un instante todo un hito, además de entregar una de las posibles series del año-Decir que no es un poder. -Decir ‘no’ quizás sea el poder más importante que tiene un actor, porque es lo que define de verdad tu libertad. Álvaro Morte, protagonista de ‘Anatomía de un instante’ Tania Sieira-Ahora puede escoger…-Me encuentro en un momento muy dulce, que no significa que pueda hacer lo que quiera. Álvaro Morte y su pasión por el teatro—¿Qué es ‘300 pistolas’, su proyecto teatral, y por qué esa idea casi romántica de levantar obras de teatro?—El nombre de la compañía viene porque a nosotros nos gustan mucho los clásicos. Y en los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas hay un momento en el que d’Artagnan tiene que ir desde París hasta Londres y volver en 24 horas para recuperar los herretes de la reina. Y cuando está preparando el viaje, el señor de Treville le dice que es una empresa tremendamente arriesgada, que el Cardenal Richelieu le va a poner millones de trabas y problemas… y entonces le pregunta si tiene dinero para enfrentarse a esa aventura y d’Artagnan responde: «Sí, tengo 300 pistolas». La pistola en aquel entonces, además de un arma, era una moneda que equivalía a dos escudos. Entonces es una respuesta con doble sentido: tengo el dinero y tengo el coraje para enfrentarme a este aventurón tan complicado. Y nosotros cuando estábamos montando la compañía de teatro, nos parecía que estando como están las cosas, atreverte a montar una compañía era una aventura tremendamente para la que necesitábamos muchísimo coraje.–¿Qué le aporta el teatro a su forma de trabajar y de ser? –Yo no me había vestido ni de pastorcito en el colegio así que imagínate lo muchísimo que sorprendió en mi casa cuando yo comuniqué que quería dedicarme a la interpretación. No entendían nada porque nadie en mi familia nunca se dedicó a esto. Mi formación arranca en el teatro. Lo primero que hice de interpretación fue directamente los cuatro años de Arte Dramático en Córdoba, y eso todavía me ofrece la raíz, me ofrece el sustento. Hay cosas en mis interpretaciones ante la cámara que sigo conectando con cosas que aprendí en segundo de Arte Dramático. Y me sigue entusiasmando ponerme encima de un escenario y dirigir teatro.Te voy a contar una acnécdota: Hay un momento en el que, en una de esas etapas de vacas flacas y de no saber cómo llegar a fin de mes, me contratan como técnico de iluminación y sonido en una compañía que hacía, entre otras cosas, funciones clásicas para los niños, en los colegios. Y yo, que era adulto, veía la representación y me daban ganas de pegarme un tiro de lo que era aquello, no podía ser más aburrido, más denso y más alejado del lenguaje que manejaban -y no hablo del literal- los jóvenes. Y de repente dijimos, ¿por qué no intentamos hacer algo desde una perspectiva un poquito más dinámica, más fresca y que nos acerquemos un poquito más a lo que la gente joven pueda necesitar? Porque pensábamos que si una chavala de 14, 15 años se acerca al teatro por primera vez y no le gusta, es muy difícil que repita. Y bueno, nos lanzamos desde ahí, y no hacemos campañas escolares, ni muchísimo menos, pero arrancó el proyecto desde una necesidad de conectar con la gente joven. Dos secuencias vitales explican a Álvaro Morte , artesano y estrella global de la interpretación. En la primera lo encontramos el 30 de enero de 2005, rodeado de compañeros de la Escuela de Cine de Madrid (ECAM) detrás de una tapia del Campo de las Naciones. Ha llegado a la capital hace apenas unos meses después de formarse en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba y de una beca en Finlandia. Está abriéndose camino en una industria ingrata para los que llegan sin padrino: un papel secundario por aquí, un episódico por allá… Nada estable. Pero Morte, que no era ningún crío, sabe que para que a uno lo vean hay que estar en los sitios y allí, tras ese muro en la zona más fría de Madrid, tiene un objetivo: colarse en la fiesta de los Goya . Lo hará, claro, aunque por entonces nadie podría imaginar que dos décadas después él sería uno de los grandes embajadores del audiovisual español en el mundo. En la segunda escena lo encontramos más atrás aún, siendo niño: es su cumpleaños y sopla las velas en su casa de un pueblo de Córdoba. Es el sexto 23 de febrero que el joven Álvaro, nacido en 1975, celebra. Él es feliz como solo un niño puede serlo frente a una tarta hasta que la alegría compartida con sus padres se giró en una preocupación