Eran las seis y doce cuando Pepe Moral se santiguaba frente a la puerta de chiqueros. Un buque de 670 kilos asomaba por el pasadizo de los miedos. Hacia el 2 se dirigió Curandero, sin mirar al torero. Hasta que vio al de Los Palacios, en esa eterna espera para salvar la portagayola. Pero el que se salvó de verdad fue el hombre. Una vez más. Se frenó el cuajado toro de Cuadri y Moral, arrollado, perdió pie cuando ya se incorporaba. Cayó a la arena, con los pitones volando por cabeza y corazón, con las pezuñas arrancando las zapatillas. Milagrosamente, el sevillano salió ileso. De tirita y oro vestía. Curandero se llamaba el toro, al que luego lidió fenomenalmente ganando terreno. Otra vez había vuelto a nacer Moral, como ya lo hizo en Betania, en ese retiro espiritual que fue su refugio y su salvación. Allí rompió las cadenas del vicio, el de la copa que llama, para entregarse a la llamada de Dios, al que rezaría anoche tras escaparse de la cornada. Descalzo lo había dejado en la bienvenida Curandero y descalza fue su faena. Qué mérito ponerse delante de aquel inmenso animal, que no pasaba y se quedaba muy corto, capaz de cazar moscas. Se asentó el torero con nombre de santo y le dejó la tela puesta. Qué meritazo tuvieron aquellos muletazos, tragando mucho, y recurriendo en el ecuador a una lidia sobre las piernas. A izquierdas era aún más duro, pero el hombre que sabe lo que es tocar fondo le robó unos zurdazos de enorme valor, metidos los riñones, entregado. El acero fue su cruz y merodeó el umbral de los tres avisos. Sí entró la espada en el cuarto, con el hocico por delante en unas emocionantes verónicas. Apuntaba más calidad que sus hermanos, pero en realidad también estaba hueco; a esas alturas, con la noche en lo alto, la corrida se ponía cuesta abajo. Aunque pocos se movieron de su tendido, lleno en el sol y con la sombra a su mitad. Casi quince mil espectadores -un entradón de feria- acudieron a la primera cita de la temporada, que abría fuego con la artillería pesada de Cuadri.Noticia relacionada general No No VILLASECA DE LA SAGRA Un mano a mano de entrega y verdad ante una seria corrida de Cuadri Alicia P. VelardeLa dura corrida no dio el juego esperado y acabó con una monumental bronca en el sexto, masacrado en varas. La pitada al picador Sangüesa llegó al Bernabéu. Sobró la botella voladora: esto no es el fútbol. No se enderezó el capítulo en el mitin en banderillas ni puedo arreglar su tarde Gómez del Pilar con el duro ejemplar. Más de lo que merecía el altote y más estrecho tercero ofreció Noé, que hizo el esfuerzo de despachar cinco cuadris en un fin de semana. .Las Ventas Monumental de Madrid Domingo, 22 de marzo de 2026. Primera corrida de la temporada. 14.506 espectadores Toros de Celestino Cuadri, desiguales dentrro de la seriedad, duros y sin opciones en conjunto. Pepe Moral, de tirita y oro: dos pinchazos, media defectuosa y estocada caída (silencio tras dos avisos); estocada (silencio). Damián Castaño, de rosar y oro: pinchazo hondo delantero y cincos descabellos (saludos tras aviso); pinchazo y estocada (silencio). Gómez del Pilar, de espuma de mar y oro: tres pinchazos y estocada (silencio tras aviso); estocada defectuosa y varios descabellos (silencio). Minuto de silencio: se guardó en memoria de los aficionados fallecidos este invierno. Vivió Madrid con intensidad unos zurdazos (y dos derechazos) de Damián Castaño al tercero. Un espejismo: en cuanto lo oxigenó, se le fue directo al pecho. Y otra tarascada recibiría en la cara. Tiró de coraje en una labor de actitud, con los muletazos más cantados y siempre pendiente de la lidia. Suya fue la única ovación. Se caló la montera en el hermoso quinto, con el que se plantó enseguida con la zocata, tratando de alargar el áspero viaje. Con sacacorchos había que extraer la embestida, tan vacía de entrega y de bravura. Eran las seis y doce cuando Pepe Moral se santiguaba frente a la puerta de chiqueros. Un buque de 670 kilos asomaba por el pasadizo de los miedos. Hacia el 2 se dirigió Curandero, sin mirar al torero. Hasta que vio al de Los Palacios, en esa eterna espera para salvar la portagayola. Pero el que se salvó de verdad fue el hombre. Una vez más. Se frenó el cuajado toro de Cuadri y Moral, arrollado, perdió pie cuando ya se incorporaba. Cayó a la arena, con los pitones volando por cabeza y corazón, con las pezuñas arrancando las zapatillas. Milagrosamente, el sevillano salió ileso. De tirita y oro vestía. Curandero se llamaba el toro, al que luego lidió fenomenalmente ganando terreno. Otra vez había vuelto a nacer Moral, como ya lo hizo en Betania, en ese retiro espiritual que fue su refugio y su salvación. Allí rompió las cadenas del vicio, el de la copa que llama, para entregarse a la llamada de Dios, al que rezaría anoche tras escaparse de la cornada. Descalzo lo había dejado en la bienvenida Curandero y descalza