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  Cultura  Cecilia Bartoli: «Lo que no cambia en la ópera es el deseo del público, que sigue buscando una emoción verdadera»
Cultura

Cecilia Bartoli: «Lo que no cambia en la ópera es el deseo del público, que sigue buscando una emoción verdadera»

noviembre 26, 2025
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«Para un cantante, la inteligencia es mucho más importante que la voz. La voz no es más que un don divino». Lo decía hace más de treinta años Cecilia Bartoli (Roma, 1966), una de las estrellas de la lírica internacional de las últimas tres décadas. Ella fue bendecida con ese don divino que es la voz, y que le llevó a llamar la atención de directores como Riccardo Muti o Herbert von Karajan antes de cumplir los veinte años y a habitar el Olimpo canoro desde poco después. Y ha demostrado tener inteligencia para desarrollar una carrera tan medida como exitosa y desarrollada en los auditorios, los escenarios operísticos y los estudios de grabación. Estos días vuelve a España para interpretar ‘Orfeo y Eurídice’, de Gluck, en versión de concierto, junto a Les Musiciens du Prince-Monaco, bajo la dirección de Gianluca Capuano. El martes 25 estuvo en el Palau de la Música de Barcelona, el jueves 27 en el Auditorio Nacional de Madrid -dentro del ciclo Impacta-, y el sábado 29 en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Antes de empezar la gira contestó a las preguntas de ABC. Usted cantó por vez primera ‘Orfeo y Eurídice’, de Gluck, hace dos años, pero hace tiempo grabó la versión de Haydn. ¿Qué diferencia hay entre las dos y qué le llama la atención de cada una?Aunque ambos parten del mismo mito, la diferencia principal es que en Haydn interpreto los papeles de Eurídice y del ‘Genio’, la figura que intenta reunir a los dos esposos. En Gluck, en cambio, canto a Orfeo, así que para mí es fantástico, desde un punto de vista artístico, poder explorar este mito tan célebre desde todos los ángulos posibles. En la versión de Haydn se ofrece un contexto mucho más amplio: vemos el noviazgo feliz de Orfeo y Eurídice, la persecución de ella por parte de un hombre celoso, su muerte y, al final, cómo Orfeo es despedazado por las bacantes. Gluck, por su parte, se concentra totalmente en el duelo de Orfeo, su viaje al inframundo, su lucha por no ceder ante las súplicas de Eurídice y su desesperación tras su nueva separación.En la grabación interpretó a Eurídice y en la ópera de Gluck interpreta a Orfeo. ¿Es interesante para su Orfeo haber interpretado a Eurídice, cambia el punto de vista o la manera de afrontarla?Interpretar a Eurídice me dio una perspectiva íntima sobre su fragilidad y su deseo de vivir. Cuando ahora doy voz a Orfeo, siento que conozco desde dentro aquello que él teme perder. Comprender ambas miradas me permite construir un Orfeo más humano y más vulnerable; creo que eso aporta una dimensión muy rica a la interpretación.«Me entusiasma explorar territorios menos conocidos: allí es donde la historia todavía puede sorprendernos»Dirige el Festival de Pascua de Salzburgo y la Ópera de Monte-Carlo. ¿Disfruta dirigiendo tanto como cantando?El canto es mi primera naturaleza, mi respiración. Dirigir un teatro o un festival implica crear una visión amplia: construir equipos, imaginar temporadas, acompañar a los artistas… No lo vivo como un alejamiento del escenario, sino como otra forma de servir a la música. Son energías distintas pero ambas profundamente estimulantes.Canta junto a una orquesta, Musiciens du Prince-Monaco, creada por iniciativa suya. ¿Qué características tiene que la diferencien de otras orquestas? ¿Para usted que supone cantar con ella?Lo maravilloso es que, al contar con una orquesta respaldada por el Príncipe -lo que constituye un privilegio excepcional- disponemos de la seguridad y la libertad de un verdadero laboratorio de pruebas donde, desde hace diez años, podemos tomarnos el tiempo de experimentar y desarrollar cada idea con cuidado. Además, contamos con un grado de estabilidad que nos permite trabajar de manera sostenible y seguir profundizando continuamente en los resultados que obtenemos…Cecilia Bartoli en ‘Giulio Cesare in Egitto’, en ‘Their Master’s Voice’ Marco BorreliSu carrera discográfica es prolífica, y ha realizado proyectos tan singulares como interesantes: ‘Opera proibita’, el dedicado a Maria Malibrán, el de los castrati… ¿Tiene alguno más en mente?Mi camino discográfico siempre ha nacido de la curiosidad. Me entusiasma explorar territorios menos conocidos: allí es donde la historia todavía puede sorprendernos. Tengo varias ideas en mente pero prefiero no revelarlas hasta que hayan madurado… Sigue cantando a Mozart -en febrero hará Cosi fan tutte en Monte-Carlo-. ¿Mozart es fundamental para la salud vocal de un cantante? El tenor Francisco Araiza me dijo hace años que cuando cantas Mozart puedes cantar de todo… ¿Está de acuerdo?  