colectiva: es 23 de febrero de 1981, el Golpe de Estado . Y todos esos momentos de su vida confluyen aquí y ahora en Álvaro Morte, sentado en el cine del Espacio Fundación Telefónica repasando su vida y hablando de su último personaje, un Adolfo Suárez que aquel 23 de febrero de 1981 no estaba para tartas. Morte protagoniza ‘ Anatomía de un instante ‘, la serie que en cuatro episodios adapta la obra de Javier Cercas y que se estrena mañana en Movistar Plus+, un retrato de la Transición a través de tres ‘traidores’ que, pese a fallar a los suyos, ganaron la democracia para todos. Noticia Relacionada estandar No Alberto Rodríguez: «En la política actual se echa en falta las ganas de dialogar que había en la Transición» Fernando Muñoz El cineasta está en la Sección oficial del Festival de San Sebastián por partida doble: la película ‘Los Tigres’, con la que compite por la Concha de oro, y la serie ‘Anatomía de un instante’, que se proyecta fuera de competición-Un actor que se considera ‘artesano’, que estudia hasta la extenuación a los personajes… ¿cómo hizo para atrapar a Adolfo Suárez, un hombre que tenía una faceta muy pública y dimensionada y otra muy íntima y desconocida?-Era la no pública la que me interesaba. Acercarme al tipo que había detrás de aquella máscara de político. Más allá de la información que da Cercas en su libro, he visto todos los vídeos que he podido y luego llega un momento en que te pones en sintonía con lo que necesita el director, Alberto Rodríguez, para que entre todos conformemos lo que vamos a hacer. He descubierto un tipo del que todos tenemos esa imagen de carismático, arrollador, embaucador, seductor, el político perfecto… y del que luego descubres que hizo unas cosas muy bien y otras mal, pero eso también le da profundidad y humanidad.-¿Sintió el peso del traje la primera vez que se lo puso? -Fue impresionante. El primer día de grabación fue muy raro porque yo llegué un lunes a España después de hacer teatro en Londres y el viernes nos metimos a grabar en el Congreso, porque eran los únicos días que nos dejaban, y después hicimos los ensayos. Habíamos hecho pruebas de maquillaje, peluquería, etcétera, pero todas por separado. Y aquel día me puse el traje definitivo que había confeccionado Fernando, el estilista, la nariz definitiva que había generado Nacho de Efectos, el maquillaje final de Yolanda… Y era la primera vez que yo, Álvaro Morte, entraba en el Congreso. Y claro, entrar caracterizado como Adolfo Suárez en el hemiciclo y ver los tiros que siguen ahí… Fue muy emocionante sentir esa responsabilidad en el escaño del que no se bajó cuando entraron los golpistas. Anatomía de una caracterización Álvaro Morte, como Adolfo Suárez, durante el rodaje de la serie de Movistar Plus+ ‘Anatomía de un instante’ Julio Vergne-Cada uno tiene un Suárez en su cabeza…-Creo que la memoria es caprichosa y es selectiva y se va deformando con el tiempo. Todos podemos recordar a Suárez, pero cada uno recordará a un Suárez distinto. Lo he encarnado desde el mayor respeto y prudencia e intentando no hacer una imitación, sino buscar algo más esencial de lo que fue.- Alberto Rodríguez contó en ABC que Carrillo no se tiró al suelo porque, muy resumido, creía que lo iban a matar; Gutiérrez Mellado tampoco porque se vio como el viejo golpista frenando a los nuevos… Pero Suárez, ¿por qué no se tiró al suelo?-Es una pregunta que nos hemos hecho muchas veces. Todos hemos visto las imágenes del Congreso en planos generales, pero nosotros en la serie hemos tenido la oportunidad de acercarnos con un primer plano, y cuando ves la mirada hay muchas posibilidades para un actor porque ese primer plano no existe en los archivos. No sabemos exactamente por qué se quedó de pie. Yo le dije a Alberto que si íbamos a hacer cinco tomas, le iba a hacer una cosa distinta en cada una y que luego él decidiera, que le dejaba la responsabilidad (risas). Suárez era un tipo que tenía un altísimo sentido de la responsabilidad, también era un tipo con un ego importante al que le podía interesar figurar para la posteridad; era alguien que tenía su vanidad pero también su honestidad… y también era un tipo muy valiente. No creo en las emociones puras. Hay siempre una mezcla de cosas que generan un cóctel a veces indescifrable. Seguramente ni él mismo tenía la respuesta. -¿Se ha preguntado qué hubiera hecho usted?