Cuando me desperté esa mañana, noté un molesto zumbido en el oído derecho… Así, ‘in media res’, comienza ‘La prueba de audición’ (Anagrama), el sorprendente debut narrativo de Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995) , que la ha situado como nueva esperanza de la literatura americana contemporánea. La narradora y protagonista del relato pierde de forma repentina el sentido del oído a causa de una misteriosa inflamación del tímpano. Los diferentes médicos que visita no entienden muy bien de dónde viene aquella enfermedad. Sordera súbita, le dirán simplemente. Empezará aquí una travesía en el desierto intentando entender qué le está sucediendo y reconciliarse con su nueva realidad. Porque cuando el ruido exterior se apaga, el interior se enciende. La narradora se escuchará a sí misma por primera vez en su vida, y eso, a veces, sí que da miedo. «Necesité que el mundo exterior se callara para experimentar un aislamiento tan arrollador que no tuve más remedio que estudiarme a mí misma, ver lo que me ocurría tanto física como psicológicamente», comenta la escritora en declaraciones al diario ABC.Barry Callahan es una artista total, cineasta, artista visual, música, miembro del dúo de indie pop Purr , profesora en la universidad, etc. Su vida parecía tener un camino claro y definitivo. Sin embargo, en 2018 le ocurrió algo parecido a lo que describe su protagonista. Un día se levantó y un desagradable ruido permanecía constante en su oído derecho, impidiéndole oír con claridad nada más. El horror hizo mella en su espíritu, sobre todo cuando los médicos le dijeron que el problema podría agravarse, ser degenerativo y dejarla por completo sorda en un año. «La gente me dice que es sorprendente como la protagonista mantiene la calma y es tan analítica con lo que le sucede. Yo no era tan así, tenía mucho miedo, muchas dudas. La música forma una parte importantísima de mi vida y pensar en perderla me aterraba. Pero sí que hacía muchas cosas de las que la protagonista hace, como ver películas sin sonido para buscar otras formas de aproximarme al arte y la realidad», asegura.Después del shock inicial, su manera de intentar mantener la cordura fue refugiarse en lo único que no había cambiado en su vida, su amor por los libros, por el arte, por el cine. Empezó una serie de ensayos culturales para mantener su cerebro ocupado , siempre relacionándolos con lo que estaba experimentando en primera persona. Al final, tenía tantas entradas, y de tanta potencia, que decidió recopilarlas en un libro y unirlas en un hilo narrativo para crear una historia coherente. «Funcionan como una especie de collage en que reúno diferentes reflexiones y estados de ánimo. Además, está escrito en pandemia, así que aunque no hable de ello, sí que podría definirse como una novela de pandemia, por eso es tan identificable el aislamiento que siente la protagonista», asegura Barry Callahan.Desde comentarios sobre Robert Wasler o Clarice Linspector, a las sinfonías silenciosas de John Cage, películas como ‘La ventana indiscreta’, las obras visuales de Darvoben o Ayón, las pinturas de Goya, incluso las teorías cosmogónicas de Kepler, todo cabe en una mujer que de pronto se encuentra aislada del resto del mundo y sólo tiene el arte y la literatura como el rastro de migas de pan para encontrar el camino a casa. «La novela no deja de ser una historia de pérdidas. Ella pierde su relación con su cuerpo y ha de adaptarse a su nueva realidad. Lo único que mantiene de su vida anterior es el arte. Para no perder por completo su antiguo yo, encuentra en la literatura y el arte su único espacio de confort», comenta Barry Callahan.La indefensión que sintió en primera persona la escritora le ha servido para descubrir lo poco que todavía sabemos realmente de nuestro cuerpo. En la novela, uno de sus doctores le dice: «Hemos llegado a la luna, pero no al oído interno» . «Esto es algo que me dijo uno de mis médicos. Los logros que hemos conseguido a lo largo de los años son increíbles, pero nos han dejado soberbios y engreídos. Todavía desconocemos tantas cosas y la sensación de vulnerabilidad que sentí en cierta forma te devuelve a un estado primitivo de temor ante