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Economía

El código digital todavía se sigue escribiendo sin mujeres

abril 6, 2026
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A pesar de ser un sector en expansión, en España apenas el 19,6% de los profesionales TIC son mujeres, una cifra que baja hasta un 2,6% si nos referimos a especialidades como desarrollo de software o inteligencia artificial, según recoge el informe ‘Brecha digital de género 2026’, publicado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (Ontsi). Las razones, según coinciden las profesionales entrevistadas, no se explican por falta de capacidad o por una ausencia de oportunidades, sino por una combinación de inercias culturales, sesgos persistentes y falta de referentes visibles que permitan a las nuevas generaciones imaginarse dentro del sector.Para Ane Díaz de Tuesta, ingeniera informática formada en la Universidad de Mondragón y una de las pocas mujeres que han logrado identificar una mejora en Chromium (y conseguir que sea aceptada, dado su alcance global), el origen de la brecha es un problema estructural y cultural: «No creo que falten oportunidades sino referentes y representación femenina, lo que hace que muchas mujeres no se sientan identificadas con este tipo de carreras ni se planteen elegirlas».En cambio, Cristina Aranda, cofundadora de MujeresTech y consultora de IA, sitúa el problema incluso antes, en las aulas de secundaria. «Se sigue asociando lo técnico a lo masculino, algo que condiciona las decisiones académicas en edades tempranas y acaban alejando a muchas chicas de carreras que nunca llegan a plantearse». Por eso, solo el 15,8% de los graduados en informática en España son mujeres, lo que limita el número que acceden posteriormente a perfiles más demandados. Algo que también corroboran los datos cuando señalan que las especialistas digitales se encuentran más presentes en las áreas de datos (25,3%), pero su participación cae hasta el 6,7% en computación en la nube, al 4% en ciberseguridad y al ya citado 2,6% en inteligencia artificial. «Existen iniciativas maravillosas como Technovation Girls que promueven equipos de niñas y jóvenes en proyectos tecnológicos, el problema aparece cuando muchas llegan a la adolescencia y empiezan a asumir roles de género que las alejan de estas vocaciones, por eso es importante ‘hackear’ esos sesgos desde el ámbito educativo, cultural y empresarial».Noticia relacionada No El talento femenino en ingeniería pide paso para construir un futuro sin sesgos Laura Montero Carretero«Aunque se están haciendo esfuerzos, como cambiar el nombre de colegios de ingenieros a colegios de ingeniería, que son necesarios, hay algo más profundo que no termina de cambiar», apunta la CEO de Innova Digital Export y presidenta de la Asociación de Inteligencia Artificial de Castilla-La Mancha, Dori López. Recuerda que cuando estudiaba Ingeniería Informática, apenas el 10% de su promoción eran mujeres, y vivió en primera persona situaciones en las que se ponía en duda si había realizado ciertos trabajos por sí misma, sin ayuda de un compañero. «Esto no es teoría, son experiencias reales», Por eso, la tecnología no deja de ser un reflejo de la sociedad y si los equipos que diseñan algoritmos o sistemas de IA no son diversos, los resultados difícilmente lo serán, apunta.Vía de ascenso socialLa evolución, aunque lenta, empieza a percibirse sólo en algunos entornos. En países como Argelia, Túnez o Marruecos, la presencia femenina en ingeniería es considerablemente mayor que en muchos países de la OCDE. «Allí estas carreras se perciben como una vía de ascenso social y estabilidad económica», explica Díaz de Tuesta. «Cuando esa percepción se instala, se produce un efecto de arrastre y la presencia de mujeres deja de ser una excepción y pasa a formar parte de la normalidad». También recuerda que en su primer trabajo en la Dirección de Sistemas de Información de Pôle Emploi era la única mujer entre unos 60 ingenieros. Hoy en Datadog forma parte de equipos con una representación mucho más equilibrada, incluso cercana al 50-50, aunque aún no es la norma: «También me he encontrado en situaciones que antes eran impensables, como realizar entrevistas técnicas exclusivamente en grupos de mujeres».En cambio, desde su experiencia, López afirma que también existen otros contextos en los que la desigualdad es aún mayor. «En Suecia conviví con realidades muy distintas: desde una compañera india a la que su familia le envió la fotografía del hombre con el que se iba a casar, hasta el trabajo que se realiza en España desde la asociación Netwomening, con mujeres afganas formadas que se vieron obligadas a abandonar su país por temor a perder la vida». Esto pone perspectiva y nos recuerda que, a nivel global, «queda muchísimo por hacer».¿El gran reto? La retención. «Más allá de atraer talento femenino, es clave crear entornos donde las mujeres no solo entren, sino donde quieran quedarse y desarrollarse a largo plazo», señala. La confianza también juega un papel determinante. «El síndrome del impostor sigue estando muy presente, incluso yo lo siento todavía hoy, prácticamente todos los días».Apuesta empresarialAlgo que también se consigue si las empresas apuestan por la diversidad de manera activa, continúa Aranda, «por ejemplo, incentivando la contratación diversa o promoviendo la igualdad salarial». Y añade una barrera que suele quedar en segundo plano. «Muchas mujeres mayores de 45 años tienen una enorme capacidad de aportar valor, pero encuentran barreras de acceso al mercado laboral ». En este sentido, señala que «parece que los hombres tienen derecho a ser mediocres, pero las mujeres no» y la consecuencia directa es que muchas profesionales «llegan a un punto de saturación, cansadas de demostrar constantemente su valía, y sencillamente abandonan».Cuando preguntamos sobre cómo atraer y retener este talento, las respuestas apuntan también en direcciones complementarias. Para Ane, se trata sin duda de uno de los grandes desafíos del sector, al que ella misma intenta contribuir activamente participando en congresos técnicos, formando parte de comunidades de mujeres en el ámbito informático e implicándose en iniciativas como charlas o programas de mentoring, convencida de que los referentes pueden marcar la diferencia para las nuevas generaciones. Para Dori López, en cambio, más que atraerlas a un modelo que ya existe, la apuesta sería entender cómo las profesiones se están reinventando con la IA. «Cada vez va a ser menos relevante tener únicamente habilidades técnicas muy específicas y automáticas, y es más importante desarrollar una visión amplia, creativa y holística. Todos los trabajos van a evolucionar hacia perfiles más humanos, personas que marquen la visión y que sepan trabajar apoyándose en un copiloto tecnológico, que es la máquina». Y ese perfil encaja perfectamente con muchas mujeres. Algo que ya se está empezando a ver en muchas empresas, aunque quizá algunas universidades todavía no reflejen del todo esta realidad.En la primera fotografía, Ane Díaz de Tuesta. En la segunda, Cristina Aranda. En la última, Dori LópezPor eso el cambio debe enfocarse en modificar la forma en la que se concibe el propio trabajo técnico. «El trabajo de ingeniera informática es mucho más creativo de lo que parece. No se trata solo de conocimientos técnicos, sino también de habilidades como adaptarse, comunicar, escuchar, gestionar conflictos o tomar decisiones», señala Ane Díaz.Pero si hay algo en lo que coinciden las expertas es que, cuando las mujeres participan en la toma de decisiones, se amplía la mirada desde la que se definen estrategias, productos y prioridades. Más que una cuestión exclusivamente vinculada al género, como matiza Díaz de Tuesta, tiene que ver con formas de trabajar, comunicar y relacionarse. En posiciones de liderazgo se refuerzan la empatía, la preocupación por el impacto en las personas o la vulnerabilidad entendida no como debilidad, sino como capacidad de escuchar, aprender y adaptarse, algo que, según apunta Aranda, se traduce en una ventaja competitiva: «Los equipos más diversos tienden a ser más productivos y a tomar decisiones más eficaces. Además, las compañías con mayor presencia femenina en puestos de