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  Cultura  Bad Bunny irrita a Trump en los Grammy… y todavía queda la Super Bowl
Cultura

Bad Bunny irrita a Trump en los Grammy… y todavía queda la Super Bowl

febrero 2, 2026
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El ‘conejito malo’ enseñó la pata este domingo por la noche (madrugada del lunes) en los Grammy. Bad Bunny fue el gran protagonista de la noche de los premios de la música. Por sus canciones, por su reivindicación del español y de la cultura hispana y por su activismo político. Solo un aperitivo para lo que está por llegar el próximo domingo en la Super Bowl, donde el artista puertorriqueño protagonizará el espectáculo del descanso.’Prepárate para lo que se viene, América’, pareció avisar Benito Antonio Martínez Ocaso, cuando subió para recibir uno de los tres premios que se llevó a casa, el de mejor álbum de música urbana.Soltó el discurso político que muchos esperaban, en un momento convulso en EE.UU., sacudido por las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados decretadas por Donald Trump en Minneapolis y por las dos muertes de ciudadanos estadounidenses en altercados con los agentes federales.«Antes de dar las gracias a Dios, voy a decir ‘Fuera ICE’», dijo Bad Bunny, en referencia al grito de guerra en las protestas de todo el país contra la policía de inmigración y fronteras (ICE, en sus siglas en inglés), el brazo ejecutor de la política migratoria y que Trump ha reforzado para implementar su objetivo de lograr el mayor programa de deportación de la historia.«No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens (la forma oficial de calificar a los extranjeros). Somos humanos y somos americanos», dijo el puertorriqueño en inglés, para que le entendiera todo el mundo.Chapas de ‘Fuera ICE’Más tarde, en el instante final de la gala, rompió un techo de cristal para los hispanos en la música. Harry Styles anunció que Bad Bunny era el ganador del premio gordo, el de ‘álbum del año’, por ‘Debí tirar más fotos’, un fenómeno global y un éxito rotundo de crítica y público. Después de más de cinco siglos en los que se ha escuchado música en español en el territorio que hoy es EE.UU., en un país en el que el reguetón y el ‘trap latino’ son ineludibles, donde abunda el merengue, el son, la bachata o el corrido norteño, por fin un artista que canta en esta lengua se lleva el reconocimiento más alto.«Puerto Rico, créeme cuando te digo que somos mucho más grande que 100 x 35», dijo Bad Bunny, emocionado, en una referencia a las dimensiones de la isla en millas. Dedicó el premio a «todos los latinos del mundo entero».Desde la Casa Blanca, Trump no disfrutó de la gran noche de la industria de la música. El de Bad Bunny no fue el único discurso político, ni el único alegato a favor de los inmigrantes. Algunos asistentes llevaban chapas con el lema ‘Fuera ICE’. La exuberancia musical de la gala, desde el ‘medley’ comandado por Lauryn Hill a un Justin Bieber íntimo convertido en hombre-orquesta, no contentó al presidente de EE.UU.Noticia Relacionada estandar No Trump amenaza con demandar al presentador de los Grammy por insinuar que estuvo en la isla de Epstein Trevor se había mostrado discreto con los comentarios políticos en años anteriores«Los Grammy son lo peor, ¡no se pueden ni mirar!», protestó Trump en su red social en cuanto acabó la gala, con la emoción de Bad Bunny todavía suspendida en la sala. El multimillonario neoyorquino calificó la ceremonia de «basura».Su enfado estaba también dirigido al maestro de ceremonias, el cómico Trevor Noah, que estuvo muy comedido toda la noche, excepto una puya a Trump donde más le duele. «Ese es un Grammy que todo artista quiere», dijo después de que Billie Eilish ganara el premio a la mejor canción. «Casi tanto como Trump quiere Groenlandia. Y tiene sentido. Porque, ya sin la isla de Epstein, necesita una nueva para echar el rato con Bill Clinton».Era una referencia a Jeffrey Epstein -el malogrado pedófilo que fue amigo de Trump y de Clinton- y su isla privada en el Caribe, donde perpetró muchas de sus correrías sexuales.«Los Grammy son lo peor, ¡no se pueden ni mirar!», protestó Trump en su red socialNo hay testimonios que indiquen que Trump visitó la isla, y el presidente reaccionó con dureza contra el chiste: «Parece que voy a instruir a mis abogados que demanden a este pobre, patético, bobo presentador sin talento y que sea por mucho dinero».A Trump, sin embargo, puede preocuparle más lo que ocurra el próximo fin de semana en la Super Bowl. La final del fútbol americano, el deporte rey en EE.UU., es el evento televisivo más visto cada año. Delante de la pantalla se congregan estadounidenses de todo pelaje, condición e ideología. En especial, en el espectáculo del descanso, al que también se asoman quienes no tienen interés por el partido. Bad Bunny tendrá cerca de media hora para hacer lo que quiera. Ya ha dejado claro que será una reivindicación del español: «Tenéis cuatro meses para aprenderlo», dijo el pasado otoño, cuando fue el presentador de ‘Saturday Night Life’. Y, en medio de las turbulencias migratorias, con impacto especial en los hispanos, es difícil pensar