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  Cultura  Bad Bunny divide a EE.UU. en la Super Bowl, la fiesta de la unidad
Cultura

Bad Bunny divide a EE.UU. en la Super Bowl, la fiesta de la unidad

febrero 7, 2026
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Cada vez quedan menos cosas que unen a los estadounidenses. El respeto al ejército y a sus caídos, pese al uso político que Donald Trump ha hecho de los uniformados. La veneración a los Padres Fundadores de su democracia, aunque algunos izquierdistas radicales destrocen sus estatuas. La celebración de Acción de Gracias, pese a que el pavo quede siempre seco. También la Super Bowl , la finalísima del fútbol americano, el gran acontecimiento deportivo y social del año…. Pese a Bad Bunny. Este domingo, en el descanso del partido, el rey del ‘latin trap’ saltará al Levi’s Stadium de Santa Clara, cerca de San Francisco, y actuará ante un país dividido. En este EE.UU. desquiciado por la polarización, Benito Antonio Martínez Ocasio se ha convertido en un frente más. Entre alitas de pollo, bandejas de nachos y cerveza ligera, los estadounidenses celebrarán o condenarán al puertorriqueño. Y algunos desde posiciones extremas: los hay que se han apuntado a clases de español solo para entender la lírica del puertorriqueño -una empresa difícil, a tenor de su fraseo- y otros que abrazan su boicot.Noticia Relacionada estandar Si «Hay un miedo latente»: la Super Bowl y la paranoia por el ICE se citan en San Francisco Javier Ansorena La NFL asegura que no habrá operaciones migratorias durante el evento, pero Seguridad Nacional recuerda que sus agentes estarán de apoyo «por todos lados»«Estoy feliz con la elección de Bad Bunny», dice Armand Pereras desde el centro de San Francisco, tocado con la camiseta de los 49ers, el equipo local, del que es abonado fiel. «Los latinos somos la mayor minoría de EE.UU., casi un 20% de la población, y la menos representada. Y cuando por fin se consigue algo de representación, sale mucha gente en contra. ¿Por qué? Todo este movimiento ‘anti Bad Bunny’ es puro racismo», defiende.Es evidente que la decisión de la NFL con Bad Bunny ha tocado muchas fibras en EE.UU. En el día más señalado del año, lleno de alusiones patrióticas -la bandera gigante, el himno, los cazas que sobrevuelan el estadio-, se entrega el protagonismo a un hispano, a un puertorriqueño. Sobre todo, ¡a alguien que va a cantar en español!Da igual que la lengua de Cervantes se hablara en el territorio del actual EE.UU. mucho antes que la de Shakespeare. O que el país esté lleno de gentilicios españoles, desde Oregón a Florida. O la importancia cultural, económica y política de la minoría hispana. Para una parte de EE.UU., el español y lo hispano no es estadounidense-fetén. Poco después de regresar a la Casa Blanca, Donald Trump impuso por orden ejecutiva que el inglés sea la lengua oficial de EE.UU. Hasta ese momento, el país, formado en esencia por oleadas de inmigrantes de todo el mundo, no tenía lengua oficial.«Es una mala elección», dice sobre el puertorriqueño Debbie Gwaltney, que ha venido desde Seattle a apoyar al equipo de su ciudad, los Seahawks, uno de los dos protagonistas -con perdón de Bad Bunny- de la Super Bowl. Lleva horas haciendo cola para ser la primera en entrar en la Fan Experience, el recinto lleno de juegos y actividades para los aficionados. Es tan fanática que lleva los ‘brackets’ con los colores de su equipo.«Hay muchos otros artistas que cubren los gustos de todo el mundo», protesta. «Bad Bunny es solo para un grupo. A mí no me interesa». ¿No gusta a nadie entre sus familiares, amigos o vecinos? «A nadie le gusta», responde tajante. Sobre la posibilidad de que el show del puertorriqueño sea político y polémico: «Espero que no, pero habrá que ver. Sé que mucha gente no está contenta por eso».Es cierto. Y son, sobre todo, republicanos. El 53% de los votantes republicanos ve con malos ojos que Bad Bunny sea el artista del descanso, según los datos de YouGov. Al contrario, solo el 12% de los republicanos está contento con la decisión de la NFL, al igual que el 52% de los demócratas. Un país partido por la mitad, también con Bad Bunny. El cisma alcanza hasta los propios jugadores de la NFL: el 58% está a favor del puertorriqueño y el 41% en contra, según una encuesta de ‘The Athletic’.La elección de Bad Bunny ocurrió a finales de septiembre del año pasado y conmocionó al