Un año después de que la llegada al poder de Donald Trump y su ofensiva arancelaria zarandeara el comercio global ABC conversa con el presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, Antonio Bonet , para hacer el balance de los daños sobre la base exportadora española y sobre su internacionalización. ¿Cómo están los exportadores españoles tras un año de Trump?Lo que dicen los datos es que hasta noviembre las exportaciones de bienes españoles a Estados Unidos han caído un 8% y que las importaciones de bienes desde EE.UU. han aumentado un 8%. Ha sido un año malo pero no catastrófico como se preveía.¿Por qué el impacto ha sido menor?La Administración Trump anunció una subidas arancelarias enormes que en la práctica han sido más suaves. El arancel medio que ha aplicado EE.UU ha sido al final del 17%. Lo que sí ha provocado es un incremento importante de la incertidumbre, y las empresas necesitan estabilidad y capacidad de predecir para invertir.¿Este marco ha disuadido a empresas españolas de invertir en EE.UU.?El mercado norteamericano es tan grande y tan difícil que el que consigue entrar no se va a ir. No es fácilmente sustituible. Se habla de Mercosur como alternativa , pero es un mercado pequeño comparado con EE.UU. Lo que están haciendo las empresas es quedarse a la expectativa. Otra cosa es que vendan menos o que sus márgenes se reduzcan, y por eso están absorbiendo parte del arancel para que los precios de lo que venden no suban tanto. Las decisiones de invertir o abandonar un mercado no se toman de la noche a la mañana porque es muy costoso. ¿Empiezan a valorar otros mercados? Sí.¿Veremos cambios en la distribución geográfica de las exportaciones?Hay que partir de la base de que nuestras exportaciones están estancadas. En las cifras no se ha visto un cambio sustancial y no esperamos que lo haya en el futuro. No se ha sustituido el mercado norteamericano por otros.Pero sí ha aumentado el tráfico comercial con China…El déficit comercial de España con China está en 39.000 millones cuando el desequilibrio total está en 50.000 millones, pero si miramos el déficit no energético el total está en 25.000 millones y el que tenemos con China en 38.000. Hemos aumentado nuestras exportaciones a China, pero China ha elevado sus exportaciones a España el doble. China está desviando las exportaciones que hacía a EE.UU. a otros mercados, como Europa, y está inundando los mercados .Este nuevo mundo de áreas de influencia al que vamos, ¿ha hecho cambiar el enfoque de las empresas españolas a la hora de exportar?Las empresas están empezando a darse cuenta de que tienen que incorporar a sus decisiones el riesgo geopolítico y que además de las oportunidades del mercado, el coste del arancel o la existencia de proveedores tienen que considerar otros temas. Los resultados de esto tardarán tiempo en apreciarse. ¿Puede desembocar todo esto en restricciones al comercio, en el sentido de que cada región comercie solo con sus socios preferentes?Los castigos comerciales solo se los pueden permitir Estados Unidos y China. ¿Puede hacerlo la UE? Ya se ha dotado de herramientas, como el instrumento anticoerción que es un arma potentísima para tomar represalias. ¿Le conviene entrar en ese juego? Creo que no. Lo que le conviene a Europa es que haya reglas comunes y se cumplan.«Cuando se consigue entrar en un mercado tan difícil y tan grande como es el de Estados Unidos, nadie se va»¿Comparten la reacción de la UE a las amenazas de Trump?Lo que le interesa a Europa y a España es que haya mercados abiertos, con reglas para jugar, conocidas y respetadas. Antes se conseguía con la Organización Mundial del Comercio, pero ahora esa vía está paralizada porque la Administración Trump no la reconoce. La otra forma que tiene Europa de establecer ese campo de juego es con acuerdo bilaterales y en eso está trabajando, con la India, con Australia… Eso es bueno. Hay otras cosas que no nos gustan.¿A qué se refiere?En la política europea se han incluido una serie de factores que son perjudiciales para los intereses de las empresas europeas como el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (MAFC), la directiva de diligencia debida de cadenas de suministro, el informe de sostenibilidad, que lo que hacen es aumentar los costes de las empresas europeas y penalizar su competitividad frente a las de otras regiones. Lo que hace el MAFC es que si un proveedor extranjero que emite carbono en su proceso de fabricación no cumple con la normativa europea se le impone un arancel. Ya hay países que han anunciado que como se les aplique esto van a aplicar represalias contra Europa y estamos hablando de un potencial perjuicio para industrias exportadoras como la química o la del automóvil.