Zakaria fue uno más del casi medio millar de personas que el 2 de marzo de 2022 saltó la valla fronteriza de Melilla. Aún menor de edad, tenía 17 años, había hecho un largo viaje para escapar del clima de terror existente en su pueblo natal, en Mali. Una vez en suelo español, cuando se dirigía hacia un centro de menores en búsqueda de apoyo y asesoramiento, un guardia civil le atizó un golpe de porra en la cara que le destrozó el ojo izquierdo y le provocó la pérdida total de visión. Pese a la agresión, que se repitió en la espalda, logró alcanzar su objetivo sangrando y muy debilitado. Hoy reside en Barcelona bajo el régimen de refugiado y la mañana de este miércoles ha declarado ante el juez por la querella que presentó contra aquel agente y los superiores jerárquicos que pudieran tener responsabilidad con aquellos hechos.
Zakaria, entonces menor, declara en un juzgado de Barcelona por una querella presentada hace tres años y medio y que obligó a reabrir la Audiencia de Málaga
Zakaria, entonces menor, declara en un juzgado de Barcelona por una querella presentada hace tres años y medio y que obligó a reabrir la Audiencia de Málaga


Zakaria fue uno más del casi medio millar de personas que el 2 de marzo de 2022 saltó la valla fronteriza de Melilla. Aún menor de edad, tenía 17 años, había hecho un largo viaje para escapar del clima de terror existente en su pueblo natal, en Mali. Una vez en suelo español, cuando se dirigía hacia un centro de menores en búsqueda de apoyo y asesoramiento, un guardia civil le atizó un golpe de porra en la cara que le destrozó el ojo izquierdo y le provocó la pérdida total de visión. Pese a la agresión, que se repitió en la espalda, logró alcanzar su objetivo sangrando y muy debilitado. Hoy reside en Barcelona bajo el régimen de refugiado y la mañana de este miércoles ha declarado ante el juez por la querella que presentó contra aquel agente y los superiores jerárquicos que pudieran tener responsabilidad con aquellos hechos.
Tras unas gafas de sol negras que ha preferido no quitarse, Zakaria decía estar contento tras poder reiniciar un proceso judicial que acumula un retraso de tres años y medio. “No quiero que vuelva a pasarle lo mismo a otras personas que buscan refugio para sobrevivir”, ha dicho a las puertas de la Ciudad de la Justicia de Barcelona. Se ha tenido que armar de paciencia. Su caso quedó perdido dos años en el juzgado por errores administrativos y ahora vuelve a activarse después de que fuera archivado y solo fuera reabierto tras una orden de la Audiencia Provincial de Málaga.
El joven comparte un piso mientras cursa una formación para poder trabajar. Ya lo hizo como cocinero, pero tuvo que dejar el puesto porque aquel ambiente de vapores junto a los fogones le provocaba intensos dolores. Tiene reconocida una discapacidad del 40% después de que hace un año le tuvieran que practicar una operación para retirarle el glóbulo ocular. Hoy, representado por la asociación de derechos humanos Irídia tan solo quiere un poco de justicia por ser, como ha defendido la coordinadora de litigios de la asociación, Sònia Olivella, “víctima de la brutalidad en frontera”. Olivella es optimista ante la “impresión” que le ha dado el juez, que coge el testigo del caso, de que va a llevar el caso hasta las últimas consecuencias. La Fiscalía se ha ausentado de la sesión.
Pese a la larga espera, es como si todo tenga que volver a comenzar en el proceso. No se han desplegado las diligencias necesarias para encontrar al agente que le causó las heridas y, tal y como ha defendido Olivella, “identificar al autor es lo más importante”. Sí que declaró en calidad como testigo uno de sus jefes. “El tiempo y los obstáculos para investigar unos hechos tan graves generan daño, son una forma de revictimización”, ha denunciado junto a Zakaria Paula Rosi, psicóloga de Irídia.
La querella denuncia delitos de tortura y contra la integridad moral, de lesiones con pérdida o inutilidad de un órgano principal y con los agravantes de motivos racistas y prevalencia de carácter público. Relata la denuncia que más allá del violento golpe de porra que le quitó la visión del ojo izquierdo, la agresión provocó en Zakaria “fuertes sentimientos de humillación, angustia, temor e indefensión”. Este miércoles admitía estar satisfecho con su declaración ante el juez, simplemente porque “no pensaba que llegáramos hasta aquí”.
La declaración, ha explicado Olivella, ha recorrido desde la agresión hasta las motivaciones del joven para saltar la valla de Melilla en búsqueda de un porvenir en España. La denuncia explica que si no dejó de correr tras ser herido por el agente fue por el miedo a ser apresado y deportado sin opción de efectuar la solicitud de asilo en España, tal y como estaba sucediendo con otras personas que los agentes retenían, a las que devolvían de inmediato a Marruecos. De hecho, un compañero de viaje estaba retenido por el agente de la Guardia Civil que lo agredió y fue devuelto en caliente sin auxilio sanitario y sin ser identificado.
A causa de las lesiones, Zakaria tuvo que pasar 15 días en el Hospital de Ceuta, en la que fue intervenido por una perforación ocular, y mantiene secuelas de todo lo ocurrido. Y tiene diagnosticado un trastorno por estrés posttraumático y de trastorno depresivo mayor por lo vivido la mañana de aquel 2 de marzo.
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