Ni los tifosi más optimistas podían imaginarse la metamorfosis que ha hecho Lewis Hamilton en su segundo año como principal reclamo de Ferrari, el equipo más universal del mundo de las carreras y, desde este invierno, una máquina revitalizadora. En solo unos meses, Hamilton ha pasado de languidecer como un alma en pena a convertirse en el alma de la fiesta, subido a un coche que hace dos grandes premios, en Montmeló, fue capaz de agrietar la tiranía de Mercedes y estrenar su casillero de triunfos enfundado en el mono de la Scuderia.
El británico de Ferrari, que arrancará el tercero en Silverstone, encuentra su mejor versión al lado de su nuevo ingeniero de pista
Ni los tifosi más optimistas podían imaginarse la metamorfosis que ha hecho Lewis Hamilton en su segundo año como principal reclamo de Ferrari, el equipo más universal del mundo de las carreras y, desde este invierno, una máquina revitalizadora. En solo unos meses, Hamilton ha pasado de languidecer como un alma en pena a convertirse en el alma de la fiesta, subido a un coche que hace dos grandes premios, en Montmeló, fue capaz de agrietar la tiranía de Mercedes y estrenar su casillero de triunfos enfundado en el mono de la Scuderia.
En Silverstone (16:00, Dazn) aspira a seguir haciendo historia, una costumbre que en su etapa anterior viajaba con él. Si repite la machada del Circuit, ese triunfo supondría el décimo en su circuito de casa, una cifra inédita en la historia del certamen. Posibilidades tiene el veterano corredor de Stevenage, que arrancará el tercero, por detrás de Kimi Antonelli, que vuelve a la pole tres carreras después, y de Charles Leclerc. Carlos Sainz lo hará el 15º y Fernando Alonso, el último. Por la mañana, el británico terminó el segundo la prueba corta, después de llevarse la mini pole, el viernes.
El curso pasado, escuchar a Hamilton por la radio daba cosita por el estado de abatimiento que proyectaba su voz y los mensajes que lanzaba, con muchas disculpas hacia su equipo. Ese decaimiento tuvo su reflejo en los números: a estas alturas del campeonato, tras ocho grandes premios completados, el de Ferrari figuraba el sexto en la tabla general, con 63 puntos en su casillero, menos de la mitad de los que acumula ahora (132 puntos), que marcha el tercero en el Mundial. La temporada pasada no firmó ningún podio por los cuatro que lleva en las primeras ocho de 2026. La mayor estrella de la F1 vuelve a brillar con una energía absolutamente renovada gracias a los retoques que ha hecho la estructura de Maranello, convencida de ser capaz de lograr que el piloto con más éxito de siempre, se encuentre a su gusto.
Uno de los cambios más visibles ha sido el de su ingeniero de pista. Se fue Riccardo Adami, con quien el corredor no terminó de entenderse como quedó claro habitualmente en los tensos diálogos que mantuvieron y que se televisaron. Ferrari eligió de forma interina a Carlo Santi, de 52 años y con mucha experiencia en su lomo. Y la química, surgió. “Siento que Carlo es como mi Bono italiano”, afirma Hamilton, en referencia a Peter Bonnington, quien le hablaba por la radio en su etapa en Mercedes, y con quien llegó a tener un vínculo que iba mucho más allá de los circuitos –por ejemplo, rodaban juntos en moto, pasión que compartían–. “Carlo es un veterano que las ha visto de todos los colores. Con Bono conecté desde el primer momento, y con Carlo ha pasado algo parecido”, añade el multicampeón, que, en el podio de Barcelona, donde volvió a ganar después de dos años, estuvo acompañado de su nuevo ángel de la guarda.
En un primer momento, Hamilton recomendó la contratación para el puesto de Cédric Michel-Grosjean, parte de la plantilla de McLaren y que, por el famoso gardening –el periodo de inactividad forzado por contrato–, no pudo incorporarse en las primeras paradas del calendario. No obstante, vista la buena sintonía y resultados que han acompañado a la nueva pareja, todo parece dispuesto para que el técnico de Verona permanezca en la posición más tiempo de lo inicialmente previsto, mientras que Michel-Grosjean siga dentro del garaje, con los demás integrantes de la tropa roja, mientras Santi, con esa serenidad que tanto le caracteriza, siga susurrando a la oreja de Hamilton.
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