-Afortunadamente no tengo el peso del país sobre mis hombros, ni lo tendré nunca. Las tres cabezas de las que hablamos – Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado – tenía cada uno sus razones para mantenerse de pie porque ya no tenían mucho más que perder. -La serie y la novela habla de esos tres ‘traidores’. ¿Entiende su traición? ¿Hay mucha traición también en la industria audiovisual?-En el libro, como lo expone Cercas, sí que es verdad que, gracias a estos ‘tres grandes traidores’, nosotros disfrutamos de la democracia. Hay que ser muy valiente y tener mucho coraje para atreverte a traicionar a los tuyos para conseguir un bien común mucho más allá de tu beneficio propio. Yo en la industria, si es por lo que me estás preguntando, no te voy a engañar, hay veces que se ven cosas que quizá sí sean sibilinas, pero bueno, a mí me gusta llevar al menos mi vida de la forma más honesta posible; me niego en rotundo a mentir en mi día a día. Quizá una mentira piadosa te la digo para hacer una broma, pero la mentira es algo que tengo muy apartada, la uso única y exclusivamente para interpretar. Y creo que la traición va directamente relacionada con la mentira. -¿Cree que la sociedad española ha sido justa con la Transición? -La Transición que se hizo no era la Transición perfecta, pero entre otras cosas porque nadie es perfecto ni se pueden hacer las cosas perfectas. Se hizo lo que se pudo y afortunadamente llegamos a poder consolidar una democracia. Hay muchísima gente mayor, y me incluyo yo, que tengo 50 años, que no acaba de tener realmente claro lo que sucedió en aquellos años. Hablas con gente de mi edad, incluso de generaciones posteriores, que no son conscientes de la proeza. Me resulta sorprendente que no hayamos aprendido más de eso, y más todavía que no hayamos valorado más a Suárez, al que se le denostó y al que no se le empezó a reconocer hasta que ya había perdido la cabeza. El hecho de que hoy por hoy haya generaciones jóvenes que consideren que es peor la democracia que tenemos que una dictadura es muy preocupante. Esa desinformación es muy peligrosa, debiéramos saber lo que supuso, lo que ganamos en su momento y que no nos haga volver hacia atrás.Noticia Relacionada opinion Si La libertad quedó impresa Ángel Antonio Herrera «Adolfo, que es y no es Álvaro, remira ese día un ejemplar atrasado pero vigentísimo de ABC, en concreto la edición del día 19 de noviembre de 1976»-¿Y la industria audiovisual ha tenido responsabilidad en no contarla?-Son temas que siguen escociendo a alguna parte de la sociedad y que a lo mejor por eso se ha tratado con más prudencia. Poner esta producción sobre la mesa sirve también para que reflexionemos. No damos opiniones personales, solo los datos que Cercas tiene muy investigados en su ensayo. Somos un país que tenemos una relación un poco extraña con nuestros héroes. Por ejemplo, hace unos años hice ‘Sin límites’, que hablaba sobre la gesta de que, hace 500 años, un español de Guetaria fuera el primero en dar la vuelta al mundo. Si ese tipo hubiera sido británico, lo conocería todo el planeta y estaríamos haciendo celebraciones de todo tipo, y yo no vi una celebración exagerada ni que nos sintiéramos especialmente orgullosos de que hubiera sido uno de los nuestros quien dio la vuelta al mundo. Hay veces que nos cuesta sentirnos orgullosos de nosotros mismos y me parece que es una pena.-Que alguien nacido el 23F de 1975 haga una serie sobre Suárez y el 23F… -Es una casualidad magnífica. -¿Tiene algún recuerdo? -Muy vagos… Mis abuelos lucharon en la guerra en el bando de Franco porque hicieron la mili en la Guardia Civil y les estalló el conflicto justo en la cara… Mis padres votaron a Felipe y sí que recuerdo las discusiones en casa cada vez que aparecía según qué personaje en la tele. Si aparecía Carrillo o Felipe González mi abuelo hacía comentarios. Sí recuerdo cómo bullía el momento político en aquel entonces, pero no recuerdo mucho más porque era muy pequeño. Miradas Arriba, Manolo Solo como Gutérrez Mellado y Álvaro Morte como Suárez en el Congreso; abajo, Alberto Rodríguez da instrucciones a Morte durante una secuencia. En último lugar, Morte en el Congreso de los Diputados-¿Cómo ha manejado el ego del político con el ego del actor?-El ego es una cosa que un actor tiene que aprender a gestionar, y al menos yo lo que intento hacer a la hora de interpretar un personaje es dejar que me invada su ego. Tienes que asumir que tú eres un tornillo más de la máquina, una pieza de todo el engranaje y que la construcción que yo hago, en este caso de Suárez, en absoluto depende solo de mí. -La serie es un ejercicio de memoria, le propongo un ejercicio de memoria a su carrera. ¿Cuál es el primer flash que le viene si le digo que viaje a principios de los 2000?