Charles Powell acaba de publicar ‘El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España’ (Galaxia Gutenberg) , un concienzudo ensayo histórico del reinado que trajo la democracia e integró nuestro país en Europa y la OTAN; el mismo que redefinió la política iberoamericana, con el V Centenario y las Cumbres entre sus logros, y el que puso a España como interlocutor para las crisis de Oriente Medio con la conferencia de paz de 1991 como éxito referencial. Todo ocurrió deprisa, los aliados ayudaron y se vencieron duras resistencias. La obra de Powell aporta una nueva perspectiva al periodo, con infinidad de documentos y testimonios, sobre todo fuentes directas de archivos diplomáticos de varios países. «Es la etapa fundacional de la política exterior de la España contemporánea», afirma el estudioso, que hoy dirige el Instituto Elcano . Dice que nuestro país había participado en la Guerra Fría «sin saberlo. Pero no era un paria en 1975, porque se había venido incorporando poco a poco a Occidente, aunque de una manera muy anómala». Ya como príncipe, destaca, Don Juan Carlos no tenía una hoja de ruta pero tenía dos cosas claras: «No se iba a consolidar la monarquía sin validación exterior y sin democracia España no entraba en la Comunidad Europea». Noticias relacionadas estandar Si Crítica Aportes y despropósitos sobre Juan Carlos I Jordi Canal estandar Si ‘Reconciliación’, de Juan Carlos I, amargas memorias Jordi Canal—Cuenta que el Rey logró levantar dos vetos contra España en Europa.—Sí. Primero, el que impone el Reino Unido en relación con Gibraltar. Se lo dicen los británicos, de una manera mucho más explícita de la que yo recordaba: si ustedes no restablecen las comunicaciones entre Gibraltar y España, el Parlamento británico no va a aprobar la adhesión. Londres acababa de ingresar en el 73 y ya se permite eso.—¿Y el otro?—El otro veto es la exigencia de establecer relaciones con Israel. Francia y sobre todo Alemania tenían claro exigir esto antes de dejar entrar a España en el club europeo. Es extraño porque no está en los tratados y no se le exigió, por ejemplo, a Grecia. Ahí el papel del Rey no fue solo hablar directamente con los jefes de Estado árabes, sino organizar reuniones del rey de Arabia Saudí o el rey de Jordania con Felipe González, de las que luego se ausentaba.«El principal objetivo era entrar en la Comunidad Europea»—¿Qué detalles son inéditos?—El caso británico es controvertido. En el año 83 el Rey le dice a tres británicos importantes -el ministro de Exteriores, el embajador y Hugh Thomas, asesor de Mrs. Thatcher-: nosotros no queremos Gibraltar. Y lo explica: en el momento en que recibamos Gibraltar, Hassan activa Ceuta y Melilla y eso sería muy peligroso, porque ahí hay españoles.—Pero empezaron a negociar con Londres.—Los acuerdos no pedían recuperar la soberanía inmediatamente. El Rey interviene para hacer posible la reapertura del tráfico y de las comunicaciones para no poner nunca en peligro el principal objetivo, que es entrar en la Comunidad Europea. En tándem con Felipe González.—¿Está justificada esa indiscreción?—Él hablaba con una gran sinceridad con algunos interlocutores. Por ejemplo, Wells Stabler, uno de mis héroes, el embajador americano entre el 75 y el 78, dice: a veces me asusto de las cosas que me dice. Un embajador británico escribió: a veces preferiría que no me hubiese dicho algunas de las cosas que me dijo.—Esta actitud generaba algo positivo: confianza, una relación personal, según comenta.—Cierto. Wells Stabler le escribe un telegrama a Kissinger diciendo: no distribuyáis esto, porque el Rey piensa que habla conmigo de manera especial y no se va a distribuir por todo el sistema. Supo que uno de sus telegramas había acabado en manos del embajador francés. Hablaban del Sáhara y pensaba: este señor me está contando cosas muy delicadas y no quiero que circulen.«Pongo énfasis en la incompetencia de Alexander Haig, que declaró que el Tejerazo era un asunto interno y había que esperar para pronunciarse»—La nueva política sobre Iberoamérica fue pura lucidez. Sorprende que desde EE.UU. se veía bien.—Ven con buenos ojos que España se active, porque ellos están solos en América Latina y además están los rusos revoloteando. Cuantos más europeos haya involucrados, mejor. No se le ha hecho justicia a Oreja, que inicia esta política en julio del 76, que se desarrolla hasta el 92. Hay un telegrama británico muy interesante que dice: nosotros tenemos la Commonwealth, los franceses la francofonía; está bien que haya un tercer círculo de influencia europeo. Y no había doctrina Monroe entonces.—Resulta sorprendente la ambigüedad de EE.UU. en el golpe de 1981.—Pongo énfasis en la incompetencia de Alexander Haig [el primer secretario de Estado de Reagan, que declaró que el Tejerazo era un asunto interno y había que esperar para pronunciarse]. La cronología se olvida: Reagan había sido elegido en noviembre, tomó posesión en enero y el golpe fue en febrero. Haig era un desastre, decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Pero hay un documento inédito en el que Haig le dice a Reagan que están desanimando a posibles golpistas. Lo ocurrido no confirma las teorías conspirativas, confirma que los golpistas estaban buscando apoyos.«Defiendo bastante a Suárez en este libro. No era antiamericano, era nacionalista español que quería aprovechar su relación con Iberoamérica y el mundo árabe»—El Rey tenía muy claro ya entonces que la entrada en la OTAN era clave para modernizar el ejército.—Suárez no tanto al principio, porque ni la izquierda, ni Fraga, ni el ejército querían la OTAN. Tenía razón. Pero defiendo bastante a Suárez en este libro. No era antiamericano, era nacionalista español que quería aprovechar su relación con Iberoamérica y el mundo árabe.—Calvo Sotelo estuvo a favor de la OTAN. Con Felipe González se abrió una etapa muy ambiciosa en la política exterior. ¿Qué papel tuvo la complicidad del Rey con él?—Pasaron unas 2.500 horas juntos. Fueron el tándem más eficaz en política exterior. Europa era la clave para ambos. Y Felipe no permite que la OTAN se interponga entre ellos. Subrayo la dimensión institucional: Moncloa y Zarzuela funcionaron sin fricción.«Aznar es monárquico y para él es importante redimensionar el papel del Rey. Felipe dejaba hacer y se había sobredimensionado»—La etapa con Aznar resultó paradójica. Es atlantista y europeísta, pero fue quien trató de reducir el papel del Rey a lo constitucional.