¿Qué puede esperar el sector exportador español en este escenario? ¿Qué política se necesita?La exportación española tiene problemas estructurales: una excesiva concentración en pocos mercados, con tres cuartas partes de sus clientes en Europa cuando los mercados que están creciendo son otros; una base de empresas exportadoras pequeña de solo 28.000 empresas; y un escaso peso de los bienes de alto valor tecnológico. Son problemas que no se resuelven con políticas de internacionalización, donde disponemos de las mismas herramientas que otros países aunque quizá con menos presupuesto, sino con políticas económicas de apoyo al crecimiento empresarial y a la innovación. El tamaño y la tecnología están directamente relacionados con la exportación.¿Entienden el rechazo a Mercosur?Todos los acuerdos de libre comercio tienen ganadores y perdedores. Lo que hay que valorar es si lo que se gana es más de lo que se pierde para el interés general. Todos los estudios apuntan a que es así. El nuestro indica que las exportaciones al área podrían aumentar un 37% cuando ahora lo hacen al 20%. Creemos que la polémica es exagerada, que es bueno para la UE y que ofrece bastante protección al sector agrícola. Un año después de que la llegada al poder de Donald Trump y su ofensiva arancelaria zarandeara el comercio global ABC conversa con el presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, Antonio Bonet , para hacer el balance de los daños sobre la base exportadora española y sobre su internacionalización. ¿Cómo están los exportadores españoles tras un año de Trump?Lo que dicen los datos es que hasta noviembre las exportaciones de bienes españoles a Estados Unidos han caído un 8% y que las importaciones de bienes desde EE.UU. han aumentado un 8%. Ha sido un año malo pero no catastrófico como se preveía.¿Por qué el impacto ha sido menor?La Administración Trump anunció una subidas arancelarias enormes que en la práctica han sido más suaves. El arancel medio que ha aplicado EE.UU ha sido al final del 17%. Lo que sí ha provocado es un incremento importante de la incertidumbre, y las empresas necesitan estabilidad y capacidad de predecir para invertir.¿Este marco ha disuadido a empresas españolas de invertir en EE.UU.?El mercado norteamericano es tan grande y tan difícil que el que consigue entrar no se va a ir. No es fácilmente sustituible. Se habla de Mercosur como alternativa , pero es un mercado pequeño comparado con EE.UU. Lo que están haciendo las empresas es quedarse a la expectativa. Otra cosa es que vendan menos o que sus márgenes se reduzcan, y por eso están absorbiendo parte del arancel para que los precios de lo que venden no suban tanto. Las decisiones de invertir o abandonar un mercado no se toman de la noche a la mañana porque es muy costoso. ¿Empiezan a valorar otros mercados? Sí.¿Veremos cambios en la distribución geográfica de las exportaciones?Hay que partir de la base de que nuestras exportaciones están estancadas. En las cifras no se ha visto un cambio sustancial y no esperamos que lo haya en el futuro. No se ha sustituido el mercado norteamericano por otros.Pero sí ha aumentado el tráfico comercial con China…El déficit comercial de España con China está en 39.000 millones cuando el desequilibrio total está en 50.000 millones, pero si miramos el déficit no energético el total está en 25.000 millones y el que tenemos con China en 38.000. Hemos aumentado nuestras exportaciones a China, pero China ha elevado sus exportaciones a España el doble. China está desviando las exportaciones que hacía a EE.UU. a otros mercados, como Europa, y está inundando los mercados .Este nuevo mundo de áreas de influencia al que vamos, ¿ha hecho cambiar el enfoque de las empresas españolas a la hora de exportar?Las empresas están empezando a darse cuenta de que tienen que incorporar a sus decisiones el riesgo geopolítico y que además de las oportunidades del mercado, el coste del arancel o la existencia de proveedores tienen que considerar otros temas. Los resultados de esto tardarán tiempo en apreciarse. ¿Puede desembocar todo esto en restricciones al comercio, en el sentido de que cada región comercie solo con sus socios preferentes?Los castigos comerciales solo se los pueden permitir Estados Unidos y China. ¿Puede hacerlo la UE? Ya se ha dotado de herramientas, como el instrumento anticoerción que es un arma potentísima para tomar represalias. ¿Le conviene entrar en ese juego? Creo que no. Lo que le conviene a Europa es que haya reglas comunes y se cumplan.