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  Cultura  Bad Bunny, de campeón del perreo a líder de la revolución latina
Cultura

Bad Bunny, de campeón del perreo a líder de la revolución latina

febrero 15, 2026
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Hace unos años la mayoría se encogía de hombros al escuchar su nombre, pero ahora, después de la semana fantástica de los Grammy y la Super Bowl , quien más quien menos sabe algo sobre Bad Bunny . No obstante, aunque su exposición mediática ya ha alcanzado cotas difícilmente igualables, no tiene biografía autorizada ni documental oficial y sigue siendo una figura enigmática que ha compartido pocos detalles de su vida.Benito Antonio Martínez Ocasio nació el 10 de marzo de 1994 en el Hospital Hermanos Meléndez de Bayamón, un municipio de la costa norte de Puerto Rico, a 15 kilómetros de la capital (San Juan), pero su familia vivía 40 km más al oeste, en la localidad de Vega Baja . Tiene dos hermanos menores, Bernie y Bysael, su padre es Benito ‘Tito’ Martínez, que fue conductor de camiones, y su madre es Lysaurie Ocasio, una maestra de inglés jubilada que consiguió que su hijo cuidara sus hábitos de lectura amenazándolo con quitarle sus discos si remoloneaba.Él mismo ha dicho que la melomanía se apoderó de él siendo muy pequeño, y de hecho cantó desde los 5 hasta los 13 años en el coro de la parroquia Santísima Trinidad de su barrio, Almirante Sur, donde fue monaguillo y su madre catequista. Fue por entonces, en el segundo grado de sus estudios en la Escuela Segunda Unidad Almirante Norte, cuando dio su primer recital solista interpretando la canción de Juanes ‘Mala gente’ en un concurso escolar. Lo hizo agarrotado por los nervios, mirando al suelo por la timidez, y quedó lejos de los primeros puestos.Noticia Relacionada Nuevo disco del rey de la música latina estandar Si ‘Debí tirar más fotos’, el perreo patriótico de Bad Bunny Nacho Serrano El sexto álbum del artista puertorriqueño es un homenaje a su país que alerta de la amenaza colonialista de Estados UnidosYa hacía tiempo que le habían encasquetado el apodo . Fue a los 6 años, cuando le hicieron una fotografía durante las fiestas del Domingo de Resurrección en la que le tocó ponerse un disfraz de conejo. Al tomarle la foto estaba tan enrabietado que no pudo disimular su cara de disgusto, y así, de esa forma natural y entrañable, nació la leyenda del ‘conejo malo’.Encima de la pizarra de su clase había escrita una frase: «Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino Justicia»Completó sus estudios en la escuela superior Juan Quirindongo Morell, donde fue muy buen estudiante , especialmente en la asignatura de Lengua española, y donde se comportó «como un chico humilde, delicado, flaquito, amable y respetuoso», aseguró en un minidocumental la última conserje que lo conoció. En su clase, sobre la pizarra había escrita una frase que alude al ‘Don Quijote’ (no aparece en la novela) en letras grandes: «Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino Justicia».Benito pasó su adolescencia entre las calles de Almirante Sur (donde hay varios murales de homenaje), jugando al baloncesto en las canchas comunitarias, explorando por el campo y comiendo los pastramis de la panadería González, un lugar que luego mencionaría en una de sus canciones, ‘Échale’.La famosa foto que le dio el apodo de ‘Bad Bunny’ y qué él mismo colgó en su perfil de Instagram instagram de @badbunnyprAl cumplir la mayoría de edad, se compró un ordenador básico y un micrófono de baja fidelidad y empezó a grabar temas en su habitación con programas de edición sencillos. Abrió una cuenta en Soundcloud, y el 20 de septiembre de 2013 lanzó al mundo su primer tema, ‘Get’ (con letra en español, a pesar del título), que se quedó con el contador de reproducciones casi a cero. En 2014 publicó otro titulado ‘Diles’ que funcionó algo mejor, y ese año empezó a trabajar en el supermercado Econo Plaza, donde primero fue empaquetador y luego cajero, y cuya fachada muestra un orgulloso grafiti que dice: ‘Donde todo comenzó’.