-Recuerdo aquella sensación de vértigo y vertiginosa de la llegada a Madrid con toda la ilusión y con todo el miedo, todo junto en una coctelera. Recuerdo presentarme a castings y mirar a mi alrededor y decir, «madre mía, no sé nada de la vida, ¿qué hago aquí?». También poquito a poco repetir con directores de casting hasta que ya empezaba a sonarles mi cara, sembrar para que te conozcan… Y sobre todo, recuerdo todo aquello con muchas inseguridades y muchísimos miedos, sí.-¿Hacemos un salto al primer papel recurrente ya en una serie diaria? -Empezaba a hacer cosas muy pequeñitas: episodio en ‘Hospital Central’ o ‘Policías’… en Canal Sur, en ‘Arrayán’, que la veía toda Andalucía, llegué a hacer tres personajes diferentes. Rascaba lo que podía, me iba a todos los festivales de cine, de cortometrajes… Me he colado en todas las fiestas del mundo: en los Goya de ‘Mar Adentro’ lo hice saltando una tapia con unos amigos de la ECAM. Estaba entusiasmado en aquel entonces, con todas las ganas del mundo y quería entrar en el mundo del cine aunque fuera saltando tapias. -Luego llega ‘El secreto de Puente Viejo’, con un papel recurrente que le da estabilidad, y de pronto el ‘boom’ de El profesor. ¿Estos años han pasado como un suspiro o como una vida?-Uf… sí que es verdad que echas la mirada y parece que fue ayer… Pero hablabas de ‘estabilidad’, y creo que en este medio no hay estabilidad ninguna; la estabilidad es muy efímera. Yo he tenido la enorme, enorme suerte de prácticamente no dejar de trabajar desde antes de ‘La Casa de Papel’. Tuve una racha de la que me siento increíblemente agradecido. Y luego pues sí, pasaron muchísimas cosas y la vida da muchas vueltas, hay torbellinos a tu alrededor y creo que hay que intentar mantenerse en un estado que es el sentido común para no dejarte arrastrar por esos huracanes que pasan al lado.-¿Es más difícil manejarse en ese huracán de fama o en la angustia de que no suene el teléfono?-Cada una tiene su dificultad. Por supuesto es mucho más cómodo -sería un imbécil si dijera lo contrario- gestionar la popularidad que no el no saber cómo vas a llegar a fin de mes, pero esto es parte del oficio también. Yo me he visto muchísimas veces así. Empiezo con 20, 22 años, y cuando a mí me llega esta parte en la que he podido ir trabajando me pilla ya con 40, es decir, he pasado por muchas etapas. Pero incluso cuando no sabía cómo llegar a fin de mes he dicho que no a cosas que no me convencían, y de eso estoy muy orgulloso. Sobre la popularidad… tienes que intentar gestionarla, porque es una cosa muy rara y que tienes que intentar encajar para poder manejarla porque es una sensación muy extraña perder el anonimato absolutamente y que allá donde vayas la gente te reconozca. Noticia Relacionada patrocinada No En Movistar Plus+: una serie española que ha logrado lo que muy pocas en la historia Antonio Bret Alberto Rodríguez se ha marcado con Anatomía de un instante todo un hito, además de entregar una de las posibles series del año-Decir que no es un poder. -Decir ‘no’ quizás sea el poder más importante que tiene un actor, porque es lo que define de verdad tu libertad. Álvaro Morte, protagonista de ‘Anatomía de un instante’ Tania Sieira-Ahora puede escoger…-Me encuentro en un momento muy dulce, que no significa que pueda hacer lo que quiera. Álvaro Morte y su pasión por el teatro—¿Qué es ‘300 pistolas’, su proyecto teatral, y por qué esa idea casi romántica de levantar obras de teatro?—El nombre de la compañía viene porque a nosotros nos gustan mucho los clásicos. Y en los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas hay un momento en el que d’Artagnan tiene que ir desde París hasta Londres y volver en 24 horas para recuperar los herretes de la reina. Y cuando está preparando el viaje, el señor de Treville le dice que es una empresa tremendamente arriesgada, que el Cardenal Richelieu le va a poner millones de trabas y problemas… y entonces le pregunta si tiene dinero para enfrentarse a esa aventura y d’Artagnan responde: «Sí, tengo 300 pistolas». La pistola en aquel entonces, además de un arma, era una moneda que equivalía a dos escudos. Entonces es una respuesta con doble sentido: tengo el dinero y tengo el coraje para enfrentarme a este aventurón tan complicado. Y nosotros cuando estábamos montando la compañía de teatro, nos parecía que estando como están las cosas, atreverte a montar una compañía era una aventura tremendamente para la que necesitábamos muchísimo coraje.