Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. Colectivo Da Silva, Anouk The Band ‘Mi Amor, Mon Amour, Amore Mio'(6,8/10) «Las dulces voces de Carlos y Anouk pareciera que flotan sobre una producción de acordes de cristal: frágiles y minuciosos a partes iguales» Discográfica: Autoeditado Por Luigi GómezEl amor revolotea libre en la unión entre Carlos Carballo de Colectivo Da Silva y la cantante Anouk Peris, ‘frontwoman’ de Anouk The Band. Dan buena cuenta de ello estas cinco canciones de fuerte influencia italiana que calientan al menos 5 o 6 graditos estas frías mañanas pre-invernales. Si bien pueden ser por momentos empalagosas, ¿quiénes somos aquí para oponernos al romanticismo? Las dulces voces de Carlos y Anouk pareciera que flotan sobre una producción de acordes de cristal: frágiles y minuciosos a partes iguales. Esta gente tiene estudios y ha viajado, pues sin llegar al disparate de lo de Rosalía o Manu Chao (que para el caso es un poco lo mismo), nos deleitan con un buen puñado de idiomas en este puente entre Roma y París. ¡Ay, bendito Battiato! al que se invoca en contramelodía en el tema que abre el disco. Bellos contrapuntos vocales en este juego Barbie & Ken también en ‘Ya he entendido’, el corte que directamente le sigue. Tal vez ‘Solo Tú’ se imponga como el disparo más fuerte con su melodía pausada pero infecciosa. Quizás el seudo villancico ‘Un sueño’ que cierra este trabajo sea el más blandito, con un ligero exceso de arpas angelicales. Concluyendo que es gerundio: un EP ameno y preciosista al que tal vez le falte saber romper más de vez en cuando de velocidad.Sister Irene O’Connor ‘Fire of God’s Love'(7/10) «La hermana O’Connor, que venía de grabar cancioncillas conventuales para los niños, se puso en manos de una aficionada a los efectos electrónicos» Discográfica: Freedom To Spend Por Jesús LilloEn esta segunda entrega de la serie ‘Dime de qué presumes y te diré de qué careces’, dedicada a la revelación de Rosalía, camino damasquinado de Damasco (Hechos, 9: 3-6), nos detenemos en esta reedición, tan casual, quizá providencial, como la de William Basinski de la semana pasada, del ‘Fire of God’s Love’ que dos monjas franciscanas -la una cantante naíf, la otra técnico de sonido de la emisora de la Iglesia en Sidney, una australiana y otra filipina- registraron en 1973. De ahí a la eternidad. La hermana O’Connor, que venía de grabar con seudónimo cancioncillas conventuales para los niños, se puso en manos de una aficionada a los efectos electrónicos, entonces primitivos: el eco, los ritmos enlatados, los órganos paganos, todo enchufado a la corriente… Sobra decir que esto es muy primario, incluso infantil, pero sincero: las monjitas no tienen otra pretensión que rezar. Si los ‘loops’ desintegrados de Basinski son un canto mudo a la permanencia, desafío a la obsolescencia de ‘Lux’, fiebre pasajera para gente sin defensas, el álbum de la hermana O’Connor es un manifiesto de la humildad, envite a la aparatosidad y la fatuidad del disco de Rosalía, farfolla que no deja ver la mazorca mística que dicen por ahí los iluminados que contiene. En fin, rematamos este apunte, para más inri, con el flamante anuncio de que el escenario que le van a poner a nuestra apóstola en su próxima gira «tendrá forma de catedral», tócate los cojones, como si las catedrales tuvieran una forma definida. Lo que se ve en la ilustración no es sino una planta de cruz latina, pero explícale tú eso a los neocatecumenales. Así estamos. Ave María purísima, o que Dios nos coja confesados. Micah P. Hinson ‘The Tomorrow Man'(7/10) «La felicidad le sienta bien al de Texas, que incluso regala conciertos en los centros sociales autogestionados de su nuevo barrio, Carabanchel» Discográfica: Ponderosa Music Por Israel VianaMicah P. Hinson ha tenido que mudarse a Carabanchel, en Madrid, para que salga el sol en su música (y en su vida). No hay más que escuchar ‘Oh, Sleepyhead’, el primer corte de ‘The Tomorrow Man’ –y el último, en una versión todavía más luminosa– para percatarse de que todo lo que antes era oscuridad, polvo y whisky malo ahora es luz. La felicidad le