«La gesta era muy seria, pero me pregunté: ¿de los seis no me va a embestir un par de ellos? Y tuve la suerte de que me embistieron todos ». Así contestaba Curro Romero a las preguntas de la periodista Lorena Muñoz en una entrevista concedida a ABC en 2016, cuando se cumplían 50 años de este hito histórico del toreo. Una década ha pasado desde entonces y son hoy sesenta los que se cumplen para la celebración de tamaña efeméride en la historia de la tauromaquia. Con un lleno hasta la bandera, la Maestranza se convirtió ese día en escenario de una «foto finish» del currismo , que algunos dicen que nació ese día aunque la estela del Faraón ya estaba grabada en los cielos azules del coso sevillano incluso antes de que al maestro se le pasase por la cabeza ponerse delante de un toro allá en su Camas natal. Sucedió el día de la Ascensión , un 19 de mayo de 1966, fecha que por entonces figuraba en rojo en el calendario festivoLos carteles anunciaban a un joven Curro Romero, que a beneficio de la Cruz Roja , se encerraba en la plaza de toros de Sevilla con seis toros de la ganadería de Carlos Urquijo . La Feria de ese año había sido un «puro descalabro», según narraba Manuel Ramírez en la obra ‘Curro Romero, y el toreo se hizo arte’. Con tres tardes y seis toros, los pitos, silencios y una bronca monumental marcaron el paso del Faraón por la Maestranza en el ciclo abrileño. Pero el jueves 19 de mayo todo cambió.De azul pavo y oroPlacentero, Lentisco, Señorito, Pensador, Pachón y Majuelo , que habían nacido aunque no lo supieran para que el toreo del Faraón llegara a las cimas de la gloria, cambiaron para siempre el concepto mismo de la tauromaquia. Ocho orejas les cortó Romero, una marca nunca superada en la Maestranza, que iba vestido de azul pavo y oro. Cincuenta años después, el torero ya no era capaz de recordar de qué color era el traje de torear de aquella tarde: «No, no me acuerdo. Y mira que siempre he cuidado la ropa de torear porque es una cuestión muy delicada. Me acuerdo de los toros que he toreado a gusto, cuando he disfrutado no lo olvido».Cortó una oreja en el primero, desorejó al segundo, una en el tercero, vuelta al ruedo en el cuarto, y de nuevo volvió a desorejar al quinto y al sexto, al que incluso llegaron a pedir el rabo, aunque finalmente no se lo cortó. Con seis estocadas mató a los toros, y sólo utilizó el descabello en el cuarto.La plaza rugía. «Le hice quites a todos los toros y maté de seis estocadas. Solo uno pasó de 500 kilos y por eso tuvieron mucha movilidad. Salí con el capote en los seis y los llevé al caballo. Así eran los toros de antes. Además tenía una preparación tremenda y la edad, estaba fuerte y con la ilusión de una tarde como era esa. Al quinto lo saqué a los medios después de un puyazo y empezaron a tocarme las palmas. Me quité la montera y el público me insistió tanto que salí dando la vuelta al ruedo».Una niña de 9 años en la MaestranzaLa tarde de los Urquijo en Sevilla fue determinante para su consagración como torero en Sevilla y en todas las plazas del mundo. La conexión con el público fue absoluta. Así era, y esperemos que siga siendo, la afición sevillana. Su mujer, Carmen Tello , que por aquel entonces era una niña, fue a verle a la plaza con su padre, gran aficionado. Allí le conoció, y saboreó, como sólo puede hacerlo una pequeña de 9 años, la grandeza de la fiesta de los toros. ¿Quién podría pensar en ese momento que el torero que abría la Puerta del Príncipe en una tarde histórica sería el amor de su vida en el futuro?Es de recibo recordar aquí las palabras de Joaquín Caro Romero , en su crónica para la revista ‘El burladero’: «La apoteosis. la salida por la Puerta del Príncipe. Y la procesión triunfal por las calles de Sevilla, que eran como el órgano de un gran trono de música, en el que parecían escucharse los acordes de ese ‘himno gigante y extraño’ que se asoma a las rimas de Bécquer». «La