—Esto es así. Lo más difícil de este libro ha sido hacer justicia a todos. Creo que Aznar es monárquico y para él es importante redimensionar el papel del Rey. Felipe dejaba hacer y se había sobredimensionado. Le preocupan las relaciones del Rey con monarcas no democráticos, su papel como promotor de negocios e intereses de empresas españolas. Son preocupaciones legítimas. Pero creo que quiere también monopolizar la relación con los presidentes de Francia y Estados Unidos, una rivalidad.—Eran jefes de Estado, como el Rey. ¿Cabía la ambigüedad?—Intenta poner límites más nítidos. También llegan entonces las primeras pistas sobre comportamientos personales que luego trajeron graves consecuencias. Había ambigüedad constitucional en la representación exterior. Esa relación estaba por definir en los primeros compases de un nuevo sistema político, sin tradiciones claras. En cuanto al atlantismo, yo creo que al Rey le alarma la excesiva proximidad con Bush que intenta Aznar.—A medida que se acerca al presente, en el libro disminuye la documentación disponible.—Es verdad que aporto mucha más documentación estadounidense, porque Washington es la gran potencia de la esfera a la cual pertenece España. Y la calidad de esa documentación americana es extraordinaria. El Rey visita Manila o Costa de Marfil, y siempre hay telegramas de embajadas estadounidenses, que son ecuánimes. «Por culpa de la Ley de Secretos Oficiales, a partir del 82 no hay papeles españoles. Y no hay acceso a la documentación del Ministerio de Defensa»—¿Y en España?—Por culpa de la Ley de Secretos Oficiales, a partir del 82 no hay papeles españoles. Y no hay acceso a la documentación del Ministerio de Defensa. Los he suplido con británicos y de EE.UU., más el trabajo de historiadores que han trabajado con Francia y Alemania. Con Italia, curiosamente, la relación fue muy escasa.—Italia ha aprovechado muy bien nuestro problema reciente con Argelia y se ha quedado con el gas.—En efecto. Son muy hábiles. Golpean por encima de su peso en la UE y en la OTAN están muy bien situados. Tajani siempre recuerda que su presencia en Brasil por ejemplo es superior a la nuestra. Olvidamos que no tenemos el monopolio de América Latina.«La familia Bush invitó a Zapatero en Acción de Gracias en su rancho de Texas, pero el hijo está muy enfadado con él»—En el periodo de Zapatero se produjo el gran conflicto con Estados Unidos. El Rey trató de solventarlo, ¿no?—No con mucho éxito. La familia Bush le invita en Acción de Gracias en su rancho de Texas, pero el hijo está muy enfadado con Zapatero, y no solamente por la salida tan rápida de las tropas españolas, sino por haber incitado a otros a seguir su ejemplo.—Ahí se produjo un primer giro inexplicado de la política exterior española, ¿no? Alianza de civilizaciones y todo esto.—La relación con Bush hijo se mantiene difícil hasta el final. El Rey ayuda a Zapatero en relación con América Latina hasta que se produce el célebre «¿por qué no te callas?» Zapatero y el Rey tienen y tenían muy buena relación.«Felipe le dice a Zapatero dos cosas: no te fíes de Castro y dale al Rey la cancha que le corresponde»—Dos socialistas muy distintos, Felipe y él.—Zapatero no tenía experiencia. Felipe le dice dos cosas: no te fíes de Castro y dale al Rey la cancha que le corresponde. Y lo segundo Zapatero lo sigue.—El «¿por qué no te callas?» parece también síntoma de algo que ya estaba cociéndose.—Es difícil el papel del Rey, en ese contexto, sentado como igual en una cumbre con otros jefes de Estado. En la Commonwealth, la Reina no está en ese plano, pero es como se configuró esta comunidad en los años 80, como ya hemos hablado. Y ocurre que Evo Morales, por ejemplo, también critica la figura del Rey. «No somos una potencia militar, aunque nos gastemos 330.000 millones de euros al año en defensa»—El mundo ha cambiado mucho desde los 90, y España también. ¿Cree que se está reaccionando como se debería ante los problemas?—España, como otros países europeos, está teniendo dificultades para adaptarse a cambios tan rápidos, tan intensos. Es la cuarta economía europea, pero la propia Unión está muy mal equipada para navegar en estas aguas. Como decía Josep Piqué, somos una potencia herbívora rodeada de carnívoros. No somos una potencia militar, aunque nos gastemos 330.000 millones de euros al año en defensa.—Se dice que somos potencia en regulación.—Una potencia normativa, influyentes por moldear normas. Estamos anclados en la defensa de un orden multilateral que se está desmoronando. Porque esas normas están siendo contestadas por China, Rusia, Estados Unidos y también ya internamente. Aunque el europeísmo español sigue siendo muy fuerte«¿Cómo hacemos frente al reto ruso, chino, estadounidense? Pasa por aliarnos con democracias como Canadá, Australia y el ámbito iberoamericano»—¿Está en riesgo nuestro peso específico?—La UE es el 15% del PIB y el 10% de la población. Somos lo que somos. ¿Cómo hacemos frente al reto ruso, chino, estadounidense? Pasa por aliarnos con democracias como Canadá, Australia y el ámbito iberoamericano. Por eso era tan importante el tratado con Mercosur. ¿Seremos capaces de contribuir a la redefinición del orden liberal basado en reglas?—Pero, ¿la diversidad europea es una fortaleza o una debilidad?—Nuestro lema es unidos en la diversidad, pero hay más diversidad que unión. Como decía Paul-Henri Spaak, Europa se divide en países pequeños y países pequeños que no saben que lo son. Incluso Alemania y Francia lo son, comparados con China, la India… A pesar de eso, el proyecto europeo es básicamente sólido.«Podemos sobrevivir al episodio de Groenlandia si hay una salida negociada aceptable para la población y que respete la soberanía»—¿Y cree que el trato de Trump en Europa será Ucrania por Groenlandia?—Trump dice que ha llegado a un acuerdo. Podemos sobrevivir al episodio de Groenlandia si hay una salida negociada aceptable para la población y que respete la soberanía. Si no, la credibilidad de la Unión y de la OTAN quedarían muy dañadas. Tenemos que mostrarnos mucho más firmes.—Lo que dice de Europa la estrategia de seguridad nacional de Trump es tremendo.—Esa idea de la «civilization erasure» es muy ideológica y contradictoria, dice que le gustan los europeos, pero no cree en la Unión Europea. Prefiere hablar bilateralmente con los Estados. La mayor habilidad de Trump es detectar la debilidad del adversario. Pero si el adversario planta cara, suele negociar.—Volviendo al ámbito del libro. Me temo que España es un país en el que cambian los ejes de la política exterior según el gobierno.—Siempre se ha dicho que la política exterior debía ser de Estado. De ahí que vincule la eficacia del Rey a la existencia de esos consensos. «Los cambios habidos con el Sáhara y Marruecos son legítimos, pero es preferible que se expliquen bien»—No ha habido continuidad.