El viaje a México de Isabel Díaz Ayuso está alcanzando un carácter mítico. La incomodidad que generó a los mexicanos, sus enfrentamientos con Claudia Sheinbaum y los dos días finales en los que no se sabe dónde estuvo han llenado de misterios una gira que debía ser protocolar y no generar mayor revuelo que el de cortar una cinta inaugural en una biblioteca. No ha sido el caso ni lo será nunca con la presidenta de Madrid, alérgica a la discreción, sobre todo cuando le acompaña su principal asesor, Miguel Ángel Rodríguez.
La presidenta acortó su gira por unas supuestas presiones que la oposición cree falsas, una justificación para pasar unos días de vacaciones en el Caribe
El viaje a México de Isabel Díaz Ayuso está alcanzando un carácter mítico. La incomodidad que generó a los mexicanos, sus enfrentamientos con Claudia Sheinbaum y los dos días finales en los que no se sabe dónde estuvo han llenado de misterios una gira que debía ser protocolar y no generar mayor revuelo que el de cortar una cinta inaugural en una biblioteca. No ha sido el caso ni lo será nunca con la presidenta de Madrid, alérgica a la discreción, sobre todo cuando le acompaña su principal asesor, Miguel Ángel Rodríguez.
