
Fue suficiente una frase. Apenas 21 palabras para poner fin al concejo abierto de La Hiruela. No hubo llamada, ni explicación, ni más detalles. Solo una frase publicada el 1 de julio en el Boletín Oficial de la Comunidad y el modelo de representación política de origen medieval por el que se regía el pueblo quedó abolido. El Gobierno de la Comunidad de Madrid terminó la semana pasada con el último ayuntamiento de la región que se gobernaba por consejo abierto.

El pueblo del noroeste de la región se rige con concejo abierto desde hace cuatro décadas y ahora está obligado a pasar por el sistema de partidos
Fue suficiente una frase. Apenas 21 palabras para poner fin al concejo abierto de La Hiruela. No hubo llamada, ni explicación, ni más detalles. Solo una frase publicada el 1 de julio en el Boletín Oficial de la Comunidad y el modelo de representación política de origen medieval por el que se regía el pueblo quedó abolido. El Gobierno de la Comunidad de Madrid terminó la semana pasada con el último ayuntamiento de la región que se gobernaba por consejo abierto.
Hasta el miércoles pasado, los 88 vecinos de La Hiruela, en el límite con la provincia de Guadalajara, presumían de ser el pueblo mejor conservado de la Comunidad, de tener las hayas más frondosas y de ser el único pueblo en el que todos los vecinos son concejales. Se trata de una peculiar forma de gobierno incorporada a la legislación española en 1985 —heredada de la época medieval, que bebe en las reglas de usos y costumbres— que permitía a los municipios de menos de 100 habitantes y con problemas de aislamiento autogobernarse sin partidos políticos.
“A mí me gusta opinar y participar en las cosas del pueblo tal y como hacíamos hasta ahora”, dice Celia Martín, una vecina de 72 años que lee en la plaza a la sombra de la parra. Celia nació en La Hiruela, vivió la mayor parte de su vida en San Sebastián de los Reyes y, desde que se jubiló, ha regresado al pueblo del que salió hace medio siglo. Ella es de las que trata de no perderse ni una junta de gobierno. A Celia, por ejemplo, le interesa que la asistenta social que les toma la tensión o trae las medicinas a los ancianos esté el mayor número de horas posibles en el ambulatorio contratado por el Ayuntamiento. “Las juntas son intensas y a veces se arma cada una…”, dice moviendo la mano en el aire. Celia se refiere al último pleno que se prolongó durante cuatro horas.

A pocos pasos, otro vecino que está a punto de comenzar la partida de cartas tampoco está contento. “No me gusta que hayan tomado esa decisión. Yo no sé mucho de política, pero aquí podemos hablar de lo que se puede hacer en el pueblo”, dice junto a una mesa en la que está a punto de comenzar la partida de brisca, desde la que ve el imponente verde de la Sierra del Rincón. “Este cerro es Madrid, aquel otro Guadalajara y hacia allá Segovia”, señala.
Tanto los vecinos como el alcalde admiten que es mucho más trabajoso sacar adelante las decisiones en un sistema de concejo abierto porque obliga a un mayor consenso, a una total transparencia sobre las cuentas públicas y a que todos supervisan cada decisión. Entre otras cosas, dice el alcalde Antonio Viedma, el orden del día del pleno se envía antes a cada vecino para que puedan prepararlo. “Es muy difícil saber qué puntos saldrán adelante o no, pero uno se siente más arropado en la toma de decisiones. La gente quiere participar y se identifica más con su pueblo”, dice sentado en la sala de juntas. En La Hiruela las decisiones se toman por mayoría simple y en los plenos pueden participar todos los adultos empadronados. “Cada tres meses hay junta ordinaria, pero convocamos también muchas extraordinarias. Aquí no vamos a la urna cada cuatro años, aquí estamos votando todo el día”, bromea.
En España, 104 ayuntamientos, la mayoría de ellos en Aragón, Castilla y León o Cataluña, se rigen por concejo abierto. De acuerdo a la tradición, las asambleas solo pueden ser convocadas en domingo o día festivo para no interferir con las obligaciones laborales.
En un pueblo donde ni el PP, ni PSOE, ni Vox, ni Más Madrid mandan nada, las coaliciones políticas no tienen que ver con derecha ni izquierda y se articulan de una forma diferente. Así, las alianzas, por ejemplo, son entre los ancianos que no van a ceder ante el alcalde si propone reducir algunas horas la presencia del asistente social para ahorrar unos euros al presupuesto. O entre otros más jóvenes a los que les gustaría poner placas solares para un huerto. En el debate político, los vecinos llegan cargados de argumentos para tratar de atraer votos del bando contrario y sacar adelante los proyectos que llegan al pleno: comprar una máquina de nieve, unificar los criterios estéticos en las viviendas, permitir la apertura de una casa rural. “Es difícil llegar al pleno con acuerdos previos. No hay posibilidad legal de imponer una decisión tomada unilateralmente por el alcalde y sus concejales”. Aquí, dice Viedma, ”la única forma de sacar adelante las propuestas que llegan al pleno es convencer”, resume el alcalde como si hubiera dicho cualquier cosa. Y pone como ejemplo una pista de pádel recién construida: “La discusión sobre su construcción hace ver a muchos vecinos que hay más gente en el pueblo. Para que te des cuenta de lo lioso que es, primero hay que aprobar su construcción, luego presentar las cuentas y al final discutir su utilización. Algo en apariencia sencillo requiere de tres votaciones, pero hace que todo el mundo esté comprometido con su pueblo”.