Mozart es una escuela de vida para un cantante. Su escritura exige pureza, flexibilidad, control pero también una gran sinceridad. Francisco Araiza tenía razón: cuando uno puede cantar Mozart con verdad, desarrolla una técnica que le permite abordar casi cualquier repertorio. Para mí, Mozart sigue siendo un ancla, una referencia esencial.Se cumplen cuarenta años desde su debut, siendo casi una niña. ¿Cuando mira hacia atrás, cómo siente que ha sido su carrera? ¿Imaginaba que iba a ser así? ¿Le queda alguna espinita clavada, algo por hacer?Cuando miro hacia atrás siento mucha gratitud. Mi carrera ha sido un viaje lleno de desafíos, encuentros decisivos y emociones profundas. Nunca imaginé recorrer tantos caminos. ¿Rincones pendientes? Siempre. La curiosidad es lo que me impulsa: mientras tenga algo por descubrir, estaré feliz.¿Y cómo ha cambiado el mundo de la ópera en este tiempo? ¿Echa de menos algo de hace treinta años?La ópera se ha vuelto más global, más visual y quizá también más atenta a los códigos del presente. De cierto modo, se puede echar de menos ese ritmo más pausado de antaño. Pero también veo una energía distinta: propuestas audaces, un diálogo cada vez más natural entre tradición y tecnología y una curiosidad renovada por explorar nuevos lenguajes escénicos. Y lo maravilloso es que la ópera no deja de reinventarse. Un ejemplo extraordinario es el renacimiento de la ópera barroca: hace apenas medio siglo parecía un repertorio casi olvidado y hoy forma parte esencial de los grandes teatros del mundo, desde la Ópera de París hasta La Scala, donde se interpreta con el mismo respeto y entusiasmo que los títulos más consagrados. Y si me preguntan lo que no cambia: el deseo del público, que sigue buscando una emoción verdadera.Noticia Relacionada estandar Si Adriana González: «La música en la ópera a veces se menosprecia mucho» Julio Bravo La soprano guatemalteca interpreta estos días el personaje de Salud en ‘La vida breve’ en el Teatro Real¿Le preocupa la Inteligencia Artificial? ¿Cómo cree que puede afectar al mundo de la ópera y de la música?La IA puede ser una herramienta útil siempre que se sepa utilizar bien, pero nunca reemplazará el latido humano que hace vibrar la voz. La música -como la presencia sobre el escenario- es un acto de vulnerabilidad y de verdad. El impacto auténtico se produce cuando escuchamos en vivo, cuando sentimos cómo un intérprete de carne y hueso transmite esas vibraciones, esa fragilidad y esa intensidad que nacen del cuerpo y del alma. Esa dimensión profundamente humana no puede ser imitada ni programada por ninguna máquina. Una de sus pasiones es la cocina, ¿tiene tiempo para dedicarle?La cocina es un punto de reunión, de intercambio y de transmisión. Cuando tengo un día libre, me encanta preparar recetas familiares con mi mamá, aunque algunas (como la de mis ‘strozzapreti’) siguen siendo un secreto muy bien guardado. «Para un cantante, la inteligencia es mucho más importante que la voz. La voz no es más que un don divino». Lo decía hace más de treinta años Cecilia Bartoli (Roma, 1966), una de las estrellas de la lírica internacional de las últimas tres décadas. Ella fue bendecida con ese don divino que es la voz, y que le llevó a llamar la atención de directores como Riccardo Muti o Herbert von Karajan antes de cumplir los veinte años y a habitar el Olimpo canoro desde poco después. Y ha demostrado tener inteligencia para desarrollar una carrera tan medida como exitosa y desarrollada en los auditorios, los escenarios operísticos y los estudios de grabación. Estos días vuelve a España para interpretar ‘Orfeo y Eurídice’, de Gluck, en versión de concierto, junto a Les Musiciens du Prince-Monaco, bajo la dirección de Gianluca Capuano. El martes 25 estuvo en el Palau de la Música de Barcelona, el jueves 27 en el Auditorio Nacional de Madrid -dentro del ciclo Impacta-, y el sábado 29 en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Antes de empezar la gira contestó a las preguntas de ABC. Usted cantó por vez primera ‘Orfeo y Eurídice’, de Gluck, hace dos años, pero hace tiempo grabó la versión de Haydn. ¿Qué diferencia hay entre las dos y qué le llama la atención de cada una?Aunque ambos parten del mismo mito, la diferencia principal es que en Haydn interpreto los papeles de Eurídice y del ‘Genio’, la figura que intenta reunir a los dos esposos. En Gluck, en cambio, canto a Orfeo, así que para mí es fantástico, desde un punto de vista artístico, poder explorar este mito tan célebre desde todos los ángulos posibles. En la versión de Haydn se ofrece un contexto mucho más amplio: vemos el noviazgo feliz de Orfeo y Eurídice, la persecución de ella por parte de un hombre celoso, su muerte y, al final, cómo Orfeo es despedazado por las bacantes. Gluck, por su parte, se concentra totalmente en el duelo de Orfeo, su viaje al inframundo, su lucha por no ceder ante las súplicas de Eurídice y su desesperación tras su nueva separación.En la grabación interpretó a Eurídice y en la ópera de Gluck interpreta a Orfeo. ¿Es interesante para su Orfeo haber interpretado a Eurídice, cambia el punto de vista o la manera de afrontarla?Interpretar a Eurídice me dio una perspectiva íntima sobre su fragilidad y su deseo de vivir. Cuando ahora doy voz a Orfeo, siento que conozco desde dentro aquello que él teme perder. Comprender ambas miradas me permite construir un Orfeo más humano y más vulnerable; creo que eso aporta una dimensión muy rica a la interpretación.