El teléfono había sonado poco estos dos años, y este lunes volvía a hacerlo en la habitación del Hospital Fraternidad del Paseo de la Habana. Apenas había podido dormir por el dolor, pero satisfecho se encontraba Cristian Pérez , sabedor de que el esfuerzo había merecido la pena. Aunque todavía no es consciente de la repercusión que puede tener su confirmación en Madrid, está orgulloso de su tarde. «Ahora puedo esperar, porque sé que soy capaz. Si ayer no pasa nada, ¿a qué iba a esperar?».Amigos se acercan a preguntarle cómo se encuentra, y el móvil no deja de vibrar. Pese a los dolores y el cansancio, está feliz porque ahora ve la luz al final del túnel: «Veo que puedo empezar a caminar poco a poco en la profesión. Esto me hacía falta como el comer ». Tiene los pies en la tierra y no iba a Madrid como si fuera una tarde más: era todo o nada. «Era el día de dar un paso adelante o quitarme de la profesión, y creo que demostré cómo tiene que ir un torero a Madrid : no hubo ni trampa ni cartón, hubo entrega, hubo verdad y también cabeza, que es necesaria en este tipo de corridas». Y eso, con tan solo siete corridas de toros y dos años de banquillo. «Era una apuesta fuerte. Yo sabía que no entraba en las quinielas ni era el favorito del 99% de la plaza».Entrega no faltó. No hay más que mirar la pierna derecha, donde el pitón le atravesó el gemelo en una cornada de 25 centímetros, y los múltiples varetazos por todo el cuerpo. Había salido de una guerra, pero había salido victorioso. «Para mí fue una medalla por todo lo que llevo caminado, por estos años que he luchado en soledad. Ha sido como una recompensa que me ha devuelto a la vida».Noticia relacionada general No No Alternativa este fin de semana en Las Ventas Cristian Pérez: «Tengo que jugarme la vida y cambiar la moneda» Alicia P. VelardeEl peajeLos amigos le dicen que qué lástima, que quizá en ese toro podría haber tocado pelo. «Pero pena ninguna. Este es el peaje que tenemos que pagar los toreros. Ahora estoy sentado en una habitación de hospital, pero más me dolía cuando estaba sentado en mi casa , sin torear día tras día».« La primera sustitución que haya en San Isidro tiene que ser para ti », comentaba un aficionado. Y lo cierto es que se lo ha ganado. Ya desde el primero, el de la confirmación, un astifino de Dolores Aguirre al que se enfrentó en medio de un vendaval: «Fue un toro muy especial. Sabía que tenía que estar muy dispuesto y olvidarme del viento. Sentí momentos muy bonitos, y cómo Madrid entró en la tanda al natural». Y cuando Madrid ruge, lo hace de una manera única. «Vivir momentos así en Las Ventas es difícil, pero cuando pasa, es lo más bonito del mundo». Hubo petición, pero el premio quedó en una vuelta al ruedo «que me supo a gloria, porque era una tarde de aficionados de verdad y creo que nadie me la protestó».La tarde era suya, pero aún quedaba el sexto. Se hizo eterna la espera, entre el frío y la dureza de la corrida: «Había que estar pendiente de todas las lidias. Pero a la muerte del quinto sabía que ese era el toro en el que había que volver a tirar la moneda , dar otro paso adelante para que la gente se fuera hablando de mí». Decirlo es fácil. Lo difícil es ponerse delante, y más después de ver las condiciones del animal.