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  Cultura  Andrés Jiménez, el mítico alero que ponía tapones y dibujaba cómics
Cultura

Andrés Jiménez, el mítico alero que ponía tapones y dibujaba cómics

abril 5, 2026
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A los trece años, Andrés Jiménez ya era un pequeño adolescente de 1,97 centímetros de altura. No está mal. Por las tardes, después del colegio, iba al quiosco regentado por su abuelo y empezaba a ojear los cómics y tebeos que había por ahí. Sus favoritos eran ‘Mortadelo y Filemón’, ‘Pulgarcito’ ‘TBO’, ‘Astérix y Obélix’ o ‘Spiderman. «Lo único que me decía mi abuelo era que no los abriera mucho, que luego se tenían que vender y no podía parecer que estaban usados», recuerda Jiménez con nostalgia, pues mucho antes de ser jugador de baloncesto, ya soñaba con dibujar sus propias viñetas y crear sus mundos de ficción.Nunca es tarde si la dicha es buena, y ahora el legendario jugador de baloncesto, plata olímpica en Los Ángeles 1984, publica su primer gran cómic, ‘Mi loca historia del baloncesto’ (Valnera Gráfica) . En realidad, son tres historias en una. Por un lado, un recuento autobiográfico sobre sus primeros años y su etapa como jugador. Después, una historia de la humanidad con el baloncesto como eje de todos los grandes acontecimientos históricos. Y, por último, el diario dibujado que hizo el jugador durante los intensos días de las Olimpiadas de Los Ángeles 1984. «Todavía no entiendo hoy por qué se me acerca la gente emocionada y me pide fotos y autógrafos. Pero si yo hubiese visto a Ibáñez o Uderzo o cualquiera de los grandes dibujantes, Dios, hubiese hecho lo mismo, para mí lo eran todo. He estado dos veces en la redacción de ‘El Jueves’ y he sido el hombre más feliz de la tierra», asegura Jiménez en declaraciones a ABC.Ibáñez es un claro referente de sus dibujos, como lo son todos los grandes dibujantes de trazo sencillo, caricatura redondeada y divertida y mucho sentido del humor. Él cita a gente como Quino , «y no sólo Mafalda», el genial Sergio Aragonés y dibujantes de ‘El Jueves’ como Vizcarra. «Una vez Ibáñez me hizo una dedicatoria que era un dibujo completo de Mortadelo tirando una bola de bolos a una canasta sobre una puerta en el momento en que Filemón saca su cabeza. Es un auténtico tesoro», confiesa.Noticia relacionada general No No David B, dibujante de cómic: «El mundo de los muertos es como el de los vivos, apesta y no hay amor»La trayectoria de Jiménez hasta llegar aquí no fue sencilla. Nació en Carmona, un pueblo de casas blancas en Sevilla , donde no se sabía nada de baloncesto. No fue hasta los 13 años cuando empezó a jugar, después de que los reclutadores del primer equipo del pueblo lo vieran levantarse. «Claro, a esa edad ya medía 1,97 y me hacían ser siempre el portero, lo que no me gustaba nada. Pero unos chicos mayores que querían hacer un equipo vinieron al colegio y, como entonces, cuando entraba alguien a clase, todos nos levantábamos, nada más verme ya dijeron, tú ven para acá», recuerda divertido el jugador.Algunas de las viñetas del libro JimixEntonces no sabía nada de baloncesto y le costó aprender, pero a los 15 ya empezó a destacar y fichó poco después por el Cotonificio de Badalona . «La adaptación fue difícil, porque vine sólo. De un pueblo tranquilo de casas blancas pasé a una ciudad industrial con mucho estrés, y eso me mareó un poco, pero cuando conseguí aclimatarme todo fue bien», señala. El choque llegaría a los 17 años, cuando su padre murió y su familia tuvo que instalarse con él en Badalona. Tuvo que madurar a la fuerza, pero su carácter fuerte y determinación le permitieron salir adelante y convertirse en uno de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos.El genial ‘Jimix’ revive Los Ángeles 84 y su vida entre canastas y tebeosEn esos primeros años en que luchaba por convertirse en profesional y sacar adelante a su familia, coincidió en las categorías inferiores con un jovencísimo Fernando Martín , el añorado jugador del Real Madrid y primer español en competir en la NBA. «Me acuerdo que éramos los dos peores jugadores del equipo de juveniles porque los dos habíamos empezado muy tarde. Los dos nacimos en el 62, teníamos caracteres parecidos, su madre era andaluza y teníamos muchas cosas en común. En el 82, ya en la selección absoluta él fue quien me puso Jimix, porque siempre iba dibujando y me encantaba Astérix y Obélix, donde todos los nombres de los personajes acaban en ‘x’», afirma Jiménez.Ese Jimix hizo fortuna y empezó a firmar sus dibujos con ese apelativo. Como los que hizo en la histórica olimpiada de 1984, donde llevaba un diario con caricaturas de todos los miembros del equipo. Los jugadores le veían siempre con una libreta y le pedían que les enseñara qué había hecho aquel día. Al acabar, y después del