La montaña rusa de tensiones y diálogo en la que ha derivado el alto el fuego entre Irán y EE UU ofrece este miércoles, a punto de cumplir un mes, un horizonte de fin de la guerra o, al menos, de avance hacia la desescalada tras días de tensión en torno a Ormuz. Washington y Teherán están “cerca” de firmar un memorando de entendimiento de una página que declararía el fin del conflicto bélico y daría paso a 30 días para negociar un acuerdo detallado que permita reabrir el vital estrecho, limitar el programa nuclear iraní y retirar las sanciones estadounidenses, según ha adelantado el portal Axios citando a dos funcionarios estadounidenses y ha confirmado una fuente paquistaní. Teherán está “evaluando” la propuesta, cuya mera revelación hizo caer con fuerza el precio del petróleo. El presidente de EE UU, Donald Trump, ha vuelto a mezclar esperanza, amenazas y escepticismo al hablar de la posibilidad de acuerdo.
Trump amenaza a Teherán con bombardeos a “un nivel e intensidad mucho mayores” si no acepta el memorando, que plantea el desbloqueo de Ormuz
La montaña rusa de tensiones y diálogo en la que ha derivado el alto el fuego entre Irán y EE UU ofrece este miércoles, a punto de cumplir un mes, un horizonte de fin de la guerra o, al menos, de avance hacia la desescalada tras días de tensión en torno a Ormuz. Washington y Teherán están “cerca” de firmar un memorando de entendimiento de una página que declararía el fin del conflicto bélico y daría paso a 30 días para negociar un acuerdo detallado que permita reabrir el vital estrecho, limitar el programa nuclear iraní y retirar las sanciones estadounidenses, según ha adelantado el portal Axios citando a dos funcionarios estadounidenses y ha confirmado una fuente paquistaní. Teherán está “evaluando” la propuesta, cuya mera revelación hizo caer con fuerza el precio del petróleo. El presidente de EE UU, Donald Trump, ha vuelto a mezclar esperanza, amenazas y escepticismo al hablar de la posibilidad de acuerdo.
Las fuentes citadas por Axios señalan que las partes nunca habían estado tan cerca de alcanzar un pacto desde que EE UU e Israel atacaron masivamente a Irán y matasen a su líder supremo, Alí Jameneí, el pasado 28 de febrero.
“Asumiendo que Irán acuerda ceder lo que se ha acordado, que es, quizá, asumir mucho, la ya legendaria Furia Épica [el nombre que ha dado Estados Unidos a su ofensiva] habrá acabado, y el muy efectivo bloqueo permitirá que el estrecho de Ormuz quede ABIERTO A TODOS, incluido Irán”, ha escrito Trump en su red social, Truth. Tras la cal, ha echado inmediatamente una palada de arena: si Teherán no acepta la propuesta, “empezará el bombardeo y será, tristemente, a un nivel e intensidad mucho mayores que antes”.
Era el enésimo bandazo del republicano en una guerra que ya dura mucho más de lo que él se prometía al aprobarla. Menos de 24 horas antes, insistía en seguir adelante con el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes y aseguraba que Teherán no tenía ninguna posibilidad y solo podían disparar “perdigones”.
Trump, que a lo largo del conflicto ha cambiado de posición constantemente —a veces incluso en un mismo día—, sostiene que Estados Unidos ya ha conseguido sus metas en la guerra: debilitar al país adversario de modo que no pueda representar una amenaza para sus vecinos, cambiar el régimen e impedir que Irán pueda hacerse con un arma nuclear. Pero el régimen se mantiene en pie, pese a las muertes de muchos de sus líderes en los bombardeos; el bloqueo iraní del estrecho y los ataques contra países vecinos demuestran que mantiene su capacidad de amenaza, y la República Islámica conserva su uranio enriquecido. La otra gran meta estadounidense, reabrir Ormuz, era innecesaria antes de la ofensiva: el paso estaba abierto.
Washington espera la respuesta de Teherán en las próximas 48 horas sobre varios puntos clave. El pacto implicaría el compromiso de Teherán a una moratoria en el enriquecimiento nuclear, algo que, en cualquier caso, la República Islámica ya había anunciado haber detenido desde la anterior guerra, lanzada por Israel en junio de 2025. Las exigencias al respecto son similares a las planteadas por las partes el mes pasado en el diálogo en Pakistán: EE UU quiere 20 años de moratoria e Irán propone cinco, aunque está abierta a otro plazo que tenga un solo dígito. Las fuentes apuntan a un acuerdo entre los 12 y los 15 años.
El acuerdo conllevaría también el levantamiento de las sanciones a Irán y la liberación de miles de millones de dólares en los fondos que tiene congelados, así como la eliminación de las restricciones al tránsito por el estrecho de Ormuz. Es decir, tanto del bloqueo con el que Irán respondió al ataque masivo conjunto de EE UU e Israel como el que Washington ha intentado aplicar ahora, lo que ha llevado a ambos países a arrogarse simultáneamente el control de Ormuz, la estratégica vía por la que solía transitar un quinto del volumen de petróleo y gas licuado que se mueve cada día en el mundo.
“Lista de deseos”
El portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, Esmail Bagaei, ha declarado a la agencia iraní ISNA, que su país está “evaluando” la propuesta de Washington y, cuando concluya, “trasladará sus puntos de vista a la parte paquistaní”, que ejerce de mediadora. El diputado Ebrahim Rezaei ha sido más duro, al calificar el memorando de “lista de deseos estadounidenses” y exhortar a Washington a “hacer las concesiones necesarias”, ya que “no obtendrá nada en una guerra perdida que no haya ganado en las negociaciones cara a cara”. En la misma línea, la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria ha subrayado que el tránsito a través de Ormuz “será seguro y estable” cuando “concluyan las amenazas” de EE UU.