sienta bien al de Texas, que incluso regala conciertos en los centros sociales autogestionados de su nuevo barrio. Arropado por un montón de instrumentos de cuerda y viento, cuando no por la Orquesta de Benevento al completo, el ‘crooner’ de la voz triste y quebrada nos trae ahora un disco que nos hará sonreír, aunque no sepamos por qué. ‘One Day I Will Get My Revenge’, ‘Think Of Me’, ‘Mothers & Daughters», ‘It’s All The Same’… Casi todas las canciones suenan como una sucesión de recuerdos bonitos, a veces melancólicos, pero nunca tristes. Ya no hay rastro de ese folk herido con el que se ganó la atención de media Europa. Hinson se ha puesto el disfraz de Sinatra –escuchen si no ‘Hallow’ o ‘Walls’– y se lo está pasando pipa. Y es más que probable que la mayoría de sus viejos seguidores también compartan esa alegría de verle contento y con ganas de hacerles disfrutar.Bruce Springsteen ‘Nebraska ’82: Expanded Edition'(7,5/10) «Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no aportar nada […]. Pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor» Discográfica: Columbia Records Por Por Carlos G. FernándezUn paseo por la sección de box sets de… no sé, el Corte Inglés, deprime a cualquiera. Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no suelen aportar nada de nada y hacen a uno preguntarse para quién van dirigidas. Bueno, pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor. Cualquier ‘nebrasker’ que se precie soñó siempre con escuchar la versión eléctrica, esa gran historia donde nuestro amigo abandonó la grandilocuencia de la banda de rock en favor de la extrema verdad capturada en la cinta original, imposible de reproducir de nuevo, y todas esas cosas románticas que tanto nos gustan y son argumento de biopic. Bueno, pues aquí está la versión eléctrica al fin, y no deja dudas de que Springsteen hizo lo correcto. Es difícil calibrar las canciones como si no las conociéramos, pero sorprende lo aburridísima y deprimente que es la sección rítmica de ‘Atlantic City’ (sin duda la canción más vendible del disco). Algo mejor ‘Johnny ’99’, o ‘Dowbownd Train’, que no acabó en el setlist, pero en general son añadidos eléctricos muy poco interesantes, quizás en una fase primigenia de las maquetas abortada a tiempo. Completan el box-set otros tres discos: el primero son un montón de caras B que sí pueden merecer la pena, o versiones anteriores de otros temas. El tercer disco es el Springsteen de 2025 cantándose el disco entero solo con el apoyo de otro guitarrista (bueno, tampoco aporta mucho pero no es tan mala idea, y su voz de ahora le queda de perlas a las lentas). El 4º el disco de siempre, otra vez remasterizado. Hay dos versiones primigenias de ‘Born in the USA’ (acústica y eléctrica) que están muy interesantes de escuchar para ver con qué buen ojo comercial acabó transformándose. En el fondo, ojalá fueran así todos los box sets, encerraran algo tan esperado e imaginado, y encontrasen una manera medio digna de completarse. Me recuerda a mi querido Neil Young, pero Springsteen ni siquiera respeta las efemérides redondas. ¡Feliz 43 aniversario de Nebraska!Tony Molina ‘On this day'(7/10) «Un puñado de (re)descubrimientos gozosos se van acumulando con la frescura de la primera vez en una delicia tan fugaz (21 canciones en 22 minutos) como sustanciosa» Discográfica: Slumberland Records Por Fernando PérezCon raíces en el punk y el hardcore, Tony Molina es un músico de largo recorrido en la escena de la Bahía de San Francisco que ha cruzado todos los puentes estilísticos para acabar ganándose un lugar preferente en el corazoncito de los agradecidos aficionados al pop de guitarras con unos concisos discos en solitario que se configuran a partir de fugaces viñetas sonoras de apenas un minuto de duración, pero fluyen como un todo torrencial, impulsadas por una incontenible brillantez melódica. La novedad de su último breviario es que desaparecen las puntuales descargas de distorsión que también eran marca de la casa (salvo rescoldos como ‘Have Your Way’) para abrazar directamente el imaginario del pop y el folk sesentero y sus posteriores reencarnaciones. Se