«Era un muchacho muy tranquilo, bien responsable, cumplía todas las funciones», comenta en el reportaje la responsable del establecimiento donde pasó casi tres años, compaginándolo con la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico hasta que en 2016 sucedió el pequeño milagro que le hizo dejar los estudios: ‘Diles’ llegó a oídos del productor DJ Luian, quien lo contrató para su sello Hear This Music y se lo presentó al equipo de productores Mambo Kingz. Arropado por estos expertos, Benito no tardó en petarlo.Poco después de dar una de sus primeras actuaciones reseñables, en la playa de Puerto Nuevo en Vega Baja, lanzó un remix de ‘Diles’ de enorme repercusión y después llegó el legendario ‘Soy peor’ , un éxito instantáneo que alcanzó 330 millones de reproducciones en YouTube en menos de un año.El ascenso al estrellatoTras ese pelotazo, en 2017 ya había adquirido el estatus de estrella del trap y el reguetón e hizo su primera gira europea con un caché de 8.000 euros por actuación , dando casi una veintena de conciertos en salas españolas, a veces tres por noche, que fueron ignorados por la prensa a pesar de que barrió la taquilla en todas las ciudades.Su perfil internacional creció aún más en 2018 al colaborar con Will Smith, Marc Anthony, Cardi B y el entonces todopoderoso J Balvin, que al año siguiente le invitó a grabar el disco colaborativo ‘Oasis’, quizá su mayor error si pretendía mantener el trono: a partir de ahí el aprendiz se comió al maestro, y en 2020, al publicar ‘YHLQMDLG’, Benito desató una tanda de cinco discos súperventas que lo han mantenido en lo más alto, alternándose en el número uno global con Taylor Swift .¿Y cómo se gestó la metamorfosis que transformó a un reguetonero que nadaba entre joyas y culos zumbones en el fenómeno sociológico, el gurú espiritual, el líder político que es hoy, ese que ahora canta «ya no estamo’ pa’ la movie’ y las cadena’, ‘tamos pa’ las cosa’ que valgan la pena», y que prefiere dar treinta conciertos en su tierra (con un impacto de 400 millones de dólares para la economía local) que girar por unos Estados Unidos donde muchos de sus fans corren peligro si salen a la calle?Todo empezó dos años y medio antes, cuando el huracán María arrasó Puerto Rico dejando sin electricidad a cientos de miles de personas ante la inoperancia del gobierno de la isla. «Aquello marcó un antes y un después en la figura de Bad Bunny», afirma Víctor Sánchez Rincones , periodista y una de las voces más activas dentro del circuito de la música latina y urbana en España.«No fue solo una tragedia climática, sino un evento que redefinió su narrativa artística», explica el comunicador, que ha trabajado en numerosas campañas promocionales de estrellas del reguetón, incluida la de ‘Yo debí tirar más fotos’, el último disco de Bad Bunny. «A partir de ahí, Benito dejó ver una conciencia social más sólida, donde el orgullo boricua ya no era únicamente identidad cultural, sino también postura crítica. Fue evidente cómo su discurso empezó a tener más profundidad emocional, social y política. Su arte comenzó a reflejar no solo éxitos comerciales, sino también realidades colectivas».Otros buenos conocedores de la trayectoria de Bad Bunny, como el periodista Diego Rubio (jefe de redacción de Nuebo y colaborador de Rockdelux), creen que viene de antes. «Cuando Bad Bunny empezó a subir sus primeros temas, en la prensa de su país se le identificaba mucho con el descontento de una generación en crisis, o sea, que era cuestión de tiempo que adoptara una posición más frontal sociopolíticamente hablando. Al principio quizá solo había una resistencia desde el hedonismo, que no es menos resistencia, a veces es incluso más. Pero creo que él siempre ha abanderado un mensaje de avanzar el cambio» . La primera actuación de Benito en el show de Jimmy Fallon (2018) «fue la confirmación de que era mucho más que un trapero ‘maliantón’», opina Rubio. «No solo aprovechó su primera actuación en la televisión estadounidense para señalar la catástrofe de Puerto Rico, sino para acusar a Trump de negar la tragedia y mentir con el número de víctimas. El 64 que lucía en la remera de su actuación en la Super Bowl, por cierto, es la cifra original que dio el presidente; la real superaba las 4.000».Arriba, Benito en la Super Bowl. Abajo, la rueda de prensa anterior al partido y uno de los carteles contra el ICE que aparecieron en los aledaños del estadio. El cartel de ‘Yo debí tirar más fotos’ muestra un sapo concho (animal emblemático de Puerto Rico) junto al lema ‘ICE out’ (‘ICE fuera’) REUTERS / EFEEn 2019, Benito