«Era el día de dar un paso adelante o quitarme de la profesión. Creo que demostré cómo tiene que ir un torero a Madrid: no hubo trampa ni cartón, solo entrega»Aunque Pérez no tiene apoderado, le acompañaba Jesús de Alba, que le advirtió: «El toro va a ser exigente y hay que estar muy de verdad». Y Cristian respondió: «Maestro, lo sé, pero cuando me ponga firme me va a echar mano, porque lo veo detrás de la mata». De Alba, conocedor de la dureza de la profesión, sentenció: «Pues es lo que hay: el momento, el día y la hora ». Y ahí se puso el torero de Hellín. «Y no me equivoqué. Jesús es mi amigo, me quiere, y quien bien te quiere te dice la verdad».El inicio de faena por bajo volvió a despertar los olés de Madrid, y la primera tanda por la derecha presagiaba algo grande. «Si no me hubiera cogido , no sé qué habría pasado, pero todo iba en esa dirección». Pero Dios escribe recto en renglones torcidos, y el animal se lo llevó por delante en una de las cogidas más brutales que se recuerdan. La plaza quedó en silencio.Mientras todo era incertidumbre, en la enfermería Cristian solo pensaba en volver. «Cuando me quitaron las manoletinas dije que pararan, que quería salir. Me dijeron que no podía, pero yo tenía en la cabeza cómo se había quedado la faena, que aquello estaba rompiendo y quería rematarla». Pero al intentar incorporarse, el cuerpo no respondió: «No podía mover ni el cuello ni la espalda. Estaba como paralizado . No me dejaron levantarme y me durmieron. No supe más hasta que llegué al hospital». Aun así, tranquilizaba a los suyos: la herida era grande, pero no era lo que más le importaba.El sueño de Pamplona y FranciaEl lunes vio el vídeo, y observó cómo Carafea lo zarandeó con violencia pocas veces vista, y cómo le tiró cinco cornadas, que mejor no pensar qué habría pasado si entraba el pitón. «Fue un milagro que se quedara en esto. Volví a nacer ». Y ahora, después de todo, solo piensa en lo que viene: «Uno quiere ser torero. Y ahora quiero entrar en las ferias importantes, que vean a ese Cristian Pérez con entrega y verdad, pero también poder cuajar un toro bueno de verdad, pegarle veinte muletazos de delante hacia atrás y que se vea la evolución». Sueña con Francia, con Albacete, Pamplona, Bilbao, volver a Madrid o torear en su Hellín.Los plazos de recuperación serán de quince a veinte días por la cornada, pero un mes deberá llevar un collarín, al haberse fracturado un ligamento de las cervicales . «No puedo asentir, sólo decir que no», bromea, aunque eso le tiene algo más fastidiado. «Los médicos me han dicho que lo que me ha pasado era para quedarse en silla de ruedas, así que tengo que estar contento». Y ya piensa en volver: «En cuanto me den el alta quiero empezar con la rehabilitación. Ojalá suene el teléfono. Es buena fecha y hay muchas cosas por cerrarse».Hay trenes que solo pasan una vez en la vida, y Cristian Pérez lo sabía. O triunfo o enfermería, pero no estaba dispuesto a pasar sin pena ni gloria. Y lo logró. Como aquel 29 de marzo en el que Iván Fandiño quiso cambiar su destino . Este domingo, antes de empezar, Cristian se acercó a esa esquina de la plaza donde tantas veces se colocaba el León de Orduña, besó la pared y se santiguó. Y a buen seguro que Iván desde arriba le echó un capote. El teléfono había sonado poco estos dos años, y este lunes volvía a hacerlo en la habitación del Hospital Fraternidad del Paseo de la Habana. Apenas había podido dormir por el dolor, pero satisfecho se encontraba Cristian Pérez , sabedor de que el esfuerzo había merecido la pena. Aunque todavía no es consciente de la repercusión que puede tener su confirmación en Madrid, está orgulloso de su tarde. «Ahora puedo esperar, porque sé que soy capaz. Si ayer no pasa nada, ¿a qué iba a esperar?».Amigos se acercan a preguntarle cómo se encuentra, y el móvil no deja de vibrar. Pese a los dolores y el cansancio, está feliz porque ahora ve la luz al final del túnel: «Veo que puedo empezar a caminar poco a poco en la profesión. Esto me hacía falta como el comer ». Tiene los pies en la tierra y no iba a Madrid como si fuera una tarde más: era todo o nada. «Era el día de dar un paso adelante o quitarme de la profesión, y creo que demostré cómo tiene que ir un torero a Madrid : no hubo ni trampa ni cartón, hubo entrega, hubo verdad y también cabeza, que es necesaria en este tipo de