Con casi un mes cumplido del conflicto bélico en Irán, el Banco de España ha elaborado sus proyecciones macroeconómicas en las que anticipa un incremento del coste de la vida que, en el peor de los casos, puede situarse en una tasa de inflación interanual del 5,9% para este 2026 y un crecimiento de la actividad que se fija en el 1,9% si la guerra se alarga. Estas son las magnitudes más extremas planteadas por el organismo si el conflicto se prolonga demasiado tiempo. La variable ‘incertidumbre’ ha vuelto a colarse en los cálculos técnicos de la institución como ya lo hizo con la crisis de Ucrania en 2022.Porque estas últimas estimaciones se han elaborado teniendo en cuenta un contexto «caracterizado por disrupciones prolongadas» en el mercado energético, con precios del barril de Brent anclados claramente por encima de los 100 dólares, para el caso de la inflación. Si esa materia prima, que actúa como termómetro, no cede posiciones, el peor futuro posible vuelve a anticipar mayor coste de la vida y pérdida de poder adquisitivo. Por ahora, el Banco de España anticipa una perspectiva al límite de «un encarecimiento más persistente de los precios energéticos y disrupciones más intensas en las cadenas de valor globales». El grado de desconocimiento es «especialmente elevado» al no contar aún con señales fehacientes de por dónde pueden discurrir los acontecimientos entre EE.UU. y el régimen de Teherán. El escenario central que maneja la institución, cuyo gobernador es José Luis Escrivá, pasa por una inflación superior a la de las proyecciones de diciembre. Los precios subirán de media este año un 3%, lo que supone un incremento de nueve décimas con respecto a la anterior previsión realizada por el Banco de España. De hecho, la inflación ya se ha disparado un punto, al 3,3% en marzo como consecuencia del ‘shock’ bélico. En el caso de la subyacente, la inflación que excluye los productos energéticos volátiles, cerraría 2026 en el entorno del 2,7%, dos décimas por encima de lo esperado inicialmente. Este mayor crecimiento de los precios previsto para 2026 refleja, fundamentalmente, la trayectoria reciente de la inflación, junto con el «incremento de los precios energéticos a escala global, efectos que se verían compensados, parcialmente, por la reducción de la fiscalidad energética aprobada en marzo», señala el supervisor en su informe. En 2027, las tasas de inflación general y subyacente alcanzarían el 2,5 % y el 2,7 %, respectivamente, seis décimas por encima de lo previsto hace tres meses, como consecuencia de la evolución de los precios de las materias primas energéticas, la eliminación de las ayudas al transporte público a comienzos del año y el aumento previsto de la fiscalidad energética en la primavera de 2027 en comparación con el mismo período de 2026.En lo que respecta al crecimiento económico, el escenario con mayor probabilidad en estos momentos es que la actividad amortigüe el impacto de la guerra con un alza del Producto Interior Bruto (PIB) del 2,3%, lo que implica una reducción de una décima porcentual con respecto a la anterior previsión elaborada por el supervisor. Para 2027, el crecimiento del PIB se situaría en el 1,7%, tres décimas por debajo de lo contemplado hasta ahora, como consecuencia del deterioro del mercado mundial y la vuelta a la normalidad de las medidas extraordinarias puestas en marcha hasta ahora por el Ejecutivo.Aunque existe un gran desconcierto sobre el futuro de la guerra, los cálculos del supervisor apuntan a que una mayor intensidad del conflicto bélico y su prolongación durante varios meses —posibilidad que, a la luz de los acontecimientos más recientes, «parece ganar más peso»— mantendría elevadas las cotizaciones de las materias primas energéticas, aumentando la probabilidad de que se materialicen efectos de segunda ronda sobre los salarios y los precios a lo largo de la cadena productiva. Esta realidad se traduciría en un menor dinamismo de la actividad económica y en tasas de inflación más elevadas de las actualmente proyectadas en el escenario central, tal y como reflejan los escenarios alternativos considerados en este informe actualizado este viernes.Críticas al plan de ayudas El Banco de España critica que el Gobierno no haya optado por medidas más «focalizadas» a la hora de afrontar este imprevisto económico. Al tratarse de un diseño no vinculado a los hogares más vulnerables, el plan «adolece de limitaciones en términos de su eficacia redistributiva» por optar por acciones generalizadas como la rebaja de impuestos en los combustibles para todo tipo de usuarios. El supervisor indica que unas «alternativas más focalizadas y selectivas permitirían alcanzar un grado de protección similar, así como reducir distorsiones en las señales de precios relativos». En cualquier caso, el impacto de este plan de choque, valorado en unos 5.000 millones de euros por el propio Ejecutivo, representan un impacto del 0,3% del Producto Interior Bruto, según las estimaciones del supervisor. El propio informe señala del efecto que tendrán en la economía cuando se dejen de aplicar, teóricamente a partir de julio, hasta cuando están pensadas. Entonces, la inflación subirá más de lo previsto, al no contar con las bonificaciones fiscales establecidas hasta ahora. Con