fenómeno que fue aquella Olimpiada para el deporte español, todos le pidieron que lo publicase. Acabó en una revista de baloncesto ahora extinta, pero ahora aquellas notas llegan en todo su esplendor en el apéndice de ‘Mi loca historia del baloncesto’. «Mis caricaturas son siempre amables, pero claro, tienen que ser divertidas, así que si tienes las orejas grandes o eres calvo, serán las características que más destacaré. Todos estaban encantados con la suya. Pau Gasol, que firma el prólogo, ha alucinado con lo que explicaba allí. Claro, es el día a día de aquellos días y las anécdotas son múltiples. Ahora, los equipos van con un séquito enorme de entrenadores, fisios, y demás. Entonces éramos los jugadores y cuatro más», señala Jiménez.Viñetas de Andrés Jiménez y el jugador en su estudio. Jimix/Adrián QuirogaPor aquel entonces, todavía compaginaba su pasión por el dibujo con el baloncesto. Incluso en Badalona hacía dibujos para los equipos de publicidad del Juventut. También colaboraba con revistas y así podía sacar fuera ese bicho creativo que no le ha abandonado nunca. «El problema fue que cuando llegué al Barça la presión y los constantes viajes hicieron que poco a poco fuera imposible compaginar las dos cosas y lo dejé. Durante 20 años me olvidé de ello. Continuaba disfrutando de los cómics, pero ya no dibujaba. Incluso cuando me retiré, todavía no comprendo como no volví a dibujar de inmediato», asegura el exjugador del Barça.Un cómic muy personalDespués de ganar 18 títulos a lo largo de su trayectoria, retirarse no fue un trauma. Empezó a trabajar en su propia empresa relacionada con temas inmobiliarios y consiguió que ese cambio fuera sencillo. «El problema es cuando te retiras por una lesión o porque no encuentras equipo. En mi caso, fue una decisión muy meditada. Soy una persona muy metódica y ordenada. Necesito que todo esté en su sitio y pude volcarme en mi nueva profesión enseguida», confiesa.Ahora vive en Badalona y disfruta de una vida tranquila. Asegura que no piensa abandonar nunca el dibujo , pero tampoco quiere estresarse más de la cuenta. Sólo quiere encontrar excusas para seguir dibujando y haciendo disfrutar a los demás con sus invenciones. «Carmona y Badalona son mis dos casas. Continuaré aquí y seguiré con mis personajes y dibujos. No soy un profesional, tengo demasiado respeto para los dibujantes para verme más allá de un gran aficionado, pero me encanta coger el lápiz. Estoy un poco hasta arriba del baloncesto, pero el dibujo seguirá siendo siempre mi gran pasión», concluye Jiménez. A los trece años, Andrés Jiménez ya era un pequeño adolescente de 1,97 centímetros de altura. No está mal. Por las tardes, después del colegio, iba al quiosco regentado por su abuelo y empezaba a ojear los cómics y tebeos que había por ahí. Sus favoritos eran ‘Mortadelo y Filemón’, ‘Pulgarcito’ ‘TBO’, ‘Astérix y Obélix’ o ‘Spiderman. «Lo único que me decía mi abuelo era que no los abriera mucho, que luego se tenían que vender y no podía parecer que estaban usados», recuerda Jiménez con nostalgia, pues mucho antes de ser jugador de baloncesto, ya soñaba con dibujar sus propias viñetas y crear sus mundos de ficción.Nunca es tarde si la dicha es buena, y ahora el legendario jugador de baloncesto, plata olímpica en Los Ángeles 1984, publica su primer gran cómic, ‘Mi loca historia del baloncesto’ (Valnera Gráfica) . En realidad, son tres historias en una. Por un lado, un recuento autobiográfico sobre sus primeros años y su etapa como jugador. Después, una historia de la humanidad con el baloncesto como eje de todos los grandes acontecimientos históricos. Y, por último, el diario dibujado que hizo el jugador durante los intensos días de las Olimpiadas de Los Ángeles 1984. «Todavía no entiendo hoy por qué se me acerca la gente emocionada y me pide fotos y autógrafos. Pero si yo hubiese visto a Ibáñez o Uderzo o cualquiera de los grandes dibujantes, Dios, hubiese hecho lo mismo, para mí lo eran todo. He estado dos veces en la redacción de ‘El Jueves’ y he sido el hombre más feliz de la tierra», asegura Jiménez en declaraciones a ABC.Ibáñez es un claro referente de sus dibujos, como lo son todos los grandes dibujantes de trazo sencillo, caricatura redondeada y divertida y mucho sentido del humor. Él cita a gente como Quino , «y no sólo Mafalda», el genial Sergio Aragonés y dibujantes de ‘El Jueves’ como Vizcarra. «Una vez Ibáñez me hizo una dedicatoria que era un dibujo completo de Mortadelo tirando una bola de bolos a una canasta sobre una puerta en el momento en que Filemón saca su cabeza. Es un auténtico tesoro», confiesa.Noticia relacionada general No No David B, dibujante de cómic: «El mundo de los muertos es como el de los vivos, apesta y no hay amor»La trayectoria de Jiménez hasta llegar aquí no fue sencilla. Nació en Carmona, un pueblo de