lo desconocido», dice la escritora.De W. C. Sebald a Rachel CuskLa novela ha sido comparada con destacados autores que practicaron la hibridación de erudición y narrativa, como W. G. Sebald o Claudio Magris. También con aquellos autores que, más allá de la autoficción, buscan sacar algún tipo de enseñanza de dramas propios, como Rachel Cusk . Pero Eliza Barry Callahan lo logra con cierta ligereza pop, sin abandonar nunca cierto aire naif de no entender en un principio nada de lo que está sucediendo. «Al montar la novela, cuando intentaba unir todas sus piezas, a veces leía pensamientos o comentarios que no me representaban, que encontraba ingenuos, pero no quise corregirlos porque representaban a la perfección lo que sentía en ese momento», dice.El relato se inscribe en una nueva tendencia sobre relatar la propia enfermedad. El también estadounidense Garth Greenwell lo acaba de hacer en ‘Lluvia pequeña’ (Random House) y Gueorgui Gospodinov narra la enfermedad, deterioro y muerte de su padre en ‘La muerte y el jardinero’. «La verdad es que no pensé en ningún otro escritor al empezar la novela, ni siquiera era capaz de concentrarme y leer mientras escribía. Lo único que hacía era ver películas sin sonido. El tópico de que cuando pierdes un sentido el resto se ensalza es cierto. Al menos a mí me ocurrió y me volví mucho más sensible al resto de sentidos», afirma Callahan Noticia Relacionada estandar Si Salman Rushdie: «Nunca me he arrepentido de dedicarme a escribir, es lo único que he querido hacer siempre» carlos sala El autor de ‘Versos satánicos’ deja atrás el atentado que sufrió en 2022 y acaba de publicar nuevo libro, una colección de cinco novelas cortas descritas como «humor negro contra la muerte»La escritora ha recuperado la audición, como su protagonista. «Nunca podría haber escrito esta novela si no partiese de una recuperación», reconoce. Participó en un ensayo clínico que consiguió remitir la inflamación del tímpano y recuperar cierta normalidad. Aún así, el miedo se ha instalado en el cuerpo y la posibilidad de que vuelve a ocurrirle algo parecido siempre está ahí. Ella intenta que esto no la afecte. De momento, está preparando el guion de la adaptación cinematográfica de la novela. Al mismo tiempo, ya ha empezado a trabajar en las notas de una segunda y prepara su vuelta al grupo Purr después de haber tenido que apartarse de la música. «La verdad es que tengo cierta nostalgia de ese momento en que escribía la novela. Me gustaba vivir en esas líneas, con esos personajes. Al menos la adaptación cinematográfica me ha permitido volver. Y si me vuelve a suceder lo del oído, al menos sé que estaré más preparada para lo que pueda ocurrir», concluye Eliza Barry Callahan optimista. Cuando me desperté esa mañana, noté un molesto zumbido en el oído derecho… Así, ‘in media res’, comienza ‘La prueba de audición’ (Anagrama), el sorprendente debut narrativo de Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995) , que la ha situado como nueva esperanza de la literatura americana contemporánea. La narradora y protagonista del relato pierde de forma repentina el sentido del oído a causa de una misteriosa inflamación del tímpano. Los diferentes médicos que visita no entienden muy bien de dónde viene aquella enfermedad. Sordera súbita, le dirán simplemente. Empezará aquí una travesía en el desierto intentando entender qué le está sucediendo y reconciliarse con su nueva realidad. Porque cuando el ruido exterior se apaga, el interior se enciende. La narradora se escuchará a sí misma por primera vez en su vida, y eso, a veces, sí que da miedo. «Necesité que el mundo exterior se callara para experimentar un aislamiento tan arrollador que no tuve más remedio que estudiarme a mí misma, ver lo que me ocurría tanto física como psicológicamente», comenta la escritora en declaraciones al diario ABC.Barry Callahan es una artista total, cineasta, artista visual, música, miembro del dúo de indie pop Purr , profesora en la universidad, etc. Su vida parecía tener un camino claro y definitivo. Sin embargo, en 2018 le ocurrió algo parecido a lo que describe su protagonista. Un día se levantó y un desagradable ruido permanecía constante