La operación para proteger a los vecinos de los municipios afectados por los incendios en las provincias de Madrid, Ávila y Toledo tiene una escala insólita. Las cifras han ido creciendo desde el jueves hasta alcanzar a primera hora del domingo las 89.763 en 46 núcleos de población. La magnitud supera con creces la de otros desalojos por el fuego en tiempos recientes.
La operación para proteger vidas en Madrid, Ávila y Toledo ha tenido una escala insólita
La operación para proteger a los vecinos de los municipios afectados por los incendios en las provincias de Madrid, Ávila y Toledo tiene una escala insólita. Las cifras han ido creciendo desde el jueves hasta alcanzar a primera hora del domingo las 89.763 en 46 núcleos de población. La magnitud supera con creces la de otros desalojos por el fuego en tiempos recientes.
La escala se explica por las dimensiones de este gran incendio endemoniado, pero también por la prudencia. Las autoridades, coordinadas por la Unidad Militar de Emergencias (UME), quieren evitar a toda costa daños personales. Por ahora no se ha tenido conocimiento de víctimas, aunque sí se sabe que han ardido decenas de viviendas.
La zona afectada es un amplio territorio rural de poblaciones pequeñas que en muchos casos rondan los 2.000 o 3.000 habitantes. Las restricciones no solo se han debido a la cercanía de las llamas sino también al humo, que puede ser muy nocivo, en especial para las personas más vulnerables.
Han sido los agentes de la Guardia Civil quienes se han encargado de ordenar los desalojos o confinamientos, en muchos casos con tal urgencia que los afectados han salido de casa con lo puesto. Los esperaban los autobuses verdes del Consorcio Regional de Transportes, pero también se ha dado opción a evacuar en coche particular.
Han sido trasladados a polideportivos y otras instalaciones públicas de municipios cercanos, donde algunos llevan desde el jueves durmiendo en colchonetas y literas de la UME. Quienes han podido se han alojado en casas de familiares o incluso en hoteles.
A primera hora de la tarde del domingo, el balance era de 89.763 personas afectadas, de las cuales 59.896 eran evacuados y 29.867 confinados. Fuentes del operativo explican que la razón de una u otra solución ha residido en que en algunas poblaciones grandes, como San Martín de Valdeiglesias (9.324 habitantes) se ha optado por evacuar a los vecinos que viven en las urbanizaciones periféricas, más expuestas al fuego, y confinar a quienes viven en las zonas céntricas, más seguras. A los confinados se les ha pedido en mensajes a sus teléfonos por la vía de ES-Alert que coloquen en puertas y ventanas toallas húmedas para evitar la entrada de humo.
En la Comunidad de Madrid había habilitados este fin de semana 15 puntos de acogida, en los que permanecían casi 2.500 personas. Uno de los más concurridos era el polideportivo de Villamanta, donde este domingo por la tarde se alojaban unas 220 personas. Casi todos son de Aldea del Fresno, que ha esquivado las llamas. Esperaban con ansias la noticia del permiso para volver a casa por las ganas de dormir de nuevo en sus camas. “Los vecinos voluntarios se han portado fenomenal”, decía María Olmedilla. “Mira, mira. Se me ponen los pelos como escarpias de pensar en lo buenos que han sido”.
Sentado cerca estaba el exalcalde de su pueblo, Guillermo Celeiro (PP), que ha dormido estos cuatro días en una colchoneta. “Por supuesto tengo que acompañar a mis vecinos. No me puedo ir, faltaría más”, decía y agradecía la tarea de voluntarios y profesionales que les asisten. “Aquí sentimos cariño, pero también ganas de irnos”.

Dentro de lo que cabe, este domingo había sido entretenido porque poco después del mediodía habían recibido la visita de los reyes Felipe VI y Letizia y de la presidenta Isabel Díaz Ayuso. Dos horas después, hacían cola para recibir comida de la ONG del chef José Andrés, la World Central Kitchen. Circulaban periódicos del día, con imágenes terribles del incendio en las portadas. Los niños salieron corriendo cuando escucharon que traían golosinas: “¡Chuches, chuches!“.
Algunos cuentan que ha habido personas que han recibido permisos para volver a sus casas durante breves minutos con la idea de recoger enseres básicos: ropa y medicinas. Otros fueron a dar de comer a sus mascotas y a animales de granja como gallinas y patos. Cuando se corrió la voz, todos quisieron apuntarse y se decidió poner fin a esas entradas furtivas.
En los polideportivos también ha habido cierta psicosis por la posibilidad de robos en los municipios desalojados. Ha circulado una foto en blanco y negro de un hombre entrando en un domicilio, captada por una cámara de seguridad. Pero es todo una confusión, según la portavoz de la Guardia Civil en Madrid, Mercedes Martín: “La persona de la foto es una persona que vivía ahí”.
El retorno depende de las autoridades que monitorean la situación en el Centro de Mando, instalado en una parcela abandonada de un polígono en el municipio madrileño de Navalcarnero. El delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín, han dicho que quieren ser cautos para asegurarse de que las condiciones de retorno son óptimas.
Pronto, esperan los desplazados, podrán regresar a casa. Al término de la jornada, el delegado anunció los primeros retornos: se reabrirá el camping de El Escorial y regresaran a su residencia las personas mayores que habían sido evacuadas en San Martín de Valdeiglesias.
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