casi un mes cumplido del conflicto bélico en Irán, el Banco de España ha elaborado sus proyecciones macroeconómicas en las que anticipa un incremento del coste de la vida que, en el peor de los casos, puede situarse en una tasa de inflación interanual del 5,9% para este 2026 y un crecimiento de la actividad que se fija en el 1,9% si la guerra se alarga. Estas son las magnitudes más extremas planteadas por el organismo si el conflicto se prolonga demasiado tiempo. La variable ‘incertidumbre’ ha vuelto a colarse en los cálculos técnicos de la institución como ya lo hizo con la crisis de Ucrania en 2022.Porque estas últimas estimaciones se han elaborado teniendo en cuenta un contexto «caracterizado por disrupciones prolongadas» en el mercado energético, con precios del barril de Brent anclados claramente por encima de los 100 dólares, para el caso de la inflación. Si esa materia prima, que actúa como termómetro, no cede posiciones, el peor futuro posible vuelve a anticipar mayor coste de la vida y pérdida de poder adquisitivo. Por ahora, el Banco de España anticipa una perspectiva al límite de «un encarecimiento más persistente de los precios energéticos y disrupciones más intensas en las cadenas de valor globales». El grado de desconocimiento es «especialmente elevado» al no contar aún con señales fehacientes de por dónde pueden discurrir los acontecimientos entre EE.UU. y el régimen de Teherán. El escenario central que maneja la institución, cuyo gobernador es José Luis Escrivá, pasa por una inflación superior a la de las proyecciones de diciembre. Los precios subirán de media este año un 3%, lo que supone un incremento de nueve décimas con respecto a la anterior previsión realizada por el Banco de España. De hecho, la inflación ya se ha disparado un punto, al 3,3% en marzo como consecuencia del ‘shock’ bélico. En el caso de la subyacente, la inflación que excluye los productos energéticos volátiles, cerraría 2026 en el entorno del 2,7%, dos décimas por encima de lo esperado inicialmente. Este mayor crecimiento de los precios previsto para 2026 refleja, fundamentalmente, la trayectoria reciente de la inflación, junto con el «incremento de los precios energéticos a escala global, efectos que se verían compensados, parcialmente, por la reducción de la fiscalidad energética aprobada en marzo», señala el supervisor en su informe. En 2027, las tasas de inflación general y subyacente alcanzarían el 2,5 % y el 2,7 %, respectivamente, seis décimas por encima de lo previsto hace tres meses, como consecuencia de la evolución de los precios de las materias primas energéticas, la eliminación de las ayudas al transporte público a comienzos del año y el aumento previsto de la fiscalidad energética en la primavera de 2027 en comparación con el mismo período de 2026.En lo que respecta al crecimiento económico, el escenario con mayor probabilidad en estos momentos es que la actividad amortigüe el impacto de la guerra con un alza del Producto Interior Bruto (PIB) del 2,3%, lo que implica una reducción de una décima porcentual con respecto a la anterior previsión elaborada por el supervisor. Para 2027, el crecimiento del PIB se situaría en el 1,7%, tres décimas por debajo de lo contemplado hasta ahora, como consecuencia del deterioro del mercado mundial y la vuelta a la normalidad de las medidas extraordinarias puestas en marcha hasta ahora por el Ejecutivo.Aunque existe un gran desconcierto sobre el futuro de la guerra, los cálculos del supervisor apuntan a que una mayor intensidad del conflicto bélico y su prolongación durante varios meses —posibilidad que, a la luz de los acontecimientos más recientes, «parece ganar más peso»— mantendría elevadas las cotizaciones de las materias primas energéticas, aumentando la probabilidad de que se materialicen efectos de segunda ronda sobre los salarios y los precios a lo largo de la cadena productiva. Esta realidad se traduciría en un menor dinamismo de la actividad económica y en tasas de inflación más elevadas de las actualmente proyectadas en el escenario central, tal y como reflejan los escenarios alternativos considerados en este informe actualizado este viernes.Críticas al plan de ayudas El Banco de España critica que el Gobierno no haya optado por medidas más «focalizadas» a la hora de afrontar este imprevisto económico. Al tratarse de un diseño no vinculado a los hogares más vulnerables, el plan «adolece de limitaciones en términos de su eficacia redistributiva» por optar por acciones generalizadas como la rebaja de impuestos en los combustibles para todo tipo de usuarios. El supervisor indica que unas «alternativas más focalizadas y selectivas permitirían alcanzar un grado de protección similar, así como reducir distorsiones en las señales de precios relativos». En cualquier caso, el impacto de este plan de choque, valorado en unos 5.000 millones de euros por el propio Ejecutivo, representan un impacto del 0,3% del Producto Interior Bruto, según las estimaciones del supervisor. El propio informe señala del efecto que tendrán en la economía cuando se dejen de aplicar, teóricamente a partir de julio, hasta cuando están pensadas. Entonces, la inflación subirá más de lo previsto, al no contar con las bonificaciones fiscales establecidas hasta ahora.
