Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  El diablo sobre las vías
Cultura

El diablo sobre las vías

abril 5, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Los trenes fueron durante muchas décadas un símbolo del progreso. La construcción de Estados Unidos como nación está asociada a la expansión del ferrocarril hacia el Oeste. Y el nuevo medio de transporte permitió enlazar territorios lejanos como sucedió con el Transiberiano. Desde su nacimiento, el ferrocarril sirvió para crear riqueza y nuevos negocios gracias a una tecnología revolucionaria que acortó las distancias.Pero el advenimiento de las locomotoras de vapor y las vías férreas fue acogido con una mezcla de temor y rechazo por quienes creían que hollaba la sacrosanta naturaleza cuando no profanaba lugares donde habían sobrevivido muchas generaciones. Henry David Thoreau afirmó: «No viajamos en el ferrocarril, el ferrocarril viaja sobre nosotros». Quería decir que el tren no sólo cambia la concepción del tiempo de los seres humanos sino que además los subordina a un progreso que deviene en esclavitud. Thoreau culpaba a la técnica de la pérdida de la conexión de los hombres con el medio natural.Los carlistas coincidieron plenamente con esta visión apocalíptica de los trenes. Tal vez porque veían en ellos un instrumento al servicio de la maquinaria de guerra liberal. O porque no encajaban en su filosofía de ‘Dios, Patria y Rey’, expresión de una mística religiosa y conservadora. El odio del bando carlista a los trenes llegó a tal punto que decidieron destruirlos y considerar enemigos a quienes trabajaban en las líneas ferroviarias.Corría diciembre del año 1874 cuando el general Antonio Lizárraga, jefe militar de las tropas carlistas en la Zona Central y Levante, dictó en Lucena (Córdoba) un bando en el que ordenaba a sus soldados la paralización del servicio ferroviario desde Madrid a Valencia, Alicante, Zaragoza y Cartagena. «Todos los empleados y dependientes de las vías férreas que fueran encontrados a una legua de una vía serán fusilados irremisiblemente, sin darles más tiempo que una hora para que mueran cristianamente», decía la orden. A continuación, extendía la pena al material rodante: «Todos los trenes de mercancías que sean apresados por fuerzas reales serán acto continuo incendiados». Igual destino reservaba Lizárraga a los trenes de pasajeros, cuyos ocupantes debían ser evacuados, sin distinción de sexo, trasladados con su equipaje y liberados a dos jornadas de distancia. Una vez desalojados los vagones, los trenes tenían que ser incendiados. La prosa de este general equiparaba la vida de los ferroviarios con la de los trenes, cuyo rastro había que borrar. Es muy difícil encontrar una pasión tan violenta contra el ferrocarril como la de los carlistas, que superaban a los sioux en su afán de acabar con las vías férreas. No hay duda de que preferían la espada y los caballos para combatir a los liberales.«Todos los empleados y dependientes de las vías férreas que fueran encontrados a una legua de una vía serán fusilados irremisiblemente« Antonio Lizárraga Jefe militar de las tropas carlistas en la Zona Central y Levante (1874)El furor destructor de los carlistas era una reacción al decreto del general isabelino Francisco Serrano, presidente del Gobierno y líder del bando liberal. Dictó otro decreto en el que también se establecía la pena de muerte contra quienes provocaran daños a la infraestructura ferroviaria, atacaran trenes o amenazarán la seguridad de la circulación. Los carlistas perdieron la guerra y los políticos de la Restauración apostaron por el tren como un instrumento de vertebración del territorio. Muchas de las grandes estaciones se construyeron en ese periodo que va desde 1874 a la dictadura de Primo de Rivera.El historiador Gonzalo Percival narra en su historia del ferrocarril la saña de los carlistas, que se significaron también en la destrucción de las estaciones. La partida del Cura Santa Cruz quemó la estación de Irurzun, devastó la de Beasain y cortó la vía entre Vitoria y Bilbao. Unamuno en ‘Paz en la guerra’ describe la sensación de euforia de los carlistas al destrozar los ferrocarriles: «¡Grande encanto el de destruir aquellos artefactos y verlos hechos trizas!». Decían que eran una invención de Lucifer y un signo de la decadencia de la civilización. Los trenes fueron durante muchas décadas un símbolo del progreso. La construcción de Estados Unidos como nación está asociada a la expansión del ferrocarril hacia el Oeste. Y el nuevo medio de transporte permitió enlazar territorios lejanos como sucedió con el Transiberiano. Desde su nacimiento, el ferrocarril sirvió para crear riqueza y nuevos negocios gracias a una tecnología revolucionaria que acortó las distancias.Pero el advenimiento de las locomotoras de vapor y las vías férreas fue acogido con una mezcla de temor y rechazo por quienes creían que hollaba la sacrosanta naturaleza cuando no profanaba lugares donde habían sobrevivido muchas generaciones. Henry David Thoreau afirmó: «No viajamos en el ferrocarril, el ferrocarril viaja sobre nosotros». Quería decir que el tren no sólo cambia la concepción del tiempo de los seres humanos sino que además los subordina a un progreso que deviene en esclavitud. Thoreau culpaba a la técnica de la pérdida de la conexión de los hombres con el medio natural.Los carlistas coincidieron plenamente con esta visión apocalíptica de los trenes. Tal vez porque veían en ellos un instrumento al servicio de la maquinaria de guerra liberal. O porque no encajaban en su filosofía de ‘Dios, Patria y Rey’, expresión de una mística religiosa y conservadora. El odio del bando carlista a los trenes llegó a tal punto que decidieron destruirlos y considerar enemigos a quienes trabajaban en las líneas ferroviarias.Corría diciembre del año 1874 cuando el general Antonio Lizárraga, jefe militar de las tropas carlistas en la Zona Central y Levante, dictó en Lucena (Córdoba) un bando en el que ordenaba a sus soldados la paralización del servicio ferroviario desde Madrid a Valencia, Alicante, Zaragoza y Cartagena. «Todos los empleados y dependientes de las vías férreas que fueran encontrados a una legua de una vía serán fusilados irremisiblemente, sin darles más tiempo que una hora para que mueran cristianamente», decía la orden. A continuación, extendía la pena al material rodante: «Todos los trenes de mercancías que sean apresados por fuerzas reales serán acto continuo incendiados». Igual destino reservaba Lizárraga a los trenes de pasajeros, cuyos ocupantes debían ser evacuados, sin distinción de sexo, trasladados con su equipaje y liberados a dos jornadas de distancia. Una vez desalojados los vagones, los trenes tenían que ser incendiados. La prosa de este general equiparaba la vida de los ferroviarios con la de los trenes, cuyo rastro había que borrar. Es muy difícil encontrar una pasión tan violenta contra el ferrocarril como la de los carlistas, que superaban a los sioux en su afán de acabar con las vías férreas. No hay duda de que preferían la espada y los caballos para combatir a los liberales.«Todos los empleados y dependientes de las vías férreas que fueran encontrados a una legua de una vía serán fusilados irremisiblemente« Antonio Lizárraga Jefe militar de las tropas carlistas en la Zona Central y Levante (1874)El furor destructor de los carlistas era una reacción al decreto del general isabelino Francisco Serrano, presidente del Gobierno y líder del bando liberal. Dictó otro decreto en el que también se establecía la pena de muerte contra quienes provocaran daños a la infraestructura ferroviaria, atacaran trenes o amenazarán la seguridad de la circulación. Los carlistas perdieron la guerra y los políticos de la Restauración apostaron por el tren como un instrumento de vertebración del territorio. Muchas de las grandes estaciones se construyeron en ese periodo que va desde 1874 a la dictadura de Primo de Rivera.El historiador Gonzalo Percival narra en su historia del ferrocarril la saña de los carlistas, que se significaron también en la destrucción de las estaciones. La partida del Cura Santa Cruz quemó la estación de Irurzun, devastó la de Beasain y cortó la vía entre Vitoria y Bilbao. Unamuno en ‘Paz en la guerra’ describe la sensación de euforia de los carlistas al destrozar los ferrocarriles: «¡Grande encanto el de destruir aquellos artefactos y verlos hechos trizas!». Decían que eran una invención de Lucifer y un signo de la decadencia de la civilización.  