fue su faena. Qué mérito ponerse delante de aquel inmenso animal, que no pasaba y se quedaba muy corto, capaz de cazar moscas. Se asentó el torero con nombre de santo y le dejó la tela puesta. Qué meritazo tuvieron aquellos muletazos, tragando mucho, y recurriendo en el ecuador a una lidia sobre las piernas. A izquierdas era aún más duro, pero el hombre que sabe lo que es tocar fondo le robó unos zurdazos de enorme valor, metidos los riñones, entregado. El acero fue su cruz y merodeó el umbral de los tres avisos. Sí entró la espada en el cuarto, con el hocico por delante en unas emocionantes verónicas. Apuntaba más calidad que sus hermanos, pero en realidad también estaba hueco; a esas alturas, con la noche en lo alto, la corrida se ponía cuesta abajo. Aunque pocos se movieron de su tendido, lleno en el sol y con la sombra a su mitad. Casi quince mil espectadores -un entradón de feria- acudieron a la primera cita de la temporada, que abría fuego con la artillería pesada de Cuadri.Noticia relacionada general No No VILLASECA DE LA SAGRA Un mano a mano de entrega y verdad ante una seria corrida de Cuadri Alicia P. VelardeLa dura corrida no dio el juego esperado y acabó con una monumental bronca en el sexto, masacrado en varas. La pitada al picador Sangüesa llegó al Bernabéu. Sobró la botella voladora: esto no es el fútbol. No se enderezó el capítulo en el mitin en banderillas ni puedo arreglar su tarde Gómez del Pilar con el duro ejemplar. Más de lo que merecía el altote y más estrecho tercero ofreció Noé, que hizo el esfuerzo de despachar cinco cuadris en un fin de semana. .Las Ventas Monumental de Madrid Domingo, 22 de marzo de 2026. Primera corrida de la temporada. 14.506 espectadores Toros de Celestino Cuadri, desiguales dentrro de la seriedad, duros y sin opciones en conjunto. Pepe Moral, de tirita y oro: dos pinchazos, media defectuosa y estocada caída (silencio tras dos avisos); estocada (silencio). Damián Castaño, de rosar y oro: pinchazo hondo delantero y cincos descabellos (saludos tras aviso); pinchazo y estocada (silencio). Gómez del Pilar, de espuma de mar y oro: tres pinchazos y estocada (silencio tras aviso); estocada defectuosa y varios descabellos (silencio). Minuto de silencio: se guardó en memoria de los aficionados fallecidos este invierno. Vivió Madrid con intensidad unos zurdazos (y dos derechazos) de Damián Castaño al tercero. Un espejismo: en cuanto lo oxigenó, se le fue directo al pecho. Y otra tarascada recibiría en la cara. Tiró de coraje en una labor de actitud, con los muletazos más cantados y siempre pendiente de la lidia. Suya fue la única ovación. Se caló la montera en el hermoso quinto, con el que se plantó enseguida con la zocata, tratando de alargar el áspero viaje. Con sacacorchos había que extraer la embestida, tan vacía de entrega y de bravura.

Eran las seis y doce cuando Pepe Moral se santiguaba frente a la puerta de chiqueros. Un buque de 670 kilos asomaba por el pasadizo de los miedos. Hacia el 2 se dirigió Curandero, sin mirar al torero. Hasta que vio al de Los Palacios, … en esa eterna espera para salvar la portagayola. Pero lo que se salvó de verdad fue el hombre. Una vez más. Se frenó el cuajado toro de Cuadri y Moral perdió pie cuando ya se incorporaba. Cayó a la arena, con los pitones volando por el pecho y la cabeza, con las pezuñas arrancando las zapatillas. Milagrosamente, las dagas no tocaron carne y el sevillano salió ileso de aquel trancee. De tirita y oro vestía Moral. Curandero se llamaba el toro, al que luego lidió fenomenalmente ganando terreno. Otra cuestión sería el desacertado tercio de banderillas.
Otra vez había vuelto a nacer Moral. Descalzo lo había dejado en la bienvenida Curandero y descalza fue su faena, brindada al público. Qué merito ponerse delante de aquel inmenso animal, que no pasaba y se quedaba muy corto, capaz de cazar moscas. Se asentó el torero con nombre de santo y le dejó la muleta puesta por ambos lados. Qué meritazo tuvieron aquellos muletazos, tragando mucho, y recurriendo en el ecuador a una lidia sobre las piernas. A izquierdas era aún más duro, pero el hombre que sabe lo que es tocar fondo le robó unos zurdazos de enorme valor, metidos los riñones, entregado. El acero fue su cruz. Hasta escuchar dos avisos (le perdonaron el tercero).
Las Ventas
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Monumental de Madrid
Domingo, 22 de marzo de 2026. Primera corrida de la temporada. Toros de Celestino Cuadri,
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Pepe Moral,
de tirita y oro: dos pinchazos, media defectuosa y estocada caída (silencio tras dos avisos). -
Damián Castaño,
de rosar y oro: -
Gómez del Pilar,
de espuma de mar y oro: -
Minuto de silencio:
se guardó en memoria de todos los aficionados y profesionales del toro fallecidos este invierno.
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