—Ha habido bandazos, es verdad. Hay cambios legítimos en respuesta a las demandas sociales y electorales de cada momento. Los grandes traumas fueron el referéndum de la OTAN y la guerra de Irak. Trajeron rupturas del consenso con consecuencias internas muy graves, sobre todo hacia dentro. La lección es que hay que huir de los experimentos y que los cambios deben ser pactados, explicados a la opinión pública y consensuados.—Y eso no ocurre últimamente, no ocurrió con el Sáhara.—Los cambios habidos con el Sáhara y Marruecos son legítimos, pero es preferible que se expliquen bien y que se trate a los españoles como mayores de edad.«El gran proyecto nacional español es Europa. Y el consenso europeísta en España es sólido»—¿Desde fuera se percibe como una debilidad? No parecemos un socio fiable para algunas cosas.—El gran debate ha sido el 5% de presupuesto de la defensa. En Europa eso no es así. El gran proyecto nacional español es Europa. Y el consenso europeísta en España es sólido, ni los extremos cuestionan las bondades de estar en el proyecto. Pero hay señales de alerta.—¿Valoramos bien en España lo que ha supuesto el éxito diplomático de Marruecos en Estados Unidos?—A mí me impresiona mucho.—El cambio del Sáhara fue lo último que firmó Trump antes de salir de la Casa Blanca en su primer mandato.—Yo, que he estudiado mucho la crisis del Sáhara y la Marcha Verde siempre digo a todo el mundo: nunca subestiméis a Marruecos. Hay una asimetría brutal de conocimiento. La élites marroquíes nos conocen muy bien; sus militares, sus servicios secretos conocen muy bien España. El idioma, el debate, un taxista en Rabat sabe qué gobierno tenemos y cuándo son las elecciones. Al revés no ocurre.—¿Qué consecuencias puede tener?—Muchas veces comento el triángulo Estados Unidos-Marruecos-Israel. Es clave. Nosotros vivimos al margen.«Yo no veo a Marruecos como rival o como enemigo»—En el caso de Israel de manera incomprensible.—Hay vulnerabilidades: Ceuta, Melilla, la migración irregular, el narcotráfico, el yihadismo que no ha desaparecido por más que no salga siempre en los medios. Es estructural, no sé si está bajo control. Yo no veo a Marruecos como rival o como enemigo, pero sí he observado desde 1975 que tiene una enorme habilidad a la hora de aprovechar las debilidades.—Y unas prioridades clarísimas.—Sí. Es un país que está creciendo. Basta ir a Tánger para verlo. Subestimamos a Marruecos y estamos mal informados. No se trata de alarmismo, pero están a 16 km de nuestra costa.«Sería una pena que los errores de Juan Carlos eclipsaran su papel y el de la institución. La institución es de lo poco que funciona bien hoy en España»—En resumen, tras haber escrito el libro ¿qué aporta la monarquía a la política exterior?—Aporta continuidad y un depósito de conocimiento institucional: Don Juan Carlos conoce en sus 39 años de reinado a diez presidentes americanos, cinco franceses y trabaja con siete presidentes del Gobierno y diecisiete ministros de Exteriores. Y me fascina la capacidad de representación exterior. El Rey encarna una historia y una cultura.—Jovellanos decía que la monarquía es la Constitución histórica, es clave para el trabajo común.—Sé que la figura de Don Juan Carlos tardará muchos años en estabilizarse. Sería una pena que los errores de Juan Carlos eclipsaran su papel y el de la institución. La institución es de lo poco que funciona bien hoy en España. «Don Juan Carlos ha cometido errores graves, pero siempre hubo otros que fueron corresponsables, a su alrededor»—Lo que cuenta en su libro fue tan verdad como sus errores.—Hay gente que considerará que he sido duro. Él ha cometido errores graves, pero siempre hubo otros que fueron corresponsables, a su alrededor. Esto no ha ocurrido en un vacío. El tema fue la débil institucionalización de la Corona. Cabría decir que de todas las instituciones, en España, pero de la Corona especialmente. Es cierto que el juancarlismo fue incompatible con la institucionalización de la monarquía. —Era personalista.—Eso significa que cuando falla la persona, falla todo el edificio. Don Juan Carlos sí es culpable de eso. En su reinado no se institucionalizó lo suficiente. Se ve en sus memorias, hay cierto mesianismo. Sí supo educar muy bien a su hijo y gracias a eso Don Felipe sabe que hay que institucionalizar la Corona, lo está intentando y está haciendo un gran papel. Charles Powell acaba de publicar ‘El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España’ (Galaxia Gutenberg) , un concienzudo ensayo histórico del reinado que trajo la democracia e integró nuestro país en Europa y la OTAN; el mismo que redefinió la política iberoamericana, con el V Centenario y las Cumbres entre sus logros, y el que puso a España como interlocutor para las crisis de Oriente Medio con la conferencia de paz de 1991 como éxito referencial. Todo ocurrió deprisa, los aliados ayudaron y se vencieron duras resistencias. La obra de Powell aporta una nueva perspectiva al periodo, con infinidad de documentos y testimonios, sobre todo fuentes directas de archivos diplomáticos de varios países. «Es la etapa fundacional de la política exterior de la España contemporánea», afirma el estudioso, que hoy dirige el Instituto Elcano . Dice que nuestro país había participado en la Guerra Fría «sin saberlo. Pero no era un paria en 1975, porque se había venido incorporando poco a poco a Occidente, aunque de una manera muy anómala». Ya como príncipe, destaca, Don Juan Carlos no tenía una hoja de ruta pero tenía dos cosas claras: «No se iba a consolidar la monarquía sin validación exterior y sin democracia España no entraba en la Comunidad Europea». Noticias relacionadas estandar Si Crítica Aportes y despropósitos sobre Juan Carlos I Jordi Canal estandar Si ‘Reconciliación’, de Juan Carlos I, amargas memorias Jordi Canal—Cuenta que el Rey logró levantar dos vetos contra España en Europa.—Sí. Primero, el que impone el Reino Unido en relación con Gibraltar. Se lo dicen los británicos, de una manera mucho más explícita de la que yo recordaba: si ustedes no restablecen las comunicaciones entre Gibraltar y España, el Parlamento británico no va a aprobar la adhesión. Londres acababa de ingresar en el 73 y ya se permite eso.—¿Y el otro?—El otro veto es la exigencia de establecer relaciones con Israel. Francia y sobre todo Alemania tenían claro exigir esto antes de dejar entrar a España en el club europeo. Es extraño porque no está en los tratados y no se le exigió, por ejemplo, a Grecia. Ahí el papel del Rey no fue solo hablar directamente con los jefes de Estado árabes, sino organizar reuniones del rey de Arabia Saudí o el rey de Jordania con Felipe González, de las que luego se ausentaba.