rebaja la urgencia y el nervio power-pop, pero se potencia el mimo artesanal en unas pildoritas cocinadas a fuego lento que buscan condensar en segundos toda la sabiduría acumulada durante varias décadas de alquimia a la caza de la fórmula de la canción perfecta. Cobran así protagonismo instrumentos como el piano, el órgano y muy especialmente la trompeta (a cargo de Gary Olson, de The Ladybug Transistor) en unos opíparos esbozos que igual retoman el legado de The Byrds (‘FC23′ o Livin’ Wrong), que recogen los ecos infinitos de los ‘Fab Four’ (la maravillosa ‘Broken Down’ parece un corte inédito de ‘Rubber Soul’ interpretado por los Love de ‘Forever Changes’), se pasean por el verano infinito de Brian Wilson (‘Faded Holiday’), respiran a fondo y sin complejos el aire pastoral de Simon and Garfunkel (‘Take some time’) o rinden indisimulado homenaje a los Teenage Fanclub con menos ‘fuzz’ (‘Don’t Belong’ es ‘Start again’ al ralentí). Un puñado de (re)descubrimientos gozosos se van acumulando con la frescura de la primera vez (y esto no es precisamente una tarea sencilla a estas alturas) en una delicia tan fugaz (21 canciones en 22 minutos) como sustanciosa y que es imposible no acabar consumiendo en bucle. Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana. Colectivo Da Silva, Anouk The Band ‘Mi Amor, Mon Amour, Amore Mio'(6,8/10) «Las dulces voces de Carlos y Anouk pareciera que flotan sobre una producción de acordes de cristal: frágiles y minuciosos a partes iguales» Discográfica: Autoeditado Por Luigi GómezEl amor revolotea libre en la unión entre Carlos Carballo de Colectivo Da Silva y la cantante Anouk Peris, ‘frontwoman’ de Anouk The Band. Dan buena cuenta de ello estas cinco canciones de fuerte influencia italiana que calientan al menos 5 o 6 graditos estas frías mañanas pre-invernales. Si bien pueden ser por momentos empalagosas, ¿quiénes somos aquí para oponernos al romanticismo? Las dulces voces de Carlos y Anouk pareciera que flotan sobre una producción de acordes de cristal: frágiles y minuciosos a partes iguales. Esta gente tiene estudios y ha viajado, pues sin llegar al disparate de lo de Rosalía o Manu Chao (que para el caso es un poco lo mismo), nos deleitan con un buen puñado de idiomas en este puente entre Roma y París. ¡Ay, bendito Battiato! al que se invoca en contramelodía en el tema que abre el disco. Bellos contrapuntos vocales en este juego Barbie & Ken también en ‘Ya he entendido’, el corte que directamente le sigue. Tal vez ‘Solo Tú’ se imponga como el disparo más fuerte con su melodía pausada pero infecciosa. Quizás el seudo villancico ‘Un sueño’ que cierra este trabajo sea el más blandito, con un ligero exceso de arpas angelicales. Concluyendo que es gerundio: un EP ameno y preciosista al que tal vez le falte saber romper más de vez en cuando de velocidad.Sister Irene O’Connor ‘Fire of God’s Love'(7/10) «La hermana O’Connor, que venía de grabar cancioncillas conventuales para los niños, se puso en manos de una aficionada a los efectos electrónicos» Discográfica: Freedom To Spend Por Jesús LilloEn esta segunda entrega de la serie ‘Dime de qué presumes y te diré de qué careces’, dedicada a la revelación de Rosalía, camino damasquinado de Damasco (Hechos, 9: 3-6), nos detenemos en esta reedición, tan casual, quizá providencial, como la de William Basinski de la semana pasada, del ‘Fire of God’s Love’ que dos monjas franciscanas -la una cantante naíf, la otra técnico de sonido de la emisora de la Iglesia en Sidney, una australiana y otra filipina- registraron en 1973. De ahí a la eternidad. La hermana O’Connor, que venía de grabar con seudónimo cancioncillas conventuales para los niños, se puso en manos de una aficionada a los efectos electrónicos, entonces primitivos: el eco, los ritmos enlatados, los órganos paganos, todo enchufado a la corriente… Sobra decir que esto es muy primario, incluso infantil, pero sincero: las monjitas no tienen otra pretensión que rezar. Si los ‘loops’ desintegrados de Basinski son un canto mudo a la permanencia, desafío a la obsolescencia de ‘Lux’, fiebre pasajera para gente sin