«Me entusiasma explorar territorios menos conocidos: allí es donde la historia todavía puede sorprendernos»Dirige el Festival de Pascua de Salzburgo y la Ópera de Monte-Carlo. ¿Disfruta dirigiendo tanto como cantando?El canto es mi primera naturaleza, mi respiración. Dirigir un teatro o un festival implica crear una visión amplia: construir equipos, imaginar temporadas, acompañar a los artistas… No lo vivo como un alejamiento del escenario, sino como otra forma de servir a la música. Son energías distintas pero ambas profundamente estimulantes.Canta junto a una orquesta, Musiciens du Prince-Monaco, creada por iniciativa suya. ¿Qué características tiene que la diferencien de otras orquestas? ¿Para usted que supone cantar con ella?Lo maravilloso es que, al contar con una orquesta respaldada por el Príncipe -lo que constituye un privilegio excepcional- disponemos de la seguridad y la libertad de un verdadero laboratorio de pruebas donde, desde hace diez años, podemos tomarnos el tiempo de experimentar y desarrollar cada idea con cuidado. Además, contamos con un grado de estabilidad que nos permite trabajar de manera sostenible y seguir profundizando continuamente en los resultados que obtenemos…Cecilia Bartoli en ‘Giulio Cesare in Egitto’, en ‘Their Master’s Voice’ Marco BorreliSu carrera discográfica es prolífica, y ha realizado proyectos tan singulares como interesantes: ‘Opera proibita’, el dedicado a Maria Malibrán, el de los castrati… ¿Tiene alguno más en mente?Mi camino discográfico siempre ha nacido de la curiosidad. Me entusiasma explorar territorios menos conocidos: allí es donde la historia todavía puede sorprendernos. Tengo varias ideas en mente pero prefiero no revelarlas hasta que hayan madurado… Sigue cantando a Mozart -en febrero hará Cosi fan tutte en Monte-Carlo-. ¿Mozart es fundamental para la salud vocal de un cantante? El tenor Francisco Araiza me dijo hace años que cuando cantas Mozart puedes cantar de todo… ¿Está de acuerdo?  Mozart es una escuela de vida para un cantante. Su escritura exige pureza, flexibilidad, control pero también una gran sinceridad. Francisco Araiza tenía razón: cuando uno puede cantar Mozart con verdad, desarrolla una técnica que le permite abordar casi cualquier repertorio. Para mí, Mozart sigue siendo un ancla, una referencia esencial.Se cumplen cuarenta años desde su debut, siendo casi una niña. ¿Cuando mira hacia atrás, cómo siente que ha sido su carrera? ¿Imaginaba que iba a ser así? ¿Le queda alguna espinita clavada, algo por hacer?Cuando miro hacia atrás siento mucha gratitud. Mi carrera ha sido un viaje lleno de desafíos, encuentros decisivos y emociones profundas. Nunca imaginé recorrer tantos caminos. ¿Rincones pendientes? Siempre. La curiosidad es lo que me impulsa: mientras tenga algo por descubrir, estaré feliz.¿Y cómo ha cambiado el mundo de la ópera en este tiempo? ¿Echa de menos algo de hace treinta años?La ópera se ha vuelto más global, más visual y quizá también más atenta a los códigos del presente. De cierto modo, se puede echar de menos ese ritmo más pausado de antaño. Pero también veo una energía distinta: propuestas audaces, un diálogo cada vez más natural entre tradición y tecnología y una curiosidad renovada por explorar nuevos lenguajes escénicos. Y lo maravilloso es que la ópera no deja de reinventarse. Un ejemplo extraordinario es el renacimiento de la ópera barroca: hace apenas medio siglo parecía un repertorio casi olvidado y hoy forma parte esencial de los grandes teatros del mundo, desde la Ópera de París hasta La Scala, donde se interpreta con el mismo respeto y entusiasmo que los títulos más consagrados. Y si me preguntan lo que no cambia: el deseo del público, que sigue buscando una emoción verdadera.Noticia Relacionada estandar Si Adriana González: «La música en la ópera a veces se menosprecia mucho» Julio Bravo La soprano guatemalteca interpreta estos días el personaje de Salud en ‘La vida breve’ en el Teatro Real¿Le preocupa la Inteligencia Artificial? ¿Cómo cree que puede afectar al mundo de la ópera y de la música?La IA puede ser una herramienta útil siempre que se sepa utilizar bien, pero nunca reemplazará el latido humano que hace vibrar la voz. La música -como la presencia sobre el escenario- es un acto de vulnerabilidad y de verdad. El impacto auténtico se produce cuando escuchamos en vivo, cuando sentimos cómo un intérprete de carne y hueso transmite esas vibraciones, esa fragilidad y esa intensidad que nacen del cuerpo y del alma. Esa dimensión profundamente humana no puede ser imitada ni programada por ninguna máquina. Una de sus pasiones es la cocina, ¿tiene tiempo para dedicarle?La cocina es un punto de reunión, de intercambio y de transmisión. Cuando tengo un día libre, me encanta preparar recetas familiares con mi mamá, aunque algunas (como la de mis ‘strozzapreti’) siguen siendo un secreto muy bien guardado.  