Los trenes fueron durante muchas décadas un símbolo del progreso. La construcción de Estados Unidos como nación está asociada a la expansión del ferrocarril hacia el Oeste. Y el nuevo medio de transporte permitió enlazar territorios lejanos como sucedió con el Transiberiano. Desde su nacimiento, … el ferrocarril sirvió para crear riqueza y nuevos negocios gracias a una tecnología revolucionaria que acortó las distancias.

Pero el advenimiento de las locomotoras de vapor y las vías férreas fue acogido con una mezcla de temor y rechazo por quienes creían que hollaba la sacrosanta naturaleza cuando no profanaba lugares donde habían sobrevivido muchas generaciones. Henry David Thoreau afirmó: «No viajamos en el ferrocarril, el ferrocarril viaja sobre nosotros». Quería decir que el tren no sólo cambia la concepción del tiempo de los seres humanos sino que además los subordina a un progreso que deviene en esclavitud. Thoreau culpaba a la técnica de la pérdida de la conexión de los hombres con el medio natural.

Los carlistas coincidieron plenamente con esta visión apocalíptica de los trenes. Tal vez porque veían en ellos un instrumento al servicio de la maquinaria de guerra liberal. O porque no encajaban en su filosofía de ‘Dios, Patria y Rey’, expresión de una mística religiosa y conservadora. El odio del bando carlista a los trenes llegó a tal punto que decidieron destruirlos y considerar enemigos a quienes trabajaban en las líneas ferroviarias.