defensas, el álbum de la hermana O’Connor es un manifiesto de la humildad, envite a la aparatosidad y la fatuidad del disco de Rosalía, farfolla que no deja ver la mazorca mística que dicen por ahí los iluminados que contiene. En fin, rematamos este apunte, para más inri, con el flamante anuncio de que el escenario que le van a poner a nuestra apóstola en su próxima gira «tendrá forma de catedral», tócate los cojones, como si las catedrales tuvieran una forma definida. Lo que se ve en la ilustración no es sino una planta de cruz latina, pero explícale tú eso a los neocatecumenales. Así estamos. Ave María purísima, o que Dios nos coja confesados. Micah P. Hinson ‘The Tomorrow Man'(7/10) «La felicidad le sienta bien al de Texas, que incluso regala conciertos en los centros sociales autogestionados de su nuevo barrio, Carabanchel» Discográfica: Ponderosa Music Por Israel VianaMicah P. Hinson ha tenido que mudarse a Carabanchel, en Madrid, para que salga el sol en su música (y en su vida). No hay más que escuchar ‘Oh, Sleepyhead’, el primer corte de ‘The Tomorrow Man’ –y el último, en una versión todavía más luminosa– para percatarse de que todo lo que antes era oscuridad, polvo y whisky malo ahora es luz. La felicidad le sienta bien al de Texas, que incluso regala conciertos en los centros sociales autogestionados de su nuevo barrio. Arropado por un montón de instrumentos de cuerda y viento, cuando no por la Orquesta de Benevento al completo, el ‘crooner’ de la voz triste y quebrada nos trae ahora un disco que nos hará sonreír, aunque no sepamos por qué. ‘One Day I Will Get My Revenge’, ‘Think Of Me’, ‘Mothers & Daughters», ‘It’s All The Same’… Casi todas las canciones suenan como una sucesión de recuerdos bonitos, a veces melancólicos, pero nunca tristes. Ya no hay rastro de ese folk herido con el que se ganó la atención de media Europa. Hinson se ha puesto el disfraz de Sinatra –escuchen si no ‘Hallow’ o ‘Walls’– y se lo está pasando pipa. Y es más que probable que la mayoría de sus viejos seguidores también compartan esa alegría de verle contento y con ganas de hacerles disfrutar.Bruce Springsteen ‘Nebraska ’82: Expanded Edition'(7,5/10) «Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no aportar nada […]. Pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor» Discográfica: Columbia Records Por Por Carlos G. FernándezUn paseo por la sección de box sets de… no sé, el Corte Inglés, deprime a cualquiera. Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no suelen aportar nada de nada y hacen a uno preguntarse para quién van dirigidas. Bueno, pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor. Cualquier ‘nebrasker’ que se precie soñó siempre con escuchar la versión eléctrica, esa gran historia donde nuestro amigo abandonó la grandilocuencia de la banda de rock en favor de la extrema verdad capturada en la cinta original, imposible de reproducir de nuevo, y todas esas cosas románticas que tanto nos gustan y son argumento de biopic. Bueno, pues aquí está la versión eléctrica al fin, y no deja dudas de que Springsteen hizo lo correcto. Es difícil calibrar las canciones como si no las conociéramos, pero sorprende lo aburridísima y deprimente que es la sección rítmica de ‘Atlantic City’ (sin duda la canción más vendible del disco). Algo mejor ‘Johnny ’99’, o ‘Dowbownd Train’, que no acabó en el setlist, pero en general son añadidos eléctricos muy poco interesantes, quizás en una fase primigenia de las maquetas abortada a tiempo. Completan el box-set otros tres discos: el primero son un montón de caras B que sí pueden merecer la pena, o versiones anteriores de otros temas. El tercer disco es el Springsteen de 2025 cantándose el disco entero solo con el apoyo de otro guitarrista (bueno, tampoco aporta mucho pero no es tan mala idea, y su voz de ahora le queda de perlas a las lentas). El 4º el disco de siempre, otra vez remasterizado. Hay dos versiones primigenias de ‘Born in the USA’ (acústica y eléctrica) que están muy interesantes de escuchar para ver con qué buen ojo comercial acabó transformándose. En el fondo, ojalá fueran así todos los box