Hay ciudades que no terminan nunca de morir. Seguramente el caso más emblemático es Pompeya . El Parque Arqueológico acaba de revelar un hallazgo que emociona no por su monumentalidad, sino por su intimidad descarnada. En el pasillo que conecta los teatros con la Vía Stabiana, un muro excavado en 1794 ante el que han desfilado millones de turistas sin percatarse de nada, ha revelado 298 inscripciones: 79 de ellas totalmente inéditas hasta ahora. No son versos de Virgilio ni decretos imperiales; es la vida misma, cruda y sin filtros.«Erato amat…» . Dos palabras bastan para atravesar dos mil años. Erato ama. No sabemos a quién, ni si fue correspondida, pero ese gesto -dejar constancia pública de un sentimiento- resulta de una llamativa modernidad. Es un mensaje detenido en el tiempo , análogo a los que hoy llenan WhatsApp o las redes sociales, pero escrito con punzón sobre el yeso. Gracias a la tecnología, estas voces que se creían mudas han vuelto a escucharse.El murmullo del pasado y la magia de la luzEl proyecto que ha hecho posible esta relectura se llama ‘ Bruits de couloir ‘ (‘Voces de pasillo’), un título tan sugerente como exacto. Louis Autin y Éloïse Letellier-Taillefer, de la Sorbona, junto a Marie-Adeline Le Guennec, de la Universidad de Quebec en Montreal, iniciaron en 2022 la primera campaña de documentación. Tres años después, en 2025, volvieron con equipos más avanzados. El resultado: un estudio muy completo que combina epigrafía, arqueología, filología y humanidades digitales.Grafito de una lucha de gladiadores, inscripción de ‘Erato ama’ y técnica utilizada Parque Arqueológico de PompeyaLa clave está en la técnica RTI (Reflectance Transformation Imaging) , una fotografía computacional que captura series de imágenes bajo diferentes direcciones de iluminación. Funciona como una linterna rasante virtual sobre una pared oscura: de repente, las micro-incisiones, el relieve del estilete sobre el yeso y las letras desvanecidas por el sol saltan a la vista. Lo que el ojo desnudo perdió hace siglos, la luz digital lo recupera .Gabriel Zuchtriegel, director del Parque, sitúa este descubrimiento en una perspectiva más amplia. «La tecnología es la llave que nos abre nuevas estancias del mundo antiguo», explica. «Estamos trabajando para proteger las más de 10.000 inscripciones de toda Pompeya . Solo el uso de estas herramientas puede garantizar un futuro a esta memoria de la vida vivida«. El proyecto incluye ahora el desarrollo de una plataforma 3D que integrará fotogrametría, datos RTI y metadatos epigráficos, creando una herramienta de visualización sin precedentes. Y hay más: después de 231 años a la intemperie, el Parque ha decidido construir una cubierta protectora para el corredor. Los enlucidos que soportan estas voces antiguas recibirán por fin la protección que merecen.Amor, sangre y ‘haters’: la ciudad sin filtrosLos grafitis confirman lo que la historiadora Mary Beard ha defendido en obras como ‘Pompeya: Historia y leyenda de una ciudad romana’. Beard escribió que la ciudad real no está solo en los grandes templos: «Pompeya nos da acceso directo a la cultura popular romana de una manera que casi ningún otro yacimiento puede ofrecer«. Y ese acceso es sucio, vital, contradictorio.Mucha prisa tenía quien escribió: «Vado di fretta; stammi bene, mia Sava, fa che mi ami!» («Voy deprisa; cuídate, mi Sava, ¡haz por amarme!»). Es la ansiedad humana congelada en el año 79 d.C., un mensaje de despedida que podría haber sido el último. Un hombre -o una mujer- sale corriendo del teatro. No tiene tiempo, pero necesita dejar constancia. Sava debe saber que alguien la ama, aunque sea en un grafiti apresurado.Junto a la ternura, la crueldad. Otro mensaje nos regala un insulto escatológico digno de un hater moderno: «Miccio-cio-cio, a tu padre, que cagaba, le has roto la tripa; ¡mirad un poco cómo está Miccio!». La burla como arma de humillación pública. Miccio debía pasar por ese corredor cada día, leyendo el insulto . Y más allá, el romanticismo