Más noticias

La inflación de la faja

abril 1, 2026

Hacer hablar a los muertos

marzo 27, 2026

Ir a los toros, mucho más que una moda: Roca y el runrún de los ‘No hay billetes’ de San Isidro

marzo 24, 2026

Cultura encubrió un fraude con las subvenciones de la Fundación Gitana

marzo 25, 2026

Corría diciembre del año 1874 cuando el general Antonio Lizárraga, jefe militar de las tropas carlistas en la Zona Central y Levante, dictó en Lucena (Córdoba) un bando en el que ordenaba a sus soldados la paralización del servicio ferroviario desde Madrid a Valencia, Alicante, Zaragoza y Cartagena. «Todos los empleados y dependientes de las vías férreas que fueran encontrados a una legua de una vía serán fusilados irremisiblemente, sin darles más tiempo que una hora para que mueran cristianamente», decía la orden.

A continuación, extendía la pena al material rodante: «Todos los trenes de mercancías que sean apresados por fuerzas reales serán acto continuo incendiados». Igual destino reservaba Lizárraga a los trenes de pasajeros, cuyos ocupantes debían ser evacuados, sin distinción de sexo, trasladados con su equipaje y liberados a dos jornadas de distancia. Una vez desalojados los vagones, los trenes tenían que ser incendiados. La prosa de este general equiparaba la vida de los ferroviarios con la de los trenes, cuyo rastro había que borrar. Es muy difícil encontrar una pasión tan violenta contra el ferrocarril como la de los carlistas, que superaban a los sioux en su afán de acabar con las vías férreas. No hay duda de que preferían la espada y los caballos para combatir a los liberales.

«Todos los empleados y dependientes de las vías férreas que fueran encontrados a una legua de una vía serán fusilados irremisiblemente«

Antonio Lizárraga

Jefe militar de las tropas carlistas en la Zona Central y Levante (1874)

El furor destructor de los carlistas era una reacción al decreto del general isabelino Francisco Serrano, presidente del Gobierno y líder del bando liberal. Dictó otro decreto en el que también se establecía la pena de muerte contra quienes provocaran daños a la infraestructura ferroviaria, atacaran trenes o amenazarán la seguridad de la circulación. Los carlistas perdieron la guerra y los políticos de la Restauración apostaron por el tren como un instrumento de vertebración del territorio. Muchas de las grandes estaciones se construyeron en ese periodo que va desde 1874 a la dictadura de Primo de Rivera.

El historiador Gonzalo Percival narra en su historia del ferrocarril la saña de los carlistas, que se significaron también en la destrucción de las estaciones. La partida del Cura Santa Cruz quemó la estación de Irurzun, devastó la de Beasain y cortó la vía entre Vitoria y Bilbao. Unamuno en ‘Paz en la guerra’ describe la sensación de euforia de los carlistas al destrozar los ferrocarriles: «¡Grande encanto el de destruir aquellos artefactos y verlos hechos trizas!». Decían que eran una invención de Lucifer y un signo de la decadencia de la civilización.

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Morante de la Puebla levanta un monumento que resucita a los muertos
Sylvia Pantoja: «Pensé en adoptar pero echo la vista atrás y no me arrepiento»
Leer también
Economía

Si has financiado tus vacaciones de Semana Santa, atento: qué debes saber para que no se vuelva en contra

abril 6, 2026
Economía

Los caseros tienen que incluir todo el alquiler en su declaración aunque tenga inquilinos morosos

abril 6, 2026
Economía

Novedades en la declaración de la renta 2025-26: nuevas deducciones y quién está obligado a presentar el borrador

abril 6, 2026
Deportes

Guadalajara, la sede mundialista atrapada entre agua sucia, descontento social y un brote de sarampión

abril 6, 2026
Cultura

El último exiliado español

abril 6, 2026
Economía

El código digital todavía se sigue escribiendo sin mujeres

abril 6, 2026
Cargar más
Novedades

Si has financiado tus vacaciones de Semana Santa, atento: qué debes saber para que no se vuelva en contra

abril 6, 2026

Los caseros tienen que incluir todo el alquiler en su declaración aunque tenga inquilinos morosos

abril 6, 2026

Novedades en la declaración de la renta 2025-26: nuevas deducciones y quién está obligado a presentar el borrador

abril 6, 2026

Guadalajara, la sede mundialista atrapada entre agua sucia, descontento social y un brote de sarampión

abril 6, 2026

El último exiliado español

abril 6, 2026

El código digital todavía se sigue escribiendo sin mujeres

abril 6, 2026

La menopausia pasa del tabú a la fiebre ‘startupera’

abril 6, 2026

La ONU se juega su futuro en medio de la crisis del multilateralismo

abril 6, 2026

Trump vuelve a dar prioridad a la reapertura del estrecho de Ormuz al acercarse el fin del ultimátum a Irán

abril 6, 2026

Bruselas ultima medidas contra la crisis energética por la guerra de Irán

abril 6, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto