Skip to content
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  • Portada
  • Internacional
  • Nacional
  • Sociedad
  • Economía
  • Deportes
  • Ciencia y Tecnología
  • Cultura
  • Entradas
  • Forums
  • Contacto
VozUniversal | Periódico que le da voz a todo el universo
  Cultura  El último brindis
Cultura

El último brindis

febrero 8, 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

La ciudad se levanta de fiesta, es el día patriótico de la región: procesión cívica, la real senyera pasea por las calles, Te Deum en la catedral, entrega de medallas insignes, conmemoración del Antiguo Reino, recuerdo de la Europa de la Reconquista y la Cruz, los espíritus se inflan, en el taller y en el campo resuenan himnos de paz y cantos de amor, en todos los pueblos se entona el glorioso himno regional. Es la fecha más simbólica y emocionante para el President de la Generalitat, para toda la ciudadanía local. El gran día, empañado ahora por la mancha de la corrupción. El ambiente es electrizante. La oposición ha despertado, muerde los tobillos del Gobierno regional después de lustros sesteando a la sombra de la Asamblea. La prensa sigue con los trajes de Milano, un caso menor y efectista que consume cientos de horas de televisión. Es la punta del iceberg. Ese día de fiesta todavía no resalta la foto global del enorme fregado que el President retiene bajo sus pies. La tierra se va a remover bajo su pisada para tragarse al grueso de sus colaboradores. Un terremoto les espera. De momento, le están atacando por algo inmerecido: la falta de honradez personal. «¿Usted se paga sus trajes?», le preguntaron unos meses antes en un desayuno informativo. Él dijo que sí. Un jurado, dos años después, lo acreditará, dejándole absuelto, inocente: se pagó sus trajes. Pero la penitencia apenas se ha iniciado todavía. Solo los asesores más próximos, quienes más le tratan, conocen sus auténticos puntos débiles: la fantasía y la vanidad jactanciosa. ¿Codicia? Ninguna. Apenas guarda novecientos euros en su cuenta bancaria, sin patrimonio, aparte de un piso pagado a medias con su mujer (más por ella que por él), ni siquiera un coche de segunda mano, nada; aparece entre los diputados más tiesos de la Asamblea, le cuesta llegar a fin de mes mientras le inventan una biografía de ladronzuelo.El President no gestiona como los demás barones autonómicos. Gobierna desde un castillo, desde arriba, desde el mito; reina más que gobierna, da directrices pero no ejecuta ni audita, proyecta ambiciones colectivas, se ilumina en la Historia, imagina epopeyas y dignidades. Se mueve en la simbología. Y los de abajo se aprovechan de la liviandad presidencial. Le corren el gusto. Le tienen tomada la medida. Nadie controla el corral en su nombre mientras él fantasea desde la torre del Palau. Deja hacer, no pregunta, tampoco le agrada que le vengan con problemas sin resolver, la relajación administrativa se extiende. Y los pillos, pocos y contados pero al acecho, se aprovechan de su carácter, de la escasa diligencia. Algunos se están forrando en la cara del President, ante su completa ignorancia: que pueda haber robos escapa a su entendimiento, en todo caso piensa que eso serán corruptelas de tiempos previos a él. Para eso sí es firme y vigilante, para los exámenes de lealtad; ha exigido vasallaje a todos los antiguos colaboradores del Fundador, adhesión sin fisuras, alineamiento, fidelidad y obediencia ciega, como su único señor. Y los otros le jalean a la manera de los monarcas medievales, le dan en el gusto al señor.Julián Quirós De San BernardoLos trajes ondean las vergüenzas del President durante la fiesta, pero al menos las alcantarillas siguen selladas. El Director asiste asombrado a su primera celebración regional. Toda la clase política y civil aguarda sentada en el salón de reyes de la planta alta del Palau, esperando los discursos. De pronto, todo el mundo se pone en pie y empieza a aplaudir con fervor. «¿Qué pasa?». El President acaba de hacer acto de presencia. El monarca local recibe un sonrojante homenaje en forma de aplauso unánime y cerrado, medievalista, antes incluso de pronunciar los buenos días. Algunos de los que más palmean son los pillos que van a provocar su caída en desgracia. Los aprovechados se están choteando del soberano. Uno de ellos es el Conejo. Ha hecho desaparecer cinco millones de euros de su consejería, nunca más se sabrá dónde acabó aquel dinero que iba a servir para construir un hospital para los pobres de Haití. El President tampoco podrá imaginar que ese consejero, su mejor fontanero para los asuntos feos y delicados, quien aparentemente mejor sabrá sujetarle en los turbios meses que le esperan, ya es conocido con ese sobrenombre del Conejo en los bajos fondos del hampa política. Aplaude también Alfonso, el jefe provincial del partido y señor de una de las diputaciones, cuenta con su propia estructura de poder e intereses, algo rústica y opaca, tiene picapleitos a su servicio y un montón de partidarios trabajando como zombis en la Administración: cobran sin acudir al puesto de trabajo. Recuerda a un jesusgil en versión enlatada, le imita, también quiere ser presidente del club de fútbol si encuentra a otro que ponga el dinero, no va a ponerlo él, y presume de ser rico en abundancia, de que se hizo millonario antes de los cuarenta años, de que se le cae el dinero del bolsillo. Luego se verá que no es para tanto, montó un par de tiendas en su pueblo y ahí se acabó su emporio industrial; fuma Cohibas para almorzar, es socarrón, farda de un Ferrari que tiene treinta años —pero eso nadie lo sabe—, es un listo de pueblo que piensa que el President es un tonto de ciudad. Espabilado, sí, pero menos inteligente de lo que imagina. El Conejo lo maneja como quiere, alimenta el ego de sus ambiciones y a cambio recibe protección de ese jefe de la diputación al que utiliza para desequilibrar el poder del President, un juego discreto y maquiavélico. Aplaude mucho la presidenta de la Asamblea, a la infeliz le esperan nueve años dentro de una cárcel; fue una negligente consejera de Turismo y lo va a pagar con creces, apenas una bien mandada sin voluntad que no se enteraba de la jugada, una pobre mujer que todavía ignora su terrible horizonte. Le regalaron un reloj de dos mil cuatrocientos euros, y con ese reloj pudo contar durante años las horas que le quedaban para entrar en prisión. Al jefe de otra de las diputaciones provinciales le acaba de volver a tocar la lotería nacional, será la décima vez; es muy famoso en toda España por su gracia contando chistes y tiene un pacto de sangre con el Gordo de Navidad, que no se cansa de sonreírle. Otra docena de los presentes ha mejorado de casa en los últimos años, lucen buenos trajes hechos a medida, llevan a sus hijos a carísimos colegios privados, son grandes hormiguitas a la hora de sacarles partido a unos sueldos que no pasan de los tres mil euros mensuales. El monarca del Palau desconoce en ese momento que hasta el gerente de una depuradora pública, otro hombre del partido, se está haciendo de oro con las aguas fecales; faltan veinte millones de euros de la planta de tratamiento de Pinedo y nadie se ha enterado todavía, el dinero ha desaparecido entre las bacanales de gambas rojas y las bacanales con prostitutas a las que pagaban con dinero público bajo el epígrafe contable de «traductoras rumanas».Todo está por descubrirse. Las alcantarillas siguen cerradas, no por mucho tiempo. Al fiscal Cascano le faltan horas para escarbar en la montaña de informes que le van llegando desde sitios insospechados. Tiene el fiscal sin duda un ángel de la guarda que le consigue verdaderos tesoros, pero prefiere no darle muchas vueltas al origen de su suerte. Cascano todavía no ha abierto el grifo de la mugre, ocurrirá pronto. Ni el President ni su equipo lo sospechan. De momento, España solo está pendiente de la talla de pantalón del President, hacia qué lado vuelca el paquete, si usa cejilla y qué tipo de tiro estila. Una humillación insoportable. Todas las televisiones de España le están apuntando esa mañana. Génova espera. Porque no son cuatro trajes. La financiación del partido anda bajo sospecha. Las fieras huelen la sangre. El President echa balones fuera, no lidera, se le escapa el control de la crisis, no ha parado la ofensiva, va a peor, ha desoído todas las sugerencias. Conviene cortar alguna cabeza. Tiene que ser ya. Y, aprovechando la fiesta autonómica, mandan al Emisario desde Génova. Alguien tiene que lanzar un mensaje inequívoco a la opinión pública, a las tertulias, a las televisiones. El Emisario hace un aparte con la Alcaldesa mientras bajan por la escalinata del Palau hasta el patio gótico, ella le susurra algo muy breve y concreto al oído y zanja: «Dilo». El Emisario asiente y a continuación se acerca a los periodistas para dar un canutazo ante los micrófonos: «Tenemos toda la confianza en el President, toda. Hoy es fiesta, pero la fiesta se acaba a las cuatro. Después toca tomar decisiones».’El último brindis’ Autor Julián Quirós Editorial HarperCollins Páginas 352 Precio 20,90«Hijo de la gran puta». Será la primera vez que el atildado entorno del President oiga de golpe un lenguaje tan soez y arrastrado. Aquel día de fiesta se acabaron los «concho» para siempre. Los concho son el pasado, los trajes son el presente, llegaron a su vida igual que han llegado los hijos de la gran puta. El President empieza a odiar al Emisario, fue su consejero, fue su amigo, fue el compañero de la universidad y de la tertulia deportiva del bar del Agujero. Le ha dicho que se le ha acabado la fiesta, que destituya al Coordinador del Partido de una vez, pero él no quiere hacerlo; se empieza cortando una cabeza ajena y se acaba perdiendo la propia, lo sabe. Si mata a su número dos, antes o después también caerá él. No quiere hacerlo, pero obedece, qué remedio.