Bélgica. Cuartos del Mundial. La cita de España mañana en Los Ángeles (21.00, La 1 y Dazn) evoca una de las decepciones más dolorosas de la historia de la Roja. La del penalti fallado de Eloy en la tanda de México de 1986. En la misma ronda. Contra el mismo rival. Hace 40 años. Pueden trazarse más paralelismos. Como entonces, España llega al torneo sintiéndose favorita tras una muy buena Eurocopa. Fue finalista en la de 1984 y ganó la de 2024. La dirige un técnico, Luis de la Fuente, a quien se considera con mucha flor, como a Miguel Muñoz entonces. En el horizonte asoma la figura gigante de Messi en una posible final, como en México aguardaba Maradona en la semifinal. Entonces no pudo ser.
La Roja perdió hace 40 años en la tanda penaltis contra el mismo rival en cuartos
Bélgica. Cuartos del Mundial. La cita de España mañana en Los Ángeles (21.00, La 1 y Dazn) evoca una de las decepciones más dolorosas de la historia de la Roja. La del penalti fallado de Eloy en la tanda de México de 1986. En la misma ronda. Contra el mismo rival. Hace 40 años. Pueden trazarse más paralelismos. Como entonces, España llega al torneo sintiéndose favorita tras una muy buena Eurocopa. Fue finalista en la de 1984 y ganó la de 2024. La dirige un técnico, Luis de la Fuente, a quien se considera con mucha flor, como a Miguel Muñoz entonces. En el horizonte asoma la figura gigante de Messi en una posible final, como en México aguardaba Maradona en la semifinal. Entonces no pudo ser.
El álbum de recuerdos del Mundial 86 de España es uno de los más fabulosos de su historia, desplegado sobre el fondo de la campaña de unas elecciones generales. Se abre con una de las fotos más redondas de algo que en realidad no fue. Empezó el campeonato contra Brasil en el estadio de Jalisco. Todavía con 0-0, Míchel bajó con el pecho una pelota al borde del área y se sacó un derechazo que botó detrás de la línea después de pegar en el larguero. Pero la hierba escupió el balón hacia fuera y el árbitro, el australiano Bambridge, se negó a conceder el gol. Siete minutos más tarde, Sócrates cabeceó a la red y Brasil se llevó el encuentro.
La derrota del estreno enfrió el entusiasmo de un equipo que llevaba semanas muerto de aburrimiento en una larguísima concentración para aclimatarse a la altitud en Tlaxcala, a 2.230 metros por encima del nivel del mar. Remontaron el vuelo ganando 2-1 a Irlanda del Norte y 3-0 a Argelia, lo que los cruzó en los octavos de final contra Dinamarca, la revelación del torneo, de repente el equipo del que se había enamorado todo el mundo. Entonces, cuando más difícil parecía, emergió la mejor España. Todo empezó a cambiar unos días antes.
Huyendo de las cucarachas de un establecimiento desvencijado, la selección de Miguel Muñoz acabó alojada en Querétaro en el mismo hotel que sus rivales. “Ahí empezó nuestra victoria psicológica contra los daneses”, recuerda Eloy, entonces delantero del Sporting de Gijón, en el libro Cuando éramos los mejores (pero no ganábamos nunca), de Santi Giménez y Luis Martín. “Estuvimos tres días conviviendo. Ibas por los pasillos y escuchabas gritar a Camacho: ‘¡Os vamos a ganaaaaar! ¡Os vamos a ganaaaar!”.
No había selección más admirada que Dinamarca, que acababa de arrasar 6-1 a Uruguay. Su juego era lo más atractivo del torneo. Una criatura hermosa que destrozó el angelical Butragueño con cuatro goles para un 5-1.
En España, casi nadie lo supo hasta la mañana siguiente. Las ocho horas de diferencia con México hacían que los partidos fueran de madrugada. A mediodía, el telediario de TVE se recreó con las repeticiones del puñado de goles del Buitre. Sobre las imágenes apareció el logo del PSOE, el partido del presidente del Gobierno, Felipe González, que optaba a la reelección cuatro días más tarde. El encuentro, además del entusiasmo general, que desembocó en las primeras celebraciones en La Cibeles, desató una pequeña tormenta política. Se atribuyó al error de un operario.
La euforia distrajo un tanto la atención del equipo de Miguel Muñoz. El siguiente paso era Bélgica en cuartos de final, pero un poco más adelante ya asomaba Maradona en la semifinal, una ronda que la Roja nunca había alcanzado, y que aún tardó 24 años en pisar. “Ganarles como les ganamos nos hizo sentir capaces de todo”, recuerda Eloy. “Puede que sentirnos favoritos fuera el primer problema, que pensásemos más en Argentina que en Bélgica”.
Los belgas se habían movido bajo el radar, pero habían eliminado a la Unión Soviética, otra de las sorpresas que cautivó al público. España conservaba una confianza enorme. Y estaba justificada. Dominó a Bélgica, pero le costó reponerse del gol de Ceulemans en el minuto 34, en su único asalto a la portería de Zubizarreta. Desde entonces el encuentro fue un asedio a la de Jean Marie Pfaff, con el premio de un gol de Señor en el 85. Bélgica aguantó la prórroga y la eliminatoria desembocó en los penaltis, donde solo falló Eloy. “Muchas veces me han preguntado por qué tiré el penalti”, dice el delantero en el libro, donde cuenta que los había practicado mucho, y con acierto, en una concentración previa y en los días anteriores. “Después de que se acabara la prórroga, llegó Miera y me preguntó cómo estaba, le dije que bien, y me espetó: ‘¿Tiras un penalti?’. Le dije que sí, sin dudarlo”. Le tocó el segundo, después del acierto de Señor. “Decidí dónde chutar cuando cogí el balón para acomodarlo sobre el punto de cal. Lo tenía claro, a la derecha del portero, tocadita… y que fuera adentro, sobre todo que no saliera fuera. Le pegué mordido, le pegué mal. Fallé. Y lo paró Pfaff. Lo primero que pensé fue en la posibilidad de que se abriera el campo y desaparecer del mundo”. Los belgas acertaron con todos. Y se esfumó la ilusión de Maradona en semifinales y la del Mundial para una selección extraordinaria. Ese día el PSOE de Felipe González volvió a ganar con mayoría absoluta.
Argentina respiró aliviada, como recuerda Valdano: “Bilardo estaba obsesionado con evitar a España, no quería bajo ningún concepto que nos cruzásemos con los españoles. Fue el más belga de los belgas. Creo que hasta puso cirios. Cuando Bélgica ganó a España en los penaltis ya nos anunció: ‘Seremos campeones del mundo”. Y sí.
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