en su oído derecho, impidiéndole oír con claridad nada más. El horror hizo mella en su espíritu, sobre todo cuando los médicos le dijeron que el problema podría agravarse, ser degenerativo y dejarla por completo sorda en un año. «La gente me dice que es sorprendente como la protagonista mantiene la calma y es tan analítica con lo que le sucede. Yo no era tan así, tenía mucho miedo, muchas dudas. La música forma una parte importantísima de mi vida y pensar en perderla me aterraba. Pero sí que hacía muchas cosas de las que la protagonista hace, como ver películas sin sonido para buscar otras formas de aproximarme al arte y la realidad», asegura.Después del shock inicial, su manera de intentar mantener la cordura fue refugiarse en lo único que no había cambiado en su vida, su amor por los libros, por el arte, por el cine. Empezó una serie de ensayos culturales para mantener su cerebro ocupado , siempre relacionándolos con lo que estaba experimentando en primera persona. Al final, tenía tantas entradas, y de tanta potencia, que decidió recopilarlas en un libro y unirlas en un hilo narrativo para crear una historia coherente. «Funcionan como una especie de collage en que reúno diferentes reflexiones y estados de ánimo. Además, está escrito en pandemia, así que aunque no hable de ello, sí que podría definirse como una novela de pandemia, por eso es tan identificable el aislamiento que siente la protagonista», asegura Barry Callahan.Desde comentarios sobre Robert Wasler o Clarice Linspector, a las sinfonías silenciosas de John Cage, películas como ‘La ventana indiscreta’, las obras visuales de Darvoben o Ayón, las pinturas de Goya, incluso las teorías cosmogónicas de Kepler, todo cabe en una mujer que de pronto se encuentra aislada del resto del mundo y sólo tiene el arte y la literatura como el rastro de migas de pan para encontrar el camino a casa. «La novela no deja de ser una historia de pérdidas. Ella pierde su relación con su cuerpo y ha de adaptarse a su nueva realidad. Lo único que mantiene de su vida anterior es el arte. Para no perder por completo su antiguo yo, encuentra en la literatura y el arte su único espacio de confort», comenta Barry Callahan.La indefensión que sintió en primera persona la escritora le ha servido para descubrir lo poco que todavía sabemos realmente de nuestro cuerpo. En la novela, uno de sus doctores le dice: «Hemos llegado a la luna, pero no al oído interno» . «Esto es algo que me dijo uno de mis médicos. Los logros que hemos conseguido a lo largo de los años son increíbles, pero nos han dejado soberbios y engreídos. Todavía desconocemos tantas cosas y la sensación de vulnerabilidad que sentí en cierta forma te devuelve a un estado primitivo de temor ante lo desconocido», dice la escritora.De W. C. Sebald a Rachel CuskLa novela ha sido comparada con destacados autores que practicaron la hibridación de erudición y narrativa, como W. G. Sebald o Claudio Magris. También con aquellos autores que, más allá de la autoficción, buscan sacar algún tipo de enseñanza de dramas propios, como Rachel Cusk . Pero Eliza Barry Callahan lo logra con cierta ligereza pop, sin abandonar nunca cierto aire naif de no entender en un principio nada de lo que está sucediendo. «Al montar la novela, cuando intentaba unir todas sus piezas, a veces leía pensamientos o comentarios que no me representaban, que encontraba ingenuos, pero no quise corregirlos porque representaban a la perfección lo que sentía en ese momento», dice.El relato se inscribe en una nueva tendencia sobre relatar la propia enfermedad. El también estadounidense Garth Greenwell lo acaba de hacer en ‘Lluvia pequeña’ (Random House) y Gueorgui Gospodinov narra la enfermedad, deterioro y muerte de su padre en ‘La muerte y el jardinero’. «La verdad es que no pensé en ningún otro escritor al empezar la novela, ni siquiera era capaz de concentrarme y leer mientras escribía. Lo único que hacía era ver películas sin sonido. El tópico de que cuando pierdes un sentido el resto se ensalza es cierto. Al menos a mí me ocurrió y me volví mucho más sensible al resto de sentidos», afirma Callahan Noticia Relacionada estandar Si Salman Rushdie: «Nunca me he