fue junto a Residente y Ricky Martin una de las caras visibles de las protestas contra la corrupción y la ineficacia del gobernador Ricardo Roselló, que acabó dimitiendo. «Fue una validación del artista urbano como agente social», apunta Sánchez. «Su presencia en las protestas no fue marketing ni pose estética: fue coherencia. Y eso, en un género criticado por superficial, tuvo un peso enorme. Quienes trabajamos en la escena urbana vimos cómo se rompía el estereotipo del ‘artista desconectado’. Benito demostró que se puede liderar ‘charts’ globales y, al mismo tiempo, implicarse en procesos históricos. Ese episodio elevó su credibilidad, no solo como músico, sino como figura cultural».En 2023, Benito hizo historia en el Festival de Coachella al ser su primer cabeza de cartel de habla hispana. Fue poco después de su primer enfrentamiento con el ‘trumpismo’ en televisión, y Rubio estuvo allí: «En el escenario dio una gran lección sobre cultura puertorriqueña desde el epicentro mismo del sistema estadounidense, algo muy parecido a lo que vimos en el ‘Supertazón’».Bad Bunny ha culminado este 2026 su transformación en megaestrella pop al ganar el primer Grammy al mejor disco con un trabajo en castellano y ser el protagonista del show de la Super Bowl, pero también en referente ético, al condenar las acciones del ICE en la gala de los premios y lanzar un potentísimo discurso político con su actuación en el partido de fútbol americano celebrado en el estadio de Santa Clara.«Ya no es únicamente un artista; es un símbolo generacional con impacto global», resume Sánchez. «Su crítica hacia políticas migratorias o figuras como Trump no se percibe como militancia partidista, sino como una extensión de su narrativa humanista. Para quienes defendemos la música urbana, esto refuerza una idea clave: el género no solo mueve masas, también mueve conversaciones». MÁS INFORMACIÓN El vídeo de Rufián a lo Bud Bunny que el de ERC aplaude: «Putos cracks»«Este nuevo Trump 2.0, más frenético y loco, es solo una causa-consecuencia del mundo más frenético y más loco en el que estamos ahora», concluye Rubio. «Y contra este Trump 2.0, hay un Bad Bunny también un poco 2.0, más pausado y centrado en lo sencillo, lo orgánico. Él lo va dejando claro cada vez que puede: a más odio, más amor». Hace unos años la mayoría se encogía de hombros al escuchar su nombre, pero ahora, después de la semana fantástica de los Grammy y la Super Bowl , quien más quien menos sabe algo sobre Bad Bunny . No obstante, aunque su exposición mediática ya ha alcanzado cotas difícilmente igualables, no tiene biografía autorizada ni documental oficial y sigue siendo una figura enigmática que ha compartido pocos detalles de su vida.Benito Antonio Martínez Ocasio nació el 10 de marzo de 1994 en el Hospital Hermanos Meléndez de Bayamón, un municipio de la costa norte de Puerto Rico, a 15 kilómetros de la capital (San Juan), pero su familia vivía 40 km más al oeste, en la localidad de Vega Baja . Tiene dos hermanos menores, Bernie y Bysael, su padre es Benito ‘Tito’ Martínez, que fue conductor de camiones, y su madre es Lysaurie Ocasio, una maestra de inglés jubilada que consiguió que su hijo cuidara sus hábitos de lectura amenazándolo con quitarle sus discos si remoloneaba.Él mismo ha dicho que la melomanía se apoderó de él siendo muy pequeño, y de hecho cantó desde los 5 hasta los 13 años en el coro de la parroquia Santísima Trinidad de su barrio, Almirante Sur, donde fue monaguillo y su madre catequista. Fue por entonces, en el segundo grado de sus estudios en la Escuela Segunda Unidad Almirante Norte, cuando dio su primer recital solista interpretando la canción de Juanes ‘Mala gente’ en un concurso escolar. Lo hizo agarrotado por los nervios, mirando al suelo por la timidez, y quedó lejos de los primeros puestos.Noticia Relacionada Nuevo disco del rey de la música latina estandar Si ‘Debí tirar más fotos’, el perreo patriótico de Bad Bunny Nacho Serrano El sexto álbum del artista puertorriqueño es un homenaje a su país que alerta de la amenaza colonialista de Estados UnidosYa hacía tiempo que le habían encasquetado el apodo . Fue a los 6 años, cuando le hicieron una fotografía durante las fiestas del Domingo de Resurrección en la que le tocó ponerse un disfraz de conejo. Al tomarle la foto estaba tan enrabietado