Un intento de desbloquear Ormuz degeneró en los últimos días en un fiasco de EE UU y en el mayor momento de tensión de la tregua. Se trata del Proyecto Libertad, dirigido a guiar buques mercantes por Ormuz y para el que el Pentágono movilizó, entre otros, un centenar de aviones caza, buques destructores armados con misiles guiados y 15.000 soldados. Irán respondió con ataques y lanzó dos días seguidos —por primera vez durante la tregua— misiles y drones contra Emiratos Árabes Unidos, donde el ejército de Israel opera sistemas de defensa antiaérea. Uno de ellos incendió una instalación petrolera.
Entre tanto, Estados Unidos insiste en que su propio bloqueo se mantiene incólume hasta que se llegue a un acuerdo. Este miércoles, sus fuerzas han interceptado en el golfo de Omán un barco petrolero iraní, el Hasna, que intentaba romper el cerco y llegar al puerto de su país. “Fuerzas estadounidenses lanzaron múltiples advertencias e informaron al buque iraní que estaba violando el bloqueo estadounidense”, indica el comunicado del Comando Central. Cuando el Hasna hizo caso omiso de esas advertencias, según la versión del Pentágono, “fuerzas estadounidenses inhabilitaron el timón del barco”.
Ante el aumento de las tensiones, Trump dio un espectacular bandazo el lunes a última hora, a través de redes sociales. Apenas 48 horas después de haberla anunciado a bombo y platillo, puso Proyecto Libertad “en pausa”, ante los “grandes progresos” alcanzados en las negociaciones bajo mediación paquistaní. Horas antes, su secretario de Estado, Marco Rubio, había declarado el fin de la fase de ataques y bombardeos en la guerra. “Furia Épica ha terminado”, sentenciaba, al dar por “cumplidos sus objetivos”. “Ahora estamos en una nueva fase”, agregaba.
Limbo
Si se firma el memorando, las negociaciones tendrían lugar en Islamabad o Ginebra, según Axios. Aunque el documento abre un camino diplomático justo cuando la tensión en Ormuz apuntaba hacia una escalada, plantea un riesgo. Al tratarse de solo 14 puntos en una página, muchos de sus términos están supeditados a la consecución de un acuerdo final, lo que deja abierta la posibilidad de un nuevo conflicto bélico (como desearía Israel) o de un prolongado y peligroso limbo de “ni guerra, ni paz” sin enfrentamientos, pero con los temas clave aún por resolver.
En Israel, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha salido a presentar como coordinado aquello que no desea. En un videocomunicado, ha subrayado la “plena coordinación” y objetivos compartidos con Trump, por lo que “no hay sorpresas”. El punto más importante es “la retirada de todo el material enriquecido de Irán y el desmantelamiento de su capacidad de enriquecer uranio”, señaló, en contraste con sus mensajes de hace semanas, llenos de llamamientos a derrocar al régimen iraní y advertencias sobre el peligro de su sistema de misiles balísticos.
Como el ministro de Defensa, Israel Katz, la semana pasada, el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, lanzó un mensaje amenazante, desde la zona de Líbano donde su ejército avanza destruyendo aldeas, que expresa mejor su objetivo: “Tenemos una oportunidad histórica para cambiar la realidad regional en esta operación en múltiples frentes. En Irán, tenemos preparada una serie adicional de objetivos listos para ser atacados. Estamos en máxima alerta para volver a una campaña potente y amplia que nos permita consolidar nuestros logros y debilitar aún más al régimen”. Horas más tarde, Netanyahu y Katz anunciaron un bombardeo en Beirut (el primero en casi un mes) para matar a un mando militar de Hezbolá, pese a que también allí impera un alto el fuego. Es más nominal que real y otorga a Israel amplias competencias para bombardear.
Semanas de señales
Washington, en cambio, viene dando señales en las últimas semanas de su deseo de poner fin a una guerra que ya hastía al presidente estadounidense y que pone en peligro la supremacía de su partido, el republicano, en las elecciones de medio mandato previstas para el próximo mes de noviembre, cuando se pondrá en juego el control del Congreso y, con él, la capacidad de imponer límites —o no— a las decisiones de Trump. O, incluso, de ganar la oposición demócrata, organizar juicios políticos contra el presidente y miembros de su Administración.
Con los precios de la gasolina en máximos desde la invasión rusa de Ucrania, en 2022, la popularidad de la guerra se encuentra al mismo nivel que las de Irak o Vietnam y la aprobación a la gestión del presidente es la más baja de su mandato. Solo un 37% de los estadounidenses le da su visto bueno, según un sondeo que publicaba este fin de semana el diario The Washington Post.
Este mismo diario publicaba este miércoles lo que parece otra razón para querer terminar la guerra de una vez por todas: según el Post, los ataques de Irán han causado más daños de los reconocidos a las instalaciones militares estadounidenses. Los proyectiles iraníes han dañado o destruido 228 estructuras o equipamientos en puestos militares estadounidenses en Oriente Próximo desde el comienzo de la guerra, y han alcanzado hangares, cuarteles, almacenes de combustible, aviones y equipos clave de comunicaciones, de radar y de defensa aérea, según un análisis de imágenes por satélite elaborado por este medio.
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