EE.UU. trumpista. No solo por la cuestión identitaria. También porque Bad Bunny ya se había mostrado peleón con el líder republicano. Lo hizo el 4 de julio, fiesta nacional, Día de la Independencia, cuando publicó un videoclip, ‘Nuevayol’, en el que aparecía una imitación de la voz de Trump celebrando las contribuciones de los estadounidenses al país.EE.UU. acababa de vivir los disturbios en Los Ángeles en junio por la mano dura migratoria de Trump y Bad Bunny se metía en la conversación. Ese verano, anunció que EE.UU. no formaría parte de su gira mundial. La razón: «proteger» a sus seguidores inmigrantes, para que no cayeran en una redada de la policía migratoria y de aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) en los aledaños de uno de sus conciertos. En su lugar, organizó una residencia artística de 31 conciertos seguidos en Puerto Rico.Pero la oposición a Trump venía de antes. En 2020, le calificó como el «presidente del racismo» y apoyó a su rival en las presidenciales, Joe Biden. En 2024, dio su apoyo a la candidata demócrata, Kamala Harris, después de que un cómico hiciera chistes denigrantes hacia los puertorriqueños.Así que para cuando se supo que Bad Bunny estaría en el césped de la Super Bowl, el puertorriqueño ya estaba mal visto por la Administración Trump. Como respuesta, Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, de quien depende ICE, anunció que la policía de inmigración estaría «por todos lados» en la Super Bowl (la amenaza no se ha cumplido, aquí en San Francisco ya se ha confirmado que no harán operaciones migratorias alrededor de la final).La creciente tensión migratoria en EE.UU. solo han redoblado la atención hacia lo que pueda hacer Bad Bunny el domingo en el mayor escaparate televisivo mundial. La Super Bowl llega con EE.UU. todavía conmocionado por el despliegue masivo de ICE en Mineápolis, y las tragedias que le han acompañado. Hace una semana, Bad Bunny utilizó el grito de guerra de los manifestantes en todo el país -‘Fuera ICE’- cuando hizo historia en los Grammy y levantó el premio de ‘álbum del año’ por primera vez para un artista en español.«Soy anti ellos», resumió Trump su posición sobre los artistas de la Super Bowl, que también cuentan con un grupo poco amigo del presidente de EE.UU., Green Day, para el concierto previo al partido. Muchos republicanos llaman al boicot del espectáculo del descanso. El senador Tommy Tuberville, que fue prestigioso entrenador universitario, la ha cambiado el nombre a la final: ‘Woke Bowl’. Tienen una alternativa: ver el ‘show’ con el que Turning Point, una organización política conservadora, muy cercana a Trump, ha contraprogramado a Bad Bunny. Turning Point fue fundada y liderada por Charlie Kirk, una figura clave en el trumpismo, un activista que le acercó a los jóvenes y que murió asesinado en septiembre, dos semanas antes de que la NFL eligiera a Bad Bunny.En todo esta batalla, la NFL mira para otro lado. Mira al mundo. Al fútbol americano le cuesta ya crecer en EE.UU., donde es el dominador absoluto del entretenimiento. Cada año, de las cien retransmisiones televisivas más vistas del año, más de noventa son de fútbol americano. Y lidera siempre, claro, la Super Bowl.Noticias relacionadas estandar No Bad Bunny, ante el ‘show’ de la Super Bowl más esperado: «Que nadie se preocupe, va a ser algo divertido» Javier Ansorena estandar No Así es el imperio inmobiliario de Bad Bunny: desde un ático en Nueva York hasta sus dos mansiones en Los Ángeles Daniella BejaranoPor eso se expande por otros países, con muchos partidos de liga regular disputados por todo el mundo. Entre ellos, España, en Madrid, donde recaló esta última temporada y donde va a volver los próximos años. Y por eso eligió a Bad Bunny. Porque ahora mismo no hay estrella en todo el mundo con más brillo que él. Hasta ha creado una línea oficial de ropa vinculada al puertorriqueño. En ella, por primera vez, el ‘merchandising’ de la NFL se adapta al español: en lugar de Super Bowl, Super Tazón.A la NFL le importa más enganchar a un nuevo seguidor en China, donde Bad Bunny es ‘número uno’, que enfadar a otro de Arkansas.