que no pudo disimular su cara de disgusto, y así, de esa forma natural y entrañable, nació la leyenda del ‘conejo malo’.Encima de la pizarra de su clase había escrita una frase: «Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino Justicia»Completó sus estudios en la escuela superior Juan Quirindongo Morell, donde fue muy buen estudiante , especialmente en la asignatura de Lengua española, y donde se comportó «como un chico humilde, delicado, flaquito, amable y respetuoso», aseguró en un minidocumental la última conserje que lo conoció. En su clase, sobre la pizarra había escrita una frase que alude al ‘Don Quijote’ (no aparece en la novela) en letras grandes: «Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino Justicia».Benito pasó su adolescencia entre las calles de Almirante Sur (donde hay varios murales de homenaje), jugando al baloncesto en las canchas comunitarias, explorando por el campo y comiendo los pastramis de la panadería González, un lugar que luego mencionaría en una de sus canciones, ‘Échale’.La famosa foto que le dio el apodo de ‘Bad Bunny’ y qué él mismo colgó en su perfil de Instagram instagram de @badbunnyprAl cumplir la mayoría de edad, se compró un ordenador básico y un micrófono de baja fidelidad y empezó a grabar temas en su habitación con programas de edición sencillos. Abrió una cuenta en Soundcloud, y el 20 de septiembre de 2013 lanzó al mundo su primer tema, ‘Get’ (con letra en español, a pesar del título), que se quedó con el contador de reproducciones casi a cero. En 2014 publicó otro titulado ‘Diles’ que funcionó algo mejor, y ese año empezó a trabajar en el supermercado Econo Plaza, donde primero fue empaquetador y luego cajero, y cuya fachada muestra un orgulloso grafiti que dice: ‘Donde todo comenzó’.«Era un muchacho muy tranquilo, bien responsable, cumplía todas las funciones», comenta en el reportaje la responsable del establecimiento donde pasó casi tres años, compaginándolo con la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico hasta que en 2016 sucedió el pequeño milagro que le hizo dejar los estudios: ‘Diles’ llegó a oídos del productor DJ Luian, quien lo contrató para su sello Hear This Music y se lo presentó al equipo de productores Mambo Kingz. Arropado por estos expertos, Benito no tardó en petarlo.Poco después de dar una de sus primeras actuaciones reseñables, en la playa de Puerto Nuevo en Vega Baja, lanzó un remix de ‘Diles’ de enorme repercusión y después llegó el legendario ‘Soy peor’ , un éxito instantáneo que alcanzó 330 millones de reproducciones en YouTube en menos de un año.El ascenso al estrellatoTras ese pelotazo, en 2017 ya había adquirido el estatus de estrella del trap y el reguetón e hizo su primera gira europea con un caché de 8.000 euros por actuación , dando casi una veintena de conciertos en salas españolas, a veces tres por noche, que fueron ignorados por la prensa a pesar de que barrió la taquilla en todas las ciudades.Su perfil internacional creció aún más en 2018 al colaborar con Will Smith, Marc Anthony, Cardi B y el entonces todopoderoso J Balvin, que al año siguiente le invitó a grabar el disco colaborativo ‘Oasis’, quizá su mayor error si pretendía mantener el trono: a partir de ahí el aprendiz se comió al maestro, y en 2020, al publicar ‘YHLQMDLG’, Benito desató una tanda de cinco discos súperventas que lo han mantenido en lo más alto, alternándose en el número uno global con Taylor Swift .¿Y cómo se gestó la metamorfosis que transformó a un reguetonero que nadaba entre joyas y culos zumbones en el fenómeno sociológico, el gurú espiritual, el líder político que es hoy, ese que ahora canta «ya no estamo’ pa’ la movie’ y las cadena’, ‘tamos pa’ las cosa’ que valgan la pena», y que prefiere dar treinta conciertos en su tierra (con un impacto de 400 millones de dólares para la economía local) que girar por unos Estados Unidos donde muchos de sus fans corren peligro si salen a la calle?Todo empezó dos años y medio antes, cuando el huracán María arrasó Puerto Rico dejando sin electricidad a cientos de miles de personas ante la inoperancia del gobierno de la isla. «Aquello marcó un antes y un después en la figura de Bad Bunny», afirma Víctor Sánchez Rincones , periodista y una de las voces más activas dentro del circuito de la música latina y urbana en España.