«Que Paco haga algo, por el amor de Dios». Ese es el grito privado de la Alcaldesa que circula aquella tarde. Sea. La ciudad se levanta de fiesta, es el día patriótico de la región: procesión cívica, la real senyera pasea por las calles, Te Deum en la catedral, entrega de medallas insignes, conmemoración del Antiguo Reino, recuerdo de la Europa de la Reconquista y la Cruz, los espíritus se inflan, en el taller y en el campo resuenan himnos de paz y cantos de amor, en todos los pueblos se entona el glorioso himno regional. Es la fecha más simbólica y emocionante para el President de la Generalitat, para toda la ciudadanía local. El gran día, empañado ahora por la mancha de la corrupción. El ambiente es electrizante. La oposición ha despertado, muerde los tobillos del Gobierno regional después de lustros sesteando a la sombra de la Asamblea. La prensa sigue con los trajes de Milano, un caso menor y efectista que consume cientos de horas de televisión. Es la punta del iceberg. Ese día de fiesta todavía no resalta la foto global del enorme fregado que el President retiene bajo sus pies. La tierra se va a remover bajo su pisada para tragarse al grueso de sus colaboradores. Un terremoto les espera. De momento, le están atacando por algo inmerecido: la falta de honradez personal. «¿Usted se paga sus trajes?», le preguntaron unos meses antes en un desayuno informativo. Él dijo que sí. Un jurado, dos años después, lo acreditará, dejándole absuelto, inocente: se pagó sus trajes. Pero la penitencia apenas se ha iniciado todavía. Solo los asesores más próximos, quienes más le tratan, conocen sus auténticos puntos débiles: la fantasía y la vanidad jactanciosa. ¿Codicia? Ninguna. Apenas guarda novecientos euros en su cuenta bancaria, sin patrimonio, aparte de un piso pagado a medias con su mujer (más por ella que por él), ni siquiera un coche de segunda mano, nada; aparece entre los diputados más tiesos de la Asamblea, le cuesta llegar a fin de mes mientras le inventan una biografía de ladronzuelo.El President no gestiona como los demás barones autonómicos. Gobierna desde un castillo, desde arriba, desde el mito; reina más que gobierna, da directrices pero no ejecuta ni audita, proyecta ambiciones colectivas, se ilumina en la Historia, imagina epopeyas y dignidades. Se mueve en la simbología. Y los de abajo se aprovechan de la liviandad presidencial. Le corren el gusto. Le tienen tomada la medida. Nadie controla el corral en su nombre mientras él fantasea desde la torre del Palau. Deja hacer, no pregunta, tampoco le agrada que le vengan con problemas sin resolver, la relajación administrativa se extiende. Y los pillos, pocos y contados pero al acecho, se aprovechan de su carácter, de la escasa diligencia. Algunos se están forrando en la cara del President, ante su completa ignorancia: que pueda haber robos escapa a su entendimiento, en todo caso piensa que eso serán corruptelas de tiempos previos a él. Para eso sí es firme y vigilante, para los exámenes de lealtad; ha exigido vasallaje a todos los antiguos colaboradores del Fundador, adhesión sin fisuras, alineamiento, fidelidad y obediencia ciega, como su único señor. Y los otros le jalean a la manera de los monarcas medievales, le dan en el gusto al señor.Julián Quirós De San BernardoLos trajes ondean las vergüenzas del President durante la fiesta, pero al menos las alcantarillas siguen selladas. El Director asiste asombrado a su primera celebración regional. Toda la clase política y civil aguarda sentada en el salón de reyes de la planta alta del Palau, esperando los discursos. De pronto, todo el mundo se pone en pie y empieza a aplaudir con fervor. «¿Qué pasa?». El President acaba de hacer acto de presencia. El monarca local recibe un sonrojante homenaje en forma de aplauso unánime y cerrado, medievalista, antes incluso de pronunciar los buenos días. Algunos de los que más palmean son los pillos que van a provocar su caída en desgracia. Los aprovechados se están choteando del soberano. Uno de ellos es el Conejo. Ha hecho desaparecer cinco millones de euros de su consejería, nunca más se sabrá dónde acabó aquel dinero que iba a servir para construir un hospital para los pobres de Haití. El President tampoco podrá imaginar que ese consejero, su mejor fontanero para los asuntos feos y delicados, quien aparentemente mejor sabrá sujetarle en los turbios meses que le esperan, ya es conocido con ese sobrenombre del Conejo en los bajos fondos del hampa política. Aplaude también Alfonso, el jefe provincial del partido y señor de una de las diputaciones, cuenta con su propia estructura de poder e intereses, algo rústica y opaca, tiene picapleitos a su servicio y un montón de partidarios trabajando como zombis en la Administración: cobran sin acudir al puesto de trabajo. Recuerda a