corridas». Y eso, con tan solo siete corridas de toros y dos años de banquillo. «Era una apuesta fuerte. Yo sabía que no entraba en las quinielas ni era el favorito del 99% de la plaza».Entrega no faltó. No hay más que mirar la pierna derecha, donde el pitón le atravesó el gemelo en una cornada de 25 centímetros, y los múltiples varetazos por todo el cuerpo. Había salido de una guerra, pero había salido victorioso. «Para mí fue una medalla por todo lo que llevo caminado, por estos años que he luchado en soledad. Ha sido como una recompensa que me ha devuelto a la vida».Noticia relacionada general No No Alternativa este fin de semana en Las Ventas Cristian Pérez: «Tengo que jugarme la vida y cambiar la moneda» Alicia P. VelardeEl peajeLos amigos le dicen que qué lástima, que quizá en ese toro podría haber tocado pelo. «Pero pena ninguna. Este es el peaje que tenemos que pagar los toreros. Ahora estoy sentado en una habitación de hospital, pero más me dolía cuando estaba sentado en mi casa , sin torear día tras día».« La primera sustitución que haya en San Isidro tiene que ser para ti », comentaba un aficionado. Y lo cierto es que se lo ha ganado. Ya desde el primero, el de la confirmación, un astifino de Dolores Aguirre al que se enfrentó en medio de un vendaval: «Fue un toro muy especial. Sabía que tenía que estar muy dispuesto y olvidarme del viento. Sentí momentos muy bonitos, y cómo Madrid entró en la tanda al natural». Y cuando Madrid ruge, lo hace de una manera única. «Vivir momentos así en Las Ventas es difícil, pero cuando pasa, es lo más bonito del mundo». Hubo petición, pero el premio quedó en una vuelta al ruedo «que me supo a gloria, porque era una tarde de aficionados de verdad y creo que nadie me la protestó».La tarde era suya, pero aún quedaba el sexto. Se hizo eterna la espera, entre el frío y la dureza de la corrida: «Había que estar pendiente de todas las lidias. Pero a la muerte del quinto sabía que ese era el toro en el que había que volver a tirar la moneda , dar otro paso adelante para que la gente se fuera hablando de mí». Decirlo es fácil. Lo difícil es ponerse delante, y más después de ver las condiciones del animal.«Era el día de dar un paso adelante o quitarme de la profesión. Creo que demostré cómo tiene que ir un torero a Madrid: no hubo trampa ni cartón, solo entrega»Aunque Pérez no tiene apoderado, le acompañaba Jesús de Alba, que le advirtió: «El toro va a ser exigente y hay que estar muy de verdad». Y Cristian respondió: «Maestro, lo sé, pero cuando me ponga firme me va a echar mano, porque lo veo detrás de la mata». De Alba, conocedor de la dureza de la profesión, sentenció: «Pues es lo que hay: el momento, el día y la hora ». Y ahí se puso el torero de Hellín. «Y no me equivoqué. Jesús es mi amigo, me quiere, y quien bien te quiere te dice la verdad».El inicio de faena por bajo volvió a despertar los olés de Madrid, y la primera tanda por la derecha presagiaba algo grande. «Si no me hubiera cogido , no sé qué habría pasado, pero todo iba en esa dirección». Pero Dios escribe recto en renglones torcidos, y el animal se lo llevó por delante en una de las cogidas más brutales que se recuerdan. La plaza quedó en silencio.Mientras todo era incertidumbre, en la enfermería Cristian solo pensaba en volver. «Cuando me quitaron las manoletinas dije que pararan, que quería salir. Me dijeron que no podía, pero yo tenía en la cabeza cómo se había quedado la faena, que aquello estaba rompiendo y quería rematarla». Pero al intentar incorporarse, el cuerpo no respondió: «No podía mover ni el cuello ni la espalda. Estaba como paralizado . No me dejaron levantarme y me durmieron. No supe más hasta que llegué al hospital». Aun así, tranquilizaba a los suyos: la herida era grande, pero no era lo que más le importaba.El sueño de Pamplona y FranciaEl lunes vio el vídeo, y observó cómo Carafea lo zarandeó con violencia pocas veces vista, y cómo le tiró cinco cornadas, que mejor no pensar qué habría pasado si entraba el pitón. «Fue un milagro que se quedara en esto. Volví a nacer ». Y ahora, después de todo, solo piensa en lo que viene: «Uno quiere ser torero. Y ahora quiero entrar en las ferias importantes, que vean a ese Cristian Pérez con entrega y verdad, pero también poder cuajar un toro bueno de verdad, pegarle veinte muletazos de delante hacia atrás y que se vea la evolución». Sueña con Francia, con Albacete, Pamplona, Bilbao, volver a Madrid o torear en su Hellín.Los plazos de recuperación serán de quince a veinte días por la cornada, pero un mes deberá llevar un collarín, al haberse fracturado un ligamento de las cervicales . «No puedo asentir, sólo decir que no», bromea, aunque eso le tiene algo más fastidiado. «Los médicos me han dicho que lo que me ha pasado era para quedarse en silla de ruedas, así que tengo que estar contento». Y ya piensa en volver: «En cuanto me den el alta quiero empezar con la rehabilitación. Ojalá suene el teléfono. Es buena fecha y hay muchas cosas por cerrarse».Hay trenes que solo pasan una vez en la vida, y Cristian Pérez lo sabía. O triunfo o enfermería, pero no estaba dispuesto a pasar sin pena ni gloria. Y lo logró. Como aquel 29 de marzo en el que Iván Fandiño quiso cambiar su destino . Este domingo, antes de empezar, Cristian se acercó a esa esquina de la plaza donde tantas veces se colocaba el León de Orduña, besó la pared y se santiguó. Y a buen seguro que Iván desde arriba le echó un capote.
El teléfono había sonado poco estos dos años, y este lunes volvía a hacerlo en la habitación del Hospital Fraternidad del Paseo de la Habana. Apenas había podido dormir por el dolor, pero satisfecho se encontraba Cristian Pérez, sabedor de que el esfuerzo … había merecido la pena. Aunque todavía no es consciente de la repercusión que puede tener su confirmación en Madrid, está orgulloso de su tarde. «Ahora puedo esperar, porque sé que soy capaz. Si ayer no pasa nada, ¿a qué iba a esperar?».
Amigos se acercan a preguntarle cómo se encuentra, y el móvil no deja de vibrar. Pese a los dolores y el cansancio, está feliz porque ahora ve la luz al final del túnel: «Veo que puedo empezar a caminar poco a poco en la profesión. Esto me hacía falta como el comer». Tiene los pies en la tierra y no iba a Madrid como si fuera una tarde más: era todo o nada. «Era el día de dar un paso adelante o quitarme de la profesión, y creo que demostré cómo tiene que ir un torero a Madrid: no hubo ni trampa ni cartón, hubo entrega, hubo verdad y también cabeza, que es necesaria en este tipo de corridas». Y eso, con tan solo siete corridas de toros y dos años de banquillo. «Era una apuesta fuerte. Yo sabía que no entraba en las quinielas ni era el favorito del 99% de la plaza».
Entrega no faltó. No hay más que mirar la pierna derecha, donde el pitón le atravesó el gemelo en una cornada de 25 centímetros, y los múltiples varetazos por todo el cuerpo. Había salido de una guerra, pero había salido victorioso. «Para mí fue una medalla por todo lo que llevo caminado, por estos años que he luchado en soledad. Ha sido como una recompensa que me ha devuelto a la vida».
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Alternativa este fin de semana en Las Ventas
Alicia P. Velarde
«Ahora estoy en una habitación de hospital, pero más me dolía cuando estaba en mi casa, sin torear día tras día»
Los amigos le dicen que qué lástima, que quizá en ese toro podría haber tocado pelo. «Pero pena ninguna. Este es el peaje que tenemos que pagar los toreros. Ahora estoy sentado en una habitación de hospital, pero más me dolía cuando estaba sentado en mi casa, sin torear día tras día».