sets, encerraran algo tan esperado e imaginado, y encontrasen una manera medio digna de completarse. Me recuerda a mi querido Neil Young, pero Springsteen ni siquiera respeta las efemérides redondas. ¡Feliz 43 aniversario de Nebraska!Tony Molina ‘On this day'(7/10) «Un puñado de (re)descubrimientos gozosos se van acumulando con la frescura de la primera vez en una delicia tan fugaz (21 canciones en 22 minutos) como sustanciosa» Discográfica: Slumberland Records Por Fernando PérezCon raíces en el punk y el hardcore, Tony Molina es un músico de largo recorrido en la escena de la Bahía de San Francisco que ha cruzado todos los puentes estilísticos para acabar ganándose un lugar preferente en el corazoncito de los agradecidos aficionados al pop de guitarras con unos concisos discos en solitario que se configuran a partir de fugaces viñetas sonoras de apenas un minuto de duración, pero fluyen como un todo torrencial, impulsadas por una incontenible brillantez melódica. La novedad de su último breviario es que desaparecen las puntuales descargas de distorsión que también eran marca de la casa (salvo rescoldos como ‘Have Your Way’) para abrazar directamente el imaginario del pop y el folk sesentero y sus posteriores reencarnaciones. Se rebaja la urgencia y el nervio power-pop, pero se potencia el mimo artesanal en unas pildoritas cocinadas a fuego lento que buscan condensar en segundos toda la sabiduría acumulada durante varias décadas de alquimia a la caza de la fórmula de la canción perfecta. Cobran así protagonismo instrumentos como el piano, el órgano y muy especialmente la trompeta (a cargo de Gary Olson, de The Ladybug Transistor) en unos opíparos esbozos que igual retoman el legado de The Byrds (‘FC23′ o Livin’ Wrong), que recogen los ecos infinitos de los ‘Fab Four’ (la maravillosa ‘Broken Down’ parece un corte inédito de ‘Rubber Soul’ interpretado por los Love de ‘Forever Changes’), se pasean por el verano infinito de Brian Wilson (‘Faded Holiday’), respiran a fondo y sin complejos el aire pastoral de Simon and Garfunkel (‘Take some time’) o rinden indisimulado homenaje a los Teenage Fanclub con menos ‘fuzz’ (‘Don’t Belong’ es ‘Start again’ al ralentí). Un puñado de (re)descubrimientos gozosos se van acumulando con la frescura de la primera vez (y esto no es precisamente una tarea sencilla a estas alturas) en una delicia tan fugaz (21 canciones en 22 minutos) como sustanciosa y que es imposible no acabar consumiendo en bucle.
Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los discos que se han publicado esta semana.
Colectivo Da Silva, Anouk The Band
‘Mi Amor, Mon Amour, Amore Mio’

(6,8/10)
«Las dulces voces de Carlos y Anouk pareciera que flotan sobre una producción de acordes de cristal: frágiles y minuciosos a partes iguales»
Discográfica: Autoeditado
Por Luigi Gómez
El amor revolotea libre en la unión entre Carlos Carballo de Colectivo Da Silva y la cantante Anouk Peris, ‘frontwoman’ de Anouk The Band. Dan … buena cuenta de ello estas cinco canciones de fuerte influencia italiana que calientan al menos 5 o 6 graditos estas frías mañanas pre-invernales. Si bien pueden ser por momentos empalagosas, ¿quiénes somos aquí para oponernos al romanticismo? Las dulces voces de Carlos y Anouk pareciera que flotan sobre una producción de acordes de cristal: frágiles y minuciosos a partes iguales. Esta gente tiene estudios y ha viajado, pues sin llegar al disparate de lo de Rosalía o Manu Chao (que para el caso es un poco lo mismo), nos deleitan con un buen puñado de idiomas en este puente entre Roma y París. ¡Ay, bendito Battiato! al que se invoca en contramelodía en el tema que abre el disco. Bellos contrapuntos vocales en este juego Barbie & Ken también en ‘Ya he entendido’, el corte que directamente le sigue. Tal vez ‘Solo Tú’ se imponga como el disparo más fuerte con su melodía pausada pero infecciosa. Quizás el seudo villancico ‘Un sueño’ que cierra este trabajo sea el más blandito, con un ligero exceso de arpas angelicales. Concluyendo que es gerundio: un EP ameno y preciosista al que tal vez le falte saber romper más de vez en cuando de velocidad.