de una esclava: «Methe, esclava de Cominia, de Atella, ama a Chrestus en su corazón. Que la Venus de Pompeya sea propicia a ambos y que vivan siempre en armonía». Una declaración firmada con nombre, origen y condición social. Methe no tenía libertad, pero tenía voz. Y usó el único espacio público que le quedaba -un muro- para pedir que su amor fuera bendecido. No sabemos si lo fue. Este muro se convierte así en una superficie coral donde la necesidad de expresarse se revela tan antigua como la propia civilización.Gladiadores: ídolos de masas con dieta de cebadaEntre los grafitis más llamativos están los que hablan de gladiadores, esos ídolos de masas cuya vida real distaba mucho del mito de Hollywood. Las paredes del corredor registran escenas de combate, nombres de luchadores y, probablemente, apuestas y burlas entre aficionados rivales.Sabemos por estudios arqueológicos recientes -análisis isotópicos de huesos realizados por la Universidad de Medicina de Viena en 2014- que estos guerreros de arena seguían una dieta basada en gachas de cebada, habas y verduras. Por eso los llamaban ‘hordearii’, «comedores de cebada». Lejos de los banquetes de carne que muestra el cine, esta alimentación vegetariana tenía una función precisa: crear una capa subcutánea de grasa que protegiera los órganos vitales de los cortes superficiales, según interpretan algunos estudios. Los gladiadores debían ser rápidos, resistentes y, sobre todo, capaces de sangrar espectacularmente sin morir en el acto. El espectáculo requería duración.Aquí radica la gran paradoja romana que Zuchtriegel señala en su libro ‘Pompeya, la ciudad encantada’. El gladiador era una figura dual: un esclavo, simple «carne de matadero» en manos de un lanista -empresarios despreciados socialmente al nivel de los proxenetas por comerciar con la muerte-, pero a la vez un ‘sex symbol’. Las inscripciones vibran con esa fascinación que mezclaba Eros y Tánatos. El gladiador Celadus se autodefinió en otra pared como «el suspiro de las muchachas». No era falsa modestia: en las ruinas de la Casa de los Gladiadores se encontraron los restos de 63 víctimas de la erupción, entre ellos una mujer de alto rango social identificada por su collar de esmeraldas. Murió allí, en la cabaña de un luchador, cuando el Vesubio estalló.Memoria que no se borraEl proyecto ‘Bruits de couloir’ no documenta solo palabras; documenta también sus relaciones espaciales y temáticas. Un sistema de coordenadas virtual mapea cada inscripción. Así emerge un patrón: los grafitis no estaban dispersos al azar . Había zonas de conversación, muros donde la gente respondía a mensajes anteriores, creando hilos de discusión que anticipan los foros digitales por dos milenios.Esta técnica no solo revela, también preserva. Las inscripciones son frágiles: el yeso se degrada, la luz las borra, el contacto humano las desgasta. La conservación digital garantiza que, aunque el original desaparezca, la información permanezca. Zuchtriegel tiene razón cuando afirma que el futuro de la memoria depende de la tecnología. Pero también depende del gesto humano de mirar con atención lo que otros consideraban ya conocido.Noticias relacionadas estandar Si Hércules, piscinas sagradas y un cerebro operado: la Roma de hace 2.300 años que emerge en un barrio Ángel Gómez Fuentes estandar No Del Metropolitan al Arqueológico Nacional: recuperados dos bronces romanos expoliados hace casi 20 años Mónica ArrizabalagaDos siglos después de los primeros excavadores, un corredor transitado por millones de visitantes sigue guardando secretos. No porque los arqueólogos del pasado fueran negligentes, sino porque la tecnología permite hoy ver lo que antes era invisible . Y lo que vemos no son monumentos ni trofeos de guerra. Vemos a Erato confesando su amor, a alguien insultando a Miccio, a Methe pidiendo protección divina para un amor prohibido. Dos mil años después, Erato sigue amando. Y nosotros seguimos leyendo. La tecnología no resucita a los muertos, pero les devuelve la voz. Hay ciudades que no terminan nunca de morir. Seguramente el caso más emblemático es Pompeya . El Parque Arqueológico acaba de revelar un hallazgo que emociona no por su monumentalidad, sino por su intimidad descarnada. En el pasillo que conecta los teatros con la Vía Stabiana, un muro excavado en 1794 ante el que han desfilado millones de turistas sin percatarse de nada, ha revelado 298 inscripciones: 79 de ellas totalmente inéditas hasta ahora. No son versos de Virgilio ni decretos imperiales; es la vida misma, cruda y sin filtros.