un jesusgil en versión enlatada, le imita, también quiere ser presidente del club de fútbol si encuentra a otro que ponga el dinero, no va a ponerlo él, y presume de ser rico en abundancia, de que se hizo millonario antes de los cuarenta años, de que se le cae el dinero del bolsillo. Luego se verá que no es para tanto, montó un par de tiendas en su pueblo y ahí se acabó su emporio industrial; fuma Cohibas para almorzar, es socarrón, farda de un Ferrari que tiene treinta años —pero eso nadie lo sabe—, es un listo de pueblo que piensa que el President es un tonto de ciudad. Espabilado, sí, pero menos inteligente de lo que imagina. El Conejo lo maneja como quiere, alimenta el ego de sus ambiciones y a cambio recibe protección de ese jefe de la diputación al que utiliza para desequilibrar el poder del President, un juego discreto y maquiavélico. Aplaude mucho la presidenta de la Asamblea, a la infeliz le esperan nueve años dentro de una cárcel; fue una negligente consejera de Turismo y lo va a pagar con creces, apenas una bien mandada sin voluntad que no se enteraba de la jugada, una pobre mujer que todavía ignora su terrible horizonte. Le regalaron un reloj de dos mil cuatrocientos euros, y con ese reloj pudo contar durante años las horas que le quedaban para entrar en prisión. Al jefe de otra de las diputaciones provinciales le acaba de volver a tocar la lotería nacional, será la décima vez; es muy famoso en toda España por su gracia contando chistes y tiene un pacto de sangre con el Gordo de Navidad, que no se cansa de sonreírle. Otra docena de los presentes ha mejorado de casa en los últimos años, lucen buenos trajes hechos a medida, llevan a sus hijos a carísimos colegios privados, son grandes hormiguitas a la hora de sacarles partido a unos sueldos que no pasan de los tres mil euros mensuales. El monarca del Palau desconoce en ese momento que hasta el gerente de una depuradora pública, otro hombre del partido, se está haciendo de oro con las aguas fecales; faltan veinte millones de euros de la planta de tratamiento de Pinedo y nadie se ha enterado todavía, el dinero ha desaparecido entre las bacanales de gambas rojas y las bacanales con prostitutas a las que pagaban con dinero público bajo el epígrafe contable de «traductoras rumanas».Todo está por descubrirse. Las alcantarillas siguen cerradas, no por mucho tiempo. Al fiscal Cascano le faltan horas para escarbar en la montaña de informes que le van llegando desde sitios insospechados. Tiene el fiscal sin duda un ángel de la guarda que le consigue verdaderos tesoros, pero prefiere no darle muchas vueltas al origen de su suerte. Cascano todavía no ha abierto el grifo de la mugre, ocurrirá pronto. Ni el President ni su equipo lo sospechan. De momento, España solo está pendiente de la talla de pantalón del President, hacia qué lado vuelca el paquete, si usa cejilla y qué tipo de tiro estila. Una humillación insoportable. Todas las televisiones de España le están apuntando esa mañana. Génova espera. Porque no son cuatro trajes. La financiación del partido anda bajo sospecha. Las fieras huelen la sangre. El President echa balones fuera, no lidera, se le escapa el control de la crisis, no ha parado la ofensiva, va a peor, ha desoído todas las sugerencias. Conviene cortar alguna cabeza. Tiene que ser ya. Y, aprovechando la fiesta autonómica, mandan al Emisario desde Génova. Alguien tiene que lanzar un mensaje inequívoco a la opinión pública, a las tertulias, a las televisiones. El Emisario hace un aparte con la Alcaldesa mientras bajan por la escalinata del Palau hasta el patio gótico, ella le susurra algo muy breve y concreto al oído y zanja: «Dilo». El Emisario asiente y a continuación se acerca a los periodistas para dar un canutazo ante los micrófonos: «Tenemos toda la confianza en el President, toda. Hoy es fiesta, pero la fiesta se acaba a las cuatro. Después toca tomar decisiones».’El último brindis’ Autor Julián Quirós Editorial HarperCollins Páginas 352 Precio 20,90«Hijo de la gran puta». Será la primera vez que el atildado entorno del President oiga de golpe un lenguaje tan soez y arrastrado. Aquel día de fiesta se acabaron los «concho» para siempre. Los concho son el pasado, los trajes son el presente, llegaron a su vida igual que han llegado los hijos de la gran puta. El President empieza a odiar al Emisario, fue su consejero, fue su amigo, fue el compañero de la universidad y de la tertulia deportiva del bar del Agujero. Le ha dicho que se le ha acabado la fiesta, que destituya al Coordinador del Partido de una vez, pero él no quiere hacerlo; se empieza cortando una cabeza ajena y se acaba perdiendo la propia, lo sabe. Si mata a su número dos, antes o después también caerá él. No quiere hacerlo, pero obedece, qué remedio.«Que Paco haga algo, por el amor de Dios». Ese es el grito privado de la Alcaldesa que circula aquella tarde. Sea.  