«A mí me parece algo bueno» , dice Wallace Watts, con la cara pintada con los colores de su equipo, los Seahawks, ya listo para la final, aunque quedan muchas horas para el partido. A su lado pasan aficionados tocados con una pava, el sombrero jíbaro puertorriqueño, convertido ya en un símbolo. «La NFL quiere ser global, como el Mundial de fútbol» . Esa es la paradoja: el artista que une al mundo alrededor de la Super Bowl divide a EE.UU. Cada vez quedan menos cosas que unen a los estadounidenses. El respeto al ejército y a sus caídos, pese al uso político que Donald Trump ha hecho de los uniformados. La veneración a los Padres Fundadores de su democracia, aunque algunos izquierdistas radicales destrocen sus estatuas. La celebración de Acción de Gracias, pese a que el pavo quede siempre seco. También la Super Bowl , la finalísima del fútbol americano, el gran acontecimiento deportivo y social del año…. Pese a Bad Bunny. Este domingo, en el descanso del partido, el rey del ‘latin trap’ saltará al Levi’s Stadium de Santa Clara, cerca de San Francisco, y actuará ante un país dividido. En este EE.UU. desquiciado por la polarización, Benito Antonio Martínez Ocasio se ha convertido en un frente más. Entre alitas de pollo, bandejas de nachos y cerveza ligera, los estadounidenses celebrarán o condenarán al puertorriqueño. Y algunos desde posiciones extremas: los hay que se han apuntado a clases de español solo para entender la lírica del puertorriqueño -una empresa difícil, a tenor de su fraseo- y otros que abrazan su boicot.Noticia Relacionada estandar Si «Hay un miedo latente»: la Super Bowl y la paranoia por el ICE se citan en San Francisco Javier Ansorena La NFL asegura que no habrá operaciones migratorias durante el evento, pero Seguridad Nacional recuerda que sus agentes estarán de apoyo «por todos lados»«Estoy feliz con la elección de Bad Bunny», dice Armand Pereras desde el centro de San Francisco, tocado con la camiseta de los 49ers, el equipo local, del que es abonado fiel. «Los latinos somos la mayor minoría de EE.UU., casi un 20% de la población, y la menos representada. Y cuando por fin se consigue algo de representación, sale mucha gente en contra. ¿Por qué? Todo este movimiento ‘anti Bad Bunny’ es puro racismo», defiende.Es evidente que la decisión de la NFL con Bad Bunny ha tocado muchas fibras en EE.UU. En el día más señalado del año, lleno de alusiones patrióticas -la bandera gigante, el himno, los cazas que sobrevuelan el estadio-, se entrega el protagonismo a un hispano, a un puertorriqueño. Sobre todo, ¡a alguien que va a cantar en español!Da igual que la lengua de Cervantes se hablara en el territorio del actual EE.UU. mucho antes que la de Shakespeare. O que el país esté lleno de gentilicios españoles, desde Oregón a Florida. O la importancia cultural, económica y política de la minoría hispana. Para una parte de EE.UU., el español y lo hispano no es estadounidense-fetén. Poco después de regresar a la Casa Blanca, Donald Trump impuso por orden ejecutiva que el inglés sea la lengua oficial de EE.UU. Hasta ese momento, el país, formado en esencia por oleadas de inmigrantes de todo el mundo, no tenía lengua oficial.«Es una mala elección», dice sobre el puertorriqueño Debbie Gwaltney, que ha venido desde Seattle a apoyar al equipo de su ciudad, los Seahawks, uno de los dos protagonistas -con perdón de Bad Bunny- de la Super Bowl. Lleva horas haciendo cola para ser la primera en entrar en la Fan Experience, el recinto lleno de juegos y actividades para los aficionados. Es tan fanática que lleva los ‘brackets’ con los colores de su equipo.«Hay muchos otros artistas que cubren los gustos de todo el mundo», protesta. «Bad Bunny es solo para un grupo. A mí no me interesa». ¿No gusta a nadie entre sus familiares, amigos o vecinos? «A nadie le gusta», responde tajante. Sobre la posibilidad de que el show del puertorriqueño sea político y polémico: «Espero que no, pero habrá que ver. Sé que mucha gente no está contenta por eso».Es cierto. Y son, sobre todo, republicanos. El 53% de los votantes republicanos ve con malos ojos que Bad Bunny sea el artista del descanso, según los datos de YouGov. Al contrario, solo el 12% de los republicanos está contento con la decisión de la NFL, al igual que el 52% de los demócratas. Un país partido por la mitad, también con Bad Bunny. El cisma alcanza hasta los propios jugadores de la NFL: el 58% está a favor del puertorriqueño y el 41% en contra, según una encuesta de ‘The Athletic’.La elección de Bad Bunny ocurrió a finales de septiembre del año pasado y conmocionó al EE.UU. trumpista. No solo por la cuestión identitaria. También porque Bad Bunny ya se había mostrado peleón con el líder republicano. Lo hizo el 4 de