«El principal objetivo era entrar en la Comunidad Europea»—¿Qué detalles son inéditos?—El caso británico es controvertido. En el año 83 el Rey le dice a tres británicos importantes -el ministro de Exteriores, el embajador y Hugh Thomas, asesor de Mrs. Thatcher-: nosotros no queremos Gibraltar. Y lo explica: en el momento en que recibamos Gibraltar, Hassan activa Ceuta y Melilla y eso sería muy peligroso, porque ahí hay españoles.—Pero empezaron a negociar con Londres.—Los acuerdos no pedían recuperar la soberanía inmediatamente. El Rey interviene para hacer posible la reapertura del tráfico y de las comunicaciones para no poner nunca en peligro el principal objetivo, que es entrar en la Comunidad Europea. En tándem con Felipe González.—¿Está justificada esa indiscreción?—Él hablaba con una gran sinceridad con algunos interlocutores. Por ejemplo, Wells Stabler, uno de mis héroes, el embajador americano entre el 75 y el 78, dice: a veces me asusto de las cosas que me dice. Un embajador británico escribió: a veces preferiría que no me hubiese dicho algunas de las cosas que me dijo.—Esta actitud generaba algo positivo: confianza, una relación personal, según comenta.—Cierto. Wells Stabler le escribe un telegrama a Kissinger diciendo: no distribuyáis esto, porque el Rey piensa que habla conmigo de manera especial y no se va a distribuir por todo el sistema. Supo que uno de sus telegramas había acabado en manos del embajador francés. Hablaban del Sáhara y pensaba: este señor me está contando cosas muy delicadas y no quiero que circulen.«Pongo énfasis en la incompetencia de Alexander Haig, que declaró que el Tejerazo era un asunto interno y había que esperar para pronunciarse»—La nueva política sobre Iberoamérica fue pura lucidez. Sorprende que desde EE.UU. se veía bien.—Ven con buenos ojos que España se active, porque ellos están solos en América Latina y además están los rusos revoloteando. Cuantos más europeos haya involucrados, mejor. No se le ha hecho justicia a Oreja, que inicia esta política en julio del 76, que se desarrolla hasta el 92. Hay un telegrama británico muy interesante que dice: nosotros tenemos la Commonwealth, los franceses la francofonía; está bien que haya un tercer círculo de influencia europeo. Y no había doctrina Monroe entonces.—Resulta sorprendente la ambigüedad de EE.UU. en el golpe de 1981.—Pongo énfasis en la incompetencia de Alexander Haig [el primer secretario de Estado de Reagan, que declaró que el Tejerazo era un asunto interno y había que esperar para pronunciarse]. La cronología se olvida: Reagan había sido elegido en noviembre, tomó posesión en enero y el golpe fue en febrero. Haig era un desastre, decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Pero hay un documento inédito en el que Haig le dice a Reagan que están desanimando a posibles golpistas. Lo ocurrido no confirma las teorías conspirativas, confirma que los golpistas estaban buscando apoyos.«Defiendo bastante a Suárez en este libro. No era antiamericano, era nacionalista español que quería aprovechar su relación con Iberoamérica y el mundo árabe»—El Rey tenía muy claro ya entonces que la entrada en la OTAN era clave para modernizar el ejército.—Suárez no tanto al principio, porque ni la izquierda, ni Fraga, ni el ejército querían la OTAN. Tenía razón. Pero defiendo bastante a Suárez en este libro. No era antiamericano, era nacionalista español que quería aprovechar su relación con Iberoamérica y el mundo árabe.—Calvo Sotelo estuvo a favor de la OTAN. Con Felipe González se abrió una etapa muy ambiciosa en la política exterior. ¿Qué papel tuvo la complicidad del Rey con él?—Pasaron unas 2.500 horas juntos. Fueron el tándem más eficaz en política exterior. Europa era la clave para ambos. Y Felipe no permite que la OTAN se interponga entre ellos. Subrayo la dimensión institucional: Moncloa y Zarzuela funcionaron sin fricción.«Aznar es monárquico y para él es importante redimensionar el papel del Rey. Felipe dejaba hacer y se había sobredimensionado»—La etapa con Aznar resultó paradójica. Es atlantista y europeísta, pero fue quien trató de reducir el papel del Rey a lo constitucional.—Esto es así. Lo más difícil de este libro ha sido hacer justicia a todos. Creo que Aznar es monárquico y para él es importante redimensionar el papel del Rey. Felipe dejaba hacer y se había sobredimensionado. Le preocupan las relaciones del Rey con monarcas no democráticos, su papel como promotor de negocios e intereses de empresas españolas. Son preocupaciones legítimas. Pero creo que quiere también monopolizar la relación con los presidentes de Francia y Estados Unidos, una rivalidad.—Eran jefes de Estado, como el Rey. ¿Cabía la ambigüedad?—Intenta poner límites más nítidos. También llegan entonces las primeras pistas sobre comportamientos personales que luego trajeron graves consecuencias. Había ambigüedad constitucional en la representación exterior. Esa relación estaba por definir en los primeros compases de un nuevo sistema político, sin tradiciones claras. En cuanto al atlantismo, yo creo que al Rey le alarma la excesiva proximidad con Bush que intenta Aznar.—A medida que se acerca al presente, en el libro disminuye la documentación disponible.—Es verdad que aporto mucha más documentación estadounidense, porque Washington es la gran potencia de la esfera a la cual pertenece España. Y la calidad de esa documentación americana es extraordinaria. El Rey visita Manila o Costa de Marfil, y siempre hay telegramas de embajadas estadounidenses, que son ecuánimes. «Por culpa de la Ley de Secretos Oficiales, a partir del 82 no hay papeles españoles. Y no hay acceso a la documentación del Ministerio de Defensa»—¿Y en España?—Por culpa de la Ley de Secretos Oficiales, a partir del 82 no hay papeles españoles. Y no hay acceso a la documentación del Ministerio de Defensa. Los he suplido con británicos y de EE.UU., más el trabajo de historiadores que han trabajado con Francia y Alemania. Con Italia, curiosamente, la relación fue muy escasa.—Italia ha aprovechado muy bien nuestro problema reciente con Argelia y se ha quedado con el gas.—En efecto. Son muy hábiles. Golpean por encima de su peso en la UE y en la OTAN están muy bien situados. Tajani siempre recuerda que su presencia en Brasil por ejemplo es superior a la nuestra. Olvidamos que no tenemos el monopolio de América Latina.«La familia Bush invitó a Zapatero en Acción de Gracias en su rancho de Texas, pero el hijo está muy enfadado con él»—En el periodo de Zapatero se produjo el gran conflicto con Estados Unidos. El Rey trató de solventarlo, ¿no?