–¿Qué le aporta el teatro a su forma de trabajar y de ser? –Yo no me había vestido ni de pastorcito en el colegio así que imagínate lo muchísimo que sorprendió en mi casa cuando yo comuniqué que quería dedicarme a la interpretación. No entendían nada porque nadie en mi familia nunca se dedicó a esto. Mi formación arranca en el teatro. Lo primero que hice de interpretación fue directamente los cuatro años de Arte Dramático en Córdoba, y eso todavía me ofrece la raíz, me ofrece el sustento. Hay cosas en mis interpretaciones ante la cámara que sigo conectando con cosas que aprendí en segundo de Arte Dramático. Y me sigue entusiasmando ponerme encima de un escenario y dirigir teatro.Te voy a contar una acnécdota: Hay un momento en el que, en una de esas etapas de vacas flacas y de no saber cómo llegar a fin de mes, me contratan como técnico de iluminación y sonido en una compañía que hacía, entre otras cosas, funciones clásicas para los niños, en los colegios. Y yo, que era adulto, veía la representación y me daban ganas de pegarme un tiro de lo que era aquello, no podía ser más aburrido, más denso y más alejado del lenguaje que manejaban -y no hablo del literal- los jóvenes. Y de repente dijimos, ¿por qué no intentamos hacer algo desde una perspectiva un poquito más dinámica, más fresca y que nos acerquemos un poquito más a lo que la gente joven pueda necesitar? Porque pensábamos que si una chavala de 14, 15 años se acerca al teatro por primera vez y no le gusta, es muy difícil que repita. Y bueno, nos lanzamos desde ahí, y no hacemos campañas escolares, ni muchísimo menos, pero arrancó el proyecto desde una necesidad de conectar con la gente joven.
Dos secuencias vitales explican a Álvaro Morte, artesano y estrella global de la interpretación. En la primera lo encontramos el 30 de enero de 2005, rodeado de compañeros de la Escuela de Cine de Madrid (ECAM) detrás de una tapia del Campo de las … Naciones. Ha llegado a la capital hace apenas unos meses después de formarse en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba y de una beca en Finlandia. Está abriéndose camino en una industria ingrata para los que llegan sin padrino: un papel secundario por aquí, un episódico por allá… Nada estable. Pero Morte, que no era ningún crío, sabe que para que a uno lo vean hay que estar en los sitios y allí, tras ese muro en la zona más fría de Madrid, tiene un objetivo: colarse en la fiesta de los Goya. Lo hará, claro, aunque por entonces nadie podría imaginar que dos décadas después él sería uno de los grandes embajadores del audiovisual español en el mundo.
En la segunda escena lo encontramos más atrás aún, siendo niño: es su cumpleaños y sopla las velas en su casa de un pueblo de Córdoba. Es el sexto 23 de febrero que el joven Álvaro, nacido en 1975, celebra. Él es feliz como solo un niño puede serlo frente a una tarta hasta que la alegría compartida con sus padres se giró en una preocupación colectiva: es 23 de febrero de 1981, el Golpe de Estado. Y todos esos momentos de su vida confluyen aquí y ahora en Álvaro Morte, sentado en el cine del Espacio Fundación Telefónica repasando su vida y hablando de su último personaje, un Adolfo Suárez que aquel 23 de febrero de 1981 no estaba para tartas. Morte protagoniza ‘Anatomía de un instante‘, la serie que en cuatro episodios adapta la obra de Javier Cercas y que se estrena mañana en Movistar Plus+, un retrato de la Transición a través de tres ‘traidores’ que, pese a fallar a los suyos, ganaron la democracia para todos.
-Un actor que se considera ‘artesano’, que estudia hasta la extenuación a los personajes… ¿cómo hizo para atrapar a Adolfo Suárez, un hombre que tenía una faceta muy pública y dimensionada y otra muy íntima y desconocida?
-Era la no pública la que me interesaba. Acercarme al tipo que había detrás de aquella máscara de político. Más allá de la información que da Cercas en su libro, he visto todos los vídeos que he podido y luego llega un momento en que te pones en sintonía con lo que necesita el director, Alberto Rodríguez, para que entre todos conformemos lo que vamos a hacer. He descubierto un tipo del que todos tenemos esa imagen de carismático, arrollador, embaucador, seductor, el político perfecto… y del que luego descubres que hizo unas cosas muy bien y otras mal, pero eso también le da profundidad y humanidad.