«La primera sustitución que haya en San Isidro tiene que ser para ti», comentaba un aficionado. Y lo cierto es que se lo ha ganado. Ya desde el primero, el de la confirmación, un astifino de Dolores Aguirre al que se enfrentó en medio de un vendaval: «Fue un toro muy especial. Sabía que tenía que estar muy dispuesto y olvidarme del viento. Sentí momentos muy bonitos, y cómo Madrid entró en la tanda al natural». Y cuando Madrid ruge, lo hace de una manera única. «Vivir momentos así en Las Ventas es difícil, pero cuando pasa, es lo más bonito del mundo». Hubo petición, pero el premio quedó en una vuelta al ruedo «que me supo a gloria, porque era una tarde de aficionados de verdad y creo que nadie me la protestó».
La tarde era suya, pero aún quedaba el sexto. Se hizo eterna la espera, entre el frío y la dureza de la corrida: «Había que estar pendiente de todas las lidias. Pero a la muerte del quinto sabía que ese era el toro en el que había que volver a tirar la moneda, dar otro paso adelante para que la gente se fuera hablando de mí». Decirlo es fácil. Lo difícil es ponerse delante, y más después de ver las condiciones del animal.
Aunque Pérez no tiene apoderado, le acompañaba Jesús de Alba, que le advirtió: «El toro va a ser exigente y hay que estar muy de verdad». Y Cristian respondió: «Maestro, lo sé, pero cuando me ponga firme me va a echar mano, porque lo veo detrás de la mata». De Alba, conocedor de la dureza de la profesión, sentenció: «Pues es lo que hay: el momento, el día y la hora». Y ahí se puso el torero de Hellín. «Y no me equivoqué. Jesús es mi amigo, me quiere, y quien bien te quiere te dice la verdad».
El inicio de faena por bajo volvió a despertar los olés de Madrid, y la primera tanda por la derecha presagiaba algo grande. «Si no me hubiera cogido, no sé qué habría pasado, pero todo iba en esa dirección». Pero Dios escribe recto en renglones torcidos, y el animal se lo llevó por delante en una de las cogidas más brutales que se recuerdan. La plaza quedó en silencio.
Mientras todo era incertidumbre, en la enfermería Cristian solo pensaba en volver. «Cuando me quitaron las manoletinas dije que pararan, que quería salir. Me dijeron que no podía, pero yo tenía en la cabeza cómo se había quedado la faena, que aquello estaba rompiendo y quería rematarla». Pero al intentar incorporarse, el cuerpo no respondió: «No podía mover ni el cuello ni la espalda. Estaba como paralizado. No me dejaron levantarme y me durmieron. No supe más hasta que llegué al hospital». Aun así, tranquilizaba a los suyos: la herida era grande, pero no era lo que más le importaba.
Esta mañana vio el vídeo, y observó cómo Carafea lo zarandeó con violencia pocas veces vista, y cómo le tiró cinco cornadas, que mejor no pensar qué habría pasado si entraba el pitón. «Fue un milagro que se quedara en esto. Volví a nacer». Y ahora, después de todo, solo piensa en lo que viene: «Uno quiere ser torero. Y ahora quiero entrar en las ferias importantes, que vean a ese Cristian Pérez con entrega y verdad, pero también poder cuajar un toro bueno de verdad, pegarle veinte muletazos de delante hacia atrás y que se vea la evolución». Sueña con Francia, con Albacete, Pamplona, Bilbao, volver a Madrid o torear en su Hellín.
Los plazos de recuperación serán de quince a veinte días por la cornada. También le están revisando los ligamentos de las cervicales y la columna, aunque «parece que no es nada grave». Y ya piensa en volver: «En cuanto me den el alta quiero empezar con la rehabilitación. Ojalá suene el teléfono. Es buena fecha y hay muchas cosas por cerrarse».
Hay trenes que solo pasan una vez en la vida, y Cristian Pérez lo sabía. O triunfo o enfermería, pero no estaba dispuesto a pasar sin pena ni gloria. Y lo logró. Como aquel 29 de marzo en el que Iván Fandiño quiso cambiar su destino. Este domingo, antes de empezar, Cristian se acercó a esa esquina de la plaza donde tantas veces se colocaba el León de Orduña, besó la pared y se santiguó. Y a buen seguro que Iván desde arriba le echó un capote.
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