responsabilidad presentan mayores niveles de sostenibilidad y mejores resultados a largo plazo». A pesar de ser un sector en expansión, en España apenas el 19,6% de los profesionales TIC son mujeres, una cifra que baja hasta un 2,6% si nos referimos a especialidades como desarrollo de software o inteligencia artificial, según recoge el informe ‘Brecha digital de género 2026’, publicado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (Ontsi). Las razones, según coinciden las profesionales entrevistadas, no se explican por falta de capacidad o por una ausencia de oportunidades, sino por una combinación de inercias culturales, sesgos persistentes y falta de referentes visibles que permitan a las nuevas generaciones imaginarse dentro del sector.Para Ane Díaz de Tuesta, ingeniera informática formada en la Universidad de Mondragón y una de las pocas mujeres que han logrado identificar una mejora en Chromium (y conseguir que sea aceptada, dado su alcance global), el origen de la brecha es un problema estructural y cultural: «No creo que falten oportunidades sino referentes y representación femenina, lo que hace que muchas mujeres no se sientan identificadas con este tipo de carreras ni se planteen elegirlas».En cambio, Cristina Aranda, cofundadora de MujeresTech y consultora de IA, sitúa el problema incluso antes, en las aulas de secundaria. «Se sigue asociando lo técnico a lo masculino, algo que condiciona las decisiones académicas en edades tempranas y acaban alejando a muchas chicas de carreras que nunca llegan a plantearse». Por eso, solo el 15,8% de los graduados en informática en España son mujeres, lo que limita el número que acceden posteriormente a perfiles más demandados. Algo que también corroboran los datos cuando señalan que las especialistas digitales se encuentran más presentes en las áreas de datos (25,3%), pero su participación cae hasta el 6,7% en computación en la nube, al 4% en ciberseguridad y al ya citado 2,6% en inteligencia artificial. «Existen iniciativas maravillosas como Technovation Girls que promueven equipos de niñas y jóvenes en proyectos tecnológicos, el problema aparece cuando muchas llegan a la adolescencia y empiezan a asumir roles de género que las alejan de estas vocaciones, por eso es importante ‘hackear’ esos sesgos desde el ámbito educativo, cultural y empresarial».Noticia relacionada No El talento femenino en ingeniería pide paso para construir un futuro sin sesgos Laura Montero Carretero«Aunque se están haciendo esfuerzos, como cambiar el nombre de colegios de ingenieros a colegios de ingeniería, que son necesarios, hay algo más profundo que no termina de cambiar», apunta la CEO de Innova Digital Export y presidenta de la Asociación de Inteligencia Artificial de Castilla-La Mancha, Dori López. Recuerda que cuando estudiaba Ingeniería Informática, apenas el 10% de su promoción eran mujeres, y vivió en primera persona situaciones en las que se ponía en duda si había realizado ciertos trabajos por sí misma, sin ayuda de un compañero. «Esto no es teoría, son experiencias reales», Por eso, la tecnología no deja de ser un reflejo de la sociedad y si los equipos que diseñan algoritmos o sistemas de IA no son diversos, los resultados difícilmente lo serán, apunta.Vía de ascenso socialLa evolución, aunque lenta, empieza a percibirse sólo en algunos entornos. En países como Argelia, Túnez o Marruecos, la presencia femenina en ingeniería es considerablemente mayor que en muchos países de la OCDE. «Allí estas carreras se perciben como una vía de ascenso social y estabilidad económica», explica Díaz de Tuesta. «Cuando esa percepción se instala, se produce un efecto de arrastre y la presencia de mujeres deja de ser una excepción y pasa a formar parte de la normalidad». También recuerda que en su primer trabajo en la Dirección de Sistemas de Información de Pôle Emploi era la única mujer entre unos 60 ingenieros. Hoy en Datadog forma parte de equipos con una representación mucho más equilibrada, incluso cercana al 50-50, aunque aún no es la norma: «También me he encontrado en situaciones que antes eran impensables, como realizar entrevistas técnicas exclusivamente en grupos de mujeres».En cambio, desde su experiencia, López afirma que también existen otros contextos en los que la desigualdad es aún mayor. «En Suecia conviví con realidades muy distintas: desde una compañera india a la que su familia le envió la fotografía del hombre con el que se iba a casar, hasta el trabajo que se realiza en España desde la asociación Netwomening, con mujeres afganas formadas que se vieron obligadas a abandonar su país por temor a perder la vida». Esto pone perspectiva y nos recuerda que, a nivel global, «queda muchísimo por hacer».