gesta era muy seria, pero me pregunté: ¿de los seis no me va a embestir un par de ellos? Y tuve la suerte de que me embistieron todos ». Así contestaba Curro Romero a las preguntas de la periodista Lorena Muñoz en una entrevista concedida a ABC en 2016, cuando se cumplían 50 años de este hito histórico del toreo. Una década ha pasado desde entonces y son hoy sesenta los que se cumplen para la celebración de tamaña efeméride en la historia de la tauromaquia. Con un lleno hasta la bandera, la Maestranza se convirtió ese día en escenario de una «foto finish» del currismo , que algunos dicen que nació ese día aunque la estela del Faraón ya estaba grabada en los cielos azules del coso sevillano incluso antes de que al maestro se le pasase por la cabeza ponerse delante de un toro allá en su Camas natal. Sucedió el día de la Ascensión , un 19 de mayo de 1966, fecha que por entonces figuraba en rojo en el calendario festivoLos carteles anunciaban a un joven Curro Romero, que a beneficio de la Cruz Roja , se encerraba en la plaza de toros de Sevilla con seis toros de la ganadería de Carlos Urquijo . La Feria de ese año había sido un «puro descalabro», según narraba Manuel Ramírez en la obra ‘Curro Romero, y el toreo se hizo arte’. Con tres tardes y seis toros, los pitos, silencios y una bronca monumental marcaron el paso del Faraón por la Maestranza en el ciclo abrileño. Pero el jueves 19 de mayo todo cambió.De azul pavo y oroPlacentero, Lentisco, Señorito, Pensador, Pachón y Majuelo , que habían nacido aunque no lo supieran para que el toreo del Faraón llegara a las cimas de la gloria, cambiaron para siempre el concepto mismo de la tauromaquia. Ocho orejas les cortó Romero, una marca nunca superada en la Maestranza, que iba vestido de azul pavo y oro. Cincuenta años después, el torero ya no era capaz de recordar de qué color era el traje de torear de aquella tarde: «No, no me acuerdo. Y mira que siempre he cuidado la ropa de torear porque es una cuestión muy delicada. Me acuerdo de los toros que he toreado a gusto, cuando he disfrutado no lo olvido».Cortó una oreja en el primero, desorejó al segundo, una en el tercero, vuelta al ruedo en el cuarto, y de nuevo volvió a desorejar al quinto y al sexto, al que incluso llegaron a pedir el rabo, aunque finalmente no se lo cortó. Con seis estocadas mató a los toros, y sólo utilizó el descabello en el cuarto.La plaza rugía. «Le hice quites a todos los toros y maté de seis estocadas. Solo uno pasó de 500 kilos y por eso tuvieron mucha movilidad. Salí con el capote en los seis y los llevé al caballo. Así eran los toros de antes. Además tenía una preparación tremenda y la edad, estaba fuerte y con la ilusión de una tarde como era esa. Al quinto lo saqué a los medios después de un puyazo y empezaron a tocarme las palmas. Me quité la montera y el público me insistió tanto que salí dando la vuelta al ruedo».Una niña de 9 años en la MaestranzaLa tarde de los Urquijo en Sevilla fue determinante para su consagración como torero en Sevilla y en todas las plazas del mundo. La conexión con el público fue absoluta. Así era, y esperemos que siga siendo, la afición sevillana. Su mujer, Carmen Tello , que por aquel entonces era una niña, fue a verle a la plaza con su padre, gran aficionado. Allí le conoció, y saboreó, como sólo puede hacerlo una pequeña de 9 años, la grandeza de la fiesta de los toros. ¿Quién podría pensar en ese momento que el torero que abría la Puerta del Príncipe en una tarde histórica sería el amor de su vida en el futuro?Es de recibo recordar aquí las palabras de Joaquín Caro Romero , en su crónica para la revista ‘El burladero’: «La apoteosis. la salida por la Puerta del Príncipe. Y la procesión triunfal por las calles de Sevilla, que eran como el órgano de un gran trono de música, en el que parecían escucharse los acordes de ese ‘himno gigante y extraño’ que se asoma a las rimas de Bécquer».