casas blancas en Sevilla , donde no se sabía nada de baloncesto. No fue hasta los 13 años cuando empezó a jugar, después de que los reclutadores del primer equipo del pueblo lo vieran levantarse. «Claro, a esa edad ya medía 1,97 y me hacían ser siempre el portero, lo que no me gustaba nada. Pero unos chicos mayores que querían hacer un equipo vinieron al colegio y, como entonces, cuando entraba alguien a clase, todos nos levantábamos, nada más verme ya dijeron, tú ven para acá», recuerda divertido el jugador.Algunas de las viñetas del libro JimixEntonces no sabía nada de baloncesto y le costó aprender, pero a los 15 ya empezó a destacar y fichó poco después por el Cotonificio de Badalona . «La adaptación fue difícil, porque vine sólo. De un pueblo tranquilo de casas blancas pasé a una ciudad industrial con mucho estrés, y eso me mareó un poco, pero cuando conseguí aclimatarme todo fue bien», señala. El choque llegaría a los 17 años, cuando su padre murió y su familia tuvo que instalarse con él en Badalona. Tuvo que madurar a la fuerza, pero su carácter fuerte y determinación le permitieron salir adelante y convertirse en uno de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos.El genial ‘Jimix’ revive Los Ángeles 84 y su vida entre canastas y tebeosEn esos primeros años en que luchaba por convertirse en profesional y sacar adelante a su familia, coincidió en las categorías inferiores con un jovencísimo Fernando Martín , el añorado jugador del Real Madrid y primer español en competir en la NBA. «Me acuerdo que éramos los dos peores jugadores del equipo de juveniles porque los dos habíamos empezado muy tarde. Los dos nacimos en el 62, teníamos caracteres parecidos, su madre era andaluza y teníamos muchas cosas en común. En el 82, ya en la selección absoluta él fue quien me puso Jimix, porque siempre iba dibujando y me encantaba Astérix y Obélix, donde todos los nombres de los personajes acaban en ‘x’», afirma Jiménez.Ese Jimix hizo fortuna y empezó a firmar sus dibujos con ese apelativo. Como los que hizo en la histórica olimpiada de 1984, donde llevaba un diario con caricaturas de todos los miembros del equipo. Los jugadores le veían siempre con una libreta y le pedían que les enseñara qué había hecho aquel día. Al acabar, y después del fenómeno que fue aquella Olimpiada para el deporte español, todos le pidieron que lo publicase. Acabó en una revista de baloncesto ahora extinta, pero ahora aquellas notas llegan en todo su esplendor en el apéndice de ‘Mi loca historia del baloncesto’. «Mis caricaturas son siempre amables, pero claro, tienen que ser divertidas, así que si tienes las orejas grandes o eres calvo, serán las características que más destacaré. Todos estaban encantados con la suya. Pau Gasol, que firma el prólogo, ha alucinado con lo que explicaba allí. Claro, es el día a día de aquellos días y las anécdotas son múltiples. Ahora, los equipos van con un séquito enorme de entrenadores, fisios, y demás. Entonces éramos los jugadores y cuatro más», señala Jiménez.Viñetas de Andrés Jiménez y el jugador en su estudio. Jimix/Adrián QuirogaPor aquel entonces, todavía compaginaba su pasión por el dibujo con el baloncesto. Incluso en Badalona hacía dibujos para los equipos de publicidad del Juventut. También colaboraba con revistas y así podía sacar fuera ese bicho creativo que no le ha abandonado nunca. «El problema fue que cuando llegué al Barça la presión y los constantes viajes hicieron que poco a poco fuera imposible compaginar las dos cosas y lo dejé. Durante 20 años me olvidé de ello. Continuaba disfrutando de los cómics, pero ya no dibujaba. Incluso cuando me retiré, todavía no comprendo como no volví a dibujar de inmediato», asegura el exjugador del Barça.Un cómic muy personalDespués de ganar 18 títulos a lo largo de su trayectoria, retirarse no fue un trauma. Empezó a trabajar en su propia empresa relacionada con temas inmobiliarios y consiguió que ese cambio fuera sencillo. «El problema es cuando te retiras por una lesión o porque no encuentras equipo. En mi caso, fue una decisión muy meditada. Soy una persona muy metódica y ordenada. Necesito que todo esté en su sitio y pude volcarme en mi nueva profesión enseguida», confiesa.Ahora vive en Badalona y disfruta de una vida tranquila. Asegura que no piensa abandonar nunca el dibujo , pero tampoco quiere estresarse más de la cuenta. Sólo quiere encontrar excusas para seguir dibujando y haciendo disfrutar a los demás con sus invenciones. «Carmona y Badalona son mis dos casas. Continuaré aquí y seguiré con mis personajes y dibujos. No soy un profesional, tengo demasiado respeto para los dibujantes para verme más allá de un gran aficionado, pero me encanta coger el lápiz. Estoy un poco hasta arriba del baloncesto, pero el dibujo seguirá siendo siempre mi gran pasión», concluye Jiménez.  