La decisión de la Comunidad de Madrid de terminar con el concejo abierto se comunicó con una sola frase aparecida en el Boletín Oficial: “Acuerdo por el que se deniega la solicitud de autorización del régimen de concejo abierto en el municipio de La Hiruela”, dice el punto tres del BOCM.
Cinco días después, la Comunidad de Madrid envió al alcalde una comunicación oficial con las razones. Segun un portavoz, La Hiruela no cumple con los requisitos para ser concejo abierto dado que no se cumple ni el aislamiento ni la pérdida de población, que aumentó en 34 personas en los últimos diez años al pasar de 54 a 88 habitantes, pandemia incluida. “La Huiruela crece en población y tiene medios económicos y técnicos. Tampoco está aislada porque pertenece a la Mancomunidad de la Sierra Norte y la cabeza comarcal es Buitrago de Lozoya, a escasos minutos”, señala un portavoz. A 108 kilómetros de la Puerta del Sol, el alcalde de La Hiruela recuerda que Buitrago está a media hora en coche pero durante el invierno, solo es posible llegar cuando han pasado las máquinas quitanieves. “Las máquinas despejan la carretera, pero las calles son intransitables y es difícil salir de casa en invierno”, matiza el alcalde.
En el documento enviado, la Comunidad insiste en “denegar una solicitud de autorización”, que, segun el alcalde nunca se hizo, ya que el pueblo lleva funcionando así casi cuatro décadas. El matiz legal radica en que una reforma de la ley de 2011 dejó de hacer automático el concejo abierto con menos de 100 habitantes y añadía una excepción si había acuerdo unánime de los tres concejales electos y la mayoría de los vecinos, como era el caso. A pesar del disgusto, el alcalde no tiene ni ganas ni recursos para recurrir la decisión y aspira a convencer a las autoridades: “Es incoherente e ingrato litigar contra la Comunidad”, dice resignado. “Dependemos de ellos para todo”.
La sobredosis democrática de La Hiruela a la que la Comunidad ha puesto fin es un caso paradójico en momentos en que las encuestas confirman el distanciamiento de la ciudadanía de la política. El último sondeo del CIS sitúa a los partidos políticos como la institución peor valorada, con tres puntos sobre diez. Un año antes, en abril de 2025, otro sondeo del CIS destacó que el 14% de la población respondió “ninguno” cuando se le preguntó qué partido era el más cercano a sus ideas. En La Hiruela no ha gustado nada que los peor valorados en estas encuestas vengan a decirles que se acabó la broma.