arrepentido de dedicarme a escribir, es lo único que he querido hacer siempre» carlos sala El autor de ‘Versos satánicos’ deja atrás el atentado que sufrió en 2022 y acaba de publicar nuevo libro, una colección de cinco novelas cortas descritas como «humor negro contra la muerte»La escritora ha recuperado la audición, como su protagonista. «Nunca podría haber escrito esta novela si no partiese de una recuperación», reconoce. Participó en un ensayo clínico que consiguió remitir la inflamación del tímpano y recuperar cierta normalidad. Aún así, el miedo se ha instalado en el cuerpo y la posibilidad de que vuelve a ocurrirle algo parecido siempre está ahí. Ella intenta que esto no la afecte. De momento, está preparando el guion de la adaptación cinematográfica de la novela. Al mismo tiempo, ya ha empezado a trabajar en las notas de una segunda y prepara su vuelta al grupo Purr después de haber tenido que apartarse de la música. «La verdad es que tengo cierta nostalgia de ese momento en que escribía la novela. Me gustaba vivir en esas líneas, con esos personajes. Al menos la adaptación cinematográfica me ha permitido volver. Y si me vuelve a suceder lo del oído, al menos sé que estaré más preparada para lo que pueda ocurrir», concluye Eliza Barry Callahan optimista.
Cuando me desperté esa mañana, noté un molesto zumbido en el oído derecho… Así, ‘in media res’, comienza ‘La prueba de audición’ (Anagrama), el sorprendente debut narrativo de Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995), que la ha situado como nueva esperanza de … la literatura americana contemporánea. La narradora y protagonista del relato pierde de forma repentina el sentido del oído a causa de una misteriosa inflamación del tímpano. Los diferentes médicos que visita no entienden muy bien de dónde viene aquella enfermedad. Sordera súbita, le dirán simplemente. Empezará aquí una travesía en el desierto intentando entender qué le está sucediendo y reconciliarse con su nueva realidad. Porque cuando el ruido exterior se apaga, el interior se enciende. La narradora se escuchará a sí misma por primera vez en su vida, y eso, a veces, sí que da miedo. «Necesité que el mundo exterior se callara para experimentar un aislamiento tan arrollador que no tuve más remedio que estudiarme a mí misma, ver lo que me ocurría tanto física como psicológicamente», comenta la escritora en declaraciones al diario ABC.
Barry Callahan es una artista total, cineasta, artista visual, música, miembro del dúo de indie pop Purr, profesora en la universidad, etc. Su vida parecía tener un camino claro y definitivo. Sin embargo, en 2018 le ocurrió algo parecido a lo que describe su protagonista. Un día se levantó y un desagradable ruido permanecía constante en su oído derecho, impidiéndole oír con claridad nada más. El horror hizo mella en su espíritu, sobre todo cuando los médicos le dijeron que el problema podría agravarse, ser degenerativo y dejarla por completo sorda en un año. «La gente me dice que es sorprendente como la protagonista mantiene la calma y es tan analítica con lo que le sucede. Yo no era tan así, tenía mucho miedo, muchas dudas. La música forma una parte importantísima de mi vida y pensar en perderla me aterraba. Pero sí que hacía muchas cosas de las que la protagonista hace, como ver películas sin sonido para buscar otras formas de aproximarme al arte y la realidad», asegura.
Después del shock inicial, su manera de intentar mantener la cordura fue refugiarse en lo único que no había cambiado en su vida, su amor por los libros, por el arte, por el cine. Empezó una serie de ensayos culturales para mantener su cerebro ocupado, siempre relacionándolos con lo que estaba experimentando en primera persona. Al final, tenía tantas entradas, y de tanta potencia, que decidió recopilarlas en un libro y unirlas en un hilo narrativo para crear una historia coherente. «Funcionan como una especie de collage en que reúno diferentes reflexiones y estados de ánimo. Además, está escrito en pandemia, así que aunque no hable de ello, sí que podría definirse como una novela de pandemia, por eso es tan identificable el aislamiento que siente la protagonista», asegura Barry Callahan.