que no haya un mensaje político. Como en los Grammy, pero con mucho más espacio, más tiempo y, sobre todo, con la atención de todo EE.UU. El ‘conejito malo’ enseñó la pata este domingo por la noche (madrugada del lunes) en los Grammy. Bad Bunny fue el gran protagonista de la noche de los premios de la música. Por sus canciones, por su reivindicación del español y de la cultura hispana y por su activismo político. Solo un aperitivo para lo que está por llegar el próximo domingo en la Super Bowl, donde el artista puertorriqueño protagonizará el espectáculo del descanso.’Prepárate para lo que se viene, América’, pareció avisar Benito Antonio Martínez Ocaso, cuando subió para recibir uno de los tres premios que se llevó a casa, el de mejor álbum de música urbana.Soltó el discurso político que muchos esperaban, en un momento convulso en EE.UU., sacudido por las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados decretadas por Donald Trump en Minneapolis y por las dos muertes de ciudadanos estadounidenses en altercados con los agentes federales.«Antes de dar las gracias a Dios, voy a decir ‘Fuera ICE’», dijo Bad Bunny, en referencia al grito de guerra en las protestas de todo el país contra la policía de inmigración y fronteras (ICE, en sus siglas en inglés), el brazo ejecutor de la política migratoria y que Trump ha reforzado para implementar su objetivo de lograr el mayor programa de deportación de la historia.«No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens (la forma oficial de calificar a los extranjeros). Somos humanos y somos americanos», dijo el puertorriqueño en inglés, para que le entendiera todo el mundo.Chapas de ‘Fuera ICE’Más tarde, en el instante final de la gala, rompió un techo de cristal para los hispanos en la música. Harry Styles anunció que Bad Bunny era el ganador del premio gordo, el de ‘álbum del año’, por ‘Debí tirar más fotos’, un fenómeno global y un éxito rotundo de crítica y público. Después de más de cinco siglos en los que se ha escuchado música en español en el territorio que hoy es EE.UU., en un país en el que el reguetón y el ‘trap latino’ son ineludibles, donde abunda el merengue, el son, la bachata o el corrido norteño, por fin un artista que canta en esta lengua se lleva el reconocimiento más alto.«Puerto Rico, créeme cuando te digo que somos mucho más grande que 100 x 35», dijo Bad Bunny, emocionado, en una referencia a las dimensiones de la isla en millas. Dedicó el premio a «todos los latinos del mundo entero».Desde la Casa Blanca, Trump no disfrutó de la gran noche de la industria de la música. El de Bad Bunny no fue el único discurso político, ni el único alegato a favor de los inmigrantes. Algunos asistentes llevaban chapas con el lema ‘Fuera ICE’. La exuberancia musical de la gala, desde el ‘medley’ comandado por Lauryn Hill a un Justin Bieber íntimo convertido en hombre-orquesta, no contentó al presidente de EE.UU.Noticia Relacionada estandar No Trump amenaza con demandar al presentador de los Grammy por insinuar que estuvo en la isla de Epstein Trevor se había mostrado discreto con los comentarios políticos en años anteriores«Los Grammy son lo peor, ¡no se pueden ni mirar!», protestó Trump en su red social en cuanto acabó la gala, con la emoción de Bad Bunny todavía suspendida en la sala. El multimillonario neoyorquino calificó la ceremonia de «basura».Su enfado estaba también dirigido al maestro de ceremonias, el cómico Trevor Noah, que estuvo muy comedido toda la noche, excepto una puya a Trump donde más le duele. «Ese es un Grammy que todo artista quiere», dijo después de que Billie Eilish ganara el premio a la mejor canción. «Casi tanto como Trump quiere Groenlandia. Y tiene sentido. Porque, ya sin la isla de Epstein, necesita una nueva para echar el rato con Bill Clinton».Era una referencia a Jeffrey Epstein -el malogrado pedófilo que fue amigo de Trump y de Clinton- y su isla privada en el Caribe, donde perpetró muchas de sus correrías sexuales.«Los Grammy son lo peor, ¡no se pueden ni mirar!», protestó Trump en su red socialNo hay testimonios que indiquen que Trump visitó la isla, y el presidente reaccionó con dureza contra el chiste: «Parece que voy a instruir a mis abogados que demanden a este pobre, patético, bobo presentador sin talento y que sea por mucho dinero».A Trump, sin embargo, puede preocuparle más lo que ocurra el próximo fin de semana en la Super Bowl. La final del fútbol americano, el deporte rey en EE.UU., es el evento televisivo más visto cada año. Delante de la pantalla se congregan estadounidenses de todo pelaje, condición e ideología. En especial, en el espectáculo del descanso, al que también se asoman quienes no tienen interés por el partido. Bad Bunny tendrá cerca de media hora para hacer lo que quiera. Ya ha dejado claro que será una reivindicación del español: «Tenéis cuatro meses para aprenderlo», dijo el pasado otoño, cuando fue el presentador de ‘Saturday Night Life’. Y, en medio de las turbulencias migratorias, con impacto especial en los hispanos, es difícil pensar que no haya un mensaje político. Como en los Grammy, pero con mucho más espacio, más tiempo y, sobre todo, con la atención de todo EE.UU.  