«Erato amat…» . Dos palabras bastan para atravesar dos mil años. Erato ama. No sabemos a quién, ni si fue correspondida, pero ese gesto -dejar constancia pública de un sentimiento- resulta de una llamativa modernidad. Es un mensaje detenido en el tiempo , análogo a los que hoy llenan WhatsApp o las redes sociales, pero escrito con punzón sobre el yeso. Gracias a la tecnología, estas voces que se creían mudas han vuelto a escucharse.El murmullo del pasado y la magia de la luzEl proyecto que ha hecho posible esta relectura se llama ‘ Bruits de couloir ‘ (‘Voces de pasillo’), un título tan sugerente como exacto. Louis Autin y Éloïse Letellier-Taillefer, de la Sorbona, junto a Marie-Adeline Le Guennec, de la Universidad de Quebec en Montreal, iniciaron en 2022 la primera campaña de documentación. Tres años después, en 2025, volvieron con equipos más avanzados. El resultado: un estudio muy completo que combina epigrafía, arqueología, filología y humanidades digitales.Grafito de una lucha de gladiadores, inscripción de ‘Erato ama’ y técnica utilizada Parque Arqueológico de PompeyaLa clave está en la técnica RTI (Reflectance Transformation Imaging) , una fotografía computacional que captura series de imágenes bajo diferentes direcciones de iluminación. Funciona como una linterna rasante virtual sobre una pared oscura: de repente, las micro-incisiones, el relieve del estilete sobre el yeso y las letras desvanecidas por el sol saltan a la vista. Lo que el ojo desnudo perdió hace siglos, la luz digital lo recupera .Gabriel Zuchtriegel, director del Parque, sitúa este descubrimiento en una perspectiva más amplia. «La tecnología es la llave que nos abre nuevas estancias del mundo antiguo», explica. «Estamos trabajando para proteger las más de 10.000 inscripciones de toda Pompeya . Solo el uso de estas herramientas puede garantizar un futuro a esta memoria de la vida vivida«. El proyecto incluye ahora el desarrollo de una plataforma 3D que integrará fotogrametría, datos RTI y metadatos epigráficos, creando una herramienta de visualización sin precedentes. Y hay más: después de 231 años a la intemperie, el Parque ha decidido construir una cubierta protectora para el corredor. Los enlucidos que soportan estas voces antiguas recibirán por fin la protección que merecen.Amor, sangre y ‘haters’: la ciudad sin filtrosLos grafitis confirman lo que la historiadora Mary Beard ha defendido en obras como ‘Pompeya: Historia y leyenda de una ciudad romana’. Beard escribió que la ciudad real no está solo en los grandes templos: «Pompeya nos da acceso directo a la cultura popular romana de una manera que casi ningún otro yacimiento puede ofrecer«. Y ese acceso es sucio, vital, contradictorio.Mucha prisa tenía quien escribió: «Vado di fretta; stammi bene, mia Sava, fa che mi ami!» («Voy deprisa; cuídate, mi Sava, ¡haz por amarme!»). Es la ansiedad humana congelada en el año 79 d.C., un mensaje de despedida que podría haber sido el último. Un hombre -o una mujer- sale corriendo del teatro. No tiene tiempo, pero necesita dejar constancia. Sava debe saber que alguien la ama, aunque sea en un grafiti apresurado.Junto a la ternura, la crueldad. Otro mensaje nos regala un insulto escatológico digno de un hater moderno: «Miccio-cio-cio, a tu padre, que cagaba, le has roto la tripa; ¡mirad un poco cómo está Miccio!». La burla como arma de humillación pública. Miccio debía pasar por ese corredor cada día, leyendo el insulto . Y más allá, el romanticismo