Soy catalán, musulmán e hijo de inmigrantes, y la visita del Papa León XIV me ha interpelado de un modo que no esperaba. No lo digo desde la fe, sino desde ese impacto que produce la belleza cuando personas y lugares se alinean por un propósito común. Especialmente ahora que vivimos en un mundo en fractura. Y es precisamente en esa grieta moral donde tiene algo de subversivo que una visita papal sea capaz de convocar, sin distinción, al devoto y al agnóstico, al español de toda la vida y al que llegó hace un par de generaciones.
León XIV ha entendido que el racismo no se combate con estadísticas: hay que poner en el centro a las personas
Soy catalán, musulmán e hijo de inmigrantes, y la visita del Papa León XIV me ha interpelado de un modo que no esperaba. No lo digo desde la fe, sino desde ese impacto que produce la belleza cuando personas y lugares se alinean por un propósito común. Especialmente ahora que vivimos en un mundo en fractura. Y es precisamente en esa grieta moral donde tiene algo de subversivo que una visita papal sea capaz de convocar, sin distinción, al devoto y al agnóstico, al español de toda la vida y al que llegó hace un par de generaciones.