julio, fiesta nacional, Día de la Independencia, cuando publicó un videoclip, ‘Nuevayol’, en el que aparecía una imitación de la voz de Trump celebrando las contribuciones de los estadounidenses al país.EE.UU. acababa de vivir los disturbios en Los Ángeles en junio por la mano dura migratoria de Trump y Bad Bunny se metía en la conversación. Ese verano, anunció que EE.UU. no formaría parte de su gira mundial. La razón: «proteger» a sus seguidores inmigrantes, para que no cayeran en una redada de la policía migratoria y de aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) en los aledaños de uno de sus conciertos. En su lugar, organizó una residencia artística de 31 conciertos seguidos en Puerto Rico.Pero la oposición a Trump venía de antes. En 2020, le calificó como el «presidente del racismo» y apoyó a su rival en las presidenciales, Joe Biden. En 2024, dio su apoyo a la candidata demócrata, Kamala Harris, después de que un cómico hiciera chistes denigrantes hacia los puertorriqueños.Así que para cuando se supo que Bad Bunny estaría en el césped de la Super Bowl, el puertorriqueño ya estaba mal visto por la Administración Trump. Como respuesta, Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, de quien depende ICE, anunció que la policía de inmigración estaría «por todos lados» en la Super Bowl (la amenaza no se ha cumplido, aquí en San Francisco ya se ha confirmado que no harán operaciones migratorias alrededor de la final).La creciente tensión migratoria en EE.UU. solo han redoblado la atención hacia lo que pueda hacer Bad Bunny el domingo en el mayor escaparate televisivo mundial. La Super Bowl llega con EE.UU. todavía conmocionado por el despliegue masivo de ICE en Mineápolis, y las tragedias que le han acompañado. Hace una semana, Bad Bunny utilizó el grito de guerra de los manifestantes en todo el país -‘Fuera ICE’- cuando hizo historia en los Grammy y levantó el premio de ‘álbum del año’ por primera vez para un artista en español.«Soy anti ellos», resumió Trump su posición sobre los artistas de la Super Bowl, que también cuentan con un grupo poco amigo del presidente de EE.UU., Green Day, para el concierto previo al partido. Muchos republicanos llaman al boicot del espectáculo del descanso. El senador Tommy Tuberville, que fue prestigioso entrenador universitario, la ha cambiado el nombre a la final: ‘Woke Bowl’. Tienen una alternativa: ver el ‘show’ con el que Turning Point, una organización política conservadora, muy cercana a Trump, ha contraprogramado a Bad Bunny. Turning Point fue fundada y liderada por Charlie Kirk, una figura clave en el trumpismo, un activista que le acercó a los jóvenes y que murió asesinado en septiembre, dos semanas antes de que la NFL eligiera a Bad Bunny.En todo esta batalla, la NFL mira para otro lado. Mira al mundo. Al fútbol americano le cuesta ya crecer en EE.UU., donde es el dominador absoluto del entretenimiento. Cada año, de las cien retransmisiones televisivas más vistas del año, más de noventa son de fútbol americano. Y lidera siempre, claro, la Super Bowl.Noticias relacionadas estandar No Bad Bunny, ante el ‘show’ de la Super Bowl más esperado: «Que nadie se preocupe, va a ser algo divertido» Javier Ansorena estandar No Así es el imperio inmobiliario de Bad Bunny: desde un ático en Nueva York hasta sus dos mansiones en Los Ángeles Daniella BejaranoPor eso se expande por otros países, con muchos partidos de liga regular disputados por todo el mundo. Entre ellos, España, en Madrid, donde recaló esta última temporada y donde va a volver los próximos años. Y por eso eligió a Bad Bunny. Porque ahora mismo no hay estrella en todo el mundo con más brillo que él. Hasta ha creado una línea oficial de ropa vinculada al puertorriqueño. En ella, por primera vez, el ‘merchandising’ de la NFL se adapta al español: en lugar de Super Bowl, Super Tazón.A la NFL le importa más enganchar a un nuevo seguidor en China, donde Bad Bunny es ‘número uno’, que enfadar a otro de Arkansas.«A mí me parece algo bueno» , dice Wallace Watts, con la cara pintada con los colores de su equipo, los Seahawks, ya listo para la final, aunque quedan muchas horas para el partido. A su lado pasan aficionados tocados con una pava, el sombrero jíbaro puertorriqueño, convertido ya en un símbolo. «La NFL quiere ser global, como el Mundial de fútbol» . Esa es la paradoja: el artista que une al mundo alrededor de la Super Bowl divide a EE.UU.  