«Para un cantante, la inteligencia es mucho más importante que la voz. La voz no es más que un don divino». Lo decía hace más de treinta años Cecilia Bartoli (Roma, 1966), una de las estrellas de la lírica internacional de las últimas tres … décadas. Ella fue bendecida con ese don divino que es la voz, y que le llevó a llamar la atención de directores como Riccardo Muti o Herbert von Karajan antes de cumplir los veinte años y a habitar el Olimpo canoro desde poco después. Y ha demostrado tener inteligencia para desarrollar una carrera tan medida como exitosa y desarrollada en los auditorios, los escenarios operísticos y los estudios de grabación. Estos días vuelve a España para interpretar ‘Orfeo y Eurídice’, de Gluck, en versión de concierto, junto a Les Musiciens du Prince-Monaco, bajo la dirección de Gianluca Capuano. El martes 25 estuvo en el Palau de la Música de Barcelona, el jueves 27 en el Auditorio Nacional de Madrid -dentro del ciclo Impacta-, y el sábado 29 en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Antes de empezar la gira contestó a las preguntas de ABC.

Usted cantó por vez primera ‘Orfeo y Eurídice’, de Gluck, hace dos años, pero hace tiempo grabó la versión de Haydn. ¿Qué diferencia hay entre las dos y qué le llama la atención de cada una?