Desde comentarios sobre Robert Wasler o Clarice Linspector, a las sinfonías silenciosas de John Cage, películas como ‘La ventana indiscreta’, las obras visuales de Darvoben o Ayón, las pinturas de Goya, incluso las teorías cosmogónicas de Kepler, todo cabe en una mujer que de pronto se encuentra aislada del resto del mundo y sólo tiene el arte y la literatura como el rastro de migas de pan para encontrar el camino a casa. «La novela no deja de ser una historia de pérdidas. Ella pierde su relación con su cuerpo y ha de adaptarse a su nueva realidad. Lo único que mantiene de su vida anterior es el arte. Para no perder por completo su antiguo yo, encuentra en la literatura y el arte su único espacio de confort», comenta Barry Callahan.
La indefensión que sintió en primera persona la escritora le ha servido para descubrir lo poco que todavía sabemos realmente de nuestro cuerpo. En la novela, uno de sus doctores le dice: «Hemos llegado a la luna, pero no al oído interno». «Esto es algo que me dijo uno de mis médicos. Los logros que hemos conseguido a lo largo de los años son increíbles, pero nos han dejado soberbios y engreídos. Todavía desconocemos tantas cosas y la sensación de vulnerabilidad que sentí en cierta forma te devuelve a un estado primitivo de temor ante lo desconocido», dice la escritora.
De W. C. Sebald a Rachel Cusk
La novela ha sido comparada con destacados autores que practicaron la hibridación de erudición y narrativa, como W. G. Sebald o Claudio Magris. También con aquellos autores que, más allá de la autoficción, buscan sacar algún tipo de enseñanza de dramas propios, como Rachel Cusk. Pero Eliza Barry Callahan lo logra con cierta ligereza pop, sin abandonar nunca cierto aire naif de no entender en un principio nada de lo que está sucediendo. «Al montar la novela, cuando intentaba unir todas sus piezas, a veces leía pensamientos o comentarios que no me representaban, que encontraba ingenuos, pero no quise corregirlos porque representaban a la perfección lo que sentía en ese momento», dice.
El relato se inscribe en una nueva tendencia sobre relatar la propia enfermedad. El también estadounidense Garth Greenwell lo acaba de hacer en ‘Lluvia pequeña’ (Random House) y Gueorgui Gospodinov narra la enfermedad, deterioro y muerte de su padre en ‘La muerte y el jardinero’. «La verdad es que no pensé en ningún otro escritor al empezar la novela, ni siquiera era capaz de concentrarme y leer mientras escribía. Lo único que hacía era ver películas sin sonido. El tópico de que cuando pierdes un sentido el resto se ensalza es cierto. Al menos a mí me ocurrió y me volví mucho más sensible al resto de sentidos», afirma Callahan
La escritora ha recuperado la audición, como su protagonista. «Nunca podría haber escrito esta novela si no partiese de una recuperación», reconoce. Participó en un ensayo clínico que consiguió remitir la inflamación del tímpano y recuperar cierta normalidad. Aún así, el miedo se ha instalado en el cuerpo y la posibilidad de que vuelve a ocurrirle algo parecido siempre está ahí. Ella intenta que esto no la afecte. De momento, está preparando el guion de la adaptación cinematográfica de la novela. Al mismo tiempo, ya ha empezado a trabajar en las notas de una segunda y prepara su vuelta al grupo Purr después de haber tenido que apartarse de la música. «La verdad es que tengo cierta nostalgia de ese momento en que escribía la novela. Me gustaba vivir en esas líneas, con esos personajes. Al menos la adaptación cinematográfica me ha permitido volver. Y si me vuelve a suceder lo del oído, al menos sé que estaré más preparada para lo que pueda ocurrir», concluye Eliza Barry Callahan optimista.
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