-¿Sintió el peso del traje la primera vez que se lo puso?
-Fue impresionante. El primer día de grabación fue muy raro porque yo llegué un lunes a España después de hacer teatro en Londres y el viernes nos metimos a grabar en el Congreso, porque eran los únicos días que nos dejaban, y después hicimos los ensayos. Habíamos hecho pruebas de maquillaje, peluquería, etcétera, pero todas por separado. Y aquel día me puse el traje definitivo que había confeccionado Fernando, el estilista, la nariz definitiva que había generado Nacho de Efectos, el maquillaje final de Yolanda… Y era la primera vez que yo, Álvaro Morte, entraba en el Congreso. Y claro, entrar caracterizado como Adolfo Suárez en el hemiciclo y ver los tiros que siguen ahí… Fue muy emocionante sentir esa responsabilidad en el escaño del que no se bajó cuando entraron los golpistas.


-kIEG--278x329@diario_abc.jpg)
Álvaro Morte, como Adolfo Suárez, durante el rodaje de la serie de Movistar Plus+ ‘Anatomía de un instante’
Julio Vergne
-Cada uno tiene un Suárez en su cabeza…
-Creo que la memoria es caprichosa y es selectiva y se va deformando con el tiempo. Todos podemos recordar a Suárez, pero cada uno recordará a un Suárez distinto. Lo he encarnado desde el mayor respeto y prudencia e intentando no hacer una imitación, sino buscar algo más esencial de lo que fue.
–Alberto Rodríguez contó en ABC que Carrillo no se tiró al suelo porque, muy resumido, creía que lo iban a matar; Gutiérrez Mellado tampoco porque se vio como el viejo golpista frenando a los nuevos… Pero Suárez, ¿por qué no se tiró al suelo?
-Es una pregunta que nos hemos hecho muchas veces. Todos hemos visto las imágenes del Congreso en planos generales, pero nosotros en la serie hemos tenido la oportunidad de acercarnos con un primer plano, y cuando ves la mirada hay muchas posibilidades para un actor porque ese primer plano no existe en los archivos. No sabemos exactamente por qué se quedó de pie. Yo le dije a Alberto que si íbamos a hacer cinco tomas, le iba a hacer una cosa distinta en cada una y que luego él decidiera, que le dejaba la responsabilidad (risas). Suárez era un tipo que tenía un altísimo sentido de la responsabilidad, también era un tipo con un ego importante al que le podía interesar figurar para la posteridad; era alguien que tenía su vanidad pero también su honestidad… y también era un tipo muy valiente. No creo en las emociones puras. Hay siempre una mezcla de cosas que generan un cóctel a veces indescifrable. Seguramente ni él mismo tenía la respuesta.
-¿Se ha preguntado qué hubiera hecho usted?
-Afortunadamente no tengo el peso del país sobre mis hombros, ni lo tendré nunca. Las tres cabezas de las que hablamos –Carrillo, Suárez y Gutiérrez Mellado– tenía cada uno sus razones para mantenerse de pie porque ya no tenían mucho más que perder.
-La serie y la novela habla de esos tres ‘traidores’. ¿Entiende su traición? ¿Hay mucha traición también en la industria audiovisual?
-En el libro, como lo expone Cercas, sí que es verdad que, gracias a estos ‘tres grandes traidores’, nosotros disfrutamos de la democracia. Hay que ser muy valiente y tener mucho coraje para atreverte a traicionar a los tuyos para conseguir un bien común mucho más allá de tu beneficio propio. Yo en la industria, si es por lo que me estás preguntando, no te voy a engañar, hay veces que se ven cosas que quizá sí sean sibilinas, pero bueno, a mí me gusta llevar al menos mi vida de la forma más honesta posible; me niego en rotundo a mentir en mi día a día. Quizá una mentira piadosa te la digo para hacer una broma, pero la mentira es algo que tengo muy apartada, la uso única y exclusivamente para interpretar. Y creo que la traición va directamente relacionada con la mentira.
-¿Cree que la sociedad española ha sido justa con la Transición?
-La Transición que se hizo no era la Transición perfecta, pero entre otras cosas porque nadie es perfecto ni se pueden hacer las cosas perfectas. Se hizo lo que se pudo y afortunadamente llegamos a poder consolidar una democracia. Hay muchísima gente mayor, y me incluyo yo, que tengo 50 años, que no acaba de tener realmente claro lo que sucedió en aquellos años. Hablas con gente de mi edad, incluso de generaciones posteriores, que no son conscientes de la proeza. Me resulta sorprendente que no hayamos aprendido más de eso, y más todavía que no hayamos valorado más a Suárez, al que se le denostó y al que no se le empezó a reconocer hasta que ya había perdido la cabeza. El hecho de que hoy por hoy haya generaciones jóvenes que consideren que es peor la democracia que tenemos que una dictadura es muy preocupante. Esa desinformación es muy peligrosa, debiéramos saber lo que supuso, lo que ganamos en su momento y que no nos haga volver hacia atrás.