Aunque ambos parten del mismo mito, la diferencia principal es que en Haydn interpreto los papeles de Eurídice y del ‘Genio’, la figura que intenta reunir a los dos esposos. En Gluck, en cambio, canto a Orfeo, así que para mí es fantástico, desde un punto de vista artístico, poder explorar este mito tan célebre desde todos los ángulos posibles. En la versión de Haydn se ofrece un contexto mucho más amplio: vemos el noviazgo feliz de Orfeo y Eurídice, la persecución de ella por parte de un hombre celoso, su muerte y, al final, cómo Orfeo es despedazado por las bacantes. Gluck, por su parte, se concentra totalmente en el duelo de Orfeo, su viaje al inframundo, su lucha por no ceder ante las súplicas de Eurídice y su desesperación tras su nueva separación.

En la grabación interpretó a Eurídice y en la ópera de Gluck interpreta a Orfeo. ¿Es interesante para su Orfeo haber interpretado a Eurídice, cambia el punto de vista o la manera de afrontarla?

Interpretar a Eurídice me dio una perspectiva íntima sobre su fragilidad y su deseo de vivir. Cuando ahora doy voz a Orfeo, siento que conozco desde dentro aquello que él teme perder. Comprender ambas miradas me permite construir un Orfeo más humano y más vulnerable; creo que eso aporta una dimensión muy rica a la interpretación.

«Me entusiasma explorar territorios menos conocidos: allí es donde la historia todavía puede sorprendernos»

Dirige el Festival de Pascua de Salzburgo y la Ópera de Monte-Carlo. ¿Disfruta dirigiendo tanto como cantando?

El canto es mi primera naturaleza, mi respiración. Dirigir un teatro o un festival implica crear una visión amplia: construir equipos, imaginar temporadas, acompañar a los artistas… No lo vivo como un alejamiento del escenario, sino como otra forma de servir a la música. Son energías distintas pero ambas profundamente estimulantes.

Canta junto a una orquesta, Musiciens du Prince-Monaco, creada por iniciativa suya. ¿Qué características tiene que la diferencien de otras orquestas? ¿Para usted que supone cantar con ella?

Lo maravilloso es que, al contar con una orquesta respaldada por el Príncipe -lo que constituye un privilegio excepcional- disponemos de la seguridad y la libertad de un verdadero laboratorio de pruebas donde, desde hace diez años, podemos tomarnos el tiempo de experimentar y desarrollar cada idea con cuidado. Además, contamos con un grado de estabilidad que nos permite trabajar de manera sostenible y seguir profundizando continuamente en los resultados que obtenemos…

Imagen principal - Cecilia Bartoli en 'Giulio Cesare in Egitto', en 'Their Master's Voice'
Imagen secundaria 1 - Cecilia Bartoli en 'Giulio Cesare in Egitto', en 'Their Master's Voice'
Imagen secundaria 2 - Cecilia Bartoli en 'Giulio Cesare in Egitto', en 'Their Master's Voice'
Cecilia Bartoli en ‘Giulio Cesare in Egitto’, en ‘Their Master’s Voice’
Marco Borreli

Su carrera discográfica es prolífica, y ha realizado proyectos tan singulares como interesantes: ‘Opera proibita’, el dedicado a Maria Malibrán, el de los castrati… ¿Tiene alguno más en mente?