de una esclava: «Methe, esclava de Cominia, de Atella, ama a Chrestus en su corazón. Que la Venus de Pompeya sea propicia a ambos y que vivan siempre en armonía». Una declaración firmada con nombre, origen y condición social. Methe no tenía libertad, pero tenía voz. Y usó el único espacio público que le quedaba -un muro- para pedir que su amor fuera bendecido. No sabemos si lo fue. Este muro se convierte así en una superficie coral donde la necesidad de expresarse se revela tan antigua como la propia civilización.Gladiadores: ídolos de masas con dieta de cebadaEntre los grafitis más llamativos están los que hablan de gladiadores, esos ídolos de masas cuya vida real distaba mucho del mito de Hollywood. Las paredes del corredor registran escenas de combate, nombres de luchadores y, probablemente, apuestas y burlas entre aficionados rivales.Sabemos por estudios arqueológicos recientes -análisis isotópicos de huesos realizados por la Universidad de Medicina de Viena en 2014- que estos guerreros de arena seguían una dieta basada en gachas de cebada, habas y verduras. Por eso los llamaban ‘hordearii’, «comedores de cebada». Lejos de los banquetes de carne que muestra el cine, esta alimentación vegetariana tenía una función precisa: crear una capa subcutánea de grasa que protegiera los órganos vitales de los cortes superficiales, según interpretan algunos estudios. Los gladiadores debían ser rápidos, resistentes y, sobre todo, capaces de sangrar espectacularmente sin morir en el acto. El espectáculo requería duración.Aquí radica la gran paradoja romana que Zuchtriegel señala en su libro ‘Pompeya, la ciudad encantada’. El gladiador era una figura dual: un esclavo, simple «carne de matadero» en manos de un lanista -empresarios despreciados socialmente al nivel de los proxenetas por comerciar con la muerte-, pero a la vez un ‘sex symbol’. Las inscripciones vibran con esa fascinación que mezclaba Eros y Tánatos. El gladiador Celadus se autodefinió en otra pared como «el suspiro de las muchachas». No era falsa modestia: en las ruinas de la Casa de los Gladiadores se encontraron los restos de 63 víctimas de la erupción, entre ellos una mujer de alto rango social identificada por su collar de esmeraldas. Murió allí, en la cabaña de un luchador, cuando el Vesubio estalló.Memoria que no se borraEl proyecto ‘Bruits de couloir’ no documenta solo palabras; documenta también sus relaciones espaciales y temáticas. Un sistema de coordenadas virtual mapea cada inscripción. Así emerge un patrón: los grafitis no estaban dispersos al azar . Había zonas de conversación, muros donde la gente respondía a mensajes anteriores, creando hilos de discusión que anticipan los foros digitales por dos milenios.Esta técnica no solo revela, también preserva. Las inscripciones son frágiles: el yeso se degrada, la luz las borra, el contacto humano las desgasta. La conservación digital garantiza que, aunque el original desaparezca, la información permanezca. Zuchtriegel tiene razón cuando afirma que el futuro de la memoria depende de la tecnología. Pero también depende del gesto humano de mirar con atención lo que otros consideraban ya conocido.Noticias relacionadas estandar Si Hércules, piscinas sagradas y un cerebro operado: la Roma de hace 2.300 años que emerge en un barrio Ángel Gómez Fuentes estandar No Del Metropolitan al Arqueológico Nacional: recuperados dos bronces romanos expoliados hace casi 20 años Mónica ArrizabalagaDos siglos después de los primeros excavadores, un corredor transitado por millones de visitantes sigue guardando secretos. No porque los arqueólogos del pasado fueran negligentes, sino porque la tecnología permite hoy ver lo que antes era invisible . Y lo que vemos no son monumentos ni trofeos de guerra. Vemos a Erato confesando su amor, a alguien insultando a Miccio, a Methe pidiendo protección divina para un amor prohibido. Dos mil años después, Erato sigue amando. Y nosotros seguimos leyendo. La tecnología no resucita a los muertos, pero les devuelve la voz.