El ‘conejito malo’ enseñó la pata este domingo por la noche (madrugada del lunes) en los Grammy. Bad Bunny fue el gran protagonista de la noche de los premios de la música. Por sus canciones, por su reivindicación del español y de la cultura … hispana y por su activismo político. Solo un aperitivo para lo que está por llegar el próximo domingo en la Super Bowl, donde el artista puertorriqueño protagonizará el espectáculo del descanso.

‘Prepárate para lo que se viene, América’, pareció avisar Benito Antonio Martínez Ocaso, cuando subió para recibir uno de los tres premios que se llevó a casa, el de mejor álbum de música urbana.

Soltó el discurso político que muchos esperaban, en un momento convulso en EE.UU., sacudido por las redadas masivas contra inmigrantes indocumentados decretadas por Donald Trump en Minneapolis y por las dos muertes de ciudadanos estadounidenses en altercados con los agentes federales.

«Antes de dar las gracias a Dios, voy a decir ‘Fuera ICE’», dijo Bad Bunny, en referencia al grito de guerra en las protestas de todo el país contra la policía de inmigración y fronteras (ICE, en sus siglas en inglés), el brazo ejecutor de la política migratoria y que Trump ha reforzado para implementar su objetivo de lograr el mayor programa de deportación de la historia.

«No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens (la forma oficial de calificar a los extranjeros). Somos humanos y somos americanos», dijo el puertorriqueño en inglés, para que le entendiera todo el mundo.

Chapas de ‘Fuera ICE’

Más tarde, en el instante final de la gala, rompió un techo de cristal para los hispanos en la música. Harry Styles anunció que Bad Bunny era el ganador del premio gordo, el de ‘álbum del año’, por ‘Debí tirar más fotos’, un fenómeno global y un éxito rotundo de crítica y público. Después de más de cinco siglos en los que se ha escuchado música en español en el territorio que hoy es EE.UU., en un país en el que el reguetón y el ‘trap latino’ son ineludibles, donde abunda el merengue, el son, la bachata o el corrido norteño, por fin un artista que canta en esta lengua se lleva el reconocimiento más alto.

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Desde la Casa Blanca, Trump no disfrutó de la gran noche de la industria de la música. El de Bad Bunny no fue el único discurso político, ni el único alegato a favor de los inmigrantes. Algunos asistentes llevaban chapas con el lema ‘Fuera ICE’.

La exuberancia musical de la gala, desde el ‘medley’ comandado por Lauryn Hill a un Justin Bieber íntimo convertido en hombre-orquesta, no contentó al presidente de EE.UU.

«Los Grammy son lo peor, ¡no se pueden ni mirar!», protestó Trump en su red social en cuanto acabó la gala, con la emoción de Bad Bunny todavía suspendida en la sala. El multimillonario neoyorquino calificó la ceremonia de «basura».

Su enfado estaba también dirigido al maestro de ceremonias, el cómico Trevor Noah, que estuvo muy comedido toda la noche, excepto una puya a Trump donde más le duele. «Ese es un Grammy que todo artista quiere», dijo después de que Billie Eilish ganara el premio a la mejor canción. «Casi tanto como Trump quiere Groenlandia. Y tiene sentido. Porque, ya sin la isla de Epstein, necesita una nueva para echar el rato con Bill Clinton».

Era una referencia a Jeffrey Epstein -el malogrado pedófilo que fue amigo de Trump y de Clinton- y su isla privada en el Caribe, donde perpetró muchas de sus correrías sexuales.

«Los Grammy son lo peor, ¡no se pueden ni mirar!», protestó Trump en su red social

No hay testimonios que indiquen que Trump visitó la isla, y el presidente reaccionó con dureza contra el chiste: «Parece que voy a instruir a mis abogados que demanden a este pobre, patético, bobo presentador sin talento y que sea por mucho dinero».

A Trump, sin embargo, puede preocuparle más lo que ocurra el próximo fin de semana en la Super Bowl. La final del fútbol americano, el deporte rey en EE.UU., es el evento televisivo más visto cada año. Delante de la pantalla se congregan estadounidenses de todo pelaje, condición e ideología. En especial, en el espectáculo del descanso, al que también se asoman quienes no tienen interés por el partido.

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