Gueshe Tenzing Tamding recibe con los brazos abiertos. Y con un desayuno de café con pastelitos de crema (de un seguidor de familia panadera de Cangas, Pontevedra), mientras él se sirve una jarra de té flojo (y otro pastel de chocolate) para avivar una llama interior que parece inagotable. El lama tibetano, de 60 años, monje desde los 12, ríe todo el rato tapándose las grandes carcajadas con la mano. Y sonríe mucho más de lo que bosteza, aunque hoy no puede disimular su acusada falta de sueño.
El centro de referencia del noroeste de España da paso a una fase de crecimiento, que empezará con cabañas de meditación en el bosque
Gueshe Tenzing Tamding recibe con los brazos abiertos. Y con un desayuno de café con pastelitos de crema (de un seguidor de familia panadera de Cangas, Pontevedra), mientras él se sirve una jarra de té flojo (y otro pastel de chocolate) para avivar una llama interior que parece inagotable. El lama tibetano, de 60 años, monje desde los 12, ríe todo el rato tapándose las grandes carcajadas con la mano. Y sonríe mucho más de lo que bosteza, aunque hoy no puede disimular su acusada falta de sueño.
