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Emoción en la piel, distancia en el fondo

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Alegría, una gran alegría es lo que sintieron los miles de socios que pudieron volver a su casa, aunque estuviera francamente inacabada . Obras en la tercera gradería, en los accesos, obras en todas partes. Por dentro, la casa está aún en construcción. La iluminación, los bares. Pero a nadie le importó que la obra estuviera a medias, y que del gran estadio que el Camp Nou tiene que ser hubiera sólo un pedazo. Todo el mundo estaba muy contento: los miles de socios y los miles de turistas o extranjeros que llenaban los 45.000 asientos disponibles. Lo que este sábado se vio en el reabierto estadio es lo que será el fútbol en esta nueva era: socios con abonos cada vez más caros, turistas con packs vips, e invitados de multinacionales con palcos o asientos reservados en el estadio. En las gradas del Camp Nou se hablaron más lenguas que en el nuevo disco de Rosalía. El césped nuevo, las luces de los marcadores -los que separan la primera tribuna de la segunda- el sonido de los altavoces daban la sensación de estreno: Laporta en el césped nervioso, sonriente, saludando a todos. Poco protagonismo, por lo que pudo haber sido, estuvo ahí elegante el presidente, que tras el saque de honor del socio más veterano subió al palco con lágrimas en los ojos, visiblemente emocionado. Un sector del público, no muy numeroso ni durante mucho rato, pero que sin duda se hizo oír, gritó en favor de la recuperación de la grada de animación, es decir, en contra de Jan. Pronto tales gritos fueron sofocados por las bengalas que saludaron la salida de los jugadores de los dos equipos al terreno de juego.Antes y después del partido, y durante el descanso, fotos de padres e hijos, nietos y abuelos, todos muy emocionados. Una emoción sincera, tan sincera que parecía hasta un punto afectada: ¿cómo puede un adulto más o menos cuerdo emocionarse tanto por unas obras? Fue ayer el caso, mucha emotividad desbordada. El ministro de cultura, Ernest Urtasun, con cara de azteca en el palco. Tras el partido, más fuegos artificiales y juegos de luces, como para demostrar en qué nos hemos gastado el dinero y que los enchufes funcionan. Ha sido una muy buena semana para Laporta: su principal opositor, Víctor Font, hizo a principio de semana una presentación de vergüenza ajena de su candidatura , con el garrafal error, además, de tener a Xavi -nada menos que al fracasado y repudidado Xavi- como principal reclamo; el Estadio aguantó sin resbalones ni accidentes ni caída del aparato eléctrico, y ofreciendo un buen aspecto pese a no estar terminado; y en lo deportivo, aunque el equipo continúa en un estado de forma que no es el óptimo, el resultado acompañó y con dos grandes acciones de la estrella de la casa. Mejor imposible, tras meses de zozobra. Si no hay que lamentar ninguna desgracia, con el Camp Nou abierto el Barcelona mejorará sensiblemente sus ingresos e irá encontrando su estabilidad económica. La prueba más severa, cuanto a fútbol se refiere, la tendrá el equipo el martes en Londres, pero volver ha sido terapéutico para un club con muchos altos y bajos. De todos modos, la misma emotividad de todos haciéndose fotos en el día del regreso contrastó con la extrema frialdad del público en las fases aburridas de la primera parte. Si los resultados no acompañan, el nuevo estadio dejará de ser un aval del presidente para convertirse en una olla a presión en su contra. Porque hay algo en Laporta que está claro: todo el mundo le ríe las gracias y le perdona los defectos mientras el equipo gana, pero cuando llegan las decepciones, se revuelven todas contra él, cobrándole los atrasos y los agravios acumulados. Lo más significativo de la tarde no fue que el barcelonismo volviera al Camp Nou sino que el Camp Nou no volvió enteramente a ellos. Ya no es enteramente ni siquiera principalmente suyo. Es un estadio nuevo, pero sobre todo encarna otro tipo de negocio, y el club tiene otras prioridades mucho más importantes y jugosas que sus socios. No creo que lo notaran la mayoría de los que fueron. Tendrán tiempo para notarlo. Y