Sister Irene O’Connor
‘Fire of God’s Love’

(7/10)
«La hermana O’Connor, que venía de grabar cancioncillas conventuales para los niños, se puso en manos de una aficionada a los efectos electrónicos»
Discográfica: Freedom To Spend
Por Jesús Lillo
En esta segunda entrega de la serie ‘Dime de qué presumes y te diré de qué careces’, dedicada a la revelación de Rosalía, camino damasquinado de Damasco (Hechos, 9: 3-6), nos detenemos en esta reedición, tan casual, quizá providencial, como la de William Basinski de la semana pasada, del ‘Fire of God’s Love’ que dos monjas franciscanas -la una cantante naíf, la otra técnico de sonido de la emisora de la Iglesia en Sidney, una australiana y otra filipina- registraron en 1973. De ahí a la eternidad. La hermana O’Connor, que venía de grabar con seudónimo cancioncillas conventuales para los niños, se puso en manos de una aficionada a los efectos electrónicos, entonces primitivos: el eco, los ritmos enlatados, los órganos paganos, todo enchufado a la corriente… Sobra decir que esto es muy primario, incluso infantil, pero sincero: las monjitas no tienen otra pretensión que rezar. Si los ‘loops’ desintegrados de Basinski son un canto mudo a la permanencia, desafío a la obsolescencia de ‘Lux’, fiebre pasajera para gente sin defensas, el álbum de la hermana O’Connor es un manifiesto de la humildad, envite a la aparatosidad y la fatuidad del disco de Rosalía, farfolla que no deja ver la mazorca mística que dicen por ahí los iluminados que contiene. En fin, rematamos este apunte, para más inri, con el flamante anuncio de que el escenario que le van a poner a nuestra apóstola en su próxima gira «tendrá forma de catedral», tócate los cojones, como si las catedrales tuvieran una forma definida. Lo que se ve en la ilustración no es sino una planta de cruz latina, pero explícale tú eso a los neocatecumenales. Así estamos. Ave María purísima, o que Dios nos coja confesados.
Micah P. Hinson
‘The Tomorrow Man’

(7/10)
«La felicidad le sienta bien al de Texas, que incluso regala conciertos en los centros sociales autogestionados de su nuevo barrio, Carabanchel»
Discográfica: Ponderosa Music
Por Israel Viana
Micah P. Hinson ha tenido que mudarse a Carabanchel, en Madrid, para que salga el sol en su música (y en su vida). No hay más que escuchar ‘Oh, Sleepyhead’, el primer corte de ‘The Tomorrow Man’ –y el último, en una versión todavía más luminosa– para percatarse de que todo lo que antes era oscuridad, polvo y whisky malo ahora es luz. La felicidad le sienta bien al de Texas, que incluso regala conciertos en los centros sociales autogestionados de su nuevo barrio. Arropado por un montón de instrumentos de cuerda y viento, cuando no por la Orquesta de Benevento al completo, el ‘crooner’ de la voz triste y quebrada nos trae ahora un disco que nos hará sonreír, aunque no sepamos por qué. ‘One Day I Will Get My Revenge’, ‘Think Of Me’, ‘Mothers & Daughters», ‘It’s All The Same’… Casi todas las canciones suenan como una sucesión de recuerdos bonitos, a veces melancólicos, pero nunca tristes. Ya no hay rastro de ese folk herido con el que se ganó la atención de media Europa. Hinson se ha puesto el disfraz de Sinatra –escuchen si no ‘Hallow’ o ‘Walls’– y se lo está pasando pipa. Y es más que probable que la mayoría de sus viejos seguidores también compartan esa alegría de verle contento y con ganas de hacerles disfrutar.