Cada vez quedan menos cosas que unen a los estadounidenses. El respeto al ejército y a sus caídos, pese al uso político que Donald Trump ha hecho de los uniformados. La veneración a los Padres Fundadores de su democracia, aunque algunos izquierdistas radicales destrocen sus … estatuas. La celebración de Acción de Gracias, pese a que el pavo quede siempre seco.

También la Super Bowl, la finalísima del fútbol americano, el gran acontecimiento deportivo y social del año…. Pese a Bad Bunny. Este domingo, en el descanso del partido, el rey del ‘latin trap’ saltará al Levi’s Stadium de Santa Clara, cerca de San Francisco, y actuará ante un país dividido.

En este EE.UU. desquiciado por la polarización, Benito Antonio Martínez Ocasio se ha convertido en un frente más. Entre alitas de pollo, bandejas de nachos y cerveza ligera, los estadounidenses celebrarán o condenarán al puertorriqueño. Y algunos desde posiciones extremas: los hay que se han apuntado a clases de español solo para entender la lírica del puertorriqueño -una empresa difícil, a tenor de su fraseo- y otros que abrazan su boicot.

«Estoy feliz con la elección de Bad Bunny», dice Armand Pereras desde el centro de San Francisco, tocado con la camiseta de los 49ers, el equipo local, del que es abonado fiel. «Los latinos somos la mayor minoría de EE.UU., casi un 20% de la población, y la menos representada. Y cuando por fin se consigue algo de representación, sale mucha gente en contra. ¿Por qué? Todo este movimiento ‘anti Bad Bunny’ es puro racismo», defiende.

Es evidente que la decisión de la NFL con Bad Bunny ha tocado muchas fibras en EE.UU. En el día más señalado del año, lleno de alusiones patrióticas -la bandera gigante, el himno, los cazas que sobrevuelan el estadio-, se entrega el protagonismo a un hispano, a un puertorriqueño. Sobre todo, ¡a alguien que va a cantar en español!

Da igual que la lengua de Cervantes se hablara en el territorio del actual EE.UU. mucho antes que la de Shakespeare. O que el país esté lleno de gentilicios españoles, desde Oregón a Florida. O la importancia cultural, económica y política de la minoría hispana. Para una parte de EE.UU., el español y lo hispano no es estadounidense-fetén. Poco después de regresar a la Casa Blanca, Donald Trump impuso por orden ejecutiva que el inglés sea la lengua oficial de EE.UU. Hasta ese momento, el país, formado en esencia por oleadas de inmigrantes de todo el mundo, no tenía lengua oficial.

«Es una mala elección», dice sobre el puertorriqueño Debbie Gwaltney, que ha venido desde Seattle a apoyar al equipo de su ciudad, los Seahawks, uno de los dos protagonistas -con perdón de Bad Bunny- de la Super Bowl. Lleva horas haciendo cola para ser la primera en entrar en la Fan Experience, el recinto lleno de juegos y actividades para los aficionados. Es tan fanática que lleva los ‘brackets’ con los colores de su equipo.

«Hay muchos otros artistas que cubren los gustos de todo el mundo», protesta. «Bad Bunny es solo para un grupo. A mí no me interesa». ¿No gusta a nadie entre sus familiares, amigos o vecinos? «A nadie le gusta», responde tajante. Sobre la posibilidad de que el show del puertorriqueño sea político y polémico: «Espero que no, pero habrá que ver. Sé que mucha gente no está contenta por eso».

Es cierto. Y son, sobre todo, republicanos. El 53% de los votantes republicanos ve con malos ojos que Bad Bunny sea el artista del descanso, según los datos de YouGov. Al contrario, solo el 12% de los republicanos está contento con la decisión de la NFL, al igual que el 52% de los demócratas. Un país partido por la mitad, también con Bad Bunny. El cisma alcanza hasta los propios jugadores de la NFL: el 58% está a favor del puertorriqueño y el 41% en contra, según una encuesta de ‘The Athletic’.