Con casi un mes cumplido del conflicto bélico en Irán, el Banco de España ha elaborado sus proyecciones macroeconómicas en las que anticipa un incremento del coste de la vida que, en el peor de los casos, puede situarse en una tasa de inflación interanual … del 5,9% para este 2026 y un crecimiento de la actividad que se fija en el 1,9% en el peor escenario posible de la guerra. Estas son las magnitudes más extremas planteadas por el organismo si el conflicto se prolonga demasiado tiempo.
Estos cálculos se han elaborado teniendo en cuenta un contexto «caracterizado por disrupciones más prolongadas» en el mercado energético, con precios del barril de Brent anclados claramente por encima de los 100 dólares, para el caso de la inflación. Y una perspectiva al límite de «un encarecimiento más persistente de los precios energéticos y disrupciones más intensas en las cadenas de valor globales». El grado de incertidumbre actual es «especialmente elevado» al no contar aún con señales fehacientes de por dónde pueden discurrir los acontecimientos entre EE.UU. y el régimen de Teherán.
En cualquier caso, el escenario central que maneja la institución, cuyo gobernador es José Luis Escrivá, pasa por una inflación Con respecto al ejercicio de proyecciones de diciembre, la tasa de inflación general se situará este año en el 3%, lo que supone un incremento de 0,9 décimas con respecto a la anterior previsión realizada por el Banco de España. De hecho, los precios han subido más de un 3% en marzo como consecuencia del ‘shock’ bélico. En el caso de la subyacente, la inflación que excluye los productos energéticos volátiles, cerraría 2026 en el entorno del 2,7%, dos décimas por encima de lo esperado inicialmente.
Este mayor crecimiento de los precios previsto para 2026 refleja, fundamentalmente, la trayectoria reciente de la inflación, junto con el «incremento de los precios energéticos a escala global, efectos que se verían compensados, parcialmente, por la reducción de la fiscalidad energética aprobada en marzo», señala el supervisor en su informe. En 2027, las tasas de inflación general y subyacente alcanzarían el 2,5 % y el 2,7 %, respectivamente, seis décimas por encima de lo previsto hace tres meses, como consecuencia de la evolución de los precios de las materias primas energéticas, la eliminación de las ayudas al transporte público a comienzos del año y el aumento previsto de la fiscalidad energética en la primavera de 2027 en comparación con el mismo período de 2026.
En lo que respecta al crecimiento económico, el escenario con mayor probabilidad en estos momentos es que la actividad amortigüe el impacto de la guerra con un alza del Producto Interior Bruto (PIB) del 2,3%, lo que implica una reducción de una décima porcentual con respecto a la anterior previsión elaborada por el supervisor. Para 2027, el crecimiento del PIB se situaría en el 1,7%, tres décimas por debajo de lo contemplado hasta ahora, como consecuencia del deterioro del mercado mundial y la vuelta a la normalidad de las medidas extraordinarias puestas en marcha hasta ahora por el Ejecutivo.
Aunque existe un gran desconcierto sobre el futuro de la guerra, los cálculos del supervisor apuntan a que una mayor intensidad del conflicto bélico y su prolongación durante varios meses —posibilidad que, a la luz de los acontecimientos más recientes, «parece ganar más peso»— mantendría elevadas las cotizaciones de las materias primas energéticas, aumentando la probabilidad de que se materialicen efectos de segunda ronda sobre los salarios y los precios a lo largo de la cadena productiva. Esta realidad se traduciría en un menor dinamismo de la actividad económica y en tasas de inflación más elevadas de las actualmente proyectadas en el escenario central, tal y como reflejan los escenarios alternativos considerados en este informe actualizado este viernes.
Ayudas más «focalizadas»
El Banco de España critica que el Gobierno no haya optado por medidas más «focalizadas» a la hora de afrontar este imprevisto económico. Al tratarse de un diseño no vinculado a los hogares más vulnerables, el plan «adolece de limitaciones en términos de su eficacia redistributiva» por optar por acciones generalizadas como la rebaja de impuestos en los combustibles para todo tipo de usuarios. El supervisor indica que unas «alternativas más focalizadas y selectivas permitirían alcanzar un grado de protección similar, así como reducir distorsiones en las señales de precios relativos».
En cualquier caso, el impacto de este plan de choque, valorado en unos 5.000 millones de euros por el propio Ejecutivo, representan un impacto del 0,3% del Producto Interior Bruto, según las estimaciones del supervisor. El propio informe señala del efecto que tendrán en la economía cuando se dejen de aplicar, teóricamente a partir de julio, hasta cuando están pensadas. Entonces, la inflación subirá más de lo previsto, al no contar con las bonificaciones fiscales establecidas hasta ahora.
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