El festín que se pueden pegar los norteamericanos a base de hamburguesas contrasta con los mordiscos que pueden dar los españoles a esa comida. El mismo producto a ambos lados del Atlántico sirve para revelar cómo con los sueldos de EE.UU. o de otras muchas potencias económicas pueden compra r hasta dos veces más Big Mac al año que un español. El índice de la burger más conocida del mundo sirve para comparar un nivel de sueldos, precios y tributos que deja a España en uno de los últimos puestos del ranking de poder adquisitivo de todo el mundo desarrollado.Después de todo un verano contaminado por una inflación disparada (un 4,3% hasta agosto, sin contar aún con la vorágine de los combustibles de septiembre) y la consiguiente pérdida de capacidad de compra, los españoles van siendo cada día más conscientes de las dificultades para llegar a fin de mes. «Todo es más caro». «El billete de 50 euros se me va sin darme cuenta». «Me cuesta mucho cuadrar mi presupuesto»… Son algunas de las frases que se escuchan en el trabajo, en la reunión familiar o en el supermercado. Los italianos han conseguido medir esas expresiones a través del precio del espresso . Los franceses lo hacen calculando las ventas de pintalabios . Y algunos expertos lo consiguen mediante la medición de búsquedas de calzoncillos … pero el método internacional más utilizado lo inventó la publicación americana ‘The Economist’ hace ahora tres décadas: medir la subida de precios y analizar las diferencias monetarias globales mediante un producto familiar e internacional que es el más comparable: la hamburguesa Big Mac.La presencia mundial de Mc Donalds y la receta de esta hamburguesa, a base de pan, carne y verduras , ha convertido al producto estrella de esta franquicia en un medidor excelente para comprobar la subida de los precios en cada país. Aunque España sale muy mal parada. De las casi 40 economías comparadas, los españoles se sitúan en los últimos puestos de la lista calculada sobre el número de hamburguesas que pueden comprar en un año con sus sueldos netos y al precio al que se encuentra en su territorio.Mientras que un estadounidense podría devorar 10.200 hamburguesas en un año con su salario, un español no podría optar a adquirir más de 4.300 hamburguesas . El índice, que se calcula en base a unos salarios equitativos establecidos por la OCDE, constata cómo los precios están más inflados en España que en otros países del mundo. Y también revela cómo los sueldos son aquí insuficientes: un esloveno cobra 3.000 euros anuales menos, pero podría comprar más menús en un año.En salarios y en capacidad de compra de Big Macs nos superan Irlanda, Bélgica o Austria, tres países dentro de la eurozona donde el precio de esta hamburguesa especial está cifrado en los 6,2 euros. Por un euro más, pueden aspirar a 2.000 hamburguesas más y también disponen de unos 6.000 euros de media más al año que los españoles.La primera distorsión de la economía española para medir la capacidad de compra del Big Mac es el nivel salarial del país . De casi 40 territorios analizados, la economía española se encuentra en la posición vigésima. En el centro de la tabla. Muy por debajo de otras grandes, a pesar de presumir de ser una de las cuatro grandes economías de la zona euro. Además, la tajada del sueldo bruto, medido en dólares constantes con el resto de países, deja a España en una posición aún inferior.El otro hándicap llega por la evolución de los precios . Desde el año 2019, la inflación ha devorado casi un 30% del poder de compra de los españoles. Es decir, con el mismo billete de 100 euros, hoy pueden comprar casi un tercio menos de productos que hace siete años. Y la brecha con los salarios no ha terminado de cerrarse a pesar de que han subido en los últimos años: aún hay una pérdida del 6% en favor de los precios. En la eurozona el precio había crecido de forma uniforme hasta que se disparó en 2022, coincidiendo con la guerra de Ucrania. El coste de una Big Mac ha pasado de costar 4,2 euros a 6,2 en cuatro años, aumentando su coste para el consumidor europeo un 41%.Las perspectivas de los más comilones tampoco son muy halagüeñas. La incesante escalada de precios anticipa nuevas subidas en el precio de estas hamburguesas en los próximos meses. Porque los ingredientes que se utilizan para elaborarlas no paran de subir: la hamburguesa puede incrementar su coste otro 1,2% porque la lechuga se ha encarecido un 3,5% en el último año, la carne un 2,9% y las salsas que utilizan, más de un 2%. Malas perspectivas para unos sueldos que no dan más de sí y unos precios que anticipan nuevos incrementos en los próximos meses, reduciendo así la posibilidad de comprar más, aunque sean hamburguesas de comida rápida. El festín que se pueden pegar los norteamericanos a base de hamburguesas contrasta con los mordiscos que pueden dar los españoles a esa comida. El mismo producto a ambos lados del Atlántico sirve para revelar cómo con los sueldos de EE.UU. o de otras muchas potencias económicas