En el Cruïlla te recibía un tresillo gigante para la autofoto de rigor. Justo antes, te regalaban un sombrero y, en el interior, donde el catalán no es un exotismo vernáculo, te podías encontrar con gigantes y cabezudos y una Venus con secador atildándose el cabello, quizás preparándose para la jornada. Gestos corrientes para indicar que se trata de un festival cotidiano, donde la asistencia no viste para sofisticar el entorno y que es el evento de quienes probablemente no asisten a muchos más. Ese ambiente de familiaridad es uno de sus grandes ases. El cartel su última jornada, ayer sábado, no ofrecía ganchos de primer orden: los locales Els Pets y Ludwig Band ya se han podido ver antes y los internacionales, Jovanotti y Jon Batiste, no tienen tirón remarcable. Fueron las ganas de jarana del respetable las que convirtieron la jornada en una fiesta. El deseo puede con muchas cosas.
Jovanotti, Els Pets y la Ludwig Band auparon el ambiente con conciertos para amparar sonrisas
En el Cruïlla te recibía un tresillo gigante para la autofoto de rigor. Justo antes, te regalaban un sombrero y, en el interior, donde el catalán no es un exotismo vernáculo, te podías encontrar con gigantes y cabezudos y una Venus con secador atildándose el cabello, quizás preparándose para la jornada. Gestos corrientes para indicar que se trata de un festival cotidiano, donde la asistencia no viste para sofisticar el entorno y que es el evento de quienes probablemente no asisten a muchos más. Ese ambiente de familiaridad es uno de sus grandes ases. El cartel su última jornada, ayer sábado, no ofrecía ganchos de primer orden: los locales Els Pets y Ludwig Band ya se han podido ver antes y los internacionales, Jovanotti y Jon Batiste, no tienen tirón remarcable. Fueron las ganas de jarana del respetable las que convirtieron la jornada en una fiesta. El deseo puede con muchas cosas.