«Cuando se consigue entrar en un mercado tan difícil y tan grande como es el de Estados Unidos, nadie se va»¿Comparten la reacción de la UE a las amenazas de Trump?Lo que le interesa a Europa y a España es que haya mercados abiertos, con reglas para jugar, conocidas y respetadas. Antes se conseguía con la Organización Mundial del Comercio, pero ahora esa vía está paralizada porque la Administración Trump no la reconoce. La otra forma que tiene Europa de establecer ese campo de juego es con acuerdo bilaterales y en eso está trabajando, con la India, con Australia… Eso es bueno. Hay otras cosas que no nos gustan.¿A qué se refiere?En la política europea se han incluido una serie de factores que son perjudiciales para los intereses de las empresas europeas como el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (MAFC), la directiva de diligencia debida de cadenas de suministro, el informe de sostenibilidad, que lo que hacen es aumentar los costes de las empresas europeas y penalizar su competitividad frente a las de otras regiones. Lo que hace el MAFC es que si un proveedor extranjero que emite carbono en su proceso de fabricación no cumple con la normativa europea se le impone un arancel. Ya hay países que han anunciado que como se les aplique esto van a aplicar represalias contra Europa y estamos hablando de un potencial perjuicio para industrias exportadoras como la química o la del automóvil.¿Qué puede esperar el sector exportador español en este escenario? ¿Qué política se necesita?La exportación española tiene problemas estructurales: una excesiva concentración en pocos mercados, con tres cuartas partes de sus clientes en Europa cuando los mercados que están creciendo son otros; una base de empresas exportadoras pequeña de solo 28.000 empresas; y un escaso peso de los bienes de alto valor tecnológico. Son problemas que no se resuelven con políticas de internacionalización, donde disponemos de las mismas herramientas que otros países aunque quizá con menos presupuesto, sino con políticas económicas de apoyo al crecimiento empresarial y a la innovación. El tamaño y la tecnología están directamente relacionados con la exportación.¿Entienden el rechazo a Mercosur?Todos los acuerdos de libre comercio tienen ganadores y perdedores. Lo que hay que valorar es si lo que se gana es más de lo que se pierde para el interés general. Todos los estudios apuntan a que es así. El nuestro indica que las exportaciones al área podrían aumentar un 37% cuando ahora lo hacen al 20%. Creemos que la polémica es exagerada, que es bueno para la UE y que ofrece bastante protección al sector agrícola.
Un año después de que la llegada al poder de Donald Trump y su ofensiva arancelaria zarandeara el comercio global ABC conversa con el presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, Antonio Bonet, para hacer el balance de los daños sobre la … base exportadora española y sobre su internacionalización.
¿Cómo están los exportadores españoles tras un año de Trump?
Lo que dicen los datos es que hasta noviembre las exportaciones de bienes españoles a Estados Unidos han caído un 8% y que las importaciones de bienes desde EE.UU. han aumentado un 8%. Ha sido un año malo pero no catastrófico como se preveía.
¿Por qué el impacto ha sido menor?
La Administración Trump anunció una subidas arancelarias enormes que en la práctica han sido más suaves. El arancel medio que ha aplicado EE.UU ha sido al final del 17%. Lo que sí ha provocado es un incremento importante de la incertidumbre, y las empresas necesitan estabilidad y capacidad de predecir para invertir.
¿Este marco ha disuadido a empresas españolas de invertir en EE.UU.?
El mercado norteamericano es tan grande y tan difícil que el que consigue entrar no se va a ir. No es fácilmente sustituible. Se habla de Mercosur como alternativa, pero es un mercado pequeño comparado con EE.UU. Lo que están haciendo las empresas es quedarse a la expectativa. Otra cosa es que vendan menos o que sus márgenes se reduzcan, y por eso están absorbiendo parte del arancel para que los precios de lo que venden no suban tanto. Las decisiones de invertir o abandonar un mercado no se toman de la noche a la mañana porque es muy costoso. ¿Empiezan a valorar otros mercados? Sí.
