Estados Unidos retiró el pasado domingo los 12 bombarderos B-1 que su Fuerza Aérea tenía en la base aérea de Fairford, en el sur de Inglaterra. Uno a uno, los aviones despegaron una semana después de que cinco sospechosos fueran detenidos en los alrededores de estas instalaciones. Este martes, funcionarios estadounidenses y británicos citados de forma anónima por The New York Times, han revelado que esa decisión abrupta se debió a que ambos países occidentales obtuvieron información sobre un posible ataque con drones contra la base, ordenado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, el poderoso ejército paralelo iraní.
El intento de atentado formaba parte de una conspiración para destruir aviones y matar a estadounidenses, según ‘The New York Times’
Estados Unidos retiró el pasado domingo los 12 bombarderos B-1 que su Fuerza Aérea tenía en la base aérea de Fairford, en el sur de Inglaterra. Uno a uno, los aviones despegaron una semana después de que cinco sospechosos fueran detenidos en los alrededores de estas instalaciones. Este martes, funcionarios estadounidenses y británicos citados de forma anónima por The New York Times, han revelado que esa decisión abrupta se debió a que ambos países occidentales obtuvieron información sobre un posible ataque con drones contra la base, ordenado por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, el poderoso ejército paralelo iraní.
El intento de atentado formaba parte de una compleja conspiración cuyo objetivo no era solo destruir las aeronaves, según informa el rotativo estadounidense. El supuesto plan de la Guardia Revolucionaria incluía otros fines, entre ellos, matar a varios cientos de estadounidenses estacionados en la base aérea de Fairford.
Algunas de las fuentes citadas por The New York Times afirmaron que el supuesto plan iraní se inspiró en un ataque ejecutado por Ucrania en Rusia en junio de 2025. Agentes del Servicios de Seguridad de Ucrania (SSU) se infiltraron entonces en Rusia para trasladar y montar 117 drones bomba escondidos en camiones de transporte comercial. Los contenedores donde se encontraban los aparatos fueron abiertos remotamente el 1 de junio del año pasado y los drones fueron activados a distancia. Cuatro aeródromos militares rusos, a miles de kilómetros de distancia entre ellos, recibieron varias oleadas de drones bomba de corto alcance que dañaron o destruyeron 41 aeronaves, según Kiev, incluidos muchos de los bombarderos estratégicos con capacidad nuclear de Moscú.
Este lunes por la noche, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que personas vinculadas a Irán representaban “una amenaza” para los bombarderos estadounidenses en la base aérea británica, lo que motivó la orden de repatriarlos a Estados Unidos. “¿Por qué íbamos a dejar [los bombarderos] allí?“, se preguntó en voz alta ante los periodistas.
Antes de partir hacia Alaska desde la Base Conjunta Andrews, en Maryland, el vicepresidente JD Vance añadió que el Pentágono retiró rápidamente los bombarderos “por precaución, para proteger a nuestros hombres”, aunque no ofreció más detalles sobre lo sucedido.
Sí confirmó que su Gobierno tiene “cierta certeza de que los iraníes están intentando hacer lo que el Estado iraní ha hecho durante 49 años: perpetrar actos de terrorismo contra Estados Unidos y contra muchos otros países”, lo que lleva a Washington a actuar “con extrema cautela”.
Estados Unidos tenía en Fairford una docena de bombarderos B-1. La base, localizada en el condado de Gloucestershire, ha sido utilizada en los últimos meses por cazas de combate estadounidenses para participar en la ofensiva bélica contra Irán. La abrupta salida de los aviones, que solo se comunicó una vez completada, fue muy inusual, sobre todo teniendo en cuenta su ubicación en un país occidental y su lejanía del frente de la guerra lanzada unilateralmente por Israel y Estados Unidos contra Irán el pasado 28 de febrero.
Aún hay más dudas que certezas sobre lo que realmente ocurrió cerca de la base británica el 27 de septiembre, el suceso que precipitó la retirada de los B-1 por parte de Estados Unidos. Sí se sabe que cinco hombres fueron detenidos en las inmediaciones de las instalaciones bajo sospecha de que preparaban un acto terrorista y luego acusados de violar la Ley de Explosivos. Viajaban en tres furgonetas en las que, al ser registradas, no se hallaron explosivos, aunque sí varios bidones que contenían combustible.
Al día siguiente, fueron puestos en libertad bajo fianza. El pasado jueves, la policía británica detuvo a un nuevo sospechoso de nacionalidad compartida iraní y británica, vinculado también con el incidente de Fairford. El hombre, de 27 años, fue arrestado en el condado londinense de Westminster, por la posible preparación de un ataque terrorista. También él, después de ser interrogado durante varias horas, fue liberado bajo fianza.
El miércoles pasado, el primer ministro británico, Andy Burnham, había asegurado que el Reino Unido tenía “indicios sólidos” de que Irán estaba implicado en el supuesto complot contra la base aérea. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchí, respondió al comentario a través de la red social X: “Liberar a supuestos terroristas que trabajan para Estados extranjeros lo dice todo”. Teherán negó también su supuesta implicación a través de su Embajada en Londres.
La decisión de la Unidad de Policía Antiterrorista de liberar bajo fianza a los primeros cinco sospechosos, todos en su veintena, de Londres y con ciudadanía británica, irritó a Washington. Horas antes, Donald Trump se había felicitado por las detenciones y había asegurado que británicos y estadounidenses estaban coordinados en una operación que había comenzado antes de las detenciones.
Tanto el presidente de Estados Unidos, como el secretario de Estado, Marco Rubio, habían vendido los frutos de esa operación como un éxito de sus servicios de inteligencia y como un síntoma de la buena salud de la relación bilateral en materia de seguridad.
A mediados de septiembre, revela The New York Times, el mando militar estadounidense recibió una grave advertencia de las agencias de inteligencia estadounidenses y de otros países occidentales sobre un posible atentado contra la base aérea de Fairford tras el que estaba detrás Irán.
Después de recibir ese aviso, la preocupación entre los funcionarios de toda Europa aumentó considerablemente. Según un alto funcionario de Washington citado por el diario estadounidense, Israel advirtió a Alemania de que las bases estadounidenses en ese país corrían un riesgo mayor que en el pasado, con especial énfasis al riesgo que corrían las bases aéreas de Spangdahlem y Ramstein.
Aunque en un principio el Gobierno británico del anterior primer ministro, Keir Starmer, denegó a la Administración de Donald Trump la autorización para el uso de sus bases en la guerra contra Irán, en una decisión posterior dio luz verde a esta utilización, siempre que fuera para la realización de acciones defensivas.
A ojos de Teherán, ese matiz resulta irrelevante, y considera a Londres cómplice de la ofensiva. En julio, la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán señaló la actividad en Fairford, y advirtió de que “cualquier base usada para la agresión contra el territorio de Irán constituye un objetivo legítimo para nuestras fuerzas”.
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