La ciudad se levanta de fiesta, es el día patriótico de la región: procesión cívica, la real senyera pasea por las calles, Te Deum en la catedral, entrega de medallas insignes, conmemoración del Antiguo Reino, recuerdo de la Europa de la Reconquista y la Cruz, … los espíritus se inflan, en el taller y en el campo resuenan himnos de paz y cantos de amor, en todos los pueblos se entona el glorioso himno regional. Es la fecha más simbólica y emocionante para el President de la Generalitat, para toda la ciudadanía local. El gran día, empañado ahora por la mancha de la corrupción. El ambiente es electrizante. La oposición ha despertado, muerde los tobillos del Gobierno regional después de lustros sesteando a la sombra de la Asamblea. La prensa sigue con los trajes de Milano, un caso menor y efectista que consume cientos de horas de televisión. Es la punta del iceberg. Ese día de fiesta todavía no resalta la foto global del enorme fregado que el President retiene bajo sus pies. La tierra se va a remover bajo su pisada para tragarse al grueso de sus colaboradores. Un terremoto les espera. De momento, le están atacando por algo inmerecido: la falta de honradez personal. «¿Usted se paga sus trajes?», le preguntaron unos meses antes en un desayuno informativo. Él dijo que sí. Un jurado, dos años después, lo acreditará, dejándole absuelto, inocente: se pagó sus trajes. Pero la penitencia apenas se ha iniciado todavía. Solo los asesores más próximos, quienes más le tratan, conocen sus auténticos puntos débiles: la fantasía y la vanidad jactanciosa. ¿Codicia? Ninguna. Apenas guarda novecientos euros en su cuenta bancaria, sin patrimonio, aparte de un piso pagado a medias con su mujer (más por ella que por él), ni siquiera un coche de segunda mano, nada; aparece entre los diputados más tiesos de la Asamblea, le cuesta llegar a fin de mes mientras le inventan una biografía de ladronzuelo.