A los trece años, Andrés Jiménez ya era un pequeño adolescente de 1,97 centímetros de altura. No está mal. Por las tardes, después del colegio, iba al quiosco regentado por su abuelo y empezaba a ojear los cómics y tebeos que había por … ahí. Sus favoritos eran ‘Mortadelo y Filemón’, ‘Pulgarcito’ ‘TBO’, ‘Astérix y Obélix’ o ‘Spiderman. «Lo único que me decía mi abuelo era que no los abriera mucho, que luego se tenían que vender y no podía parecer que estaban usados», recuerda Jiménez con nostalgia, pues mucho antes de ser jugador de baloncesto, ya soñaba con dibujar sus propias viñetas y crear sus mundos de ficción.

Nunca es tarde si la dicha es buena, y ahora el legendario jugador de baloncesto, plata olímpica en Los Ángeles 1984, publica su primer gran cómic, ‘Mi loca historia del baloncesto’ (Valnera Gráfica). En realidad, son tres historias en una. Por un lado, un recuento autobiográfico sobre sus primeros años y su etapa como jugador. Después, una historia de la humanidad con el baloncesto como eje de todos los grandes acontecimientos históricos. Y, por último, el diario dibujado que hizo el jugador durante los intensos días de las Olimpiadas de Los Ángeles 1984. «Todavía no entiendo hoy por qué se me acerca la gente emocionada y me pide fotos y autógrafos. Pero si yo hubiese visto a Ibáñez o Uderzo o cualquiera de los grandes dibujantes, Dios, hubiese hecho lo mismo, para mí lo eran todo. He estado dos veces en la redacción de ‘El Jueves’ y he sido el hombre más feliz de la tierra», asegura Jiménez en declaraciones a ABC.

Ibáñez es un claro referente de sus dibujos, como lo son todos los grandes dibujantes de trazo sencillo, caricatura redondeada y divertida y mucho sentido del humor. Él cita a gente como Quino, «y no sólo Mafalda», el genial Sergio Aragonés y dibujantes de ‘El Jueves’ como Vizcarra. «Una vez Ibáñez me hizo una dedicatoria que era un dibujo completo de Mortadelo tirando una bola de bolos a una canasta sobre una puerta en el momento en que Filemón saca su cabeza. Es un auténtico tesoro», confiesa.

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La trayectoria de Jiménez hasta llegar aquí no fue sencilla. Nació en Carmona, un pueblo de casas blancas en Sevilla, donde no se sabía nada de baloncesto. No fue hasta los 13 años cuando empezó a jugar, después de que los reclutadores del primer equipo del pueblo lo vieran levantarse. «Claro, a esa edad ya medía 1,97 y me hacían ser siempre el portero, lo que no me gustaba nada. Pero unos chicos mayores que querían hacer un equipo vinieron al colegio y, como entonces, cuando entraba alguien a clase, todos nos levantábamos, nada más verme ya dijeron, tú ven para acá», recuerda divertido el jugador.