-¿Y la industria audiovisual ha tenido responsabilidad en no contarla?
-Son temas que siguen escociendo a alguna parte de la sociedad y que a lo mejor por eso se ha tratado con más prudencia. Poner esta producción sobre la mesa sirve también para que reflexionemos. No damos opiniones personales, solo los datos que Cercas tiene muy investigados en su ensayo. Somos un país que tenemos una relación un poco extraña con nuestros héroes. Por ejemplo, hace unos años hice ‘Sin límites’, que hablaba sobre la gesta de que, hace 500 años, un español de Guetaria fuera el primero en dar la vuelta al mundo. Si ese tipo hubiera sido británico, lo conocería todo el planeta y estaríamos haciendo celebraciones de todo tipo, y yo no vi una celebración exagerada ni que nos sintiéramos especialmente orgullosos de que hubiera sido uno de los nuestros quien dio la vuelta al mundo. Hay veces que nos cuesta sentirnos orgullosos de nosotros mismos y me parece que es una pena.
-Que alguien nacido el 23F de 1975 haga una serie sobre Suárez y el 23F…
-Es una casualidad magnífica.
-¿Tiene algún recuerdo?
-Muy vagos… Mis abuelos lucharon en la guerra en el bando de Franco porque hicieron la mili en la Guardia Civil y les estalló el conflicto justo en la cara… Mis padres votaron a Felipe y sí que recuerdo las discusiones en casa cada vez que aparecía según qué personaje en la tele. Si aparecía Carrillo o Felipe González mi abuelo hacía comentarios. Sí recuerdo cómo bullía el momento político en aquel entonces, pero no recuerdo mucho más porque era muy pequeño.


-kIEG--278x329@diario_abc.jpg)
Arriba, Manolo Solo como Gutérrez Mellado y Álvaro Morte como Suárez en el Congreso; abajo, Alberto Rodríguez da instrucciones a Morte durante una secuencia. En último lugar, Morte en el Congreso de los Diputados
-¿Cómo ha manejado el ego del político con el ego del actor?
-El ego es una cosa que un actor tiene que aprender a gestionar, y al menos yo lo que intento hacer a la hora de interpretar un personaje es dejar que me invada su ego. Tienes que asumir que tú eres un tornillo más de la máquina, una pieza de todo el engranaje y que la construcción que yo hago, en este caso de Suárez, en absoluto depende solo de mí.
-La serie es un ejercicio de memoria, le propongo un ejercicio de memoria a su carrera. ¿Cuál es el primer flash que le viene si le digo que viaje a principios de los 2000?
-Recuerdo aquella sensación de vértigo y vertiginosa de la llegada a Madrid con toda la ilusión y con todo el miedo, todo junto en una coctelera. Recuerdo presentarme a castings y mirar a mi alrededor y decir, «madre mía, no sé nada de la vida, ¿qué hago aquí?». También poquito a poco repetir con directores de casting hasta que ya empezaba a sonarles mi cara, sembrar para que te conozcan… Y sobre todo, recuerdo todo aquello con muchas inseguridades y muchísimos miedos, sí.
-¿Hacemos un salto al primer papel recurrente ya en una serie diaria?
-Empezaba a hacer cosas muy pequeñitas: episodio en ‘Hospital Central’ o ‘Policías’… en Canal Sur, en ‘Arrayán’, que la veía toda Andalucía, llegué a hacer tres personajes diferentes. Rascaba lo que podía, me iba a todos los festivales de cine, de cortometrajes… Me he colado en todas las fiestas del mundo: en los Goya de ‘Mar Adentro’ lo hice saltando una tapia con unos amigos de la ECAM. Estaba entusiasmado en aquel entonces, con todas las ganas del mundo y quería entrar en el mundo del cine aunque fuera saltando tapias.
-Luego llega ‘El secreto de Puente Viejo’, con un papel recurrente que le da estabilidad, y de pronto el ‘boom’ de El profesor. ¿Estos años han pasado como un suspiro o como una vida?