Bruce Springsteen
‘Nebraska ’82: Expanded Edition’
![Imagen - «Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no aportar nada [...]. Pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor»](https://s1.abcstatics.com/abc/www/multimedia/cultura/2025/11/21/Bruce_Springsteen_Nebraska_82-U14485884443fuE-170x170@diario_abc.jpg)
(7,5/10)
«Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no aportar nada […]. Pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor»
Discográfica: Columbia Records
Por Por Carlos G. Fernández
Un paseo por la sección de box sets de… no sé, el Corte Inglés, deprime a cualquiera. Enormes cajas de cinco vinilos o catorce cedés que no suelen aportar nada de nada y hacen a uno preguntarse para quién van dirigidas. Bueno, pues esta de Springsteen no se puede decir que no contenga nada de valor. Cualquier ‘nebrasker’ que se precie soñó siempre con escuchar la versión eléctrica, esa gran historia donde nuestro amigo abandonó la grandilocuencia de la banda de rock en favor de la extrema verdad capturada en la cinta original, imposible de reproducir de nuevo, y todas esas cosas románticas que tanto nos gustan y son argumento de biopic. Bueno, pues aquí está la versión eléctrica al fin, y no deja dudas de que Springsteen hizo lo correcto. Es difícil calibrar las canciones como si no las conociéramos, pero sorprende lo aburridísima y deprimente que es la sección rítmica de ‘Atlantic City’ (sin duda la canción más vendible del disco). Algo mejor ‘Johnny ’99’, o ‘Dowbownd Train’, que no acabó en el setlist, pero en general son añadidos eléctricos muy poco interesantes, quizás en una fase primigenia de las maquetas abortada a tiempo. Completan el box-set otros tres discos: el primero son un montón de caras B que sí pueden merecer la pena, o versiones anteriores de otros temas. El tercer disco es el Springsteen de 2025 cantándose el disco entero solo con el apoyo de otro guitarrista (bueno, tampoco aporta mucho pero no es tan mala idea, y su voz de ahora le queda de perlas a las lentas). El 4º el disco de siempre, otra vez remasterizado. Hay dos versiones primigenias de ‘Born in the USA’ (acústica y eléctrica) que están muy interesantes de escuchar para ver con qué buen ojo comercial acabó transformándose. En el fondo, ojalá fueran así todos los box sets, encerraran algo tan esperado e imaginado, y encontrasen una manera medio digna de completarse. Me recuerda a mi querido Neil Young, pero Springsteen ni siquiera respeta las efemérides redondas. ¡Feliz 43 aniversario de Nebraska!
Tony Molina
‘On this day’

(7/10)
«Un puñado de (re)descubrimientos gozosos se van acumulando con la frescura de la primera vez en una delicia tan fugaz (21 canciones en 22 minutos) como sustanciosa»
Discográfica: Slumberland Records
Por Fernando Pérez
Con raíces en el punk y el hardcore, Tony Molina es un músico de largo recorrido en la escena de la Bahía de San Francisco que ha cruzado todos los puentes estilísticos para acabar ganándose un lugar preferente en el corazoncito de los agradecidos aficionados al pop de guitarras con unos concisos discos en solitario que se configuran a partir de fugaces viñetas sonoras de apenas un minuto de duración, pero fluyen como un todo torrencial, impulsadas por una incontenible brillantez melódica. La novedad de su último breviario es que desaparecen las puntuales descargas de distorsión que también eran marca de la casa (salvo rescoldos como ‘Have Your Way’) para abrazar directamente el imaginario del pop y el folk sesentero y sus posteriores reencarnaciones. Se rebaja la urgencia y el nervio power-pop, pero se potencia el mimo artesanal en unas pildoritas cocinadas a fuego lento que buscan condensar en segundos toda la sabiduría acumulada durante varias décadas de alquimia a la caza de la fórmula de la canción perfecta. Cobran así protagonismo instrumentos como el piano, el órgano y muy especialmente la trompeta (a cargo de Gary Olson, de The Ladybug Transistor) en unos opíparos esbozos que igual retoman el legado de The Byrds (‘FC23′ o Livin’ Wrong), que recogen los ecos infinitos de los ‘Fab Four’ (la maravillosa ‘Broken Down’ parece un corte inédito de ‘Rubber Soul’ interpretado por los Love de ‘Forever Changes’), se pasean por el verano infinito de Brian Wilson (‘Faded Holiday’), respiran a fondo y sin complejos el aire pastoral de Simon and Garfunkel (‘Take some time’) o rinden indisimulado homenaje a los Teenage Fanclub con menos ‘fuzz’ (‘Don’t Belong’ es ‘Start again’ al ralentí). Un puñado de (re)descubrimientos gozosos se van acumulando con la frescura de la primera vez (y esto no es precisamente una tarea sencilla a estas alturas) en una delicia tan fugaz (21 canciones en 22 minutos) como sustanciosa y que es imposible no acabar consumiendo en bucle.
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