—No con mucho éxito. La familia Bush le invita en Acción de Gracias en su rancho de Texas, pero el hijo está muy enfadado con Zapatero, y no solamente por la salida tan rápida de las tropas españolas, sino por haber incitado a otros a seguir su ejemplo.—Ahí se produjo un primer giro inexplicado de la política exterior española, ¿no? Alianza de civilizaciones y todo esto.—La relación con Bush hijo se mantiene difícil hasta el final. El Rey ayuda a Zapatero en relación con América Latina hasta que se produce el célebre «¿por qué no te callas?» Zapatero y el Rey tienen y tenían muy buena relación.«Felipe le dice a Zapatero dos cosas: no te fíes de Castro y dale al Rey la cancha que le corresponde»—Dos socialistas muy distintos, Felipe y él.—Zapatero no tenía experiencia. Felipe le dice dos cosas: no te fíes de Castro y dale al Rey la cancha que le corresponde. Y lo segundo Zapatero lo sigue.—El «¿por qué no te callas?» parece también síntoma de algo que ya estaba cociéndose.—Es difícil el papel del Rey, en ese contexto, sentado como igual en una cumbre con otros jefes de Estado. En la Commonwealth, la Reina no está en ese plano, pero es como se configuró esta comunidad en los años 80, como ya hemos hablado. Y ocurre que Evo Morales, por ejemplo, también critica la figura del Rey. «No somos una potencia militar, aunque nos gastemos 330.000 millones de euros al año en defensa»—El mundo ha cambiado mucho desde los 90, y España también. ¿Cree que se está reaccionando como se debería ante los problemas?—España, como otros países europeos, está teniendo dificultades para adaptarse a cambios tan rápidos, tan intensos. Es la cuarta economía europea, pero la propia Unión está muy mal equipada para navegar en estas aguas. Como decía Josep Piqué, somos una potencia herbívora rodeada de carnívoros. No somos una potencia militar, aunque nos gastemos 330.000 millones de euros al año en defensa.—Se dice que somos potencia en regulación.—Una potencia normativa, influyentes por moldear normas. Estamos anclados en la defensa de un orden multilateral que se está desmoronando. Porque esas normas están siendo contestadas por China, Rusia, Estados Unidos y también ya internamente. Aunque el europeísmo español sigue siendo muy fuerte«¿Cómo hacemos frente al reto ruso, chino, estadounidense? Pasa por aliarnos con democracias como Canadá, Australia y el ámbito iberoamericano»—¿Está en riesgo nuestro peso específico?—La UE es el 15% del PIB y el 10% de la población. Somos lo que somos. ¿Cómo hacemos frente al reto ruso, chino, estadounidense? Pasa por aliarnos con democracias como Canadá, Australia y el ámbito iberoamericano. Por eso era tan importante el tratado con Mercosur. ¿Seremos capaces de contribuir a la redefinición del orden liberal basado en reglas?—Pero, ¿la diversidad europea es una fortaleza o una debilidad?—Nuestro lema es unidos en la diversidad, pero hay más diversidad que unión. Como decía Paul-Henri Spaak, Europa se divide en países pequeños y países pequeños que no saben que lo son. Incluso Alemania y Francia lo son, comparados con China, la India… A pesar de eso, el proyecto europeo es básicamente sólido.«Podemos sobrevivir al episodio de Groenlandia si hay una salida negociada aceptable para la población y que respete la soberanía»—¿Y cree que el trato de Trump en Europa será Ucrania por Groenlandia?—Trump dice que ha llegado a un acuerdo. Podemos sobrevivir al episodio de Groenlandia si hay una salida negociada aceptable para la población y que respete la soberanía. Si no, la credibilidad de la Unión y de la OTAN quedarían muy dañadas. Tenemos que mostrarnos mucho más firmes.—Lo que dice de Europa la estrategia de seguridad nacional de Trump es tremendo.—Esa idea de la «civilization erasure» es muy ideológica y contradictoria, dice que le gustan los europeos, pero no cree en la Unión Europea. Prefiere hablar bilateralmente con los Estados. La mayor habilidad de Trump es detectar la debilidad del adversario. Pero si el adversario planta cara, suele negociar.—Volviendo al ámbito del libro. Me temo que España es un país en el que cambian los ejes de la política exterior según el gobierno.—Siempre se ha dicho que la política exterior debía ser de Estado. De ahí que vincule la eficacia del Rey a la existencia de esos consensos. «Los cambios habidos con el Sáhara y Marruecos son legítimos, pero es preferible que se expliquen bien»—No ha habido continuidad.—Ha habido bandazos, es verdad. Hay cambios legítimos en respuesta a las demandas sociales y electorales de cada momento. Los grandes traumas fueron el referéndum de la OTAN y la guerra de Irak. Trajeron rupturas del consenso con consecuencias internas muy graves, sobre todo hacia dentro. La lección es que hay que huir de los experimentos y que los cambios deben ser pactados, explicados a la opinión pública y consensuados.—Y eso no ocurre últimamente, no ocurrió con el Sáhara.—Los cambios habidos con el Sáhara y Marruecos son legítimos, pero es preferible que se expliquen bien y que se trate a los españoles como mayores de edad.«El gran proyecto nacional español es Europa. Y el consenso europeísta en España es sólido»—¿Desde fuera se percibe como una debilidad? No parecemos un socio fiable para algunas cosas.—El gran debate ha sido el 5% de presupuesto de la defensa. En Europa eso no es así. El gran proyecto nacional español es Europa. Y el consenso europeísta en España es sólido, ni los extremos cuestionan las bondades de estar en el proyecto. Pero hay señales de alerta.—¿Valoramos bien en España lo que ha supuesto el éxito diplomático de Marruecos en Estados Unidos?—A mí me impresiona mucho.—El cambio del Sáhara fue lo último que firmó Trump antes de salir de la Casa Blanca en su primer mandato.—Yo, que he estudiado mucho la crisis del Sáhara y la Marcha Verde siempre digo a todo el mundo: nunca subestiméis a Marruecos. Hay una asimetría brutal de conocimiento. La élites marroquíes nos conocen muy bien; sus militares, sus servicios secretos conocen muy bien España. El idioma, el debate, un taxista en Rabat sabe qué gobierno tenemos y cuándo son las elecciones. Al revés no ocurre.—¿Qué consecuencias puede tener?—Muchas veces comento el triángulo Estados Unidos-Marruecos-Israel. Es clave. Nosotros vivimos al margen.«Yo no veo a Marruecos como rival o como enemigo»—En el caso de Israel de manera incomprensible.—Hay vulnerabilidades: Ceuta, Melilla, la migración irregular, el narcotráfico, el yihadismo que no ha desaparecido por más que no salga siempre en los medios. Es estructural, no sé si está bajo control. Yo no veo a Marruecos como rival o como enemigo, pero sí he observado desde 1975 que tiene una enorme habilidad a la hora de aprovechar las debilidades.