«No fue solo una tragedia climática, sino un evento que redefinió su narrativa artística», explica el comunicador, que ha trabajado en numerosas campañas promocionales de estrellas del reguetón, incluida la de ‘Yo debí tirar más fotos’, el último disco de Bad Bunny. «A partir de ahí, Benito dejó ver una conciencia social más sólida, donde el orgullo boricua ya no era únicamente identidad cultural, sino también postura crítica. Fue evidente cómo su discurso empezó a tener más profundidad emocional, social y política. Su arte comenzó a reflejar no solo éxitos comerciales, sino también realidades colectivas».Otros buenos conocedores de la trayectoria de Bad Bunny, como el periodista Diego Rubio (jefe de redacción de Nuebo y colaborador de Rockdelux), creen que viene de antes. «Cuando Bad Bunny empezó a subir sus primeros temas, en la prensa de su país se le identificaba mucho con el descontento de una generación en crisis, o sea, que era cuestión de tiempo que adoptara una posición más frontal sociopolíticamente hablando. Al principio quizá solo había una resistencia desde el hedonismo, que no es menos resistencia, a veces es incluso más. Pero creo que él siempre ha abanderado un mensaje de avanzar el cambio» . La primera actuación de Benito en el show de Jimmy Fallon (2018) «fue la confirmación de que era mucho más que un trapero ‘maliantón’», opina Rubio. «No solo aprovechó su primera actuación en la televisión estadounidense para señalar la catástrofe de Puerto Rico, sino para acusar a Trump de negar la tragedia y mentir con el número de víctimas. El 64 que lucía en la remera de su actuación en la Super Bowl, por cierto, es la cifra original que dio el presidente; la real superaba las 4.000».Arriba, Benito en la Super Bowl. Abajo, la rueda de prensa anterior al partido y uno de los carteles contra el ICE que aparecieron en los aledaños del estadio. El cartel de ‘Yo debí tirar más fotos’ muestra un sapo concho (animal emblemático de Puerto Rico) junto al lema ‘ICE out’ (‘ICE fuera’) REUTERS / EFEEn 2019, Benito fue junto a Residente y Ricky Martin una de las caras visibles de las protestas contra la corrupción y la ineficacia del gobernador Ricardo Roselló, que acabó dimitiendo. «Fue una validación del artista urbano como agente social», apunta Sánchez. «Su presencia en las protestas no fue marketing ni pose estética: fue coherencia. Y eso, en un género criticado por superficial, tuvo un peso enorme. Quienes trabajamos en la escena urbana vimos cómo se rompía el estereotipo del ‘artista desconectado’. Benito demostró que se puede liderar ‘charts’ globales y, al mismo tiempo, implicarse en procesos históricos. Ese episodio elevó su credibilidad, no solo como músico, sino como figura cultural».En 2023, Benito hizo historia en el Festival de Coachella al ser su primer cabeza de cartel de habla hispana. Fue poco después de su primer enfrentamiento con el ‘trumpismo’ en televisión, y Rubio estuvo allí: «En el escenario dio una gran lección sobre cultura puertorriqueña desde el epicentro mismo del sistema estadounidense, algo muy parecido a lo que vimos en el ‘Supertazón’».Bad Bunny ha culminado este 2026 su transformación en megaestrella pop al ganar el primer Grammy al mejor disco con un trabajo en castellano y ser el protagonista del show de la Super Bowl, pero también en referente ético, al condenar las acciones del ICE en la gala de los premios y lanzar un potentísimo discurso político con su actuación en el partido de fútbol americano celebrado en el estadio de Santa Clara.«Ya no es únicamente un artista; es un símbolo generacional con impacto global», resume Sánchez. «Su crítica hacia políticas migratorias o figuras como Trump no se percibe como militancia partidista, sino como una extensión de su narrativa humanista. Para quienes defendemos la música urbana, esto refuerza una idea clave: el género no solo mueve masas, también mueve conversaciones». MÁS INFORMACIÓN El vídeo de Rufián a lo Bud Bunny que el de ERC aplaude: «Putos cracks»«Este nuevo Trump 2.0, más frenético y loco, es solo una causa-consecuencia del mundo más frenético y más loco en el que estamos ahora», concluye Rubio. «Y contra este Trump 2.0, hay un Bad Bunny también un poco 2.0, más pausado y centrado en lo sencillo, lo orgánico. Él lo va dejando claro cada vez que puede: a más odio, más amor».  