¿Veremos cambios en la distribución geográfica de las exportaciones?
Hay que partir de la base de que nuestras exportaciones están estancadas. En las cifras no se ha visto un cambio sustancial y no esperamos que lo haya en el futuro. No se ha sustituido el mercado norteamericano por otros.
Pero sí ha aumentado el tráfico comercial con China…
El déficit comercial de España con China está en 39.000 millones cuando el desequilibrio total está en 50.000 millones, pero si miramos el déficit no energético el total está en 25.000 millones y el que tenemos con China en 38.000. Hemos aumentado nuestras exportaciones a China, pero China ha elevado sus exportaciones a España el doble. China está desviando las exportaciones que hacía a EE.UU. a otros mercados, como Europa, y está inundando los mercados.
Este nuevo mundo de áreas de influencia al que vamos, ¿ha hecho cambiar el enfoque de las empresas españolas a la hora de exportar?
Las empresas están empezando a darse cuenta de que tienen que incorporar a sus decisiones el riesgo geopolítico y que además de las oportunidades del mercado, el coste del arancel o la existencia de proveedores tienen que considerar otros temas. Los resultados de esto tardarán tiempo en apreciarse.
¿Puede desembocar todo esto en restricciones al comercio, en el sentido de que cada región comercie solo con sus socios preferentes?
Los castigos comerciales solo se los pueden permitir Estados Unidos y China. ¿Puede hacerlo la UE? Ya se ha dotado de herramientas, como el instrumento anticoerción que es un arma potentísima para tomar represalias. ¿Le conviene entrar en ese juego? Creo que no. Lo que le conviene a Europa es que haya reglas comunes y se cumplan.
«Cuando se consigue entrar en un mercado tan difícil y tan grande como es el de Estados Unidos, nadie se va»
¿Comparten la reacción de la UE a las amenazas de Trump?
Lo que le interesa a Europa y a España es que haya mercados abiertos, con reglas para jugar, conocidas y respetadas. Antes se conseguía con la Organización Mundial del Comercio, pero ahora esa vía está paralizada porque la Administración Trump no la reconoce. La otra forma que tiene Europa de establecer ese campo de juego es con acuerdo bilaterales y en eso está trabajando, con la India, con Australia… Eso es bueno. Hay otras cosas que no nos gustan.
¿A qué se refiere?
En la política europea se han incluido una serie de factores que son perjudiciales para los intereses de las empresas europeas como el mecanismo de ajuste en frontera por carbono (MAFC), la directiva de diligencia debida de cadenas de suministro, el informe de sostenibilidad, que lo que hacen es aumentar los costes de las empresas europeas y penalizar su competitividad frente a las de otras regiones. Lo que hace el MAFC es que si un proveedor extranjero que emite carbono en su proceso de fabricación no cumple con la normativa europea se le impone un arancel. Ya hay países que han anunciado que como se les aplique esto van a aplicar represalias contra Europa y estamos hablando de un potencial perjuicio para industrias exportadoras como la química o la del automóvil.
¿Qué puede esperar el sector exportador español en este escenario? ¿Qué política se necesita?
La exportación española tiene problemas estructurales: una excesiva concentración en pocos mercados, con tres cuartas partes de sus clientes en Europa cuando los mercados que están creciendo son otros; una base de empresas exportadoras pequeña de solo 28.000 empresas; y un escaso peso de los bienes de alto valor tecnológico. Son problemas que no se resuelven con políticas de internacionalización, donde disponemos de las mismas herramientas que otros países aunque quizá con menos presupuesto, sino con políticas económicas de apoyo al crecimiento empresarial y a la innovación. El tamaño y la tecnología están directamente relacionados con la exportación.
¿Entienden el rechazo a Mercosur?
Todos los acuerdos de libre comercio tienen ganadores y perdedores. Lo que hay que valorar es si lo que se gana es más de lo que se pierde para el interés general. Todos los estudios apuntan a que es así. El nuestro indica que las exportaciones al área podrían aumentar un 37% cuando ahora lo hacen al 20%. Creemos que la polémica es exagerada, que es bueno para la UE y que ofrece bastante protección al sector agrícola.
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