cuando se den cuenta del todo, será demasiado tarde para remediarlo. Alegría, una gran alegría es lo que sintieron los miles de socios que pudieron volver a su casa, aunque estuviera francamente inacabada . Obras en la tercera gradería, en los accesos, obras en todas partes. Por dentro, la casa está aún en construcción. La iluminación, los bares. Pero a nadie le importó que la obra estuviera a medias, y que del gran estadio que el Camp Nou tiene que ser hubiera sólo un pedazo. Todo el mundo estaba muy contento: los miles de socios y los miles de turistas o extranjeros que llenaban los 45.000 asientos disponibles. Lo que este sábado se vio en el reabierto estadio es lo que será el fútbol en esta nueva era: socios con abonos cada vez más caros, turistas con packs vips, e invitados de multinacionales con palcos o asientos reservados en el estadio. En las gradas del Camp Nou se hablaron más lenguas que en el nuevo disco de Rosalía. El césped nuevo, las luces de los marcadores -los que separan la primera tribuna de la segunda- el sonido de los altavoces daban la sensación de estreno: Laporta en el césped nervioso, sonriente, saludando a todos. Poco protagonismo, por lo que pudo haber sido, estuvo ahí elegante el presidente, que tras el saque de honor del socio más veterano subió al palco con lágrimas en los ojos, visiblemente emocionado. Un sector del público, no muy numeroso ni durante mucho rato, pero que sin duda se hizo oír, gritó en favor de la recuperación de la grada de animación, es decir, en contra de Jan. Pronto tales gritos fueron sofocados por las bengalas que saludaron la salida de los jugadores de los dos equipos al terreno de juego.Antes y después del partido, y durante el descanso, fotos de padres e hijos, nietos y abuelos, todos muy emocionados. Una emoción sincera, tan sincera que parecía hasta un punto afectada: ¿cómo puede un adulto más o menos cuerdo emocionarse tanto por unas obras? Fue ayer el caso, mucha emotividad desbordada. El ministro de cultura, Ernest Urtasun, con cara de azteca en el palco. Tras el partido, más fuegos artificiales y juegos de luces, como para demostrar en qué nos hemos gastado el dinero y que los enchufes funcionan. Ha sido una muy buena semana para Laporta: su principal opositor, Víctor Font, hizo a principio de semana una presentación de vergüenza ajena de su candidatura , con el garrafal error, además, de tener a Xavi -nada menos que al fracasado y repudidado Xavi- como principal reclamo; el Estadio aguantó sin resbalones ni accidentes ni caída del aparato eléctrico, y ofreciendo un buen aspecto pese a no estar terminado; y en lo deportivo, aunque el equipo continúa en un estado de forma que no es el óptimo, el resultado acompañó y con dos grandes acciones de la estrella de la casa. Mejor imposible, tras meses de zozobra. Si no hay que lamentar ninguna desgracia, con el Camp Nou abierto el Barcelona mejorará sensiblemente sus ingresos e irá encontrando su estabilidad económica. La prueba más severa, cuanto a fútbol se refiere, la tendrá el equipo el martes en Londres, pero volver ha sido terapéutico para un club con muchos altos y bajos. De todos modos, la misma emotividad de todos haciéndose fotos en el día del regreso contrastó con la extrema frialdad del público en las fases aburridas de la primera parte. Si los resultados no acompañan, el nuevo estadio dejará de ser un aval del presidente para convertirse en una olla a presión en su contra. Porque hay algo en Laporta que está claro: todo el mundo le ríe las gracias y le perdona los defectos mientras el equipo gana, pero cuando llegan las decepciones, se revuelven todas contra él, cobrándole los atrasos y los agravios acumulados. Lo más significativo de la tarde no fue que el barcelonismo volviera al Camp Nou sino que el Camp Nou no volvió enteramente a ellos. Ya no es enteramente ni siquiera principalmente suyo. Es un estadio nuevo, pero sobre todo encarna otro tipo de negocio, y el club tiene otras prioridades mucho más importantes y jugosas que sus socios. No creo que lo notaran la mayoría de los que fueron. Tendrán tiempo para notarlo. Y cuando se den cuenta del todo, será demasiado tarde para remediarlo.  