¿El gran reto? La retención. «Más allá de atraer talento femenino, es clave crear entornos donde las mujeres no solo entren, sino donde quieran quedarse y desarrollarse a largo plazo», señala. La confianza también juega un papel determinante. «El síndrome del impostor sigue estando muy presente, incluso yo lo siento todavía hoy, prácticamente todos los días».Apuesta empresarialAlgo que también se consigue si las empresas apuestan por la diversidad de manera activa, continúa Aranda, «por ejemplo, incentivando la contratación diversa o promoviendo la igualdad salarial». Y añade una barrera que suele quedar en segundo plano. «Muchas mujeres mayores de 45 años tienen una enorme capacidad de aportar valor, pero encuentran barreras de acceso al mercado laboral ». En este sentido, señala que «parece que los hombres tienen derecho a ser mediocres, pero las mujeres no» y la consecuencia directa es que muchas profesionales «llegan a un punto de saturación, cansadas de demostrar constantemente su valía, y sencillamente abandonan».Cuando preguntamos sobre cómo atraer y retener este talento, las respuestas apuntan también en direcciones complementarias. Para Ane, se trata sin duda de uno de los grandes desafíos del sector, al que ella misma intenta contribuir activamente participando en congresos técnicos, formando parte de comunidades de mujeres en el ámbito informático e implicándose en iniciativas como charlas o programas de mentoring, convencida de que los referentes pueden marcar la diferencia para las nuevas generaciones. Para Dori López, en cambio, más que atraerlas a un modelo que ya existe, la apuesta sería entender cómo las profesiones se están reinventando con la IA. «Cada vez va a ser menos relevante tener únicamente habilidades técnicas muy específicas y automáticas, y es más importante desarrollar una visión amplia, creativa y holística. Todos los trabajos van a evolucionar hacia perfiles más humanos, personas que marquen la visión y que sepan trabajar apoyándose en un copiloto tecnológico, que es la máquina». Y ese perfil encaja perfectamente con muchas mujeres. Algo que ya se está empezando a ver en muchas empresas, aunque quizá algunas universidades todavía no reflejen del todo esta realidad.En la primera fotografía, Ane Díaz de Tuesta. En la segunda, Cristina Aranda. En la última, Dori LópezPor eso el cambio debe enfocarse en modificar la forma en la que se concibe el propio trabajo técnico. «El trabajo de ingeniera informática es mucho más creativo de lo que parece. No se trata solo de conocimientos técnicos, sino también de habilidades como adaptarse, comunicar, escuchar, gestionar conflictos o tomar decisiones», señala Ane Díaz.Pero si hay algo en lo que coinciden las expertas es que, cuando las mujeres participan en la toma de decisiones, se amplía la mirada desde la que se definen estrategias, productos y prioridades. Más que una cuestión exclusivamente vinculada al género, como matiza Díaz de Tuesta, tiene que ver con formas de trabajar, comunicar y relacionarse. En posiciones de liderazgo se refuerzan la empatía, la preocupación por el impacto en las personas o la vulnerabilidad entendida no como debilidad, sino como capacidad de escuchar, aprender y adaptarse, algo que, según apunta Aranda, se traduce en una ventaja competitiva: «Los equipos más diversos tienden a ser más productivos y a tomar decisiones más eficaces. Además, las compañías con mayor presencia femenina en puestos de responsabilidad presentan mayores niveles de sostenibilidad y mejores resultados a largo plazo».  