—Y unas prioridades clarísimas.—Sí. Es un país que está creciendo. Basta ir a Tánger para verlo. Subestimamos a Marruecos y estamos mal informados. No se trata de alarmismo, pero están a 16 km de nuestra costa.«Sería una pena que los errores de Juan Carlos eclipsaran su papel y el de la institución. La institución es de lo poco que funciona bien hoy en España»—En resumen, tras haber escrito el libro ¿qué aporta la monarquía a la política exterior?—Aporta continuidad y un depósito de conocimiento institucional: Don Juan Carlos conoce en sus 39 años de reinado a diez presidentes americanos, cinco franceses y trabaja con siete presidentes del Gobierno y diecisiete ministros de Exteriores. Y me fascina la capacidad de representación exterior. El Rey encarna una historia y una cultura.—Jovellanos decía que la monarquía es la Constitución histórica, es clave para el trabajo común.—Sé que la figura de Don Juan Carlos tardará muchos años en estabilizarse. Sería una pena que los errores de Juan Carlos eclipsaran su papel y el de la institución. La institución es de lo poco que funciona bien hoy en España. «Don Juan Carlos ha cometido errores graves, pero siempre hubo otros que fueron corresponsables, a su alrededor»—Lo que cuenta en su libro fue tan verdad como sus errores.—Hay gente que considerará que he sido duro. Él ha cometido errores graves, pero siempre hubo otros que fueron corresponsables, a su alrededor. Esto no ha ocurrido en un vacío. El tema fue la débil institucionalización de la Corona. Cabría decir que de todas las instituciones, en España, pero de la Corona especialmente. Es cierto que el juancarlismo fue incompatible con la institucionalización de la monarquía. —Era personalista.—Eso significa que cuando falla la persona, falla todo el edificio. Don Juan Carlos sí es culpable de eso. En su reinado no se institucionalizó lo suficiente. Se ve en sus memorias, hay cierto mesianismo. Sí supo educar muy bien a su hijo y gracias a eso Don Felipe sabe que hay que institucionalizar la Corona, lo está intentando y está haciendo un gran papel.
Charles Powell acaba de publicar ‘El Rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España’ (Galaxia Gutenberg), un concienzudo ensayo histórico del reinado que trajo la democracia e integró nuestro país en Europa y la OTAN; el mismo que redefinió la política … iberoamericana, con el V Centenario y las Cumbres entre sus logros, y el que puso a España como interlocutor para las crisis de Oriente Medio con la conferencia de paz de 1991 como éxito referencial. Todo ocurrió deprisa, los aliados ayudaron y se vencieron duras resistencias. La obra de Powell aporta una nueva perspectiva al periodo, con infinidad de documentos y testimonios, sobre todo fuentes directas de archivos diplomáticos de varios países.
«Es la etapa fundacional de la política exterior de la España contemporánea», afirma el estudioso, que hoy dirige el Instituto Elcano. Dice que nuestro país había participado en la Guerra Fría «sin saberlo. Pero no era un paria en 1975, porque se había venido incorporando poco a poco a Occidente, aunque de una manera muy anómala». Ya como príncipe, destaca, Don Juan Carlos no tenía una hoja de ruta pero tenía dos cosas claras: «No se iba a consolidar la monarquía sin validación exterior y sin democracia España no entraba en la Comunidad Europea».
—Cuenta que el Rey logró levantar dos vetos contra España en Europa.
—Sí. Primero, el que impone el Reino Unido en relación con Gibraltar. Se lo dicen los británicos, de una manera mucho más explícita de la que yo recordaba: si ustedes no restablecen las comunicaciones entre Gibraltar y España, el Parlamento británico no va a aprobar la adhesión. Londres acababa de ingresar en el 73 y ya se permite eso.
—¿Y el otro?
—El otro veto es la exigencia de establecer relaciones con Israel. Francia y sobre todo Alemania tenían claro exigir esto antes de dejar entrar a España en el club europeo. Es extraño porque no está en los tratados y no se le exigió, por ejemplo, a Grecia. Ahí el papel del Rey no fue solo hablar directamente con los jefes de Estado árabes, sino organizar reuniones del rey de Arabia Saudí o el rey de Jordania con Felipe González, de las que luego se ausentaba.
«El principal objetivo era entrar en la Comunidad Europea»
—¿Qué detalles son inéditos?
—El caso británico es controvertido. En el año 83 el Rey le dice a tres británicos importantes -el ministro de Exteriores, el embajador y Hugh Thomas, asesor de Mrs. Thatcher-: nosotros no queremos Gibraltar. Y lo explica: en el momento en que recibamos Gibraltar, Hassan activa Ceuta y Melilla y eso sería muy peligroso, porque ahí hay españoles.
—Pero empezaron a negociar con Londres.
—Los acuerdos no pedían recuperar la soberanía inmediatamente. El Rey interviene para hacer posible la reapertura del tráfico y de las comunicaciones para no poner nunca en peligro el principal objetivo, que es entrar en la Comunidad Europea. En tándem con Felipe González.
—¿Está justificada esa indiscreción?
—Él hablaba con una gran sinceridad con algunos interlocutores. Por ejemplo, Wells Stabler, uno de mis héroes, el embajador americano entre el 75 y el 78, dice: a veces me asusto de las cosas que me dice. Un embajador británico escribió: a veces preferiría que no me hubiese dicho algunas de las cosas que me dijo.
—Esta actitud generaba algo positivo: confianza, una relación personal, según comenta.
—Cierto. Wells Stabler le escribe un telegrama a Kissinger diciendo: no distribuyáis esto, porque el Rey piensa que habla conmigo de manera especial y no se va a distribuir por todo el sistema. Supo que uno de sus telegramas había acabado en manos del embajador francés. Hablaban del Sáhara y pensaba: este señor me está contando cosas muy delicadas y no quiero que circulen.
«Pongo énfasis en la incompetencia de Alexander Haig, que declaró que el Tejerazo era un asunto interno y había que esperar para pronunciarse»
—La nueva política sobre Iberoamérica fue pura lucidez. Sorprende que desde EE.UU. se veía bien.
—Ven con buenos ojos que España se active, porque ellos están solos en América Latina y además están los rusos revoloteando. Cuantos más europeos haya involucrados, mejor. No se le ha hecho justicia a Oreja, que inicia esta política en julio del 76, que se desarrolla hasta el 92. Hay un telegrama británico muy interesante que dice: nosotros tenemos la Commonwealth, los franceses la francofonía; está bien que haya un tercer círculo de influencia europeo. Y no había doctrina Monroe entonces.