-Uf… sí que es verdad que echas la mirada y parece que fue ayer… Pero hablabas de ‘estabilidad’, y creo que en este medio no hay estabilidad ninguna; la estabilidad es muy efímera. Yo he tenido la enorme, enorme suerte de prácticamente no dejar de trabajar desde antes de ‘La Casa de Papel’. Tuve una racha de la que me siento increíblemente agradecido. Y luego pues sí, pasaron muchísimas cosas y la vida da muchas vueltas, hay torbellinos a tu alrededor y creo que hay que intentar mantenerse en un estado que es el sentido común para no dejarte arrastrar por esos huracanes que pasan al lado.
-¿Es más difícil manejarse en ese huracán de fama o en la angustia de que no suene el teléfono?
-Cada una tiene su dificultad. Por supuesto es mucho más cómodo -sería un imbécil si dijera lo contrario- gestionar la popularidad que no el no saber cómo vas a llegar a fin de mes, pero esto es parte del oficio también. Yo me he visto muchísimas veces así. Empiezo con 20, 22 años, y cuando a mí me llega esta parte en la que he podido ir trabajando me pilla ya con 40, es decir, he pasado por muchas etapas. Pero incluso cuando no sabía cómo llegar a fin de mes he dicho que no a cosas que no me convencían, y de eso estoy muy orgulloso. Sobre la popularidad… tienes que intentar gestionarla, porque es una cosa muy rara y que tienes que intentar encajar para poder manejarla porque es una sensación muy extraña perder el anonimato absolutamente y que allá donde vayas la gente te reconozca.
-Decir que no es un poder.
-Decir ‘no’ quizás sea el poder más importante que tiene un actor, porque es lo que define de verdad tu libertad.
Tania Sieira
-Ahora puede escoger…
-Me encuentro en un momento muy dulce, que no significa que pueda hacer lo que quiera.
Álvaro Morte y su pasión por el teatro
—¿Qué es ‘300 pistolas’, su proyecto teatral, y por qué esa idea casi romántica de levantar obras de teatro?
—El nombre de la compañía viene porque a nosotros nos gustan mucho los clásicos. Y en los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas hay un momento en el que d’Artagnan tiene que ir desde París hasta Londres y volver en 24 horas para recuperar los herretes de la reina. Y cuando está preparando el viaje, el señor de Treville le dice que es una empresa tremendamente arriesgada, que el Cardenal Richelieu le va a poner millones de trabas y problemas… y entonces le pregunta si tiene dinero para enfrentarse a esa aventura y d’Artagnan responde: «Sí, tengo 300 pistolas». La pistola en aquel entonces, además de un arma, era una moneda que equivalía a dos escudos. Entonces es una respuesta con doble sentido: tengo el dinero y tengo el coraje para enfrentarme a este aventurón tan complicado. Y nosotros cuando estábamos montando la compañía de teatro, nos parecía que estando como están las cosas, atreverte a montar una compañía era una aventura tremendamente para la que necesitábamos muchísimo coraje.
–¿Qué le aporta el teatro a su forma de trabajar y de ser?
–Yo no me había vestido ni de pastorcito en el colegio así que imagínate lo muchísimo que sorprendió en mi casa cuando yo comuniqué que quería dedicarme a la interpretación. No entendían nada porque nadie en mi familia nunca se dedicó a esto. Mi formación arranca en el teatro. Lo primero que hice de interpretación fue directamente los cuatro años de Arte Dramático en Córdoba, y eso todavía me ofrece la raíz, me ofrece el sustento. Hay cosas en mis interpretaciones ante la cámara que sigo conectando con cosas que aprendí en segundo de Arte Dramático. Y me sigue entusiasmando ponerme encima de un escenario y dirigir teatro.
Te voy a contar una acnécdota: Hay un momento en el que, en una de esas etapas de vacas flacas y de no saber cómo llegar a fin de mes, me contratan como técnico de iluminación y sonido en una compañía que hacía, entre otras cosas, funciones clásicas para los niños, en los colegios. Y yo, que era adulto, veía la representación y me daban ganas de pegarme un tiro de lo que era aquello, no podía ser más aburrido, más denso y más alejado del lenguaje que manejaban -y no hablo del literal- los jóvenes. Y de repente dijimos, ¿por qué no intentamos hacer algo desde una perspectiva un poquito más dinámica, más fresca y que nos acerquemos un poquito más a lo que la gente joven pueda necesitar? Porque pensábamos que si una chavala de 14, 15 años se acerca al teatro por primera vez y no le gusta, es muy difícil que repita. Y bueno, nos lanzamos desde ahí, y no hacemos campañas escolares, ni muchísimo menos, pero arrancó el proyecto desde una necesidad de conectar con la gente joven.
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Volver a intentar
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Sigue navegando
Artículo solo para suscriptores
RSS de noticias de cultura