A pesar de ser un sector en expansión, en España apenas el 19,6% de los profesionales TIC son mujeres, una cifra que baja hasta un 2,6% si nos referimos a especialidades como desarrollo de software o inteligencia artificial, según recoge el informe ‘Brecha … digital de género 2026’, publicado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (Ontsi). Las razones, según coinciden las profesionales entrevistadas, no se explican por falta de capacidad o por una ausencia de oportunidades, sino por una combinación de inercias culturales, sesgos persistentes y falta de referentes visibles que permitan a las nuevas generaciones imaginarse dentro del sector.

Para Ane Díaz de Tuesta, ingeniera informática formada en la Universidad de Mondragón y una de las pocas mujeres que han logrado identificar una mejora en Chromium (y conseguir que sea aceptada, dado su alcance global), el origen de la brecha es un problema estructural y cultural: «No creo que falten oportunidades sino referentes y representación femenina, lo que hace que muchas mujeres no se sientan identificadas con este tipo de carreras ni se planteen elegirlas».

En cambio, Cristina Aranda, cofundadora de MujeresTech y consultora de IA, sitúa el problema incluso antes, en las aulas de secundaria. «Se sigue asociando lo técnico a lo masculino, algo que condiciona las decisiones académicas en edades tempranas y acaban alejando a muchas chicas de carreras que nunca llegan a plantearse». Por eso, solo el 15,8% de los graduados en informática en España son mujeres, lo que limita el número que acceden posteriormente a perfiles más demandados. Algo que también corroboran los datos cuando señalan que las especialistas digitales se encuentran más presentes en las áreas de datos (25,3%), pero su participación cae hasta el 6,7% en computación en la nube, al 4% en ciberseguridad y al ya citado 2,6% en inteligencia artificial. «Existen iniciativas maravillosas como Technovation Girls que promueven equipos de niñas y jóvenes en proyectos tecnológicos, el problema aparece cuando muchas llegan a la adolescencia y empiezan a asumir roles de género que las alejan de estas vocaciones, por eso es importante ‘hackear’ esos sesgos desde el ámbito educativo, cultural y empresarial».

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«Aunque se están haciendo esfuerzos, como cambiar el nombre de colegios de ingenieros a colegios de ingeniería, que son necesarios, hay algo más profundo que no termina de cambiar», apunta la CEO de Innova Digital Export y presidenta de la Asociación de Inteligencia Artificial de Castilla-La Mancha, Dori López. Recuerda que cuando estudiaba Ingeniería Informática, apenas el 10% de su promoción eran mujeres, y vivió en primera persona situaciones en las que se ponía en duda si había realizado ciertos trabajos por sí misma, sin ayuda de un compañero. «Esto no es teoría, son experiencias reales», Por eso, la tecnología no deja de ser un reflejo de la sociedad y si los equipos que diseñan algoritmos o sistemas de IA no son diversos, los resultados difícilmente lo serán, apunta.

Vía de ascenso social

La evolución, aunque lenta, empieza a percibirse sólo en algunos entornos. En países como Argelia, Túnez o Marruecos, la presencia femenina en ingeniería es considerablemente mayor que en muchos países de la OCDE. «Allí estas carreras se perciben como una vía de ascenso social y estabilidad económica», explica Díaz de Tuesta. «Cuando esa percepción se instala, se produce un efecto de arrastre y la presencia de mujeres deja de ser una excepción y pasa a formar parte de la normalidad». También recuerda que en su primer trabajo en la Dirección de Sistemas de Información de Pôle Emploi era la única mujer entre unos 60 ingenieros. Hoy en Datadog forma parte de equipos con una representación mucho más equilibrada, incluso cercana al 50-50, aunque aún no es la norma: «También me he encontrado en situaciones que antes eran impensables, como realizar entrevistas técnicas exclusivamente en grupos de mujeres».