pueden compra r hasta dos veces más Big Mac al año que un español. El índice de la burger más conocida del mundo sirve para comparar un nivel de sueldos, precios y tributos que deja a España en uno de los últimos puestos del ranking de poder adquisitivo de todo el mundo desarrollado.Después de todo un verano contaminado por una inflación disparada (un 4,3% hasta agosto, sin contar aún con la vorágine de los combustibles de septiembre) y la consiguiente pérdida de capacidad de compra, los españoles van siendo cada día más conscientes de las dificultades para llegar a fin de mes. «Todo es más caro». «El billete de 50 euros se me va sin darme cuenta». «Me cuesta mucho cuadrar mi presupuesto»… Son algunas de las frases que se escuchan en el trabajo, en la reunión familiar o en el supermercado. Los italianos han conseguido medir esas expresiones a través del precio del espresso . Los franceses lo hacen calculando las ventas de pintalabios . Y algunos expertos lo consiguen mediante la medición de búsquedas de calzoncillos … pero el método internacional más utilizado lo inventó la publicación americana ‘The Economist’ hace ahora tres décadas: medir la subida de precios y analizar las diferencias monetarias globales mediante un producto familiar e internacional que es el más comparable: la hamburguesa Big Mac.La presencia mundial de Mc Donalds y la receta de esta hamburguesa, a base de pan, carne y verduras , ha convertido al producto estrella de esta franquicia en un medidor excelente para comprobar la subida de los precios en cada país. Aunque España sale muy mal parada. De las casi 40 economías comparadas, los españoles se sitúan en los últimos puestos de la lista calculada sobre el número de hamburguesas que pueden comprar en un año con sus sueldos netos y al precio al que se encuentra en su territorio.Mientras que un estadounidense podría devorar 10.200 hamburguesas en un año con su salario, un español no podría optar a adquirir más de 4.300 hamburguesas . El índice, que se calcula en base a unos salarios equitativos establecidos por la OCDE, constata cómo los precios están más inflados en España que en otros países del mundo. Y también revela cómo los sueldos son aquí insuficientes: un esloveno cobra 3.000 euros anuales menos, pero podría comprar más menús en un año.En salarios y en capacidad de compra de Big Macs nos superan Irlanda, Bélgica o Austria, tres países dentro de la eurozona donde el precio de esta hamburguesa especial está cifrado en los 6,2 euros. Por un euro más, pueden aspirar a 2.000 hamburguesas más y también disponen de unos 6.000 euros de media más al año que los españoles.La primera distorsión de la economía española para medir la capacidad de compra del Big Mac es el nivel salarial del país . De casi 40 territorios analizados, la economía española se encuentra en la posición vigésima. En el centro de la tabla. Muy por debajo de otras grandes, a pesar de presumir de ser una de las cuatro grandes economías de la zona euro. Además, la tajada del sueldo bruto, medido en dólares constantes con el resto de países, deja a España en una posición aún inferior.El otro hándicap llega por la evolución de los precios . Desde el año 2019, la inflación ha devorado casi un 30% del poder de compra de los españoles. Es decir, con el mismo billete de 100 euros, hoy pueden comprar casi un tercio menos de productos que hace siete años. Y la brecha con los salarios no ha terminado de cerrarse a pesar de que han subido en los últimos años: aún hay una pérdida del 6% en favor de los precios. En la eurozona el precio había crecido de forma uniforme hasta que se disparó en 2022, coincidiendo con la guerra de Ucrania. El coste de una Big Mac ha pasado de costar 4,2 euros a 6,2 en cuatro años, aumentando su coste para el consumidor europeo un 41%.Las perspectivas de los más comilones tampoco son muy halagüeñas. La incesante escalada de precios anticipa nuevas subidas en el precio de estas hamburguesas en los próximos meses. Porque los ingredientes que se utilizan para elaborarlas no paran de subir: la hamburguesa puede incrementar su coste otro 1,2% porque la lechuga se ha encarecido un 3,5% en el último año, la carne un 2,9% y las salsas que utilizan, más de un 2%. Malas perspectivas para unos sueldos que no dan más de sí y unos precios que anticipan nuevos incrementos en los próximos meses, reduciendo así la posibilidad de comprar más, aunque sean hamburguesas de comida rápida.
El festín que se pueden pegar los norteamericanos a base de hamburguesas contrasta con los mordiscos que pueden dar los españoles a esa comida. El mismo producto a ambos lados del Atlántico sirve para revelar cómo con los sueldos de EE.UU. o de otras … muchas potencias económicas pueden comprar hasta dos veces más Big Mac al año que un español. El índice de la burger más conocida del mundo sirve para comparar un nivel de sueldos, precios y tributos que deja a España en uno de los últimos puestos del ranking de poder adquisitivo de todo el mundo desarrollado.