La elección de Bad Bunny ocurrió a finales de septiembre del año pasado y conmocionó al EE.UU. trumpista. No solo por la cuestión identitaria. También porque Bad Bunny ya se había mostrado peleón con el líder republicano. Lo hizo el 4 de julio, fiesta nacional, Día de la Independencia, cuando publicó un videoclip, ‘Nuevayol’, en el que aparecía una imitación de la voz de Trump celebrando las contribuciones de los estadounidenses al país.

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EE.UU. acababa de vivir los disturbios en Los Ángeles en junio por la mano dura migratoria de Trump y Bad Bunny se metía en la conversación. Ese verano, anunció que EE.UU. no formaría parte de su gira mundial. La razón: «proteger» a sus seguidores inmigrantes, para que no cayeran en una redada de la policía migratoria y de aduanas (ICE, en sus siglas en inglés) en los aledaños de uno de sus conciertos. En su lugar, organizó una residencia artística de 31 conciertos seguidos en Puerto Rico.

Pero la oposición a Trump venía de antes. En 2020, le calificó como el «presidente del racismo» y apoyó a su rival en las presidenciales, Joe Biden. En 2024, dio su apoyo a la candidata demócrata, Kamala Harris, después de que un cómico hiciera chistes denigrantes hacia los puertorriqueños.

Así que para cuando se supo que Bad Bunny estaría en el césped de la Super Bowl, el puertorriqueño ya estaba mal visto por la Administración Trump. Como respuesta, Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, de quien depende ICE, anunció que la policía de inmigración estaría «por todos lados» en la Super Bowl (la amenaza no se ha cumplido, aquí en San Francisco ya se ha confirmado que no harán operaciones migratorias alrededor de la final).

La creciente tensión migratoria en EE.UU. solo han redoblado la atención hacia lo que pueda hacer Bad Bunny el domingo en el mayor escaparate televisivo mundial. La Super Bowl llega con EE.UU. todavía conmocionado por el despliegue masivo de ICE en Mineápolis, y las tragedias que le han acompañado. Hace una semana, Bad Bunny utilizó el grito de guerra de los manifestantes en todo el país -‘Fuera ICE’- cuando hizo historia en los Grammy y levantó el premio de ‘álbum del año’ por primera vez para un artista en español.

«Soy anti ellos», resumió Trump su posición sobre los artistas de la Super Bowl, que también cuentan con un grupo poco amigo del presidente de EE.UU., Green Day, para el concierto previo al partido.

Muchos republicanos llaman al boicot del espectáculo del descanso. El senador Tommy Tuberville, que fue prestigioso entrenador universitario, la ha cambiado el nombre a la final: ‘Woke Bowl’.

Tienen una alternativa: ver el ‘show’ con el que Turning Point, una organización política conservadora, muy cercana a Trump, ha contraprogramado a Bad Bunny. Turning Point fue fundada y liderada por Charlie Kirk, una figura clave en el trumpismo, un activista que le acercó a los jóvenes y que murió asesinado en septiembre, dos semanas antes de que la NFL eligiera a Bad Bunny.

En todo esta batalla, la NFL mira para otro lado. Mira al mundo. Al fútbol americano le cuesta ya crecer en EE.UU., donde es el dominador absoluto del entretenimiento. Cada año, de las cien retransmisiones televisivas más vistas del año, más de noventa son de fútbol americano. Y lidera siempre, claro, la Super Bowl.

Por eso se expande por otros países, con muchos partidos de liga regular disputados por todo el mundo. Entre ellos, España, en Madrid, donde recaló esta última temporada y donde va a volver los próximos años. Y por eso eligió a Bad Bunny. Porque ahora mismo no hay estrella en todo el mundo con más brillo que él. Hasta ha creado una línea oficial de ropa vinculada al puertorriqueño. En ella, por primera vez, el ‘merchandising’ de la NFL se adapta al español: en lugar de Super Bowl, Super Tazón.

A la NFL le importa más enganchar a un nuevo seguidor en China, donde Bad Bunny es ‘número uno’, que enfadar a otro de Arkansas.

«A mí me parece algo bueno», dice Wallace Watts, con la cara pintada con los colores de su equipo, los Seahawks, ya listo para la final, aunque quedan muchas horas para el partido. A su lado pasan aficionados tocados con una pava, el sombrero jíbaro puertorriqueño, convertido ya en un símbolo. «La NFL quiere ser global, como el Mundial de fútbol». Esa es la paradoja: el artista que une al mundo alrededor de la Super Bowl divide a EE.UU.

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