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Mi camino discográfico siempre ha nacido de la curiosidad. Me entusiasma explorar territorios menos conocidos: allí es donde la historia todavía puede sorprendernos. Tengo varias ideas en mente pero prefiero no revelarlas hasta que hayan madurado…

Sigue cantando a Mozart -en febrero hará Cosi fan tutte en Monte-Carlo-. ¿Mozart es fundamental para la salud vocal de un cantante? El tenor Francisco Araiza me dijo hace años que cuando cantas Mozart puedes cantar de todo… ¿Está de acuerdo? 

Mozart es una escuela de vida para un cantante. Su escritura exige pureza, flexibilidad, control pero también una gran sinceridad. Francisco Araiza tenía razón: cuando uno puede cantar Mozart con verdad, desarrolla una técnica que le permite abordar casi cualquier repertorio. Para mí, Mozart sigue siendo un ancla, una referencia esencial.

Se cumplen cuarenta años desde su debut, siendo casi una niña. ¿Cuando mira hacia atrás, cómo siente que ha sido su carrera? ¿Imaginaba que iba a ser así? ¿Le queda alguna espinita clavada, algo por hacer?

Cuando miro hacia atrás siento mucha gratitud. Mi carrera ha sido un viaje lleno de desafíos, encuentros decisivos y emociones profundas. Nunca imaginé recorrer tantos caminos. ¿Rincones pendientes? Siempre. La curiosidad es lo que me impulsa: mientras tenga algo por descubrir, estaré feliz.

¿Y cómo ha cambiado el mundo de la ópera en este tiempo? ¿Echa de menos algo de hace treinta años?

La ópera se ha vuelto más global, más visual y quizá también más atenta a los códigos del presente. De cierto modo, se puede echar de menos ese ritmo más pausado de antaño. Pero también veo una energía distinta: propuestas audaces, un diálogo cada vez más natural entre tradición y tecnología y una curiosidad renovada por explorar nuevos lenguajes escénicos. Y lo maravilloso es que la ópera no deja de reinventarse. Un ejemplo extraordinario es el renacimiento de la ópera barroca: hace apenas medio siglo parecía un repertorio casi olvidado y hoy forma parte esencial de los grandes teatros del mundo, desde la Ópera de París hasta La Scala, donde se interpreta con el mismo respeto y entusiasmo que los títulos más consagrados. Y si me preguntan lo que no cambia: el deseo del público, que sigue buscando una emoción verdadera.

¿Le preocupa la Inteligencia Artificial? ¿Cómo cree que puede afectar al mundo de la ópera y de la música?

La IA puede ser una herramienta útil siempre que se sepa utilizar bien, pero nunca reemplazará el latido humano que hace vibrar la voz. La música -como la presencia sobre el escenario- es un acto de vulnerabilidad y de verdad. El impacto auténtico se produce cuando escuchamos en vivo, cuando sentimos cómo un intérprete de carne y hueso transmite esas vibraciones, esa fragilidad y esa intensidad que nacen del cuerpo y del alma. Esa dimensión profundamente humana no puede ser imitada ni programada por ninguna máquina.

Una de sus pasiones es la cocina, ¿tiene tiempo para dedicarle?

La cocina es un punto de reunión, de intercambio y de transmisión. Cuando tengo un día libre, me encanta preparar recetas familiares con mi mamá, aunque algunas (como la de mis ‘strozzapreti’) siguen siendo un secreto muy bien guardado.

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