Alegría, una gran alegría es lo que sintieron los miles de socios que pudieron volver a su casa, aunque estuviera francamente inacabada . Obras en la tercera gradería, en los accesos, obras en todas partes. Por dentro, la casa está aún en construcción. La iluminación, los bares. Pero a nadie le importó que la obra estuviera a medias, y que del gran estadio que el Camp Nou tiene que ser hubiera sólo un pedazo. Todo el mundo estaba muy contento: los miles de socios y los miles de turistas o extranjeros que llenaban los 45.000 asientos disponibles. Lo que este sábado se vio en el reabierto estadio es lo que será el fútbol en esta nueva era: socios con abonos cada vez más caros, turistas con packs vips, e invitados de multinacionales con palcos o asientos reservados en el estadio. En las gradas del Camp Nou se hablaron más lenguas que en el nuevo disco de Rosalía. El césped nuevo, las luces de los marcadores -los que separan la primera tribuna de la segunda- el sonido de los altavoces daban la sensación de estreno: Laporta en el césped nervioso, sonriente, saludando a todos. Poco protagonismo, por lo que pudo haber sido, estuvo ahí elegante el presidente, que tras el saque de honor del socio más veterano subió al palco con lágrimas en los ojos, visiblemente emocionado. Un sector del público, no muy numeroso ni durante mucho rato, pero que sin duda se hizo oír, gritó en favor de la recuperación de la grada de animación, es decir, en contra de Jan. Pronto tales gritos fueron sofocados por las bengalas que saludaron la salida de los jugadores de los dos equipos al terreno de juego.Antes y después del partido, y durante el descanso, fotos de padres e hijos, nietos y abuelos, todos muy emocionados. Una emoción sincera, tan sincera que parecía hasta un punto afectada: ¿cómo puede un adulto más o menos cuerdo emocionarse tanto por unas obras? Fue ayer el caso, mucha emotividad desbordada. El ministro de cultura, Ernest Urtasun, con cara de azteca en el palco. Tras el partido, más fuegos artificiales y juegos de luces, como para demostrar en qué nos hemos gastado el dinero y que los enchufes funcionan. Ha sido una muy buena semana para Laporta: su principal opositor, Víctor Font, hizo a principio de semana una presentación de vergüenza ajena de su candidatura , con el garrafal error, además, de tener a Xavi -nada menos que al fracasado y repudidado Xavi- como principal reclamo; el Estadio aguantó sin resbalones ni accidentes ni caída del aparato eléctrico, y ofreciendo un buen aspecto pese a no estar terminado; y en lo deportivo, aunque el equipo continúa en un estado de forma que no es el óptimo, el resultado acompañó y con dos grandes acciones de la estrella de la casa. Mejor imposible, tras meses de zozobra. Si no hay que lamentar ninguna desgracia, con el Camp Nou abierto el Barcelona mejorará sensiblemente sus ingresos e irá encontrando su estabilidad económica. La prueba más severa, cuanto a fútbol se refiere, la tendrá el equipo el martes en Londres, pero volver ha sido terapéutico para un club con muchos altos y bajos. De todos modos, la misma emotividad de todos haciéndose fotos en el día del regreso contrastó con la extrema frialdad del público en las fases aburridas de la primera parte. Si los resultados no acompañan, el nuevo estadio dejará de ser un aval del presidente para convertirse en una olla a presión en su contra. Porque hay algo en Laporta que está claro: todo el mundo le ríe las gracias y le perdona los defectos mientras el equipo gana, pero cuando llegan las decepciones, se revuelven todas contra él, cobrándole los atrasos y los agravios acumulados. Lo más significativo de la tarde no fue que el barcelonismo volviera al Camp Nou sino que el Camp Nou no volvió enteramente a ellos. Ya no es enteramente ni siquiera principalmente suyo. Es un estadio nuevo, pero sobre todo encarna otro tipo de negocio, y el club tiene otras prioridades mucho más importantes y jugosas que sus socios. No creo que lo notaran la mayoría de los que fueron. Tendrán tiempo para notarlo. Y cuando se den cuenta del todo, será demasiado tarde para remediarlo. RSS de noticias de deportes

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