Verónica Forqué fue mucho más que una actriz inolvidable: fue una presencia única en el cine, el teatro y la televisión, capaz de convertir cada personaje en un territorio propio. Pero también fue una mujer en búsqueda constante, apasionada y vulnerable, luminosa y contradictoria. De ello habla ‘No soy Verónica Forqué’, una biografía escrita por su única hija , María Iborra, testigo privilegiada de su intimidad , con la ayuda de los diarios que la actriz redactó desde su adolescencia (y elaborada en colaboración con Antonio Álamo).Hija del cineasta José María Forqué y la escritora Carmen Vázquez-Vigo, Verónica se hizo actriz por su deseo de ayudar y ofrecer alegría y también por «la lacerante necesidad de ser aceptada, amada y admirada por todos». Al principio, José María no quería que su hija fuera actriz pero acabó convertido en el más fervoroso admirador de su hija y, de hecho, la reclutó para varias de sus cintas. En cambio, su madre siempre fue bastante crítica con su trabajo. En su biografía se cuenta que uno de sus comentarios más recurrentes era respecto a su pelo, «que era fino y escaso, lo que le hacía utilizar extensiones, pelucas […]. Pero donde cargaba más las tintas era cuando hacía referencia a su voz, «muy aguda, casi como la de un dibujo animado».Noticia relacionada general No No El viaje de ascenso, caída y redención de Farruquito Álex AnderDespués de una relación algo tormentosa con el actor Joaquín Kremel, Verónica se enamoró hasta las trancas de Manolo Iborra, un joven de origen humilde que entonces soñaba con hacer cine. Con él tuvo a su hija María (tras sufrir un par de abortos naturales) y compartió su vida durante más de treinta años. El principio del finLa mujer a la que el éxito nunca le había dado la espalda acabó poseída por la depresión . Fue en 2014, mientras seguía interviniendo en proyectos de cine y televisión. «No quería despertarse por las mañanas, se encontraba sin ganas, y solo quería morirse. Llegó a adelgazar diez kilos». A finales de aquel año se enfrentó además a la dura pérdida de su hermano Álvaro (quien según ella «se acostó en el sofá, se hizo un porro y se murió»). Fue ahí cuando comenzó a fumar marihuana (porque, tal y como aseguraba la actriz, el hacerlo la mantenía cerca del difunto). Verónica pasó el confinamiento del COVID-19 con su hija, que se preocupó al ver que los malos hábitos de la actriz se habían acentuado (dormía poquísimo, comía demasiadas guarrerías, fumaba porros desde la mañana a la noche y montaba alboroto en todos los sitios). Además, cuando se reanudó la gira teatral de la obra, sus compañeros comprobaron que algo no iba bien: se presentaba tres minutos antes de que se subiera el telón, soltaba líneas de texto que no figuraban en el libreto, empezó a fumar en escena (aunque su personaje no fumara), y hacía observaciones impertinentes sobre la interpretación de otros actores. «Veía cómo se alejaba cada vez más de la vida. Se estaba muriendo delante de mis ojos y yo no podía hacer nada» María Iborra, hija de Verónica Forqué’MasterChef’, un gran errorEn 2021 dejó colgada a la compañía para entrar en ‘MasterChef Celebrity’. Su hija pensó que era buena idea, pero la actriz era muy tozuda. «Desde la producción debían darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Así que tuvieron que decirse ‘Uy, esta está fatal, está como unas maracas, qué bien, cuánta audiencia vamos a tener …’», lamenta María.Verónica Forqué, durante su participación en ‘MasterChef Celebrity’. GtresLa experiencia en el programa resultó agotadora para Verónica, que abandonó asegurando que no podía más. Los haters se cebaron con sus puntuales salidas de tono y desencuentros con otros concursantes, algo que la protagonista no supo lidiar. «Tenía la sensación de que lo había echado a perder todo, de que su figura y relevancia estaban por los suelos. No podía haber caído más bajo. Así pensaba […]».Una muerte deseadaAl ver su paulatino deterioro, María decidió volver a vivir con la actriz, a