En cambio, desde su experiencia, López afirma que también existen otros contextos en los que la desigualdad es aún mayor. «En Suecia conviví con realidades muy distintas: desde una compañera india a la que su familia le envió la fotografía del hombre con el que se iba a casar, hasta el trabajo que se realiza en España desde la asociación Netwomening, con mujeres afganas formadas que se vieron obligadas a abandonar su país por temor a perder la vida». Esto pone perspectiva y nos recuerda que, a nivel global, «queda muchísimo por hacer».

¿El gran reto? La retención. «Más allá de atraer talento femenino, es clave crear entornos donde las mujeres no solo entren, sino donde quieran quedarse y desarrollarse a largo plazo», señala. La confianza también juega un papel determinante. «El síndrome del impostor sigue estando muy presente, incluso yo lo siento todavía hoy, prácticamente todos los días».

Apuesta empresarial

Algo que también se consigue si las empresas apuestan por la diversidad de manera activa, continúa Aranda, «por ejemplo, incentivando la contratación diversa o promoviendo la igualdad salarial». Y añade una barrera que suele quedar en segundo plano. «Muchas mujeres mayores de 45 años tienen una enorme capacidad de aportar valor, pero encuentran barreras de acceso al mercado laboral». En este sentido, señala que «parece que los hombres tienen derecho a ser mediocres, pero las mujeres no» y la consecuencia directa es que muchas profesionales «llegan a un punto de saturación, cansadas de demostrar constantemente su valía, y sencillamente abandonan».

Cuando preguntamos sobre cómo atraer y retener este talento, las respuestas apuntan también en direcciones complementarias. Para Ane, se trata sin duda de uno de los grandes desafíos del sector, al que ella misma intenta contribuir activamente participando en congresos técnicos, formando parte de comunidades de mujeres en el ámbito informático e implicándose en iniciativas como charlas o programas de mentoring, convencida de que los referentes pueden marcar la diferencia para las nuevas generaciones. Para Dori López, en cambio, más que atraerlas a un modelo que ya existe, la apuesta sería entender cómo las profesiones se están reinventando con la IA. «Cada vez va a ser menos relevante tener únicamente habilidades técnicas muy específicas y automáticas, y es más importante desarrollar una visión amplia, creativa y holística. Todos los trabajos van a evolucionar hacia perfiles más humanos, personas que marquen la visión y que sepan trabajar apoyándose en un copiloto tecnológico, que es la máquina». Y ese perfil encaja perfectamente con muchas mujeres. Algo que ya se está empezando a ver en muchas empresas, aunque quizá algunas universidades todavía no reflejen del todo esta realidad.

En la primera fotografía, Ane Díaz de Tuesta. En la segunda, Cristina Aranda. En la última, Dori López.

Por eso el cambio debe enfocarse en modificar la forma en la que se concibe el propio trabajo técnico. «El trabajo de ingeniera informática es mucho más creativo de lo que parece. No se trata solo de conocimientos técnicos, sino también de habilidades como adaptarse, comunicar, escuchar, gestionar conflictos o tomar decisiones», señala Ane Díaz.

Pero si hay algo en lo que coinciden las expertas es que, cuando las mujeres participan en la toma de decisiones, se amplía la mirada desde la que se definen estrategias, productos y prioridades. Más que una cuestión exclusivamente vinculada al género, como matiza Díaz de Tuesta, tiene que ver con formas de trabajar, comunicar y relacionarse. En posiciones de liderazgo se refuerzan la empatía, la preocupación por el impacto en las personas o la vulnerabilidad entendida no como debilidad, sino como capacidad de escuchar, aprender y adaptarse, algo que, según apunta Aranda, se traduce en una ventaja competitiva: «Los equipos más diversos tienden a ser más productivos y a tomar decisiones más eficaces. Además, las compañías con mayor presencia femenina en puestos de responsabilidad presentan mayores niveles de sostenibilidad y mejores resultados a largo plazo».

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