Hace unos años la mayoría se encogía de hombros al escuchar su nombre, pero ahora, después de la semana fantástica de los Grammy y la Super Bowl, quien más quien menos sabe algo sobre Bad Bunny. No obstante, aunque su exposición mediática ya … ha alcanzado cotas difícilmente igualables, no tiene biografía autorizada ni documental oficial y sigue siendo una figura enigmática que ha compartido pocos detalles de su vida.

Benito Antonio Martínez Ocasio nació el 10 de marzo de 1994 en el Hospital Hermanos Meléndez de Bayamón, un municipio de la costa norte de Puerto Rico, a 15 kilómetros de la capital (San Juan), pero su familia vivía 40 km más al oeste, en la localidad de Vega Baja. Tiene dos hermanos menores, Bernie y Bysael, su padre es Benito ‘Tito’ Martínez, que fue conductor de camiones, y su madre es Lysaurie Ocasio, una maestra de inglés jubilada que consiguió que su hijo cuidara sus hábitos de lectura amenazándolo con quitarle sus discos si remoloneaba.

Él mismo ha dicho que la melomanía se apoderó de él siendo muy pequeño, y de hecho cantó desde los 5 hasta los 13 años en el coro de la parroquia Santísima Trinidad de su barrio, Almirante Sur, donde fue monaguillo y su madre catequista. Fue por entonces, en el segundo grado de sus estudios en la Escuela Segunda Unidad Almirante Norte, cuando dio su primer recital solista interpretando la canción de Juanes ‘Mala gente’ en un concurso escolar. Lo hizo agarrotado por los nervios, mirando al suelo por la timidez, y quedó lejos de los primeros puestos.

Ya hacía tiempo que le habían encasquetado el apodo. Fue a los 6 años, cuando le hicieron una fotografía durante las fiestas del Domingo de Resurrección en la que le tocó ponerse un disfraz de conejo. Al tomarle la foto estaba tan enrabietado que no pudo disimular su cara de disgusto, y así, de esa forma natural y entrañable, nació la leyenda del ‘conejo malo’.

Encima de la pizarra de su clase había escrita una frase: «Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino Justicia»

Completó sus estudios en la escuela superior Juan Quirindongo Morell, donde fue muy buen estudiante, especialmente en la asignatura de Lengua española, y donde se comportó «como un chico humilde, delicado, flaquito, amable y respetuoso», aseguró en un minidocumental la última conserje que lo conoció. En su clase, sobre la pizarra había escrita una frase que alude al ‘Don Quijote’ (no aparece en la novela) en letras grandes: «Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino Justicia».

Benito pasó su adolescencia entre las calles de Almirante Sur (donde hay varios murales de homenaje), jugando al baloncesto en las canchas comunitarias, explorando por el campo y comiendo los pastramis de la panadería González, un lugar que luego mencionaría en una de sus canciones, ‘Échale’.