—Resulta sorprendente la ambigüedad de EE.UU. en el golpe de 1981.
—Pongo énfasis en la incompetencia de Alexander Haig [el primer secretario de Estado de Reagan, que declaró que el Tejerazo era un asunto interno y había que esperar para pronunciarse]. La cronología se olvida: Reagan había sido elegido en noviembre, tomó posesión en enero y el golpe fue en febrero. Haig era un desastre, decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. Pero hay un documento inédito en el que Haig le dice a Reagan que están desanimando a posibles golpistas. Lo ocurrido no confirma las teorías conspirativas, confirma que los golpistas estaban buscando apoyos.
«Defiendo bastante a Suárez en este libro. No era antiamericano, era nacionalista español que quería aprovechar su relación con Iberoamérica y el mundo árabe»
—El Rey tenía muy claro ya entonces que la entrada en la OTAN era clave para modernizar el ejército.
—Suárez no tanto al principio, porque ni la izquierda, ni Fraga, ni el ejército querían la OTAN. Tenía razón. Pero defiendo bastante a Suárez en este libro. No era antiamericano, era nacionalista español que quería aprovechar su relación con Iberoamérica y el mundo árabe.
—Calvo Sotelo estuvo a favor de la OTAN. Con Felipe González se abrió una etapa muy ambiciosa en la política exterior. ¿Qué papel tuvo la complicidad del Rey con él?
—Pasaron unas 2.500 horas juntos. Fueron el tándem más eficaz en política exterior. Europa era la clave para ambos. Y Felipe no permite que la OTAN se interponga entre ellos. Subrayo la dimensión institucional: Moncloa y Zarzuela funcionaron sin fricción.
«Aznar es monárquico y para él es importante redimensionar el papel del Rey. Felipe dejaba hacer y se había sobredimensionado»
—La etapa con Aznar resultó paradójica. Es atlantista y europeísta, pero fue quien trató de reducir el papel del Rey a lo constitucional.
—Esto es así. Lo más difícil de este libro ha sido hacer justicia a todos. Creo que Aznar es monárquico y para él es importante redimensionar el papel del Rey. Felipe dejaba hacer y se había sobredimensionado. Le preocupan las relaciones del Rey con monarcas no democráticos, su papel como promotor de negocios e intereses de empresas españolas. Son preocupaciones legítimas. Pero creo que quiere también monopolizar la relación con los presidentes de Francia y Estados Unidos, una rivalidad.
—Eran jefes de Estado, como el Rey. ¿Cabía la ambigüedad?
—Intenta poner límites más nítidos. También llegan entonces las primeras pistas sobre comportamientos personales que luego trajeron graves consecuencias. Había ambigüedad constitucional en la representación exterior. Esa relación estaba por definir en los primeros compases de un nuevo sistema político, sin tradiciones claras. En cuanto al atlantismo, yo creo que al Rey le alarma la excesiva proximidad con Bush que intenta Aznar.
—A medida que se acerca al presente, en el libro disminuye la documentación disponible.
—Es verdad que aporto mucha más documentación estadounidense, porque Washington es la gran potencia de la esfera a la cual pertenece España. Y la calidad de esa documentación americana es extraordinaria. El Rey visita Manila o Costa de Marfil, y siempre hay telegramas de embajadas estadounidenses, que son ecuánimes.
«Por culpa de la Ley de Secretos Oficiales, a partir del 82 no hay papeles españoles. Y no hay acceso a la documentación del Ministerio de Defensa»
—¿Y en España?
—Por culpa de la Ley de Secretos Oficiales, a partir del 82 no hay papeles españoles. Y no hay acceso a la documentación del Ministerio de Defensa. Los he suplido con británicos y de EE.UU., más el trabajo de historiadores que han trabajado con Francia y Alemania. Con Italia, curiosamente, la relación fue muy escasa.
—Italia ha aprovechado muy bien nuestro problema reciente con Argelia y se ha quedado con el gas.
—En efecto. Son muy hábiles. Golpean por encima de su peso en la UE y en la OTAN están muy bien situados. Tajani siempre recuerda que su presencia en Brasil por ejemplo es superior a la nuestra. Olvidamos que no tenemos el monopolio de América Latina.
«La familia Bush invitó a Zapatero en Acción de Gracias en su rancho de Texas, pero el hijo está muy enfadado con él»
—En el periodo de Zapatero se produjo el gran conflicto con Estados Unidos. El Rey trató de solventarlo, ¿no?
—No con mucho éxito. La familia Bush le invita en Acción de Gracias en su rancho de Texas, pero el hijo está muy enfadado con Zapatero, y no solamente por la salida tan rápida de las tropas españolas, sino por haber incitado a otros a seguir su ejemplo.
—Ahí se produjo un primer giro inexplicado de la política exterior española, ¿no? Alianza de civilizaciones y todo esto.
—La relación con Bush hijo se mantiene difícil hasta el final. El Rey ayuda a Zapatero en relación con América Latina hasta que se produce el célebre «¿por qué no te callas?» Zapatero y el Rey tienen y tenían muy buena relación.
«Felipe le dice a Zapatero dos cosas: no te fíes de Castro y dale al Rey la cancha que le corresponde»
—Dos socialistas muy distintos, Felipe y él.
—Zapatero no tenía experiencia. Felipe le dice dos cosas: no te fíes de Castro y dale al Rey la cancha que le corresponde. Y lo segundo Zapatero lo sigue.
—El «¿por qué no te callas?» parece también síntoma de algo que ya estaba cociéndose.
—Es difícil el papel del Rey, en ese contexto, sentado como igual en una cumbre con otros jefes de Estado. En la Commonwealth, la Reina no está en ese plano, pero es como se configuró esta comunidad en los años 80, como ya hemos hablado. Y ocurre que Evo Morales, por ejemplo, también critica la figura del Rey.
«No somos una potencia militar, aunque nos gastemos 330.000 millones de euros al año en defensa»
—El mundo ha cambiado mucho desde los 90, y España también. ¿Cree que se está reaccionando como se debería ante los problemas?
—España, como otros países europeos, está teniendo dificultades para adaptarse a cambios tan rápidos, tan intensos. Es la cuarta economía europea, pero la propia Unión está muy mal equipada para navegar en estas aguas. Como decía Josep Piqué, somos una potencia herbívora rodeada de carnívoros. No somos una potencia militar, aunque nos gastemos 330.000 millones de euros al año en defensa.
—Se dice que somos potencia en regulación.
—Una potencia normativa, influyentes por moldear normas. Estamos anclados en la defensa de un orden multilateral que se está desmoronando. Porque esas normas están siendo contestadas por China, Rusia, Estados Unidos y también ya internamente. Aunque el europeísmo español sigue siendo muy fuerte
«¿Cómo hacemos frente al reto ruso, chino, estadounidense? Pasa por aliarnos con democracias como Canadá, Australia y el ámbito iberoamericano»
—¿Está en riesgo nuestro peso específico?