Hay ciudades que no terminan nunca de morir. Seguramente el caso más emblemático es Pompeya. El Parque Arqueológico acaba de revelar un hallazgo que emociona no por su monumentalidad, sino por su intimidad descarnada. En el pasillo que conecta los teatros con la Vía … Stabiana, un muro excavado en 1794 ante el que han desfilado millones de turistas sin percatarse de nada, ha revelado 298 inscripciones: 79 de ellas totalmente inéditas hasta ahora. No son versos de Virgilio ni decretos imperiales; es la vida misma, cruda y sin filtros.
«Erato amat…». Dos palabras bastan para atravesar dos mil años. Erato ama. No sabemos a quién, ni si fue correspondida, pero ese gesto -dejar constancia pública de un sentimiento- resulta de una llamativa modernidad. Es un mensaje detenido en el tiempo, análogo a los que hoy llenan WhatsApp o las redes sociales, pero escrito con punzón sobre el yeso. Gracias a la tecnología, estas voces que se creían mudas han vuelto a escucharse.
El murmullo del pasado y la magia de la luz
El proyecto que ha hecho posible esta relectura se llama ‘Bruits de couloir‘ (‘Voces de pasillo’), un título tan sugerente como exacto. Louis Autin y Éloïse Letellier-Taillefer, de la Sorbona, junto a Marie-Adeline Le Guennec, de la Universidad de Quebec en Montreal, iniciaron en 2022 la primera campaña de documentación. Tres años después, en 2025, volvieron con equipos más avanzados. El resultado: un estudio muy completo que combina epigrafía, arqueología, filología y humanidades digitales.



Parque Arqueológico de Pompeya
La clave está en la técnica RTI (Reflectance Transformation Imaging), una fotografía computacional que captura series de imágenes bajo diferentes direcciones de iluminación. Funciona como una linterna rasante virtual sobre una pared oscura: de repente, las micro-incisiones, el relieve del estilete sobre el yeso y las letras desvanecidas por el sol saltan a la vista. Lo que el ojo desnudo perdió hace siglos, la luz digital lo recupera.
Gabriel Zuchtriegel, director del Parque, sitúa este descubrimiento en una perspectiva más amplia. «La tecnología es la llave que nos abre nuevas estancias del mundo antiguo», explica. «Estamos trabajando para proteger las más de 10.000 inscripciones de toda Pompeya. Solo el uso de estas herramientas puede garantizar un futuro a esta memoria de la vida vivida«. El proyecto incluye ahora el desarrollo de una plataforma 3D que integrará fotogrametría, datos RTI y metadatos epigráficos, creando una herramienta de visualización sin precedentes. Y hay más: después de 231 años a la intemperie, el Parque ha decidido construir una cubierta protectora para el corredor. Los enlucidos que soportan estas voces antiguas recibirán por fin la protección que merecen.
Amor, sangre y ‘haters’: la ciudad sin filtros
Los grafitis confirman lo que la historiadora Mary Beard ha defendido en obras como ‘Pompeya: Historia y leyenda de una ciudad romana’. Beard escribió que la ciudad real no está solo en los grandes templos: «Pompeya nos da acceso directo a la cultura popular romana de una manera que casi ningún otro yacimiento puede ofrecer«. Y ese acceso es sucio, vital, contradictorio.
Mucha prisa tenía quien escribió: «Vado di fretta; stammi bene, mia Sava, fa che mi ami!» («Voy deprisa; cuídate, mi Sava, ¡haz por amarme!»). Es la ansiedad humana congelada en el año 79 d.C., un mensaje de despedida que podría haber sido el último. Un hombre -o una mujer- sale corriendo del teatro. No tiene tiempo, pero necesita dejar constancia. Sava debe saber que alguien la ama, aunque sea en un grafiti apresurado.