La famosa foto que le dio el apodo de ‘Bad Bunny’ y qué él mismo colgó en su perfil de Instagram
instagram de @badbunnypr

Al cumplir la mayoría de edad, se compró un ordenador básico y un micrófono de baja fidelidad y empezó a grabar temas en su habitación con programas de edición sencillos. Abrió una cuenta en Soundcloud, y el 20 de septiembre de 2013 lanzó al mundo su primer tema, ‘Get’ (con letra en español, a pesar del título), que se quedó con el contador de reproducciones casi a cero. En 2014 publicó otro titulado ‘Diles’ que funcionó algo mejor, y ese año empezó a trabajar en el supermercado Econo Plaza, donde primero fue empaquetador y luego cajero, y cuya fachada muestra un orgulloso grafiti que dice: ‘Donde todo comenzó’.

«Era un muchacho muy tranquilo, bien responsable, cumplía todas las funciones», comenta en el reportaje la responsable del establecimiento donde pasó casi tres años, compaginándolo con la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico hasta que en 2016 sucedió el pequeño milagro que le hizo dejar los estudios: ‘Diles’ llegó a oídos del productor DJ Luian, quien lo contrató para su sello Hear This Music y se lo presentó al equipo de productores Mambo Kingz. Arropado por estos expertos, Benito no tardó en petarlo.

Poco después de dar una de sus primeras actuaciones reseñables, en la playa de Puerto Nuevo en Vega Baja, lanzó un remix de ‘Diles’ de enorme repercusión y después llegó el legendario ‘Soy peor’, un éxito instantáneo que alcanzó 330 millones de reproducciones en YouTube en menos de un año.

El ascenso al estrellato

Tras ese pelotazo, en 2017 ya había adquirido el estatus de estrella del trap y el reguetón e hizo su primera gira europea con un caché de 8.000 euros por actuación, dando casi una veintena de conciertos en salas españolas, a veces tres por noche, que fueron ignorados por la prensa a pesar de que barrió la taquilla en todas las ciudades.

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Su perfil internacional creció aún más en 2018 al colaborar con Will Smith, Marc Anthony, Cardi B y el entonces todopoderoso J Balvin, que al año siguiente le invitó a grabar el disco colaborativo ‘Oasis’, quizá su mayor error si pretendía mantener el trono: a partir de ahí el aprendiz se comió al maestro, y en 2020, al publicar ‘YHLQMDLG’, Benito desató una tanda de cinco discos súperventas que lo han mantenido en lo más alto, alternándose en el número uno global con Taylor Swift.

¿Y cómo se gestó la metamorfosis que transformó a un reguetonero que nadaba entre joyas y culos zumbones en el fenómeno sociológico, el gurú espiritual, el líder político que es hoy, ese que ahora canta «ya no estamo’ pa’ la movie’ y las cadena’, ‘tamos pa’ las cosa’ que valgan la pena», y que prefiere dar treinta conciertos en su tierra (con un impacto de 400 millones de dólares para la economía local) que girar por unos Estados Unidos donde muchos de sus fans corren peligro si salen a la calle?

Todo empezó dos años y medio antes, cuando el huracán María arrasó Puerto Rico dejando sin electricidad a cientos de miles de personas ante la inoperancia del gobierno de la isla. «Aquello marcó un antes y un después en la figura de Bad Bunny», afirma Víctor Sánchez Rincones, periodista y una de las voces más activas dentro del circuito de la música latina y urbana en España.

«No fue solo una tragedia climática, sino un evento que redefinió su narrativa artística», explica el comunicador, que ha trabajado en numerosas campañas promocionales de estrellas del reguetón, incluida la de ‘Yo debí tirar más fotos’, el último disco de Bad Bunny. «A partir de ahí, Benito dejó ver una conciencia social más sólida, donde el orgullo boricua ya no era únicamente identidad cultural, sino también postura crítica. Fue evidente cómo su discurso empezó a tener más profundidad emocional, social y política. Su arte comenzó a reflejar no solo éxitos comerciales, sino también realidades colectivas».

Otros buenos conocedores de la trayectoria de Bad Bunny, como el periodista Diego Rubio (jefe de redacción de Nuebo y colaborador de Rockdelux), creen que viene de antes. «Cuando Bad Bunny empezó a subir sus primeros temas, en la prensa de su país se le identificaba mucho con el descontento de una generación en crisis, o sea, que era cuestión de tiempo que adoptara una posición más frontal sociopolíticamente hablando. Al principio quizá solo había una resistencia desde el hedonismo, que no es menos resistencia, a veces es incluso más. Pero creo que él siempre ha abanderado un mensaje de avanzar el cambio».