Después de todo un verano contaminado por una inflación disparada (un 4,3% hasta agosto, sin contar aún con la vorágine de los combustibles de septiembre) y la consiguiente pérdida de capacidad de compra, los españoles van siendo cada día más conscientes de las dificultades para llegar a fin de mes. «Todo es más caro». «El billete de 50 euros se me va sin darme cuenta». «Me cuesta mucho cuadrar mi presupuesto»… Son algunas de las frases que se escuchan en el trabajo, en la reunión familiar o en el supermercado.
Los italianos han conseguido medir esas expresiones a través del precio del espresso. Los franceses lo hacen calculando las ventas de pintalabios. Y algunos expertos lo consiguen mediante la medición de búsquedas de calzoncillos… pero el método internacional más utilizado lo inventó la publicación americana ‘The Economist’ hace ahora tres décadas: medir la subida de precios y analizar las diferencias monetarias globales mediante un producto familiar e internacional que es el más comparable: la hamburguesa Big Mac.
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Big Macs en un año
La presencia mundial de Mc Donalds y la receta de esta hamburguesa, a base de pan, carne y verduras, ha convertido al producto estrella de esta franquicia en un medidor excelente para comprobar la subida de los precios en cada país. Aunque España sale muy mal parada. De las casi 40 economías comparadas, los españoles se sitúan en los últimos puestos de la lista calculada sobre el número de hamburguesas que pueden comprar en un año con sus sueldos netos y al precio al que se encuentra en su territorio.
Mientras que un estadounidense podría devorar 10.200 hamburguesas en un año con su salario, un español no podría optar a adquirir más de 4.300 hamburguesas. El índice, que se calcula en base a unos salarios equitativos establecidos por la OCDE, constata cómo los precios están más inflados en España que en otros países del mundo. Y también revela cómo los sueldos son aquí insuficientes: un esloveno cobra 3.000 euros anuales menos, pero podría comprar más menús en un año.
En salarios y en capacidad de compra de Big Macs nos superan Irlanda, Bélgica o Austria, tres países dentro de la eurozona donde el precio de esta hamburguesa especial está cifrado en los 6,2 euros. Por un euro más, pueden aspirar a 2.000 hamburguesas más y también disponen de unos 6.000 euros de media más al año que los españoles.
La inflación a través
de la Big Mac
El coste de cocinar la hamburguesa
aumenta ligeramente este año
Precio actual
Precio estimado tras IPC
Cebolla
Pepinillos
Lechuga
Fuente: Mc Donalds, INE / ABC
La inflación a través de la Big Mac
El coste de cocinar la hamburguesa
aumenta ligeramente este año
Precio actual
Precio estimado tras IPC
Cebolla
Pepinillos
Lechuga
Fuente: Mc Donalds, INE / ABC


La primera distorsión de la economía española para medir la capacidad de compra del Big Mac es el nivel salarial del país. De casi 40 territorios analizados, la economía española se encuentra en la posición vigésima. En el centro de la tabla. Muy por debajo de otras grandes, a pesar de presumir de ser una de las cuatro grandes economías de la zona euro. Además, la tajada del sueldo bruto, medido en dólares constantes con el resto de países, deja a España en una posición aún inferior.
El otro hándicap llega por la evolución de los precios. Desde el año 2019, la inflación ha devorado casi un 30% del poder de compra de los españoles. Es decir, con el mismo billete de 100 euros, hoy pueden comprar casi un tercio menos de productos que hace siete años. Y la brecha con los salarios no ha terminado de cerrarse a pesar de que han subido en los últimos años: aún hay una pérdida del 6% en favor de los precios.
En la eurozona el precio había crecido de forma uniforme hasta que se disparó en 2022, coincidiendo con la guerra de Ucrania. El coste de una Big Mac ha pasado de costar 4,2 euros a 6,2 en cuatro años, aumentando su coste para el consumidor europeo un 41%.
Las perspectivas de los más comilones tampoco son muy halagüeñas. La incesante escalada de precios anticipa nuevas subidas en el precio de estas hamburguesas en los próximos meses. Porque los ingredientes que se utilizan para elaborarlas no paran de subir: la hamburguesa puede incrementar su coste otro 1,2% porque la lechuga se ha encarecido un 3,5% en el último año, la carne un 2,9% y las salsas que utilizan, más de un 2%. Malas perspectivas para unos sueldos que no dan más de sí y unos precios que anticipan nuevos incrementos en los próximos meses, reduciendo así la posibilidad de comprar más, aunque sean hamburguesas de comida rápida.
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