Algunas de las viñetas del libro.
(Jimix)

Entonces no sabía nada de baloncesto y le costó aprender, pero a los 15 ya empezó a destacar y fichó poco después por el Cotonificio de Badalona. «La adaptación fue difícil, porque vine sólo. De un pueblo tranquilo de casas blancas pasé a una ciudad industrial con mucho estrés, y eso me mareó un poco, pero cuando conseguí aclimatarme todo fue bien», señala. El choque llegaría a los 17 años, cuando su padre murió y su familia tuvo que instalarse con él en Badalona. Tuvo que madurar a la fuerza, pero su carácter fuerte y determinación le permitieron salir adelante y convertirse en uno de los mejores jugadores españoles de todos los tiempos.

El genial ‘Jimix’ revive Los Ángeles 84 y su vida entre canastas y tebeos

En esos primeros años en que luchaba por convertirse en profesional y sacar adelante a su familia, coincidió en las categorías inferiores con un jovencísimo Fernando Martín, el añorado jugador del Real Madrid y primer español en competir en la NBA. «Me acuerdo que éramos los dos peores jugadores del equipo de juveniles porque los dos habíamos empezado muy tarde. Los dos nacimos en el 62, teníamos caracteres parecidos, su madre era andaluza y teníamos muchas cosas en común. En el 82, ya en la selección absoluta él fue quien me puso Jimix, porque siempre iba dibujando y me encantaba Astérix y Obélix, donde todos los nombres de los personajes acaban en ‘x’», afirma Jiménez.

Ese Jimix hizo fortuna y empezó a firmar sus dibujos con ese apelativo. Como los que hizo en la histórica olimpiada de 1984, donde llevaba un diario con caricaturas de todos los miembros del equipo. Los jugadores le veían siempre con una libreta y le pedían que les enseñara qué había hecho aquel día. Al acabar, y después del fenómeno que fue aquella Olimpiada para el deporte español, todos le pidieron que lo publicase. Acabó en una revista de baloncesto ahora extinta, pero ahora aquellas notas llegan en todo su esplendor en el apéndice de ‘Mi loca historia del baloncesto’. «Mis caricaturas son siempre amables, pero claro, tienen que ser divertidas, así que si tienes las orejas grandes o eres calvo, serán las características que más destacaré. Todos estaban encantados con la suya. Pau Gasol, que firma el prólogo, ha alucinado con lo que explicaba allí. Claro, es el día a día de aquellos días y las anécdotas son múltiples. Ahora, los equipos van con un séquito enorme de entrenadores, fisios, y demás. Entonces éramos los jugadores y cuatro más», señala Jiménez.

Viñetas de Andrés Jiménez y el jugador en su estudio..
(Jimix/Adrián Quiroga)

Por aquel entonces, todavía compaginaba su pasión por el dibujo con el baloncesto. Incluso en Badalona hacía dibujos para los equipos de publicidad del Juventut. También colaboraba con revistas y así podía sacar fuera ese bicho creativo que no le ha abandonado nunca. «El problema fue que cuando llegué al Barça la presión y los constantes viajes hicieron que poco a poco fuera imposible compaginar las dos cosas y lo dejé. Durante 20 años me olvidé de ello. Continuaba disfrutando de los cómics, pero ya no dibujaba. Incluso cuando me retiré, todavía no comprendo como no volví a dibujar de inmediato», asegura el exjugador del Barça.

Un cómic muy personal

Después de ganar 18 títulos a lo largo de su trayectoria, retirarse no fue un trauma. Empezó a trabajar en su propia empresa relacionada con temas inmobiliarios y consiguió que ese cambio fuera sencillo. «El problema es cuando te retiras por una lesión o porque no encuentras equipo. En mi caso, fue una decisión muy meditada. Soy una persona muy metódica y ordenada. Necesito que todo esté en su sitio y pude volcarme en mi nueva profesión enseguida», confiesa.

Ahora vive en Badalona y disfruta de una vida tranquila. Asegura que no piensa abandonar nunca el dibujo, pero tampoco quiere estresarse más de la cuenta. Sólo quiere encontrar excusas para seguir dibujando y haciendo disfrutar a los demás con sus invenciones. «Carmona y Badalona son mis dos casas. Continuaré aquí y seguiré con mis personajes y dibujos. No soy un profesional, tengo demasiado respeto para los dibujantes para verme más allá de un gran aficionado, pero me encanta coger el lápiz. Estoy un poco hasta arriba del baloncesto, pero el dibujo seguirá siendo siempre mi gran pasión», concluye Jiménez.

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