Más noticias

El MACBA: Porque esto es África

febrero 8, 2026

‘Volverán como fuego’, de Ayesha L. Rubio: vivir en las grietas

febrero 4, 2026

Samuel Castrejón, primer impacto de la temporada: «El toreo bonito es un poco imperfecto»

febrero 11, 2026

‘Wunderkammer’: las ilustraciones vitales de Ana Juan

enero 30, 2026

El President no gestiona como los demás barones autonómicos. Gobierna desde un castillo, desde arriba, desde el mito; reina más que gobierna, da directrices pero no ejecuta ni audita, proyecta ambiciones colectivas, se ilumina en la Historia, imagina epopeyas y dignidades. Se mueve en la simbología. Y los de abajo se aprovechan de la liviandad presidencial. Le corren el gusto. Le tienen tomada la medida. Nadie controla el corral en su nombre mientras él fantasea desde la torre del Palau. Deja hacer, no pregunta, tampoco le agrada que le vengan con problemas sin resolver, la relajación administrativa se extiende. Y los pillos, pocos y contados pero al acecho, se aprovechan de su carácter, de la escasa diligencia. Algunos se están forrando en la cara del President, ante su completa ignorancia: que pueda haber robos escapa a su entendimiento, en todo caso piensa que eso serán corruptelas de tiempos previos a él. Para eso sí es firme y vigilante, para los exámenes de lealtad; ha exigido vasallaje a todos los antiguos colaboradores del Fundador, adhesión sin fisuras, alineamiento, fidelidad y obediencia ciega, como su único señor. Y los otros le jalean a la manera de los monarcas medievales, le dan en el gusto al señor.