«La gesta era muy seria, pero me pregunté: ¿de los seis no me va a embestir un par de ellos? Y tuve la suerte de que me embistieron todos». Así contestaba Curro Romero a las preguntas de la periodista Lorena Muñoz en una … entrevista concedida a ABC en 2016, cuando se cumplían 50 años de este hito histórico del toreo. Una década ha pasado desde entonces y son hoy sesenta los que se cumplen para la celebración de tamaña efeméride en la historia de la tauromaquia.
Con un lleno hasta la bandera, la Maestranza se convirtió ese día en escenario de una «foto finish» del currismo, que algunos dicen que nació ese día aunque la estela del Faraón ya estaba grabada en los cielos azules del coso sevillano incluso antes de que al maestro se le pasase por la cabeza ponerse delante de un toro allá en su Camas natal. Sucedió el día de la Ascensión, un 19 de mayo de 1966, fecha que por entonces figuraba en rojo en el calendario festivo
Los carteles anunciaban a un joven Curro Romero, que a beneficio de la Cruz Roja, se encerraba en la plaza de toros de Sevilla con seis toros de la ganadería de Carlos Urquijo. La Feria de ese año había sido un «puro descalabro», según narraba Manuel Ramírez en la obra ‘Curro Romero, y el toreo se hizo arte’. Con tres tardes y seis toros, los pitos, silencios y una bronca monumental marcaron el paso del Faraón por la Maestranza en el ciclo abrileño. Pero el jueves 19 de mayo todo cambió.
De azul pavo y oro
Placentero, Lentisco, Señorito, Pensador, Pachón y Majuelo, que habían nacido aunque no lo supieran para que el toreo del Faraón llegara a las cimas de la gloria, cambiaron para siempre el concepto mismo de la tauromaquia. Ocho orejas les cortó Romero, una marca nunca superada en la Maestranza, que iba vestido de azul pavo y oro. Cincuenta años después, el torero ya no era capaz de recordar de qué color era el traje de torear de aquella tarde: «No, no me acuerdo. Y mira que siempre he cuidado la ropa de torear porque es una cuestión muy delicada. Me acuerdo de los toros que he toreado a gusto, cuando he disfrutado no lo olvido».
Cortó una oreja en el primero, desorejó al segundo, una en el tercero, vuelta al ruedo en el cuarto, y de nuevo volvió a desorejar al quinto y al sexto, al que incluso llegaron a pedir el rabo, aunque finalmente no se lo cortó. Con seis estocadas mató a los toros, y sólo utilizó el descabello en el cuarto.
La plaza rugía. «Le hice quites a todos los toros y maté de seis estocadas. Solo uno pasó de 500 kilos y por eso tuvieron mucha movilidad. Salí con el capote en los seis y los llevé al caballo. Así eran los toros de antes. Además tenía una preparación tremenda y la edad, estaba fuerte y con la ilusión de una tarde como era esa. Al quinto lo saqué a los medios después de un puyazo y empezaron a tocarme las palmas. Me quité la montera y el público me insistió tanto que salí dando la vuelta al ruedo».
Una niña de 9 años en la Maestranza
La tarde de los Urquijo en Sevilla fue determinante para su consagración como torero en Sevilla y en todas las plazas del mundo. La conexión con el público fue absoluta. Así era, y esperemos que siga siendo, la afición sevillana. Su mujer, Carmen Tello, que por aquel entonces era una niña, fue a verle a la plaza con su padre, gran aficionado. Allí le conoció, y saboreó, como sólo puede hacerlo una pequeña de 9 años, la grandeza de la fiesta de los toros. ¿Quién podría pensar en ese momento que el torero que abría la Puerta del Príncipe en una tarde histórica sería el amor de su vida en el futuro?
Es de recibo recordar aquí las palabras de Joaquín Caro Romero, en su crónica para la revista ‘El burladero’: «La apoteosis. la salida por la Puerta del Príncipe. Y la procesión triunfal por las calles de Sevilla, que eran como el órgano de un gran trono de música, en el que parecían escucharse los acordes de ese ‘himno gigante y extraño’ que se asoma a las rimas de Bécquer».
RSS de noticias de cultura