—La UE es el 15% del PIB y el 10% de la población. Somos lo que somos. ¿Cómo hacemos frente al reto ruso, chino, estadounidense? Pasa por aliarnos con democracias como Canadá, Australia y el ámbito iberoamericano. Por eso era tan importante el tratado con Mercosur. ¿Seremos capaces de contribuir a la redefinición del orden liberal basado en reglas?
—Pero, ¿la diversidad europea es una fortaleza o una debilidad?
—Nuestro lema es unidos en la diversidad, pero hay más diversidad que unión. Como decía Paul-Henri Spaak, Europa se divide en países pequeños y países pequeños que no saben que lo son. Incluso Alemania y Francia lo son, comparados con China, la India… A pesar de eso, el proyecto europeo es básicamente sólido.
«Podemos sobrevivir al episodio de Groenlandia si hay una salida negociada aceptable para la población y que respete la soberanía»
—¿Y cree que el trato de Trump en Europa será Ucrania por Groenlandia?
—Trump dice que ha llegado a un acuerdo. Podemos sobrevivir al episodio de Groenlandia si hay una salida negociada aceptable para la población y que respete la soberanía. Si no, la credibilidad de la Unión y de la OTAN quedarían muy dañadas. Tenemos que mostrarnos mucho más firmes.
—Lo que dice de Europa la estrategia de seguridad nacional de Trump es tremendo.
—Esa idea de la «civilization erasure» es muy ideológica y contradictoria, dice que le gustan los europeos, pero no cree en la Unión Europea. Prefiere hablar bilateralmente con los Estados. La mayor habilidad de Trump es detectar la debilidad del adversario. Pero si el adversario planta cara, suele negociar.
—Volviendo al ámbito del libro. Me temo que España es un país en el que cambian los ejes de la política exterior según el gobierno.
—Siempre se ha dicho que la política exterior debía ser de Estado. De ahí que vincule la eficacia del Rey a la existencia de esos consensos.
«Los cambios habidos con el Sáhara y Marruecos son legítimos, pero es preferible que se expliquen bien»
—No ha habido continuidad.
—Ha habido bandazos, es verdad. Hay cambios legítimos en respuesta a las demandas sociales y electorales de cada momento. Los grandes traumas fueron el referéndum de la OTAN y la guerra de Irak. Trajeron rupturas del consenso con consecuencias internas muy graves, sobre todo hacia dentro. La lección es que hay que huir de los experimentos y que los cambios deben ser pactados, explicados a la opinión pública y consensuados.
—Y eso no ocurre últimamente, no ocurrió con el Sáhara.
—Los cambios habidos con el Sáhara y Marruecos son legítimos, pero es preferible que se expliquen bien y que se trate a los españoles como mayores de edad.
«El gran proyecto nacional español es Europa. Y el consenso europeísta en España es sólido»
—¿Desde fuera se percibe como una debilidad? No parecemos un socio fiable para algunas cosas.
—El gran debate ha sido el 5% de presupuesto de la defensa. En Europa eso no es así. El gran proyecto nacional español es Europa. Y el consenso europeísta en España es sólido, ni los extremos cuestionan las bondades de estar en el proyecto. Pero hay señales de alerta.
—¿Valoramos bien en España lo que ha supuesto el éxito diplomático de Marruecos en Estados Unidos?
—A mí me impresiona mucho.
—El cambio del Sáhara fue lo último que firmó Trump antes de salir de la Casa Blanca en su primer mandato.
—Yo, que he estudiado mucho la crisis del Sáhara y la Marcha Verde siempre digo a todo el mundo: nunca subestiméis a Marruecos. Hay una asimetría brutal de conocimiento. La élites marroquíes nos conocen muy bien; sus militares, sus servicios secretos conocen muy bien España. El idioma, el debate, un taxista en Rabat sabe qué gobierno tenemos y cuándo son las elecciones. Al revés no ocurre.
—¿Qué consecuencias puede tener?
—Muchas veces comento el triángulo Estados Unidos-Marruecos-Israel. Es clave. Nosotros vivimos al margen.
«Yo no veo a Marruecos como rival o como enemigo»
—En el caso de Israel de manera incomprensible.
—Hay vulnerabilidades: Ceuta, Melilla, la migración irregular, el narcotráfico, el yihadismo que no ha desaparecido por más que no salga siempre en los medios. Es estructural, no sé si está bajo control. Yo no veo a Marruecos como rival o como enemigo, pero sí he observado desde 1975 que tiene una enorme habilidad a la hora de aprovechar las debilidades.
—Y unas prioridades clarísimas.
—Sí. Es un país que está creciendo. Basta ir a Tánger para verlo. Subestimamos a Marruecos y estamos mal informados. No se trata de alarmismo, pero están a 16 km de nuestra costa.
«Sería una pena que los errores de Juan Carlos eclipsaran su papel y el de la institución. La institución es de lo poco que funciona bien hoy en España»
—En resumen, tras haber escrito el libro ¿qué aporta la monarquía a la política exterior?
—Aporta continuidad y un depósito de conocimiento institucional: Don Juan Carlos conoce en sus 39 años de reinado a diez presidentes americanos, cinco franceses y trabaja con siete presidentes del Gobierno y diecisiete ministros de Exteriores. Y me fascina la capacidad de representación exterior. El Rey encarna una historia y una cultura.
—Jovellanos decía que la monarquía es la Constitución histórica, es clave para el trabajo común.
—Sé que la figura de Don Juan Carlos tardará muchos años en estabilizarse. Sería una pena que los errores de Juan Carlos eclipsaran su papel y el de la institución. La institución es de lo poco que funciona bien hoy en España.
«Don Juan Carlos ha cometido errores graves, pero siempre hubo otros que fueron corresponsables, a su alrededor»
—Lo que cuenta en su libro fue tan verdad como sus errores.
—Hay gente que considerará que he sido duro. Él ha cometido errores graves, pero siempre hubo otros que fueron corresponsables, a su alrededor. Esto no ha ocurrido en un vacío. El tema fue la débil institucionalización de la Corona. Cabría decir que de todas las instituciones, en España, pero de la Corona especialmente. Es cierto que el juancarlismo fue incompatible con la institucionalización de la monarquía.
—Era personalista.
—Eso significa que cuando falla la persona, falla todo el edificio. Don Juan Carlos sí es culpable de eso. En su reinado no se institucionalizó lo suficiente. Se ve en sus memorias, hay cierto mesianismo. Sí supo educar muy bien a su hijo y gracias a eso Don Felipe sabe que hay que institucionalizar la Corona, lo está intentando y está haciendo un gran papel.
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