Julián Quirós
De San Bernardo

Los trajes ondean las vergüenzas del President durante la fiesta, pero al menos las alcantarillas siguen selladas. El Director asiste asombrado a su primera celebración regional. Toda la clase política y civil aguarda sentada en el salón de reyes de la planta alta del Palau, esperando los discursos. De pronto, todo el mundo se pone en pie y empieza a aplaudir con fervor. «¿Qué pasa?». El President acaba de hacer acto de presencia. El monarca local recibe un sonrojante homenaje en forma de aplauso unánime y cerrado, medievalista, antes incluso de pronunciar los buenos días. Algunos de los que más palmean son los pillos que van a provocar su caída en desgracia. Los aprovechados se están choteando del soberano. Uno de ellos es el Conejo. Ha hecho desaparecer cinco millones de euros de su consejería, nunca más se sabrá dónde acabó aquel dinero que iba a servir para construir un hospital para los pobres de Haití. El President tampoco podrá imaginar que ese consejero, su mejor fontanero para los asuntos feos y delicados, quien aparentemente mejor sabrá sujetarle en los turbios meses que le esperan, ya es conocido con ese sobrenombre del Conejo en los bajos fondos del hampa política. Aplaude también Alfonso, el jefe provincial del partido y señor de una de las diputaciones, cuenta con su propia estructura de poder e intereses, algo rústica y opaca, tiene picapleitos a su servicio y un montón de partidarios trabajando como zombis en la Administración: cobran sin acudir al puesto de trabajo. Recuerda a un jesusgil en versión enlatada, le imita, también quiere ser presidente del club de fútbol si encuentra a otro que ponga el dinero, no va a ponerlo él, y presume de ser rico en abundancia, de que se hizo millonario antes de los cuarenta años, de que se le cae el dinero del bolsillo. Luego se verá que no es para tanto, montó un par de tiendas en su pueblo y ahí se acabó su emporio industrial; fuma Cohibas para almorzar, es socarrón, farda de un Ferrari que tiene treinta años —pero eso nadie lo sabe—, es un listo de pueblo que piensa que el President es un tonto de ciudad. Espabilado, sí, pero menos inteligente de lo que imagina. El Conejo lo maneja como quiere, alimenta el ego de sus ambiciones y a cambio recibe protección de ese jefe de la diputación al que utiliza para desequilibrar el poder del President, un juego discreto y maquiavélico. Aplaude mucho la presidenta de la Asamblea, a la infeliz le esperan nueve años dentro de una cárcel; fue una negligente consejera de Turismo y lo va a pagar con creces, apenas una bien mandada sin voluntad que no se enteraba de la jugada, una pobre mujer que todavía ignora su terrible horizonte. Le regalaron un reloj de dos mil cuatrocientos euros, y con ese reloj pudo contar durante años las horas que le quedaban para entrar en prisión. Al jefe de otra de las diputaciones provinciales le acaba de volver a tocar la lotería nacional, será la décima vez; es muy famoso en toda España por su gracia contando chistes y tiene un pacto de sangre con el Gordo de Navidad, que no se cansa de sonreírle. Otra docena de los presentes ha mejorado de casa en los últimos años, lucen buenos trajes hechos a medida, llevan a sus hijos a carísimos colegios privados, son grandes hormiguitas a la hora de sacarles partido a unos sueldos que no pasan de los tres mil euros mensuales. El monarca del Palau desconoce en ese momento que hasta el gerente de una depuradora pública, otro hombre del partido, se está haciendo de oro con las aguas fecales; faltan veinte millones de euros de la planta de tratamiento de Pinedo y nadie se ha enterado todavía, el dinero ha desaparecido entre las bacanales de gambas rojas y las bacanales con prostitutas a las que pagaban con dinero público bajo el epígrafe contable de «traductoras rumanas».

Todo está por descubrirse. Las alcantarillas siguen cerradas, no por mucho tiempo. Al fiscal Cascano le faltan horas para escarbar en la montaña de informes que le van llegando desde sitios insospechados. Tiene el fiscal sin duda un ángel de la guarda que le consigue verdaderos tesoros, pero prefiere no darle muchas vueltas al origen de su suerte. Cascano todavía no ha abierto el grifo de la mugre, ocurrirá pronto. Ni el President ni su equipo lo sospechan. De momento, España solo está pendiente de la talla de pantalón del President, hacia qué lado vuelca el paquete, si usa cejilla y qué tipo de tiro estila. Una humillación insoportable. Todas las televisiones de España le están apuntando esa mañana. Génova espera. Porque no son cuatro trajes. La financiación del partido anda bajo sospecha. Las fieras huelen la sangre. El President echa balones fuera, no lidera, se le escapa el control de la crisis, no ha parado la ofensiva, va a peor, ha desoído todas las sugerencias. Conviene cortar alguna cabeza. Tiene que ser ya. Y, aprovechando la fiesta autonómica, mandan al Emisario desde Génova. Alguien tiene que lanzar un mensaje inequívoco a la opinión pública, a las tertulias, a las televisiones. El Emisario hace un aparte con la Alcaldesa mientras bajan por la escalinata del Palau hasta el patio gótico, ella le susurra algo muy breve y concreto al oído y zanja: «Dilo». El Emisario asiente y a continuación se acerca a los periodistas para dar un canutazo ante los micrófonos: «Tenemos toda la confianza en el President, toda. Hoy es fiesta, pero la fiesta se acaba a las cuatro. Después toca tomar decisiones».