La primera actuación de Benito en el show de Jimmy Fallon (2018) «fue la confirmación de que era mucho más que un trapero ‘maliantón’», opina Rubio. «No solo aprovechó su primera actuación en la televisión estadounidense para señalar la catástrofe de Puerto Rico, sino para acusar a Trump de negar la tragedia y mentir con el número de víctimas. El 64 que lucía en la remera de su actuación en la Super Bowl, por cierto, es la cifra original que dio el presidente; la real superaba las 4.000».

Imagen principal - Arriba, Benito en la Super Bowl. Abajo, la rueda de prensa anterior al partido y uno de los carteles contra el ICE que aparecieron en los aledaños del estadio. El cartel de 'Yo debí tirar más fotos' muestra un sapo concho (animal emblemático de Puerto Rico) junto al lema 'ICE out' ('ICE fuera')
Imagen secundaria 1 - Arriba, Benito en la Super Bowl. Abajo, la rueda de prensa anterior al partido y uno de los carteles contra el ICE que aparecieron en los aledaños del estadio. El cartel de 'Yo debí tirar más fotos' muestra un sapo concho (animal emblemático de Puerto Rico) junto al lema 'ICE out' ('ICE fuera')
Imagen secundaria 2 - Arriba, Benito en la Super Bowl. Abajo, la rueda de prensa anterior al partido y uno de los carteles contra el ICE que aparecieron en los aledaños del estadio. El cartel de 'Yo debí tirar más fotos' muestra un sapo concho (animal emblemático de Puerto Rico) junto al lema 'ICE out' ('ICE fuera')
Arriba, Benito en la Super Bowl. Abajo, la rueda de prensa anterior al partido y uno de los carteles contra el ICE que aparecieron en los aledaños del estadio. El cartel de ‘Yo debí tirar más fotos’ muestra un sapo concho (animal emblemático de Puerto Rico) junto al lema ‘ICE out’ (‘ICE fuera’)
REUTERS / EFE

En 2019, Benito fue junto a Residente y Ricky Martin una de las caras visibles de las protestas contra la corrupción y la ineficacia del gobernador Ricardo Roselló, que acabó dimitiendo. «Fue una validación del artista urbano como agente social», apunta Sánchez. «Su presencia en las protestas no fue marketing ni pose estética: fue coherencia. Y eso, en un género criticado por superficial, tuvo un peso enorme. Quienes trabajamos en la escena urbana vimos cómo se rompía el estereotipo del ‘artista desconectado’. Benito demostró que se puede liderar ‘charts’ globales y, al mismo tiempo, implicarse en procesos históricos. Ese episodio elevó su credibilidad, no solo como músico, sino como figura cultural».

En 2023, Benito hizo historia en el Festival de Coachella al ser su primer cabeza de cartel de habla hispana. Fue poco después de su primer enfrentamiento con el ‘trumpismo’ en televisión, y Rubio estuvo allí: «En el escenario dio una gran lección sobre cultura puertorriqueña desde el epicentro mismo del sistema estadounidense, algo muy parecido a lo que vimos en el ‘Supertazón’».

Bad Bunny ha culminado este 2026 su transformación en megaestrella pop al ganar el primer Grammy al mejor disco con un trabajo en castellano y ser el protagonista del show de la Super Bowl, pero también en referente ético, al condenar las acciones del ICE en la gala de los premios y lanzar un potentísimo discurso político con su actuación en el partido de fútbol americano celebrado en el estadio de Santa Clara.

«Ya no es únicamente un artista; es un símbolo generacional con impacto global», resume Sánchez. «Su crítica hacia políticas migratorias o figuras como Trump no se percibe como militancia partidista, sino como una extensión de su narrativa humanista. Para quienes defendemos la música urbana, esto refuerza una idea clave: el género no solo mueve masas, también mueve conversaciones».

«Este nuevo Trump 2.0, más frenético y loco, es solo una causa-consecuencia del mundo más frenético y más loco en el que estamos ahora», concluye Rubio. «Y contra este Trump 2.0, hay un Bad Bunny también un poco 2.0, más pausado y centrado en lo sencillo, lo orgánico. Él lo va dejando claro cada vez que puede: a más odio, más amor».

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