quien también acompañaba Menuka, una joven nepalí que le ayudaba en las tareas domésticas. Fue entonces cuando aisló bastante. Trató de quitarse la vida tomando varias cajas de Lexatin. Tras este suceso, le propusieron internarla, pero su psicoanalista se negó en rotundo. «Verónica Forqué no quería ayuda; lo que ella quería era morirse. Veía cómo se alejaba cada vez más de la vida. Se estaba muriendo delante de mis ojos y yo no podía hacer nada». El 13 de diciembre, María tuvo que ausentarse unas horas y la actriz aprovechó para coger uno de sus pañuelos de seda y ahorcarse en el baño. El último deseo de la actriz: «Sus cenizas servirán de abono a alguna planta para renacer como un árbol» María Iborra, hija de Verónica ForquéTras toparse con semejante escena, Menuka llamó a María y le comunicó que su madre se había suicidado. «[Mi madre] Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer». Centenares de fans, amigos y compañeros de profesión acudieron a la capilla ardiente de la actriz, que al día siguiente fue incinerada. «Las cenizas iban en una urna biodegradable. La idea era (y es) que pudieran ser enterradas y servir de abono a alguna planta. Pienso que será bonito que renazca como un árbol , uno que dé flores o incluso frutos y pueda comérmelos. Aún no he realizado ese plan; lo haré cuando tenga un terreno que sea mío». Verónica Forqué fue mucho más que una actriz inolvidable: fue una presencia única en el cine, el teatro y la televisión, capaz de convertir cada personaje en un territorio propio. Pero también fue una mujer en búsqueda constante, apasionada y vulnerable, luminosa y contradictoria. De ello habla ‘No soy Verónica Forqué’, una biografía escrita por su única hija , María Iborra, testigo privilegiada de su intimidad , con la ayuda de los diarios que la actriz redactó desde su adolescencia (y elaborada en colaboración con Antonio Álamo).Hija del cineasta José María Forqué y la escritora Carmen Vázquez-Vigo, Verónica se hizo actriz por su deseo de ayudar y ofrecer alegría y también por «la lacerante necesidad de ser aceptada, amada y admirada por todos». Al principio, José María no quería que su hija fuera actriz pero acabó convertido en el más fervoroso admirador de su hija y, de hecho, la reclutó para varias de sus cintas. En cambio, su madre siempre fue bastante crítica con su trabajo. En su biografía se cuenta que uno de sus comentarios más recurrentes era respecto a su pelo, «que era fino y escaso, lo que le hacía utilizar extensiones, pelucas […]. Pero donde cargaba más las tintas era cuando hacía referencia a su voz, «muy aguda, casi como la de un dibujo animado».Noticia relacionada general No No El viaje de ascenso, caída y redención de Farruquito Álex AnderDespués de una relación algo tormentosa con el actor Joaquín Kremel, Verónica se enamoró hasta las trancas de Manolo Iborra, un joven de origen humilde que entonces soñaba con hacer cine. Con él tuvo a su hija María (tras sufrir un par de abortos naturales) y compartió su vida durante más de treinta años. El principio del finLa mujer a la que el éxito nunca le había dado la espalda acabó poseída por la depresión . Fue en 2014, mientras seguía interviniendo en proyectos de cine y televisión. «No quería despertarse por las mañanas, se encontraba sin ganas, y solo quería morirse. Llegó a adelgazar diez kilos». A finales de aquel año se enfrentó además a la dura pérdida de su hermano Álvaro (quien según ella «se acostó en el sofá, se hizo un porro y se murió»). Fue ahí cuando comenzó a fumar marihuana (porque, tal y como aseguraba la actriz, el hacerlo la mantenía cerca del difunto). Verónica pasó el confinamiento del COVID-19 con su hija, que se preocupó al ver que los malos hábitos de la actriz se habían acentuado (dormía poquísimo, comía demasiadas guarrerías, fumaba porros desde la mañana a la noche y montaba alboroto en todos los sitios). Además, cuando se reanudó la gira teatral de la obra, sus compañeros comprobaron que algo no iba bien: se presentaba tres minutos antes de que se subiera el telón, soltaba líneas de texto que no figuraban en el libreto, empezó a fumar en escena (aunque su personaje no fumara), y hacía observaciones impertinentes sobre la interpretación de otros actores. «Veía cómo se alejaba cada vez más de la vida. Se estaba muriendo delante de mis ojos y yo no podía hacer nada» María Iborra, hija de Verónica Forqué’MasterChef’, un gran errorEn 2021 dejó colgada a la compañía para entrar en ‘MasterChef Celebrity’. Su hija pensó que era buena idea, pero la actriz era muy tozuda. «Desde la producción debían darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Así que tuvieron que decirse ‘Uy, esta está fatal, está como unas maracas, qué bien, cuánta audiencia vamos a tener …’», lamenta María.Verónica Forqué, durante su participación en ‘MasterChef Celebrity’. GtresLa experiencia en el programa resultó agotadora para Verónica, que abandonó asegurando que no podía más. Los haters se cebaron con sus puntuales salidas de tono y desencuentros con otros concursantes, algo que la protagonista no supo lidiar. «Tenía la sensación de que lo había echado a perder todo, de que su figura y relevancia estaban por los suelos. No podía haber caído más bajo. Así pensaba […]».Una muerte deseadaAl ver su paulatino deterioro, María decidió volver a vivir con la actriz, a quien también acompañaba Menuka, una joven nepalí que le ayudaba en las tareas domésticas. Fue entonces cuando aisló bastante. Trató de quitarse la vida tomando varias cajas de Lexatin. Tras este suceso, le propusieron internarla, pero su psicoanalista se negó en rotundo. «Verónica Forqué no quería ayuda; lo que ella quería era morirse. Veía cómo se alejaba cada vez más de la vida. Se estaba muriendo delante de mis ojos y yo no podía hacer nada». El 13 de diciembre, María tuvo que ausentarse unas horas y la actriz aprovechó para coger uno de sus pañuelos de seda y ahorcarse en el baño. El último deseo de la actriz: «Sus cenizas servirán de abono a alguna planta para renacer como un árbol» María Iborra, hija de Verónica ForquéTras toparse con semejante escena, Menuka llamó a María y le comunicó que su madre se había suicidado. «[Mi madre] Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer». Centenares de fans, amigos y compañeros de profesión acudieron a la capilla ardiente de la actriz, que al día siguiente fue incinerada. «Las cenizas iban en una urna biodegradable. La idea era (y es) que pudieran ser enterradas y servir de abono a alguna planta. Pienso que será bonito que renazca como un árbol , uno que dé flores o incluso frutos y pueda comérmelos. Aún no he realizado ese plan; lo haré cuando tenga un terreno que sea mío».
Verónica Forqué fue mucho más que una actriz inolvidable: fue una presencia única en el cine, el teatro y la televisión, capaz de convertir cada personaje en un territorio propio. Pero también fue una mujer en búsqueda constante, apasionada y vulnerable, luminosa y contradictoria. De … ello habla ‘No soy Verónica Forqué’, una biografía escrita por su única hija, María Iborra, testigo privilegiada de su intimidad, con la ayuda de los diarios que la actriz redactó desde su adolescencia (y elaborada en colaboración con Antonio Álamo).
Hija del cineasta José María Forqué y la escritora Carmen Vázquez-Vigo, Verónica se hizo actriz por su deseo de ayudar y ofrecer alegría y también por «la lacerante necesidad de ser aceptada, amada y admirada por todos».
Al principio, José María no quería que su hija fuera actriz pero acabó convertido en el más fervoroso admirador de su hija y, de hecho, la reclutó para varias de sus cintas. En cambio, su madre siempre fue bastante crítica con su trabajo. En su biografía se cuenta que uno de sus comentarios más recurrentes era respecto a su pelo, «que era fino y escaso, lo que le hacía utilizar extensiones, pelucas […]. Pero donde cargaba más las tintas era cuando hacía referencia a su voz, «muy aguda, casi como la de un dibujo animado».