‘El último brindis’

Imagen - 'El último brindis'
  • Autor
    Julián Quirós
  • Editorial
    HarperCollins
  • Páginas
    352
  • Precio
    20,90

«Hijo de la gran puta». Será la primera vez que el atildado entorno del President oiga de golpe un lenguaje tan soez y arrastrado. Aquel día de fiesta se acabaron los «concho» para siempre. Los concho son el pasado, los trajes son el presente, llegaron a su vida igual que han llegado los hijos de la gran puta. El President empieza a odiar al Emisario, fue su consejero, fue su amigo, fue el compañero de la universidad y de la tertulia deportiva del bar del Agujero. Le ha dicho que se le ha acabado la fiesta, que destituya al Coordinador del Partido de una vez, pero él no quiere hacerlo; se empieza cortando una cabeza ajena y se acaba perdiendo la propia, lo sabe. Si mata a su número dos, antes o después también caerá él. No quiere hacerlo, pero obedece, qué remedio.

«Que Paco haga algo, por el amor de Dios». Ese es el grito privado de la Alcaldesa que circula aquella tarde. Sea.

Artículo solo para suscriptores

 RSS de noticias de cultura

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Jaime Bayly: «Chávez y Maduro fueron humoristas involuntarios»
Millones y millonarios: llega la Super Bowl, la final de los excesos
Leer también
Nacional

Moreno, a Vox: “Si asumen responsabilidades de gobierno, se darán de bruces con la realidad”

febrero 12, 2026
Nacional

Compromís, sobre el control de Catalá a los pisos turísticos: “Ni son mil ni están cerrados”

febrero 12, 2026
Economía

Las grandes energéticas insisten en que Red Eléctrica es la responsable del apagón

febrero 12, 2026
Cultura

El PP pide explicaciones a Urtasun por el dedazo en el Instituto del Patrimonio

febrero 12, 2026
Nacional

Hachís, marihuana, cocaína y armas de guerra: cae un grupo de narcos que intentó disparar a la policía en El Ejido

febrero 12, 2026
Internacional

El rey de Marruecos se reserva el derecho de investidura del presidente del Sáhara en el plan de autonomía

febrero 12, 2026
Cargar más
Novedades

Moreno, a Vox: “Si asumen responsabilidades de gobierno, se darán de bruces con la realidad”

febrero 12, 2026

Compromís, sobre el control de Catalá a los pisos turísticos: “Ni son mil ni están cerrados”

febrero 12, 2026

Las grandes energéticas insisten en que Red Eléctrica es la responsable del apagón

febrero 12, 2026

El PP pide explicaciones a Urtasun por el dedazo en el Instituto del Patrimonio

febrero 12, 2026

Hachís, marihuana, cocaína y armas de guerra: cae un grupo de narcos que intentó disparar a la policía en El Ejido

febrero 12, 2026

El rey de Marruecos se reserva el derecho de investidura del presidente del Sáhara en el plan de autonomía

febrero 12, 2026

La ‘Arquitectura menor’ de Partegàs: cuando menos es más

febrero 12, 2026

Sánchez reprocha a Meloni que organice una reunión de líderes a la que no fue invitado

febrero 12, 2026

Rachas de viento con aroma de pandemia

febrero 12, 2026

La Guardia Civil pide a la jueza que reclame a WhatsApp los mensajes que borró la mano derecha de Mazón

febrero 12, 2026

    VozUniversal

    © 2024 VozUniversal. Todos los derechos reservados.
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad
    • Contacto