Junto a la ternura, la crueldad. Otro mensaje nos regala un insulto escatológico digno de un hater moderno: «Miccio-cio-cio, a tu padre, que cagaba, le has roto la tripa; ¡mirad un poco cómo está Miccio!». La burla como arma de humillación pública. Miccio debía pasar por ese corredor cada día, leyendo el insulto.
Y más allá, el romanticismo de una esclava: «Methe, esclava de Cominia, de Atella, ama a Chrestus en su corazón. Que la Venus de Pompeya sea propicia a ambos y que vivan siempre en armonía». Una declaración firmada con nombre, origen y condición social. Methe no tenía libertad, pero tenía voz. Y usó el único espacio público que le quedaba -un muro- para pedir que su amor fuera bendecido. No sabemos si lo fue. Este muro se convierte así en una superficie coral donde la necesidad de expresarse se revela tan antigua como la propia civilización.
Gladiadores: ídolos de masas con dieta de cebada
Entre los grafitis más llamativos están los que hablan de gladiadores, esos ídolos de masas cuya vida real distaba mucho del mito de Hollywood. Las paredes del corredor registran escenas de combate, nombres de luchadores y, probablemente, apuestas y burlas entre aficionados rivales.
Sabemos por estudios arqueológicos recientes -análisis isotópicos de huesos realizados por la Universidad de Medicina de Viena en 2014- que estos guerreros de arena seguían una dieta basada en gachas de cebada, habas y verduras. Por eso los llamaban ‘hordearii’, «comedores de cebada». Lejos de los banquetes de carne que muestra el cine, esta alimentación vegetariana tenía una función precisa: crear una capa subcutánea de grasa que protegiera los órganos vitales de los cortes superficiales, según interpretan algunos estudios. Los gladiadores debían ser rápidos, resistentes y, sobre todo, capaces de sangrar espectacularmente sin morir en el acto. El espectáculo requería duración.
Aquí radica la gran paradoja romana que Zuchtriegel señala en su libro ‘Pompeya, la ciudad encantada’. El gladiador era una figura dual: un esclavo, simple «carne de matadero» en manos de un lanista -empresarios despreciados socialmente al nivel de los proxenetas por comerciar con la muerte-, pero a la vez un ‘sex symbol’. Las inscripciones vibran con esa fascinación que mezclaba Eros y Tánatos. El gladiador Celadus se autodefinió en otra pared como «el suspiro de las muchachas». No era falsa modestia: en las ruinas de la Casa de los Gladiadores se encontraron los restos de 63 víctimas de la erupción, entre ellos una mujer de alto rango social identificada por su collar de esmeraldas. Murió allí, en la cabaña de un luchador, cuando el Vesubio estalló.
Memoria que no se borra
El proyecto ‘Bruits de couloir’ no documenta solo palabras; documenta también sus relaciones espaciales y temáticas. Un sistema de coordenadas virtual mapea cada inscripción. Así emerge un patrón: los grafitis no estaban dispersos al azar. Había zonas de conversación, muros donde la gente respondía a mensajes anteriores, creando hilos de discusión que anticipan los foros digitales por dos milenios.
Esta técnica no solo revela, también preserva. Las inscripciones son frágiles: el yeso se degrada, la luz las borra, el contacto humano las desgasta. La conservación digital garantiza que, aunque el original desaparezca, la información permanezca. Zuchtriegel tiene razón cuando afirma que el futuro de la memoria depende de la tecnología. Pero también depende del gesto humano de mirar con atención lo que otros consideraban ya conocido.
Dos siglos después de los primeros excavadores, un corredor transitado por millones de visitantes sigue guardando secretos. No porque los arqueólogos del pasado fueran negligentes, sino porque la tecnología permite hoy ver lo que antes era invisible. Y lo que vemos no son monumentos ni trofeos de guerra. Vemos a Erato confesando su amor, a alguien insultando a Miccio, a Methe pidiendo protección divina para un amor prohibido. Dos mil años después, Erato sigue amando. Y nosotros seguimos leyendo. La tecnología no resucita a los muertos, pero les devuelve la voz.
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