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Después de una relación algo tormentosa con el actor Joaquín Kremel, Verónica se enamoró hasta las trancas de Manolo Iborra, un joven de origen humilde que entonces soñaba con hacer cine. Con él tuvo a su hija María (tras sufrir un par de abortos naturales) y compartió su vida durante más de treinta años.
El principio del fin
La mujer a la que el éxito nunca le había dado la espalda acabó poseída por la depresión. Fue en 2014, mientras seguía interviniendo en proyectos de cine y televisión. «No quería despertarse por las mañanas, se encontraba sin ganas, y solo quería morirse. Llegó a adelgazar diez kilos». A finales de aquel año se enfrentó además a la dura pérdida de su hermano Álvaro (quien según ella «se acostó en el sofá, se hizo un porro y se murió»). Fue ahí cuando comenzó a fumar marihuana (porque, tal y como aseguraba la actriz, el hacerlo la mantenía cerca del difunto).
Verónica pasó el confinamiento del COVID-19 con su hija, que se preocupó al ver que los malos hábitos de la actriz se habían acentuado (dormía poquísimo, comía demasiadas guarrerías, fumaba porros desde la mañana a la noche y montaba alboroto en todos los sitios). Además, cuando se reanudó la gira teatral de la obra, sus compañeros comprobaron que algo no iba bien: se presentaba tres minutos antes de que se subiera el telón, soltaba líneas de texto que no figuraban en el libreto, empezó a fumar en escena (aunque su personaje no fumara), y hacía observaciones impertinentes sobre la interpretación de otros actores.
«Veía cómo se alejaba cada vez más de la vida. Se estaba muriendo delante de mis ojos y yo no podía hacer nada»
María Iborra, hija de Verónica Forqué
‘MasterChef’, un gran error
En 2021 dejó colgada a la compañía para entrar en ‘MasterChef Celebrity’. Su hija pensó que era buena idea, pero la actriz era muy tozuda. «Desde la producción debían darse cuenta de que mi madre no estaba bien. Así que tuvieron que decirse ‘Uy, esta está fatal, está como unas maracas, qué bien, cuánta audiencia vamos a tener…’», lamenta María.

(Gtres)
La experiencia en el programa resultó agotadora para Verónica, que abandonó asegurando que no podía más. Los haters se cebaron con sus puntuales salidas de tono y desencuentros con otros concursantes, algo que la protagonista no supo lidiar. «Tenía la sensación de que lo había echado a perder todo, de que su figura y relevancia estaban por los suelos. No podía haber caído más bajo. Así pensaba […]».
Una muerte deseada
Al ver su paulatino deterioro, María decidió volver a vivir con la actriz, a quien también acompañaba Menuka, una joven nepalí que le ayudaba en las tareas domésticas. Fue entonces cuando aisló bastante. Trató de quitarse la vida tomando varias cajas de Lexatin. Tras este suceso, le propusieron internarla, pero su psicoanalista se negó en rotundo. «Verónica Forqué no quería ayuda; lo que ella quería era morirse. Veía cómo se alejaba cada vez más de la vida. Se estaba muriendo delante de mis ojos y yo no podía hacer nada». El 13 de diciembre, María tuvo que ausentarse unas horas y la actriz aprovechó para coger uno de sus pañuelos de seda y ahorcarse en el baño.
El último deseo de la actriz: «Sus cenizas servirán de abono a alguna planta para renacer como un árbol»
María Iborra, hija de Verónica Forqué
Tras toparse con semejante escena, Menuka llamó a María y le comunicó que su madre se había suicidado. «[Mi madre] Se hizo un nudo en la garganta, ató el extremo del pañuelo en el radiador que había encima del váter y se dejó caer». Centenares de fans, amigos y compañeros de profesión acudieron a la capilla ardiente de la actriz, que al día siguiente fue incinerada. «Las cenizas iban en una urna biodegradable. La idea era (y es) que pudieran ser enterradas y servir de abono a alguna planta. Pienso que será bonito que renazca como un árbol, uno que dé flores o incluso frutos y pueda comérmelos. Aún no he realizado ese plan; lo haré cuando tenga un terreno que sea mío».
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